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Home Entrevistas > 2004-2006 Leonardo Boff o el arte de “reencantar” el mundo

Leonardo Boff o el arte de “reencantar” el mundo

El teólogo brasileño de la liberación clama a favor de “la gran comunidad de vida”

El teólogo brasileño de la vida una y entrelazada, ha vinculado a movimientos de progreso inicialmente dispersos y desconectados. Su discurso sólido, visionario, amplio y generoso tumba las barreras. Boff nos ha reconciliado con un cristianismo sin cruz, ni clavos, pero ha ido mucho más allá al crear un espacio común para muchas familias de fe, para muchas gentes de buena voluntad que laboran por un nuevo “ser en
el mundo”. Ha proporcionado discurso bello, profundo y coherente para esa síntesis imprescindible.


Por dulce y a la vez apasionada que sea su voz, por hondo y profético que sea su mensaje, el verbo fue después de la mirada. Son esos ojos de abuelo feliz, dispuesto a gozar y reír por cualquier detalle, esos ojos absolutamente enamorados de la creación, los que le permiten rodar después esa palabra siempre elocuente, aplastante, esperanzada…

Leonardo Boff pregona por doquier “el nuevo encantamiento del mundo”, muy probablemente sin darse cuenta que el es parte de ese encantamiento. Allí donde va desborda todos los aforos.
De temido teólogo a líder mundial de todas las causas justas. Una y otra vez le intentaron silenciar, pero el acabó regalándoles los hábitos que no el alma de franciscano. No guarda ningún rencor ni para con el actual Papa que protagonizó su persecución. Su nuevo evangelio verde mantiene inalterable la necesidad del perdón.

Las sesenta y ocho primaveras no le han mermado idealismo. Ha escrito un extensa obra de más de cien títulos, ha peleado en todas las trincheras nobles, ha paseado todas las necesidades... Tiene ya su jubilación bien ganada, no le falta el calor de su compañera y de los suyos para disfrutar de gozoso retiro en Persépolis, sin embargo sigue cogiendo aviones para predicar, ya no desde los púlpitos, pero sí desde las numerosas tribunas que le ofrecen, la necesidad de “reencantar la humanidad con nuevos sueños”.

La teología de la liberación, de la que fue junto Gustavo Gutiérrez su máximo exponente, no se constriñe a la geografía de chabolas y favelas. Quizás muchos aún se lo imaginen anclado en la barricada de los ochenta, continuando su pugilato con el Vaticano y los poderosos… Sin embargo en todos estos años a Boff le ha dado tiempo para muchas otras cosas, como por ejemplo a enamorarse de la madre naturaleza y erigirse en portavoz de la Teología de la Tierra. Ha tenido ocasión de viajar por el universo y compartir veneración por sus misterios inescrutables. Se ha aprestado también a montarse en la ola de la ciencia cuántica, de la nueva psicología, de la nueva espiritualidad… Pero sus viajes tienen siempre punto de partida y llegada. Por encima de todo sigue ligado a su gente, a su país, a sus destinos.

Le ha fallado el fémur, pero el bastón le da un toque de consagrada maestría. Veterano peregrino en las sendas del compromiso, ahora no le detiene una pierna terca. Sigue caminando “la vida una e interconectada”, como no para de proclamar, tan sólo con un paso más detenido, con una fe y sabiduría plenamente colmadas.

Pese a su bastón de madera, su mente se mueve a la velocidad del rayo. A su paso por Madrid, dejó grabado su destello.

¿Cómo va su relación con Marx?
Marx no fue el padre, ni padrino de la teología de la liberación, fue Jesús. Juan Pablo II sospechó, mal informado por obispos latinoamericanos, que la teología de la liberación era un especie de caballo de Troya para la penetración del marxismo en América Latina. Por amor al pueblo, él no quería que ocurriera algo semejante a lo de Polonia. Pensaba que había que descabezar los teólogos que intentaran eso. Tenía su particular visión del marxismo. Para nosotros el problema nunca lo fue el marxismo, sino el capitalismo salvaje.

¿Y con la religión?
Las religiones crean guerra, las espiritualidades crean paz. La espiritualidad no es monopolio de las religiones, sino que constituye la dimensión profunda del ser humano.
Todas las religiones presuponen una experiencia espiritual fundadora que ellas tratan de traducir en mil códigos, sin jamás agotar su riqueza infinita. La espiritualidad pertenece al proceso de personalización de cada uno, confiere centralidad a la vida y proporciona las bases para la paz y la serenidad necesarias a la vida personal y social.
La vida no es un absurdo sin sentido, la espiritualidad da norte a la existencia.

¿Y con Dios?
Sé que Dios existe, creer en Dios es una cosa de europeos. Los pueblos latinoamericanos van más lejos: sienten a Dios en su piel. No pueden entender la vida sin Dios. Van en la línea de lo que decía Pascal: creer en Dios no es pensar en Dios, sino sentir a Dios.

Sigue creyendo en la Iglesia…
La iglesia no es la Jerarquía, sino la comunidad de creyentes. Todos somos pueblo de Dios. Sigo creyendo en una Iglesia preocupada por servir a la causa más grande, la causa de Dios en el mundo. Al hablar de la Iglesia no hemos de pensar necesariamente en la Iglesia institución.

Alguna esperanza en esa Iglesia institución …
Sigue manteniendo una actitud a la defensiva, más que de diálogo. Es preciso superar la arrogancia. Un obispo ha de manifestar menos autoridad eclesiática y ser más pastor de las gentes, pastor de la esperanza, no puede llenarse de tantos temores. Hoy más que nunca es preciso abrirse a lo que el otro aporta y así encontrar puntos de convergencia.

De la cabeza en la teología de progreso a líder ecologista mundial…
Si quisiéramos universalizar el tipo de desarrollo occidental necesitaríamos cuatro tierras. A nivel mundial el sistema dominante sigue con mucha voracidad. Hoy la teología de la liberación es también verde. Hemos de unir la justicia ecológica con la justicia social. Proponemos una relación más benevolente con la Tierra, una ecología profunda, una ecología integral. Queremos ambiente entero, no medio ambiente. Hemos de preservar el pacto entre el ser y la naturaleza, para después alcanzar el pacto social. No triunfó el ateísmo, sino la falta de memoria , la ruptura por la vida.
Tierra y humanidad tenemos que pensar en un futuro común. Estamos llamados a seguir esa aventura cósmica.

“La tierra y el agua también gritan… ” es una de las frases claves que Vd. ha acuñado…
Al igual que el pobre, la Tierra y el agua también gritan. El agua demanda una especial atención. Ella decide, en buena medida, el futuro de la humanidad. El problema del agua unifica al planeta, nos da conciencia global del problema de la sobrevivencia..
En lo que a la Tierra se refiere, se dice que habrá de trabajar 10 millones de años para recuperar toda su diversidad.

¿Se le ve últimamente muy ligado a la iniciativa de la Carta de la Tierra?
La Carta de la Tierra propone una nueva ética, un nuevo patrón de relaciones alternativo al dominante. Deseamos introducir más a la Tierra en nuestro imaginario colectivo. La Carta de la Tierra nos invita a nuevos cambios en la mente y en el corazón, a adquirir un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal básica. Debemos partir de esa convicción de que somos Tierra que siente, piensa, ama…

Caducó la teología de la liberación…
No por cierto… Sigue en pie su principio de sentir a Dios crucificado en los crucificados de la Tierra. Su marca registrada es la opción por los pobres contra la pobreza y en pro de la vida y la libertad. Nació escuchando el grito del oprimido que hoy ya se ha transformado en clamor.
¿Si la Iglesia no escucha a los pobres, quién les va a escuchar…? El propio Juan Pablo II escribió una carta a los obispos de Brasil en la que afirmaba que la Teología de la liberación no sólamente es útil, sino necesaria en situaciones de injusticia y opresión.

Siempre a la gresca con Roma…
No he tenido ningún problema con Roma , Roma ha tenido problemas conmigo.

¿Cómo le va con Benedicto XVI?
Conozco al nuevo papa. Como alemán es duro, pero al mismo tiempo su trato es extremadamente fino. Alberga por lo demás gran generosidad. Me consta que hace años compartía su sueldo con seminaristas más jóvenes llegados de África.
Hasta ahora abordaba los temas relacionados con las doctrinas, ahora su labor es más global. Sus primeros meses han sido de ubicación y análisis, en breve podremos formarnos una opinión sobre su mandato.

Le llamó al orden en diversas ocasiones…
En lugar de pontificar, debería dejar a los teólogos “errar”… Entonces y ahora le decimos : “Vente a rezar con nosotros…”

Vd. subraya a menudo aquello de “gran comunidad de vida”…
Detrás de la expresión “comunidad de vida” hay toda otra visión de la realidad. Desde que Watson y Crik descodificaron el código genético, sabemos que todos los seres vivos, desde la bacteria más originaria, pasando por los dinosaurios y llegando a nosotros, tenemos los mismos treinta aminoácidos y las mismas cuatro bases de fosfatos. Es decir tenemos el mismo alfabeto biológico básico. Somos todos primos y hermanos y hermanas. Por eso formamos la comunidad de vida, todos interdependientes y colaboradores de unos y otros...Toda la vida ha de subsistir. Estamos llamados a preservar esa variedad tan rica de seres y especies, a respetar y cuidar de la comunidad de vida con comprensión, compasión y amor. Hemos de proyectar una nueva mirada sobre el mundo y el universo.

¿El antropocentrismo ha caducado por lo tanto?
Así es. Nos hemos autoexiliado de la comunidad de la vida y ahora es preciso volver.
Hay que superar ese antropocentrismo que proclama que la creación sólo tienen sentido en función del ser humano y que podemos disponer de las cosas a nuestro antojo. No olvidemos que fuimos los últimos en aparecer en la escena de la historia. Somos parte de la comunidad de vida, pero con una misión única de cuidar de los demás seres, de ser guardianes del jardín del Edén.

Respeto sagrado por lo tanto con la creación…
Hemos de albergar un respeto exquisito hacia toda forma de vida, Cada ser tiene un valor intrínseco, capaz de revelar algo de Dios. Todo lo que vive, merece vivir.
Estamos para armonizarnos con todos los reinos que ya tienen una larga historia. Somos los únicos con una dimensión ética.

Le da tiempo para asomarse a la nueva ciencia…
La materia como tal no existe. Todo es energía en distintos niveles de densificación, como la materia. Todo depende de la densidad y complejidad de las energías… Pero la materia tiene también otra dimensión que es información. Cada célula de nuestra piel, aún la mas sencilla de la epidermis, contiene toda la información del misterio de la vida. Todo está entremezclado, lo que hago, en uno u otro sentido, repercute en el otro.
La ciencia tiene que ser buena para la vida y para el planeta, no para la guerra y la destrucción.

Se le ve también muy motivado por la genética…
Tal como hemos apuntado anteriormente, la descodificación del código de vida ha supuesto un descubrimiento trascendente: Nosotros somos un eslabón de esa comunidad de vida, no somos los únicos para utilizar la biosfera. Toda corriente de vida participa de ella. Somos parte y parcela de esa totalidad.

¿Cómo frenar a los profetas del apocalipsis?
La vida es eterna, pero sólo tenemos una Tierra. Ella es nuestra única casa. No tenemos otra. No estamos dentro de un drama, sino de una crisis con todo el caudal regenerador que ésta puede encarnar. La función de la crisis es acrisolar, limpiar, purificar… para un cambio.
Hegel dice que el ser humano aprende del la historia que no aprende nada de la historia, pero aprende todo del sufrimiento. A mí me gusta la frase de San Agustín: todos aprendemos o de un gran amor o de un gran dolor. Creo que hoy hay que aprender de ambos.
Vamos a sentir por la piel. Cuando el agua nos llegue por la nariz, entonces cambiaremos, porque de lo contrario desaparecemos.

¿Enfermó también la economía?
El mayor problema que amenaza la humanidad es la autonomía de la economía que ha colonizado la sociedad, la política, la ética. Vive sola, con su ritmo, su velocidad, con su lógica interna que es la competencia y no la colaboración.
mos una economía basada principalmente en la competición, no en la cooperación.

“Ergo”, esta economía tiene los días contados…
Esta economía vive de dos ilusiones: la primera es la de considerar la Tierra como un baúl de recursos ilimitados y la segunda es que podemos seguir adelante rumbo al infinito, pues el desarrollo puede ser infinito.
Ese proyecto por lo tanto no es universalizable. No es posible explotar de manera ilimitada los recursos naturales. Esa economía mercantiliza todo, hasta el propio agua y las semilla. Este sistema, que hace de la tierra un gran mercado, puede llevarnos a un gran desastre.

“Ergo”, vida sostenible…
Sólo así podremos vivir todos en armonía. Vida sostenible en su más amplio sentido. Incorporar la ética del cuidado y del respeto. Reconocer la alteridad. Interaccionar de manera continua con el universo para crear unidad y coherencias cada vez más complejas y ricas. Permitir que el otro sea y exista no sólo al lado, sino con nosotros en la misma aventura de la vida, como compañero que tiene su historia y su espacio.

¿Modelo de desarrollo…?
Desarrollo capaz de atender a nuestras necesidades, sin dañar el capital natural y abierto a las generaciones que vienen después de la nuestra que también tienen el derecho de habitar una casa común buena y limpia y gozar de un agua transparente y de un aire respirable.

¿Profeta entonces del caos positivo…?
Como antes apuntaba, vamos al encuentro de una gran crisis, pero hay que observarla como la nueva cosmología. El caos no es caótico, puede ser generativo, impulsor de cambios necesarios, de otros órdenes más altos.
No vivimos una tragedia , sino una crisis que puede ser muy positiva. El ser humano aprende aún por el sufrimiento. Vamos al cambio por la vía ecológica : calentamiento de la tierra, “tsunamis”, “katrinas” y todo eso…, o por la vía de la crisis económica.

¿Definitivamente otro mundo es posible?
Por supuesto, pero no olvidemos que el reloj corre en contra de nosotros. No es preciso que pasemos por crisis devastadoras. Es preciso acometer un proceso de alfabetización ecológica a escala planetaria, de lo contrario vamos a conocer “katrinas” todo el año.

Gusta de citar a Dante “El amor que mueve las estrellas, mueve también nuestro corazón”…
Así es. Se trata de la mística cósmica de que cuando abrazamos el mundo, abrazamos a Dios. El cosmos es templo de Dios. El amor exige incondicionalidad, amar sin límite, con pura gratuidad…
Compasión con todo los que sufre en la tierra no es caridad es cuidar con amor, pues el amor es la fuerza más grande del universo. El amor es la fuerza de estar, gozar y sufrir juntos.

Un poco de esperanza antes del punto final…
Pensemos la Tierra de otra forma. Es madre generosa. Nosotros venimos de ella, por que “homo” viene de “humus”, tierra buena y fecunda. Sobre esta Tierra está el arco-iris de la gracia y la benevolencia de Dios. Seamos todos hijos e hijas del Arcoriris. Dios nos prometió:¡Jamás la destrucción, jamás el diluvio, sino la vida y la humanidad!

Campaña “Pan y Belleza”
Su bonhomía no es extraterrestre. Toda su extensísima obra invita a la corresponsabilidad. Sus lecciones académicas, sus conferencias por todo el mundo, sus artículos semanales traducidos a multitud de idiomas, es una lucha contra el “desencantamiento”, una constante animación a construir esa democracia multiétnica, solidaria, ecológica, plural y espiritual que gusta describir.
Su mística por lo tanto no es olvidadiza, su actitud franciscana es también muy activa y pragmática. Su compromiso con los desheredados jamás ha mermado. Boff sigue al pie de todas las causas nobles que uno se pueda imaginar. Al editar la entrevista nos llega una solicitud suya de apoyo a la campaña “Pan y Belleza” (www.cddh.org.br/paoebeleza) en la ciudad de Petrópolis, cerca de Río de Janeiro, donde reside. Y es que este sabio anciano, cuál gran patriarca de su pueblo, coge todas las mañanas su bastón, cuadra su mirada bondadosa en medio de esas gafas enormes y sale con su lento pero decidido caminar al paso de pan para los desheredados, de belleza para el mundo.

A modo de resumen: La espiritualidad de Boff
• Es un amor que se lanza más allá de este mundo.
• Es generadora de una esperanza superior.
• Aspira a vincularse con un todo más grande, a percibir el sentido último del universo, a vivir corresponsables con el futuro personal y de toda la comunidad de vida.
• Contempla el planeta como templo del Espíritu y lugar de la creatividad
• Alienta una ternura cómplice con toda forma de vida, porque todos los seres vivos constituyen una red de seres interdependientes.
• Establece contrato generacional para aprender a amar lo invisible, la humanidad futura y prepararle una casa sostenible.
• Nos hace comprender la muerte como parte de la vida, como su momento alquímico de transformación rumbo a su plenitud en el Misterio.
• Su lugar de realización e irradiación es el propio universo, entendido como el conjunto de las relaciones de todos los seres entre sí y con su Fuente originaria.

Pensamientos de Boff

"Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)
(...) “Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra."
“Casamento entre o céu e a terra”. Salamandra, Río de Janeiro, 2001- pag. 9

La Redacción
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