Fundación Ananta

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Arrache: la empresa ha de colaborar con nuestro espíritu en evolución (12-06-06)

Laura Arrache, psicoterapeuta transpersonal e investigadora de la sanación por arquetipos, detecta en sus pacientes la necesidad de encontrar su “misión de servicio” para dar sentido a su vida, y aconseja concebir la empresa como un instrumento “de lo que somos en esencia: un espíritu en evolución”.


En una entrevista con Fundación Ananta, esta empresaria dedicada a “sanadora” explica que recibe en su consulta a muchos ejecutivos y directivos cuyo único problema es falta de “sentido” en su vida, cuestión que, según ella, se debe a que “verdaderamente hay un cambio real en la conciencia de la humanidad” y cada vez necesitamos “más valores profundos y trascendentes” en nuestra vida.

Como directora de comunicación de un inmenso holding, puesto que abandonó hace ocho años, fue testigo de cómo se “quintuplicaron” en cinco años los beneficios en un conjunto de empresas cuyas trabajadoras recibieron unos cursos de autoestima basados en el conocimiento de “valores profundos, como el amor y la fe”.

Al respecto, la presidenta de la Asociación Española de Sanadores Espirituales (AESE) durante los últimos tres años explica que la palabra “autoestima” es demasiado abstracta y destaca la importancia de conectar “con la parte amorosa de ti mismo: cuando te amas a ti mismo y a los demás cambia la perspectiva de tu vida”, asegura.

Con esa actitud, es más fácil ver que “todos somos una misma cosa; que nosotros pertenecemos al todo y a la vez somos el todo; y cuando tenemos esa conciencia sabemos que lo que le hago a un compañero de trabajo o a la empresa, me lo estoy haciendo a mí mismo”. “Ése es un concepto altamente rentable”, que hace además que “el inconsciente colectivo de la humanidad se vaya modificando”.

Laura Arrache apoya la evolución de estos valores “desde lo cotidiano” y defiende, en lugar de tomar “la gran decisión de cambiar”, tener el propósito de ir modificando tu vida desde los pequeños detalles, tanto en el entorno familiar como laboral. Según indica, los pequeños logros traen consigo “logros universales”, generados por emanaciones positivas y afinidades.

Insiste sobre todo en la necesidad de concebir la empresa como colaboradora de nuestros procesos de vida, tanto por parte del empresario como de los trabajadores, y subraya la necesidad de revisar los patrones de autoridad, que en ocasiones hacen ver al “jefe como un adversario” en función de pautas familiares que no benefician al buen funcionamiento de la entidad.

Según Laura Arrache, es importante además re-gestionar el tiempo, y tomar conciencia de que “hemos entrado en un espacio-tiempo muy acelerado” que impide mantener los ritmos previstos, lo que en su opinión genera un estrés que puede retroalimentarse, en la medida en que repercute en el centro de trabajo y empeora aún más la situación.

También subraya la necesidad de “compartir y no competir”, y de fomentar el concepto de “yo gano y tú ganas”, y asegura que un gestor que se maneje en los términos de “yo gano y tú pierdes”, su empresa “nunca va a funcionar porque está transgrediendo una ley universal: la del equilibrio”.

A su juicio, una empresa es un entramado de conciencias unidas en un momento determinado para cumplir una función lo mejor que puedan. Y nuestra conciencia se está expandiendo, está avanzando hacia un estadio superior…hacia el homo amans, hacia un ser capaz de transformar cualquier realidad con el amor. Cuando uno descubre el amor incondicional, se desatan factores transcendentes en la vida, con consecuencias visibles también en lo material.

Para ilustrar esto, menciona el ejemplo de un paciente suyo, geofísico, dedicado ahora a gestionar patrimonios personales y de empresas, que ha descubierto la parte trascendente de sí mismo después de comprobar que el conocimiento científico es absolutamente limitado y que el conocimiento divino es infinito y siempre se está expandiendo. Ese descubrimiento le ha hecho tener una situación de crisis, de cambio de valores, pero una vez superado ha encontrado el lugar que se adecúa a su ser y que le hace estar mejor en todos los niveles.

En este punto, Laura Arrache alerta contra el “miedo a traspasar, a proponer ideas nuevas, ideas de una transformación profunda”, y emplaza a los empresarios a abrirse a propuestas innovadoras de los trabajadores, y a fomentar el cambio, el avance y la libertad, porque es la manera de que realmente todo fluya y avance.

En la misma medida, asegura, que cuando los trabajadores se sienten valorados en términos cualitativos y cuantitativos –no sólo en la calidad de trato y de cariño, sino también a nivel económico- “la productividad se dispara”. “Somos seres únicos” y “cada trabajador dentro de la empresa es también único, imprescindible”

Laura Arrache entiende que “todos los patrones tradicionales de estrategias comerciales y empresariales se están quedando caducos y se necesitan nuevos modelos de actuación, que han de ser acordes con la evolución, y asegura que ha “llegado a pensar que hay factores ajenos a nuestra propia conciencia que están impulsando que las personas activen la necesidad de ser conscientes de sí mismos y de su entorno”.

Para argumentar su tesis, se basa en las expresiones de sus pacientes, muchos de los cuales admiten que “lo tienen todo” pero no tienen alegría y les falta algo que no saben identificar. Según ella, muy frecuentemente lo que tienen es una necesidad de ayuda a los demás, lo que atribuye a que “se está activando un valor importantísimo que es la misión de servicio”. Ese es el motivo también, a su juicio, de que surjan tantos movimientos de ayuda altruista entre el colectivo de empresarios.

Arrache lamenta que “muchas veces pensamos en dar servicio cuando nos sobra” y recomienda ofrecer “una pequeña parte de lo que tengo para que otro esté mejor; no porque me sobra, sino porque tengo la conciencia de compartir”.

A los empresarios, en quienes ve un papel importantísimo para este proceso evolutivo, Laura Arrache les recomienda estar consigo mismos durante veinte minutos dos veces al día. “Lo conocemos como meditación –indica- , pero no es necesario tener práctica, sino hacer unas respiraciones relajantes y pedir “a voluntad” conexión con el Universo”.

Explica sobre ello que lo ideal sería “vivir conectados” porque cuando uno está en ese estado, “los impactos de emoción por toma de decisiones o por cualquier aspecto externo, se diluyen y entras en contacto con tu Ser, que tiene en esencia una parte divina profunda, donde se activan valores intuitivos trascendentes y puedes decidir mejor; siempre acertaras”. “Incluso, como dicen los tibetanos, te da empowering”.

Otro consejo que aporta Arrache a los empresarios a la hora de tomar grandes decisiones, es que tengan en cuenta cinco niveles de realidad: económico-material, físico-salud, mental, social y espiritual-conciencial. Si observan todos esos los niveles, no se pueden equivocar.

Convencida de la existencia de un Plan Divino, apunta que constantemente nos está conduciendo y dando pistas, pero subraya que existe un respeto escrupuloso hacia nuestra libertad a la hora de tomar decisiones, así que “nosotros tenemos que elegir acciones positivas de avance, de conciencia, para que juntos consigamos retomar las riendas de la evolución de este planeta”. Dentro de este Plan, “no hay elegidos. Yo me elijo a voluntad, porque yo quiero, para colaborar, con mi intención, en los procesos de este planeta”.


Con el lenguaje que mejor puede comprenderse en cada caso, Laura Arrache, que desliga la espiritualidad de la religiosidad, siempre habla en la consulta “de nuestro origen divino” y, con independencia de que el paciente se haya declarado ateo, ella le pide que se mantenga “abierto a la posibilidad de que exista algo que le permita estar mejor”, y a que ponga la intención en ese sentido.

Insiste también en la importancia de destacar en los círculos empresariales el poder de la intención. Cuando uno está conectado a la mejor intención, a la intención divina, ella trabaja a través de ti, en la dirección positiva, aunque tú no quieras y por encima de que tengas “un ego tremendo”. “Todos lo podemos conseguir, no necesitamos hacer diez mil cursos, ni meditar mil horas… no, sólo con pequeñas cosas del día a día, de cambio personal, ocurre”.

Dentro de este Plan Divino, destaca el papel de los niños, algunos muy especiales, nacidos a partir de 1995, que tienen integrados valores de una conciencia más abierta, como amor, solidaridad, fe… y que tienen un conocimiento innato de la energía… gracias a un nuevo “código genético sutil”.

A su juicio, son niños ejecutores del Plan Divino, y vienen a “mover estructuras” dentro del círculo en el que se desenvuelven; tienen una vibración que va modificando patrones de pensamiento y de actuación; vienen presionando para que nos actualicemos respecto a la conciencia, potenciando ese plan para la evolución, para no cargarnos este planeta, para que nos tratemos mejor… Son hipersensibles, tienen otra perspectiva del espacio-tiempo y son más humanitarios y más colaboradores.

Alerta en igual sentido sobre el gran desfase que se está produciendo entre las pedagogías, de las que muy pocas tienen en cuenta las pautas evolutivas, lo que se traduce en fracaso escolar, agresividad y problemas de concentración. Al respecto menciona la pedagogía de Rudolph Steiner -las escuelas Waldorf- y la del sistema Montesori.

En México, su país natal, recuerda que el holding para el que trabajó creó el colegio “Educare, Escuela para el éxito”, adaptada a los nuevos paradigmas y donde los niños aprenden a valorarse, a hacer relajación y a trabajar con colores, entre otras prácticas innovadoras. Las instalaciones, en un bosque, están distribuidas en cabañas que fueron construidas con material de reciclaje. Tienen además una fundación que se llama “Por los niños del planeta”.

Como profesional de la salud, esta “sanadora” lamenta que las medicinas ajenas a la línea oficial se consideren “alternativas” porque cree que “todo es complementario”, y está convencida de que, en la medida en que avance la conciencia, aparecerán nuevas terapias junto al resto de los procesos previstos en el Plan Divino.

De hecho, resalta, hay muchos hospitales de la red pública en Inglaterra, Francia o Alemania que están incorporando terapias complementarias como osteopatía, homeopatía, acupuntura e incluso sanación espiritual. “Creo que la resistencia –apunta- viene de esa parte de la autosuficiencia científica tan limitadora”.

Como novedad última al respecto, destaca los laboratorios que están investigando fármacos de “medicina biológica”, a los que tratan con sonidos y colores, entre otras variables para “dinamizarlos” y potenciar su efecto.
 

Dalai Lama "No hay que cambiar de religión sino crecer en amor" (12-6-06)

Estará en Barcelona los próximos 25 y 26 de Julio


El Dalai Lama considera “no tiene sentido decir que una religión es mejor que otra” y asegura que el mundo necesita una espiritualidad laica, no
religiosa sino basada en valores como el amor y la compasión.






Este premio Nobel de la Paz, que entiende que "la guerra es un concepto caduco porque todos somos interdependientes y, por tanto, todos somos partes del enemigo", comenta así su parecer sobre la ética, la espiritualidad y la
¿Por qué sugiere no cambiar de religión, está advirtiendo sobre algún riesgo?
- He visto a algunos amigos que se convirtieron del cristianismo al budismo y que en el momento de la muerte tenían un estado mental de confusión. En términos generales, no estoy a favor de la conversión; cada tradición tiene su
método peculiar y único. Lo que realmente necesitamos es una ética secular, una espiritualidad religión: laica, no religiosa.

- ¿Cómo sería?
– Una ética secular que no rechace las religiones, sino que esté sustentada en las cualidades innatas del ser humano.
No es necesario ser religioso para ser una persona moralmente ética. El amor y la compasión, por ejemplo, no tienen por qué estar relacionados con una religión. La idea es que podamos vivir en armonía y convivir sin problemas.

- En cambio, hoy se exacerba el individualismo. En este contexto, ¿cómo puede un padre asegurar la felicidad de su hijo?
– ¡Es que ése es el trabajo de padre, es lo que un padre tendría que hacer! Si el padre es muy individualista, el hijo también lo será y los dos serán infelices. Si el padre se preocupa por el bienestar de su hijo, ambos serán felices, porque se rompe el individualismo y el hijo responderá de la misma manera. Si se extiende este razonamiento –la preocupación por el bienestar de los demás – hacia todo el sistema social, toda la comunidad puede ser feliz.
En las sociedades feudales, donde un señor sometía a sus súbditos, se vivió un extremo que es la esclavitud. Poco a poco las sociedades fueron volviéndose cada vez más democráticas hasta que se desarrolló demasiado el individualismo. Y esto es el otro extremo. La solución está en un camino medio que use la libertad que se desarrolló con el individualismo. Se debe lograr, a través de la educación, que cada persona tenga una autodisciplina en la que
incluya el bienestar de los demás.

- ¿Ve indicios del retorno desde ese individualismo extremo?
– Mucha gente se da cuenta de que en esta sociedad individualista algo anda mal, pero hay confusión en cuanto a cómo cambiar este patrón. En el pasado, cuando había más fervor religioso, la persona tenía la alternativa de volcarse a la religión, pero hoy eso ya no es muy atractivo y la gente no encuentra un camino de por dónde salir. Creo que hay que hacer más investigación sobre cómo reeducar. En este sentido los medios de comunicación, al mostrar que no todo está bien, tienen un rol importante para provocar esta concienciación en la población.


– Usted es un hombre alegre, ¿cuál es la fuente de la alegría y cómo no perderla?
– Depende en gran medida de nuestra actitud, y ésta es algo que se puede entrenar pero surge más que nada por convicción. Una actitud compasiva incrementa la alegría, pero también tiene que ver con el sufrimiento. Si se sabe que la condición humana está marcada por el sufrimiento, se tiene una respuesta más liviana cuando éste aparece, y cuando hay una experiencia de felicidad tampoco se conmueve mucho porque se sabe que va a cambiar.

– Si la base de la vida es el sufrimiento, ¿es posible la felicidad?
– Estamos hablando de una felicidad permanente y eterna; para alcanzarla tenemos que liberarnos de esta condición de sufrimiento y siempre hay una posibilidad de superar esa condición.

– ¿Cómo define la compasión?
– Lo que define la compasión es que no sea parcial, sino que esté dirigida a todos los seres, para que todos tengan la felicidad que buscan. Habitualmente entendemos la compasión como algo que sentimos por los que están cerca nuestro, y esto no es compasión sino más bien una forma de deseo y apego. Esta compasión imparcial no surge naturalmente, sino que requiere un entrenamiento en el cual la inclusión de la inteligencia y la sabiduría son
esenciales y necesitan razonamientos para desarrollarla.

– ¿Qué tipo de razonamientos?
– Un razonamiento que sirve de entrenamiento es considerar, por ejemplo, que todos los seres, al igual que yo, quieren ser felices y no quieren sufrir. Otro es considerar que todos han sido mis madres en algún momento y como tales me demostraron bondad y amor y por eso debo tratar a todos con ese mismo amor. Además, la ciencia está descubriendo que es bueno para el cerebro tener actitudes compasivas. Esto también se ve usando el sentido común. Es fácil ver que el odio, el rencor y la malicia perjudican nuestro estado de ánimo y nuestra salud.

– ¿Cuál es su aspiración actual con respecto al Tíbet
– Nuestra propuesta no es independizarnos de China; lo que pedimos es una autonomía significativa, una forma de autogobernarnos. Y esto no va en contra de lo que dice la Constitución china.

Silvina Premat

 

Ramiro Calle: el estado de bienestar es estar en calma y abierto al amor (30-5-06)

Después de cuarenta años impartiendo clases de yoga y de haber escrito más de un centenar de libros, Ramiro Calle, un mito de la espiritualidad oriental en España, está en condiciones de decir que el único estado de bienestar posible es “una mente en calma y una apertura amorosa genuina”.

Con una presencia amigable y pacífica, el decano de los yoguis españoles transmite, a través del brillo de sus ojos y de su expresión de alegría casi burlona, la amorosa sabiduría de los maestros de las fábulas a las que recurre para argumentar sus tesis.

La necesidad de buscar el sosiego interior como única vía para el verdadero contento en este mundo convulso y “basado en subvalores”, centra su discurso en esta entrevista con Fundación Ananta, en la que insiste también en que somos “nuestros peores enemigos” porque no nos cuidamos y nos dejamos llevar por el sufrimiento que generan el ego y sus apegos.

Con una coherencia sin fisuras, Ramiro Calle asegura que “si volviera el ser humano de hace dos mil años, se quedaría espantado de lo que hemos avanzado en técnica sin haber mejorado nada en nuestra calidad de vida psíquica”, y sentencia que “lograr metas externas no basta para la dicha verdadera”.

“Como dijo el maestro: para cambiar el mundo se necesita tener la mente en calma y el corazón tierno”. “Para eso practicamos la meditación”, asegura, y destaca como fuentes de la dicha verdadera que en definitiva perseguimos, el contacto con la naturaleza, la creación artística, las actividades que potencian nuestra capacidad espiritual y el servicio a los demás.

Fundación Ananta: Se habla del estado de bienestar…

Ramiro Calle: Estamos en una sociedad convulsa, peligrosa, basada en subvalores. Varios millones de españoles padecen ansiedad en mayor o menor grado, otros tantos sufren melancolía o depresión; varios millones tienen que recurrir constantemente a terapias, oficiales o alternativas, por toda suerte de trastornos psicosomáticos, insomnio, gastritis…Y cientos de miles tienen que darse de baja en el trabajo por estrés, depresión, angustia o crisis pánicas de ansiedad.

Es una auténtica paradoja hablar de un estado del bienestar. Me pregunto qué tipo de bienestar es estar psíquicamente agitados, llenos de bloqueos, de autodefensas narcisistas; donde no hay una genuina afectividad, cordialidad y apertura amorosa, sino reacciones hostiles y agresivas. Si eso es el estado del bienestar, indudablemente nuestra cota era realmente pobre.

No hay más dicha que la paz interior: una persona está realmente bien, tiene salud integral, cuando empieza a disfrutar de paz interior. La calma de la mente y la paz interior es un tesoro formidable, prodigioso.
Nos damos cuenta de que solamente consiguiendo metas y objetivos en el mundo exterior no podemos ser interiormente más dichosos, ni más estables, ni gozar del verdadero bienestar.

FA: ¿Qué es el sosiego? ¿Lo conocemos? ¿Lo disfrutamos alguna vez?

RC: En la mente se generan todos los problemas, incluida la guerra, la violencia, la agresividad... La mente puede ser un estercolero o un jardín, depende de nuestro entrenamiento mental. La misma mente que encadena es la que libera; la que genera tantos pensamientos negativos, puede generar y esparcir por todo el mundo pensamientos positivos… la mente es el mundo; si no somos capaces de cambiar la mente es imposible que cambiemos la sociedad… Si algo urge es empezar a cambiar la mente.

Si viniera el ser humano de hace dos mil años, se quedaría realmente espantado de comprobar todo lo que hemos avanzado en técnica sin haber mejorado nada en nuestra calidad de vida psíquica. Si no cambiamos la mente, seguirá habiendo confusión, desorden, desequilibrio, odio, irritabilidad, celos, envidia, seguiremos con todas esas ataduras y trabas de la mente.

En una ocasión le preguntaron a un maestro qué es lo único que haría cambiar el mundo, y el dijo: una mente clara y un corazón tierno. Para eso practicamos la meditación, para eliminar todos los bloqueos y tendencias negativas e ir fomentando las tendencias positivas.

FA: ¿Cuál es el efecto del pensamiento positivo?

RC: Si cien personas piensan positivamente, otras cien pensarán positivamente, pero si cien personas piensan negativamente, mil personas pensarán negativamente. Ese es el poder de la mente negativa.

En esta sociedad, sin duda, hay muchísimas más personas bondadosas que personas perversas, pero parece ser que las malévolas se organizan mucho mejor que las benevolentes. Es necesario empezar a modificar las estructuras básicas de la mente. Y eso se consigue con sosiego, con quietud, centrándose uno en el propio universo interno.

FA: ¿Cómo podemos entrenarnos para alcanzar esa quietud?

RC: Es muy importante aprender a estar sin más. No estar para esto ni para aquello…, aprender a que la mente, que es como aguas turbias, se vuelva poco a poco pura y cristalina; a centrarme en mí mismo durante diez minutos; a conectar con la esencia de mi ser y a desarrollar lo mejor de mí mismo.

La mente es muy misteriosa, nada es tan misterioso como la mente. Es curioso: todo en tu cuerpo funciona de manera natural sin que estés atento, mientras que la mente que no se ejercita nunca está satisfecha, porque nunca está en el aquí y ahora, sino en el antes, el después, en lo que pudo ser o en lo que tendrá que ser; en las memorias negativas y en las expectativas de futuro que nos crean ansiedad.

Un gran místico comparó la mente con una casa con un millón de puertas: cuando no tiene problemas reales, busca problemas imaginarios y luego, soluciones imaginarias. Y Santa Teresa de Jesús la llama “la loca de la casa”.
Los pensamientos nos piensan y nos hacen ser como una hoja a merced de los vendavales y de los fantasmas. La mente es muy buena sierva pero muy mala ama. Si no aprendemos a poner la mente bajo control, a limpiarla y ordenarla, se llena de insatisfacción, ofuscación y desorden y, de ahí, la hostilidad y la aversión. La mente se puede empezar a usar como instrumento nuevo al uso para que nos ponga alas de libertad. Los sabios de oriente decían que no hay nada más grave que una mente ingobernada.

FA: ¿Es el yoga un instrumento útil para esos objetivos?

RC: “Yoga” -“yugo”- es aprender a poner la mente bajo control, subyugarla bajo el yugo de la voluntad y de la inteligencia primordial. Si no somos capaces de trabajar sobre la mente, no tendremos sosiego. La mayoría de las personas creen que pueden encontrar la dicha en el exterior. Ese es uno de los más graves engaños de la sociedad. He pedido a los editores sacar un libro que se llame “Las trampas de la sociedad”. Nos hemos dejado todos engañar por esas artimañas y esos trucos de la sociedad. Nos han dicho que podemos encontrar dicha, salud, bienestar y sosiego solamente buscando en el exterior y eso es imposible.

FA: ¿Tenemos referencias de eso mismo en nuestra cultura occidental?

RC: Sin duda. Eso es algo universal. La parábola del Hijo pródigo –que apareció igual quinientos años antes en el hinduismo- quiere decir que un día nos damos cuenta de que en el mundo exterior no podemos encontrar la dicha que esperábamos y tenemos que volver al hogar, a nuestro hogar mental, a nosotros mismos, y tenemos que reconciliarnos con el padre que es nuestra naturaleza real y nuestro yo auténtico, que nada tiene que ver con el yo social, con la dura máscara de la personalidad, ni con nuestras apariencias.

En el mundo exterior podemos encontrar diversión, estímulos…pero no dicha ni sosiego. El placer es ya la antesala del sufrimiento. En el mundo exterior todo es apariencia, todo es contingente, es imposible hallar una experiencia profunda y permanente de paz donde todo es contingente. Fuera hay eventos, situaciones, circunstancias, relaciones, amores, encuentros, desencuentros… pero todo es impermanente. Está muy bien buscar metas en el mundo exterior, buscar aumentar nuestra calidad de vida, pero si no nos ocupamos de nosotros mismos, si no cuidamos de nuestra calidad de vida interna, cada día nos vamos disociando más de nosotros. Nos vamos alejando, divorciando de nuestro propio ser que finalmente sufre una quiebra y nos exige un alto coste psíquico. Es lo que da lugar al “triunfador fracasado”, aquél que ha trabajado tanto para su yo social que ha perdido su yo real. La calidad de vida interna redunda en beneficio propio y de los demás.

FA: ¿No se puede entender la meditación como una actividad egoísta?

RC: Lejos de ser algo egoísta, es la mejor contribución que podemos hacer a los demás y al planeta. Porque si tú estás lleno de odio, de celos, de envidia, irradiarás eso, pudiendo transmitir regalos tan preciados como compasión, cariño, lucidez… Es muy importante cuidarse. Hay un gran culto al cuerpo y sería muy importante darse cuenta de que somos una unidad psicosomática y que para cuidar el cuerpo hay también que cuidar la mente.

FA: ¿Y tiene efectos reales en la vida “exterior”?

RC: Desde luego. Cuando hablamos de sosiego en esta sociedad convulsa no solo es sentarte, no solo es reencontrarte, es poder mantener en la vida diaria ese aplomo, ese equilibrio, Buda pedía a sus discípulos ser sosegados “en el desasosiego” y a mantener la paz “entre los que ansían”.

Dedicar veinte minutos todos los días a conectar con nosotros mismos nos traería la calma entre los intranquilos y la firmeza entre los que desequilibran. El sosiego beneficia todo el tiempo y permite, con esa experiencia de paz interior, crear unas relaciones más armónicas con los demás, con menos conflicto y división y, sobre todo, una afectividad infinitamente más saludable. Si te relacionas desde el sosiego, esas relaciones afectivas serán de integración, no habrá situación de dominio ni emotividad. Sin embargo, cuando nos relacionamos desde el desasosiego, la incertidumbre y la zozobra, todo son falsas autodefensas, prisiones, chantajes emocionales, exigencias y reproches. De esa manera no puede haber afectividad sana y constructiva.

John Steimbeck lo dice en su magnífica novela “Hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros”: “No hay nada que pague un instante de paz”. Es cierto: es lo más valioso que todos podemos encontrar, porque nos ayuda a mejorar nuestros potenciales creativos y a mejorar nuestras relaciones.

FA: ¿Deberíamos entonces de tratarnos mejor para ser mejores?

RC: Miramos constantemente hacia fuera, nos agitamos, nos disgustamos, todos los días uno o varios disgustos; todo los días obsesionados solamente con los bienes materiales, somos muy poco caritativos con nosotros mismos, tendríamos que comprendernos sin límite.

La persona inteligente, cuando ya ha cubierto suficientemente ese nivel, se da cuenta de que más de lo mismo no le convence, más angustia, más obsesión, más riqueza,… mantenerlo todo va muchas veces en detrimento de tu salud interior. Cuando una persona ha cubierto sus niveles básicos, ve que hay otros niveles que tiene que escalar, y empieza a cultivar el nivel cultural, emocional, espiritual y el nivel de la amistad, que, según Buda, debería de llenar toda la vida. Todavía hay malos amigos porque la mayoría de las personas utilizan a los amigos como peones en su tablero de ajedrez

FA: ¿Hay claves básicas para mejorar la calidad de vida?

RC: Básicamente, hay que aprender a alimentarse, a descansar y a cultivar impresiones mentales positivas, que son “vitaminas” para la mente.
Las fuentes del verdadero bienestar son la amistad, el contacto con la naturaleza, las actividades artísticas, todo tipo de campos de acción que nos permiten poner al descubierto nuestros mejores potenciales espirituales y anímicos y, por supuesto, la cooperación con las otras criaturas y el servicio social.

FA: ¿Dónde se encuentra el sosiego que es la fuente de todo lo positivo?

RC: ¿Estuvo alguna vez fuera de todos nosotros? Estamos constantemente violentando el silencio porque hablamos, porque hay ruido, pero basta con que nos callemos. El yoga es una técnica milenaria que nos lleva a él mediante los dos instrumentos con los que nos obsequiaron al nacer: el cuerpo y la mente. No se trata de añadir años a la vida, sino vida a los años. La flexibilidad que aporta esa disciplina es vida, la rigidez es muerte.

FA: ¿No se necesita un entrenamiento especial para el yoga?

RC: Las asanas no son posturas acrobáticas, sino muy sencillas, con estiramientos, masajes y presiones en puntos vitales que acceden al sistema nervioso y van mejorando todos los sistemas y aparatos de nuestro cuerpo. Nos mantiene más elásticos y cuida la espina dorsal, que es el eje de nuestro aparato locomotor.

FA: ¿Y el pranayama?

RC: También hay que cuidar la “energía-respiración”, el aliento, el “pneuma” que decían los griegos, la vitalidad. Los antiguos sabios de china decían que lo primero que un ser humano tiene que aprender es a respirar y a tener buen humor. En occidente todo el mundo está enfadado y nadie sabe respirar, esto es un desastre. Quizá tener buen humor es un poco más difícil tal y como están las cosas, aunque también se puede conseguir. Pero para aprender a respirar hay técnicas que nos enseñan todo el potencial pulmonar y a utilizar nuestras energías, y a sosegar la mente. Debería de impartirse como una asignatura en todas partes, de hecho hasta los cuerpos de seguridad, la policía, practica relajación y se está imponiendo poco a poco. La relajación es el arte de desbloquear todas las tensiones; tenemos que aprender a relajarnos y a tener enfoques correctos en nuestra vida para propiciar el sosiego. Somos nuestros peores enemigos. La actitud correcta sería la basada en la atención consciente, en estar más atentos, en lugar de estar preocupados, que es neurótico y desgasta.

FA: Sin preocupaciones, ¿podríamos cambiar incluso el carácter?

RC: Un amigo mío de la India, cuando vino a España dijo que la principal diferencia es que aquí todo el mundo está enfadado… en el ascensor nadie te habla. Habría que cambiar esa actitud de enfado por estar más distendido, no tener tantas defensas y, sobre todo, saber ver las cosas como son y relativizarlas. La misma mente que crea una tragedia puede enfriar las emociones y relativizar, sin embargo le estamos siempre martilleando con preocupaciones con enfados y obsesiones.

FA: ¿En definitiva, el sosiego puede traer buen humor?

RC: Indudablemente, una consecuencia directa es el contento interior. El contento exterior es reactivo, es el que vives cuando haces un buen negocio, pero el interior, aunque es menos exaltado, es más profundo.

Y otra de las virtudes del sosiego es la ecuanimidad, que une los conceptos de igualdad, de equilibrio con ánimo. La ecuanimidad, ante lo agradable y lo desagradable, es paciencia, visión lúcida, claridad… es muy importante desarrollarla. Vienen los vientos del este o vienen los del oeste y el ánimo permanece calmo y, así y todo, se convierte en experiencia de aprendizaje; y, así y todo, nos ayuda a crecer y a desarrollarnos.

FA: Sin duda, del sosiego aparecen las mejores virtudes…

RC: Sí, como la lucidez, que dice las cosas como son, porque es el resultado de quitar los velos de la mente, y de ahí surge la acción correcta.

Del sosiego surge también la compasión que, como decía Gandhi, “es
la flor más hermosa”. Gandhi decía que estamos en este mundo para ayudarnos “y no hay otra cosa que hacer”. Eso es la compasión. La compasión es que te identificas con los demás y con su sufrimiento, es propiciar alegría y satisfacción para los demás. Si todos nosotros desarrollamos una actitud correcta y somos capaces de poner en práctica algunas técnicas, afloran todas estas virtudes del sosiego, porque están dentro.

FA: ¿Se trataría de atemperar el ego?

RC: Dicen que si quieres ver la cara del diablo mires tu propio ego…hay que superar el ego y pasar poco a poco de esta especie de “nihilismo planetario” que se ha creado, a una conciencia planetaria. Buda decía ya que la mayoría de los seres humanos van envejeciendo y siguen con sus obsesiones, sus miedos, sus rarezas, sus apegos, sus conflictos. Hoy en día es cierto que hay más estrés, o más ansiedad, pero en todas las épocas ha habido problemas relacionados con el ego: el falso amor propio, el orgullo desmesurado… y la sociedad es una suma de mentes. En el siglo XII apareció en la India un tratado que reúne 112 métodos y técnicas para el control de la mente, y Jesús también dio unas claves sobre el mismo problema en el siglo I.

FA: ¿Cómo entiendes el desapego? ¿No es desinterés?

RC: Hay gente que cree que es sinónimo de desinterés, de falta de vitalidad y de intensidad, pero es todo lo contrario. El desapego es lo que te hace vivir mucho más feliz, porque eres capaz de disfrutar aquí y ahora sin estar constantemente como un pulpo tentacular queriendo retener, mantener, incrementar,.. El apego no tiene fin, es como si tienes sed y comes pescado salado… No es sólo a lo material, a veces éstos son los apegos más inocentes. El peor apego es a las ideologías, a las personas a quienes quieres dominar con un guión para que sean como tú quieres. Es el afán de posesión, de dominio y de poder.

Quizá no lleguemos nunca a ser totalmente desapegados, pero sí podemos aprender a disfrutar sin necesidad de aferrarnos ni de retener tanto el disfrute. Porque cada vez que se empieza a intentar retener un disfrute, ahí empieza la servidumbre y el miedo. El apego a algo lleva aparejado el miedo de perderlo. Si tienes mucho apego a tu prestigio, siempre estás aterrado porque alguien te va a descalificar, van a hablar mal de ti, te van a desprestigiar; si no le tienes apego a tu prestigio, eres ajeno a las críticas de los demás. El apego es la fuente de mayor sufrimiento.

FA: ¿Cómo cambiaría la sociedad si fuéramos más desapegados?

RC: Sólo con que en cada país hubiera cien personas lúcidas y compasivas, podría cambiar la faz del mundo. Pero ¿estamos dirigidos por los más lúcidos? ¿Por los más sosegados? ¿Por los más compasivos? Si dejáramos de ser como animales para ser verdaderos seres humanos, si hubiera un poco de lucidez, compasión, mente clara y corazón tierno, no se daría el caso extremo de que para que vivamos bien el diez por ciento de la humanidad viva mal el otro noventa por ciento. Toda esta calamidad
surge de las corrupciones de la mente empezando por los dirigentes del mundo, que son la gente más acartonada, más fiera y más manipuladora.

FA: ¿Recomiendas algún libro? ¿Seguir a un maestro?

RC: Todo está dicho y nada está hecho. Bastaría con leer los Evangelios de la tradición cristiana; por la tradición hindú, el Bhagavad Gita, por la tradición china el Tao Te King..., para cambiar el mundo. Y hay muchos otros libros muy inspiradores, que nos ayudan a encontrar en nosotros ciertos ecos de infinitud, pero hay que llegar a confiar en nuestro interior. Toda esa adicción a los gurús debería ser minoritaria. Su misión sólo es quitar la oscuridad de tu mente, mostrarte la ruta, pero tú la tienes que recorrer.

La verdadera espiritualidad será el ocaso de los líderes, de los ídolos, de los falsos profetas, de los maestros, y uno encontrará que su líder mejor está dentro de uno cuando la mente se haya vuelto lúcida y compasiva.

FA: ¿Un cuento para acabar?

RC: Una paloma se coló en un templo de la India en cuyo centro el sacerdote había colocado una rosa. Las paredes estaban llenas de espejos y la paloma, en su afán por alcanzar la rosa, se fue chocando contra las paredes hasta que su cuerpo reventó y vino a caer sobre la rosa… No conviene perseguir reflejos externos, porque la rosa del conocimiento está en el propio interior.

Lola Bastos
La Redacción
Fundación Ananta

 

El camino hacia el ´homo amans´ pasa por la integración (20-5-06)

Entrevista a José María Doria


Abogado según su licenciatura; empresario por su impulso creativo y terapeuta y escritor por imperativo de su vocación, cree que el homo sapiens evolucionará hacia el homo lucens y, a su vez, al homo amans, e insiste en que “la palabra de paso” es la integración.





El autor de “Inteligencia del alma” y de “Cuentos para aprender a aprender” entre otros libros, cree que en cada hombre hay “un potencial de amor infinito” y que la humanidad se encuentra ahora “en un punto de inflexión” ascendente dentro de su trayectoria evolutiva.

En una entrevista con Fundación Ananta, José María Doria defiende la práctica de la meditación y considera que sus efectos apaciguadores y saludables la hacen especialmente recomendable a los empresarios, que tienen que utilizar la mente constantemente.

Doria se reconoce como un “hijo pródigo” atraído por el corazón del Cristo Cósmico de Teillard de Chardin, después de haber buscado a Dios en Oriente y de haber descubierto la lucidez de Buda, y considera que todas las religiones apuntan en la misma dirección. “No nos podemos quedar con el dedo que señala”, sino con la actitud integradora que permite ver el cielo, las estrellas.

Sus sesenta años sólo resultan creíbles cuando se trata de encajar la cantidad de experiencias que acumula en su haber, como un accidente de moto en el que se rompió “todo”. Sucedió hace casi 16 años. Con 45 años decidió cambiar el rumbo de su vida y dedicarse a una “gran causa”. Entre el hambre, la enfermedad y la ignorancia, se decantó por esta última y se hizo profesor y terapeuta. De toda su vida, rescata los momentos de descubrimiento, y de ellos los que han sido “compartidos, con amor y pasión”.

Aún siente que empezará una nueva etapa en un par de años, en la que probablemente vivirá más cerca de la naturaleza, quizá en una casa-escuela en el campo, donde cree que puede llevar una vida más coherente consigo mismo.

La enfermedad de su madre, a quien dieron la extremaunción recientemente, le ha guiado hacia su nuevo proyecto literario, que elaborará a partir de oraciones y rituales de nacimiento, muerte, boda… con palabras “que hagan creaciones más emergentes, más amplias y de nueva vibración”, pero con la “raíz milenaria y la solera iniciática” de todas las religiones. Con representantes de siete de ellas, ha organizado un debate a principios de junio.

Doria recuerda que en su día decidió “abandonar a Dios” porque estaba “secuestrado” por una cultura judeocristiana y resultaba excesivamente “vertical, dual, culpabilizador”. Sin embargo, posteriormente vio cómo “los chutes del ego no bastan, van defraudando” y buscó y encontró en Oriente. Fue “un descanso” para él percibir la divinidad, como un estado de conciencia.

“La paz que te da el Espíritu no te la da el dinero, el sexo ni ningún chute del ego”. “Llevo un tiempo –dice Doria- en que después de ver la lucidez, la liberación del Nirvana, echo de menos la idea del estado crístico”, “no el de la corona de espinas” sino “el resucitado, el trascendido, el sagrado corazón”. “El corazón profundo empieza a ser una energía emergente que está llamando a la puerta”.

Recuerda, al argumentar su idea de la integración, que en Delhi encontró un templo de la religión Bashai -cuyo profeta es Baha'u'llah-, con “un loto maravilloso de cristal” dedicado a todas las demás religiones, hecho que relaciona además con la sabiduría de Ken Wilber, quien entiende que “para avanzar de nivel, hay que integrar el nivel anterior”.

Doria entiende en este sentido que “la contraseña de paso de este mundo hacia una mutación cuántica, donde el homo sapiens tiene que pasar al homo amans es la integración”. “O integras todito o tienes que volver a recuperar esa parte excluida tarde o temprano: o con psicoterapia o con una experiencia que la vida te pone por narices… tiene que ser en la medida y momento oportunos, pero integrarlo”.

En el nuevo estadio evolutivo, Doria cree que el ser humano va a trascender los niveles mentales, que “las máquinas van a trabajar lo que ahora trabaja el neocórtex: decisiones, diferencias, procesos de comparación y de observación, procesos deductivo-científicos…”.

“Nosotros vamos a derretir los fríos picos matemáticos de nuestra mente y vamos a entrar en los valles de nuestro corazón, desde donde va a nacer una nueva inteligencia, una nueva vida marcada por las neuronas del corazón, que tiene una radiación electromagnética de un metro y medio. El centro va a ser una inteligencia cardiaca, que se va a hacer cargo, mientras las máquinas ocupan esa parte en los aspectos del mundo”, será la época del “homo amans, capaz de moverse por intuición…por amor”.

“Cuando nosotros experimentamos un instante de amor, una gotita de amor –no de pasión, ni euforia, ni placer, ni fraternidad, ni admiración, ni devoción siquiera, sino de amor- y sabemos que está en el ser humano, por algún lado…comprendemos que hay una dimensión emergente que tenemos que vivir antes de cascar como humanidad y como personas”. “Si está por algún lado de nuestro potencial infinito y maravilloso, eso va a tender a actualizarse como sea”, será “el salto hacia la unidad que anhelamos todos”.

Más allá del cuarto camino defendido por George Gurdjieff y de que la espiritualidad esté dentro de uno mismo, Doria reconoce, por encima de sus creencias, a los “personajes” que dedican su vida a la religión, “que están imbuidos de una fe, un servicio, una entrega y una renuncia…y que respiran algo muy especial y muy bonito que no se ve casi en Matrix”.

Desde una posición lejana a la que le llevó a “abandonar a Dios”, Doria entiende ahora que “el nivel mítico de las religiones no tiene por qué separarnos de la razón sino que tiene su sitio: la metáfora, el misterio, no tenemos que entenderlo desde el pensamiento racional y científico porque requiere otras áreas de la mente, otro nivel”, además de que “las religiones han dado al mundo un gran pelotazo de crecimiento en todos los sentidos, aparte de otras cosas terribles y hermosas”.

Desde esta idea nació el proyecto de “juntar en una mesa” a siete personas de otras tantas religiones, para “tocar un poquito de todo como un primer acercamiento hacia la diversidad en el corazón de cada cual: que veamos elementos comunes y sepamos extraer la brisa de un nuevo rito…o un feeling espiritual profundo común a todas las formas”. “La religión es el corpus, sólo es el dedo que señala a las estrellas”.

Para José María Doria, el “Reino de los Cielos está aquí si queremos y si podemos”, sin embargo para que el último paso se manifieste tendrá que venir de una “gracia gratuita”, un algo que dependerá del “Misterio” más que de “llegar” por el esfuerzo a base de retiros espirituales u otra disciplina.

Pese a entender que el crecimiento espiritual permite observar los problemas del ego desde una perspectiva sanadora, reconoce que el 70-80 por ciento de sus consultas terapéuticas se desenvuelven en un plano “totalmente egóico” y que posteriormente, una vez integrados los problemas que llevan a consulta y teniendo la casa un poco más en orden, es cuando se puede permitir sugerir algunas prácticas o disciplinas encaminadas más aceleradamente al despertar de la conciencia.

Doria no entiende que nadie cuestione la existencia de un nivel espiritual en el ser humano, y apunta que él no discute si “hay un Dios aquí encima o no” pero asegura que tenemos unas dimensiones extraordinarias que “son la única felicidad”, porque el resto de las satisfacciones son efímeras y van aparejadas a sombras.

Destaca la importancia de aumentar el nivel vibratorio personal, porque “por encima de las nubes siempre hay sol y unas vistas muy bonitas”, mientras abajo –infierno quiere decir inferior- hay sombras y frío.

José María Doria comulga con los planteamientos del nuevo paradigma empresarial porque cree que “apostar por la confianza en el alma del otro es la mejor inversión que puede dar un ser humano”, ya que “el propio hecho de dar vida te llena de vida”. Considera en igual sentido que el nuevo planteamiento de “ganar-ganar”, además de más generoso es de mayor éxito real, ya que “el éxito está en cada instante de bienestar, de plenitud, no en conceptos” porque puedes tener de todo y ser “un desgraciado”.

“De hecho –explica- en terapia, cuando las personas están un poco asustadas, con miedos, agarrotadas en cuanto a posesiones, pueden dar un giro el día que cambian la orientación y se dedican al gozo supremo de ser útiles”. “Hacer algo por alguien es terapéutico”, asevera.
Al respecto destaca la responsabilidad de los empresarios en la transformación del mundo, y alerta contra el poder de “Matrix”, por lo que les emplaza, como primera recomendación, a hacer meditación: por salud, por eficacia, por calidad de vida, por creatividad…y recuerda el último libro de Daniel Goleman, “Emociones destructivas”, en el que habla de los trabajos realizados por el Dalai Lama con empresarios y científicos. “Occidente necesita este patrimonio de los mundos internos”.

Añade en ese sentido que “la energía del empresario es muy útil, porque potencia más los recursos” y subraya que “el bien crece cuanto más se comunica”, así que “si tienes una plataforma de comunicación más amplia pues mejor”, independientemente de que “eso te cobre seguramente algún impuesto a tu supuesta contemplación” y de que tengas que “aprender a ser empresario y a ser sabio… y a estar en el seno de la empresa con la paz y la seguridad necesarias”.

A José María Doria le produce muchísima satisfacción conectar con los seres humanos, tanto en terapia como en cursos y conferencias, que se da a veces debido a la energía, a la calidad de los sentimientos o a la química de la existencia. Experimentar esa conexión, “ese espacio de abrazo a través del arte de la palabra” es infinitamente más gratificante que cualquier forma de halago”.

Pero sobre todo, pide “a los cielos ser fecundado por un nuevo libro cada año” porque vive la creación como uno de los “estados de conciencia más elevados, por encima de la contemplación”.

Respecto a su libro “Cuentos para aprender a aprender” (Ed.Gaia), señala que es un intento de rescatar fábulas e historias que “no se pasan de moda nunca y contienen las claves del cielo y de la tierra; con ellos uno aprende las moralejas de la existencia y ayudan a vivir. Son para todos los públicos, están desgajados de ideología y de doctrina y están siempre fresquitos y van a las mentes… me conmovía rescatar eso de las raíces de la humanidad”.

En cuanto a la obra “Inteligencia del alma” (Ed. Gaia) se trataba de hacer “algo de lectura corta, no amenazar con más de una página a la persona que te va a leer, pero que sea un conector”, es como “volver a oír una música que no escuchas desde la infancia…no es nada nuevo, pero es muy bonito…, te llevan a un nivel un poquito más allá del sueño de Matrix, es una herramienta que despierta con una sola página.

Ahora está en imprenta y saldrá para la Feria del libro “Hablo de ti” (Ed. Gaia), basado en situaciones que llevan a someterse a terapia. “Me faltaba hablar de la sombra humana. Aquí he escrito sobre el dolor, la adicción, la desesperanza, el miedo la infidelidad, la fobia…desde el dolor, al alivio”.

Ya agotados, Doria publicó también en su momento un libro de literatura fantástica, próximo a la ciencia ficción de carga épica, “El observador número nueve”, y, posteriormente, “El tarot del universo”, que además de 22 pinturas correspondientes a los arcanos mayores, tiene otras tantas composiciones musicales. Le llevó varios años trabajando junto a un pintor, a un músico… en el inspirador Valle de la Orotava (Tenerife).

Lola Bastos
La Redacción
Fundación Ananata
 

"Empresas con alma" (18-05-06)

Entrevista a Jayanti Kirpalani


"En una organización con alma, a todo el mundo se le da la oportunidad de desarrollar sus habilidades y conectar con sus valores", así se pronuncia Jayanti Kirpalani, Directora para Europa de la Brahma Kumaris World Spiritual University (BKWSU), con sede en Londres y su representante para las Naciones Unidas en Ginebra, desde 1980.





1. Jayanti Kirpalani, usted es una maestra espiritual y una líder, una pionera y emisaria de paz, verdaderamente tiene una visión global y profunda sobre el mundo. Ha sido invitada venir a España para hablar sobre “Empresas con Alma”. ¿Qué significa en el contexto del mundo de hoy? ¿Existen realmente organizaciones así?
Una organización con alma sería una organización que aprende, que se ocupa del servicio que cumple y no sólo de lo que es. Que desearía hacer cambios en sus métodos mientras al mismo tiempo apuntala sus valores núcleo. Dado que nos movemos en un mundo de enormes cambios tecnológicos, tenemos que reconocer el impacto que esto tiene en nuestras vidas a todos los niveles. A nivel personal, la falta de reconocimiento del alma frecuentemente limita el permitirnos un crecimiento positivo: consentimos que nuestros sueños tomen la forma de los de la organización, terminando en frustración. Una vez que nosotros cambiamos, también lo harán la organización y los otros aspectos del mundo. Necesitamos abordar los problemas desde dentro a fuera no de afuera adentro. Culpar a factores externos del mal funcionamiento de las organizaciones no es una medida constructiva. Necesitamos ponernos bajo la lupa y conectar con aquellos valores positivos que promoverán una atmósfera saludable en el trabajo. Mientras permanezcan la competición y lo económico, necesitamos entender la ley de la acción y la consecuencia, de modo que una decisión organizacional no afecte negativamente al entorno más amplio. Creo que unas pocas organizaciones preclaras están ya empezando a mirar sus operaciones de esta manera y con el tiempo proporcionarán un nuevo entendimiento de cómo pueden contribuir a hacer del mundo un mejor lugar para vivir.


2. ¿Como podemos despertar el alma de una organización y crear una atmósfera apropiada que permita a los empleados alcanzar su máximo potencial y hacer que suceda?

Tiene que haber una transición radical en la forma de pensar. Mientras que la jerarquía de una organización es práctica en lo que es una reconocida cadena de órdenes y comunicaciones, hay necesidad de una actitud y enfoque diferentes. Tiene que animarse a todo el mundo a hacer los mejores esfuerzos para su propio progreso, pero no a expensas del crecimiento de alguien más. Necesitamos que se nos anime a alcanzar nuestro máximo destino independientemente del género y aptitudes. En una organización con alma, a todo el mundo se le da la oportunidad de desarrollar sus habilidades y conectar con sus valores. Se ve la humildad como una cualidad de fortaleza y no de debilidad y es común ver a los coordinadores de las actividades llevando a cabo también las tareas diarias cuando es necesario. En un momento podemos estar hablando con el presidente de una gran organización y al minuto siguiente estar haciendo café para nuestros colegas.


3. Ud. ha trabajado incansablemente para promover valores positivos, humanos y espirituales en todos los sectores de la sociedad. Como la principal representante de BKWSU (Brahma Kumaris World Spiritual University) para las Naciones Unidas en Ginebra, ha participado en numerosas conferencias y proyectos en conexión con la mujer, desarrollo, medioambiente, jóvenes y un gran proyecto internacional para las Naciones Unidas en el Año Internacional de la Paz. ¿Cuáles son los resultados de su investigación sobre los valores espirituales en el cambio del mundo? ¿Tienen las organizaciones un papel importante que interpretar en esto?

Las organizaciones definitivamente tienen un papel a interpretar en el cambio del mundo. Por mi experiencia en los años recientes, este cambio se producirá cuando la gente clave en las organizaciones tenga la visión de qué es necesario hacer para que el cambio positivo sea duradero. Uno de los papeles de Brahma Kumaris es ofrecer la oportunidad de reunirse a personas de un amplio espectro de organizaciones y explorar cuestiones profundas sobre los valores y la espiritualidad, dándose un tiempo libre para reflexionar y examinar sobre el ser y promover un diálogo positivo en un ambiente seguro, ya que ésta parece ser la manera más efectiva de realizar el cambio.


4. Hoy en día, las organizaciones hablan sobre responsabilidad social corporativa, intentando implementar algunas prácticas voluntarias integradas con las operaciones y las estrategias de negocio. ¿Es sólo una moda o creen realmente que pueden contribuir a la construcción de un nuevo orden mundial o un mundo mejor con un compromiso a largo plazo? ¿Podría darnos su punto de vista sobre ello?

El mundo se ha movido a través de algunas transiciones muy poderosas en los últimos diez años, más o menos, por ello, se puede ver que la gente está despertando al hecho de que tenemos que tomar responsabilidad sobre nuestras vidas, medioambiente y el impacto que nuestras acciones tienen en los demás. Muchas organizaciones son forzadas a revisar sus prácticas y alinearse con los deseos que claman las personas. No pueden continuar una senda de beneficios, pisoteando a todos por el camino. Por otra parte, han llegado a apreciar el valor de las prácticas voluntarias y están llegando rápidamente a término con el hecho de que hay una necesidad de incrementar la calidad de vida en base al largo plazo. La “solución rápida” ya no se acepta y la palabra clave para cualquier actividad organizacional ahora es “sostenibilidad”


5. Ud. es la Directora Europea de la Brahma Kumaris World Spiritual University (BKWSU) y la representante de la ONG para las Naciones Unidas en Ginebra. Ud. es una eficiente administradora en una organización que está en cerca de 90 países alrededor del mundo. ¿Cuál es su experiencia sobre dirigir una ONG en el que todas las personas involucradas son voluntarias? ¿Cuál es el secreto que hace que las personas cooperen y se comprometan en su organización?

El verdadero poder no se basa en el miedo, ni en lo que engendra miedo. Ni tiene nada que ver con la fuerza física, estatura, posición o riqueza. Es, de hecho, un proceso de aprendizaje de los valores núcleo y cualidades que yacen interiormente y de descubrir como utilizarlas. Implica un proceso de crecimiento y desarrollo interno que lleva nuestra conciencia más allá de las limitaciones que tendemos a situar en nosotros mismos. En el mundo de hoy, hemos aprendido a adquirir y vivir con principios basados en la riqueza material, falsa economía y política corrupta, que en sí mismas traen un estado de pobreza a la mayoría, manipulados por la minoría. Por otro lado, el verdadero fortalecimiento nos enseña a volver a ese poder interno que nos trae un cambio substancial, económico, político y social.

Dentro de una organización, el único obstáculo para tomar un papel de liderazgo es la personalidad y características propias de la persona– las oportunidades están ahí para todos. Lo que encontramos es que algunas personas están todavía influenciadas por sus culturas externas, reglas y tradiciones y esto es lo que evita el progreso. Una vez uno tiene el entendimiento de su propia naturaleza espiritual, entonces no hay barreras u obstáculos que adquirir. Cuando la persona se siente valorada y animada a alcanzar su potencial, se comprometerá con esa organización y sus valores fundamentales.


6. ¿Podría darnos su definición sobre liderazgo y describir su impacto en las organizaciones en una economía global?

Los líderes que tienen representatividad, personifican su posición y sus valores, conectan con la gente, son contundentes con compasión, y se mueven con gracia y equilibrio a través de transiciones difíciles son, hoy en día, un valor de cambio en el mundo de los negocios y la política. Vemos pocos de ellos, porque la manera en que se conceptualiza el liderazgo, no da una dimensión completa. En el mundo de hoy, la palabra “liderazgo” está frecuentemente conectada con el sentimiento de ego, donde los líderes están influenciados por sus propias negatividades y las influencias corruptas del mundo en el que operan. Para mí, el verdadero liderazgo emerge cuando nos consideramos ser instrumentos y servidores de la humanidad. Cuando tengo esta conciencia frente a mi, entonces llevaré a cabo cada acción con honestidad y el sentimiento de que tengo que hacer lo mejor posible para traer beneficio a otros. De hecho, habrá doble beneficio, yo haré lo que sea que traiga beneficio al ser y, haciendo eso, traeré beneficio a otros con un sentido de honestidad y altruismo. En estos tiempos, considero a Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Madre Teresa y Dadi Janki como líderes que han llevado a cabo sus tareas con espíritu de entrega y devoción profunda.

Sus motivaciones fueron más allá de ganar dinero o ganar una posición y, como resultado, fueron capaces de interactuar con otros sin celos o animosidad. Liderar es bastante simple para ser visible y notable como el que es merecedor de la atención de otros, un líder que sigue una fuerte conciencia interna, principios y la verdad que está en el interior de todos nosotros. El verdadero legado de la espiritualidad y fortalecimiento es el liderazgo auténtico que se sostiene por la integridad y altos stándares morales. Liderar desde el frente ya no es suficiente. Lo que se necesita es liderar desde dentro: necesitamos dirigir y reconocer que el liderazgo efectivo se construye con fortaleza interior. Primeramente, necesitamos la fortaleza de la visión para ver y sacar lo mejor en otros. Segundo, necesitamos la fortaleza del ejemplo que inspira a los demás a la acción. Finalmente, necesitamos la fortaleza del autorespeto que nos permite hacernos más compasivos y, finalmente, más capaces de servir a la humanidad. Una vez tengamos tales líderes en su sitio en las organizaciones más destacadas, el impacto de la economía global será tan grande que veremos una redistribución de la riqueza y recursos para beneficiar a todos los individuos.


7. Como una mujer que creció en Londres, de familia tradicional asiática, nos imaginamos cuantas cosas y situaciones habrá tenido que afrontar debido a su cultura y género. ¿Cuál es el papel de la mujer en el mundo de hoy, hablando en general y en el campo de las empresas y organizaciones en particular?

A veces ha sido la autoridad masculina, a veces el ego o poder financiero y a veces el estatus educativo los que han causado obstáculos. A menudo la cuestión en las mentes de los otros es que, qué puede uno hacer si no tiene educación (en el sentido formal de la palabra). Trabajar con dignidad y respeto me ha permitido avanzar. El éxito se ha adquirido con el poder de los sentimientos verdaderos y la fe en Dios, en la tarea de Dios. La ventaja de este éxito es que es más fácil acercar a los otros a Dios a través del amor maternal. A las mujeres que estuvieron en una posición de sometimiento se les está dando ahora el coraje necesario para liderar.

En mi experiencia, parece que las mujeres tienen una tendencia natural hacia las cualidades de la honestidad, el amor y la compasión. Por ello, es fácil para las mujeres retornar a la dignidad original del ser y convertirse en líderes como un proceso natural de despertar.

De otro lado, los hombres tienen una tendencia hacia la conciencia de “Yo”. La sociedad es tal que ha animado el ego en los hombres hasta tal punto que es muy fácil para ellos dejar de lado las cualidades originales de la compasión y el amor. Para ambos, hombres y mujeres, los obstáculos que impiden el liderazgo están fundados en la atmósfera negativa que tienen que afrontar y todo lo que ello conlleva. Para vencer esto, se necesita poder espiritual, donde un carácter elevado emerja tan fuertemente que nadie pueda apuntar con el dedo de la culpa.


8. Para finalizar, ¿podría darnos un poderoso mensaje de esperanza?

Así como los seres humanos desarrollan la espiritualidad y son elevados al más alto estado de divinidad del ser, la relación entre ellos se llenará verdaderamente con dignidad, amor, respeto, honestidad, verdad y libertad y una habilidad de simplemente dar y compartir. Habrá la comunicación de una belleza total y verdad donde la cooperación y crecimiento sale del alma. Todo lo que implica es un cambio de visión. Es sólo a través del poder del silencio que me doy tiempo a mi mismo para parar, estar quieto, para reflexionar, para experimentar. Silencio es ese momento de calma total donde ni siquiera un murmullo o brisa se atreven a mover. Captura un segundo de silencio y habrás obtenido un tesoro para siempre. En silencio, estás consciente y alerta y es en este silencio que la energía de tus pensamientos puede llegar hacia arriba y hacia fuera para abrazar a otras almas. Es este cambio en la conciencia que traerá un cambio en el mundo para siempre.
 

Entrevista a Rafael Conca (abril 2006)

Veterano de guerra y hombre de sabiduría


A sus 90 años, Rafael Conca exhibe la paz de quien lo ha conocido casi todo, incluida la muerte en primera persona, y la alegría de quien avanza sin parar porque sabe que la felicidad, el Paraíso, está “al lado”. “Sólo la ignorancia nos impide verlo”, asegura.


Con la vista muy malograda, Conca ve más allá. Sin duda. Lo da su biografía de hombre coherente y comprometido con la unión de la humanidad. Lo da la sabiduría de quien ha experimentado que la muerte es una transición hacia un estado de conciencia superior. Lo vivió cuando fue ametrallado en la Guerra Civil.

Por eso ofreció una charla sobre el tema después de perder a un hijo, quizá la experiencia más dolorosa por la que puede pasar un ser humano. Conca defiende con una templanza conmovedora la necesidad de que nos desapeguemos de la gente que muere, porque, de lo contrario, les hacemos sufrir y no les permitimos alcanzar su destino.

En esta entrevista con Fundación Ananta, este estudioso de la Teosofía por los azares de la posguerra, cree que el Buen Samaritano está en todos nosotros aunque no siempre nos demos cuenta, y se muestra convencido de que Cristo volverá cuando estemos preparados.

Joaquín Tamames: ¿Cuáles son los grandes males que acechan hoy al mundo?

Rafael Conca: El primero de los grandes males es el materialismo, que lo abarca todo, y luego está la ambición, la indiferencia, la ignorancia… un egoísmo que nos absorbe totalmente…

JT: Quisiera hacer un matiz sobre la ambición: ¿Se puede distinguir entre una ambición positiva y una ambición excesiva que pueda llevar a la agresividad?

RC: Me refería a la ambición de poder material, económico; la ambición espiritual es muy loable y deberíamos de tenerla todos.

JT: ¿Por qué en esta época de grandes recursos económicos, mayores que nunca en la historia, la gente no es más feliz? ¿A qué se debe esta discrepancia creciente entre los medios de los que disponemos y nuestra tranquilidad, nuestra serenidad interior?

RC: No somos felices muchas veces porque no queremos. A mí me preguntaron una vez qué es lo que deberíamos de hacer para ser felices y yo pedí que nos imagináramos una humanidad unida, en donde no cabe la agresividad ni la violencia, en donde todos trabajamos para todos, que lo compartimos todo en unión total. Me respondieron: “hombre, eso sería el Paraíso”. El paraíso lo tenemos al lado, lo que pasa es que nuestra ignorancia no nos lo permite ver. Somos ambiciosos en el peor sentido y queremos que nuestro criterio siempre sea el prevaleciente. No nos esperamos a que otros expresen su opinión porque no nos interesa.

Hay terrorismo porque los terroristas están engañados y no son conscientes de que ellos son parte de lo que están destruyendo. Cuando lleguen a comprender eso no habrá terrorismo porque el amor es lo que tiene que prevalecer sobre todo el resto de los aspectos. Ahora, hay ambiciones económicas y personales, que nos llevan a la violencia porque nos desasosiegan y nos quitan la paz. .


JT: Pensadores como Aïvanhov dicen que el Reino de Dios no se debe buscar más allá de la Tierra sino que nuestra obligación es repetir abajo lo que ya es arriba. ¿Tú eres optimista sobre el progreso con arreglo a un Plan? ¿Vamos hacia delante o hacia atrás?

RC: Indiscutiblemente, vamos adelante. Si tú comparas la situación actual con la que hace 2.000 años tuvo que enfrentar Cristo, ves la diferencia tan tremenda. Si vuelve Cristo -creo que yo no lo veré pero estoy convencido de que va a volver- encontrará una humanidad totalmente distinta. Porque hay un proceso irreversible que todos conocemos pero que nadie se percata, es el aspecto evolutivo que experimenta cada ser humano, y toda la humanidad.

Esto nos tiene que llevar, a la corta o a la larga, a lo que siempre he soñado: a una humanidad unida.


JT: ¿Qué tiene que darse para que Cristo vuelva a la Tierra, para indicarnos otra vez el camino? ¿Qué podemos hacer nosotros para propiciar que esa venida sea antes?

RC: Si Cristo vino entonces, ahora puede volver y encontraría una humanidad mucho más preparada. Todos internamente sentimos el ansia, el anhelo muy fuerte, dentro de nosotros, de ser totalmente trabajadores para todos. Que todos nos preocupemos de todos. Que todos nos ayudemos a todos. Todo eso cada uno lo lleva en sí. El Buen Samaritano está en todos nosotros y surge espontáneamente, aunque a veces no tenemos el cauce adecuado para que salga.


JT: Me gustaría que comentaras qué se espera de nosotros, con nuestras limitaciones y nuestros problemas, para ayudar a Cristo a que vuelva a la Tierra a pegarnos un empujón a cada uno de nosotros.

RC: La única fórmula que tenemos es el amor. Sin amor, se pueden dar soluciones, pero no un arreglo definitivo a los problemas. Creo que Cristo esperará a que el nivel de amor de la humanidad crezca un poco, que desaparezcan los aspectos agresivos y el ambiente sea propicio para su mensaje. Lo siento internamente y pienso que nos hace falta. En los Evangelios dijo “estaré con vosotros hasta el final de la era”. Se refiere a una era astrológica, y las influencias del signo entrante son de mucha potencia y muy positivas para quienes respondan adecuadamente.

JT: Si pudieras, por decreto-ley, ¿Cuáles serían las grandes reformas que propondrías? ¿Qué eliminarías?

RC: El egoísmo y la ignorancia. Si pudiera, eliminaría la indiferencia entre los distintos estamentos. Pero entiendo que sólo es eficaz cuando lo vive cada uno. Ahora, por ejemplo quieren evitar que se fume y lo conseguirán por la fuerza de la ley, pero no por el convencimiento ni la comprensión de esa ley. Y para eliminar el egoísmo se necesitarán muchísimos años, muchas vidas.

JT: Hay un factor altamente desestabilizador: las armas. Te dejo como propuesta prohibir que se fabriquen.

RC: Si no se pueden hacer armas y no quitas del corazón y de la mente la idea de la muerte…

JT: … Los niños se inventarían nuevas armas, estoy de acuerdo…pero sería muy interesante quitar las armas. Pensar en una educación en que no exista el concepto de arma.

RC: La Educación es lo básico porque las nuevas generaciones tienen que preparar el retorno de Cristo. Lo adecuado sería preparar a los jóvenes para su lucha con la vida y, al mismo tiempo, una serie de aspectos espirituales; que crecieran con la idea de que somos hermanos.

Por ejemplo, yo percibo la agresividad de la gente cuando me tropiezo con ella sin querer –me ocurre con frecuencia porque estoy bastante ciego-, y estoy preparado para decirle: “perdón, caballero, no he tenido yo intención de molestarlo, comprendo su enfado, discúlpeme”, y a esa persona le quito así toda la virulencia que pueda tener su agresividad. Los niños deberían percibir estas cosas desde la cuna.

Es decir que si todos empezamos por decir que las cosas pueden ir mejor y que para eso hemos de cambiar de actitud; y si somos capaces de trasmitirlo a los niños, cuando crezcan tendrán una amplia reserva de enseñanzas prácticas para ser mejores y vivir en paz con los demás.

JT: La educación es clave porque podría cambiar a la humanidad en dos o tres generaciones. El problema es que estamos educando a los niños con los mismos patrones de la sociedad que vivimos nosotros: competitividad, agresividad, logro personal…

RC: A situaciones nuevas, estamos dando soluciones viejas; y eso es una especie de rueda de noria que gira sin llegar a ninguna parte. El capitalismo que no quiere compartir, o la actitud de no ceder por creernos en posesión de la verdad, crean los problemas. Habremos conseguido una gran cosa si les enseñamos a comprender que con eso no van a ninguna parte.

JT: ¿En qué ves reflejado el cambio de conciencia desde los años cuarenta?

RC: Esos años en España, la humanidad tuvo una experiencia totalmente aleccionadora de amargura y sufrimiento. Si no hubiera habido dentro de cada ser humano la visión de que lo que se estaba haciendo no era lo correcto y que a través de eso nacería el inicio de un perdón, la transición española no se hubiera efectuado. Pudo hacerse porque todos queríamos empezar una nueva era de diálogo y de libertad.

JT: Me gustaría que contaras tu experiencia con la muerte, cuando fuiste ametrallado en la Guerra Civil, en el año 36, en tu condición de soldado republicano.

RC: Esta experiencia es la que me ha hecho cambiar porque yo entonces era totalmente agnóstico; lo espiritual no me decía nada. Y cuando fui herido noté cosas que para mí eran raras. Primero sentí como una especie de impacto que me elevó por los aires sin sufrir, sin sufrimiento en ninguna parte. Luego sentí una especie de “paf”, como el ruido de un tomate maduro al caer en tierra. Y yo entonces dije para mí con toda tranquilidad: “ya me han herido”. Luego vinieron unos amigos, compañeros de trincheras y dijeron: “che, Conca está muerto, está muerto”.

Yo pensé: “pero cómo voy a estar muerto, si lo estoy oyendo”. Luego, al poco tiempo, sentí una especie de ronquido y me dije para mí: “ya estoy empezando a respirar” y me vino el dolor y empecé a chillar. Es decir que la muerte es indolora totalmente. Eso lo puedo yo garantizar. Uno puede morir de un accidente tremendo y quedar descuartizado y no sentir en absoluto ningún dolor, porque el Alma tiene sus mecanismos de defensa y el Ser no sufre. Yo por lo menos no he sufrido, y mira que tenía quince heridas, y por todas ellas me salía la sangre. O sea que, si no me cogen en aquel entonces, quizá me hubiera desangrado.

Pero hasta que no me vino el dolor de cabeza y empecé a chillar, no recobré la conciencia vigilia. En la otra conciencia yo estaba totalmente tranquilo. Cuando me ofrecieron la primera cura y me evacuaron en el camión, había una avioneta que era el terror de todos porque ametrallaba la carretera. Entonces, el camión paraba y todos se iban; los que podían, yo no podía; yo me quedaba en el camión y sentía el ruido de las balas, el sableteo ese que producían las balas en la carretera, pero con una paz y un sosiego tremendo. Yo no tenía ni ganas de huir ni ganas de morir, yo estaba fuera de todo eso. Y lo estaba viviendo como si fuera un espectador, como si fuera una película. Y no sentía en absoluto ningún temor. Eso a mí me ha hecho reflexionar mucho hasta llegar a donde he llegado. Hasta que yo no recobré la conciencia del dolor, yo estaba totalmente ajeno a la tragedia que estaba viviendo, si es que a eso se le puede llamar tragedia. Cuando me vino el dolor, mi comentario interior fue “madre mía, yo este dolor no lo quiero ni para Queipo de Llano”.

JT: Es muy importante todo esto en relación con la reencarnación. ¿Cuándo empezaste a ser consciente de la reencarnación?

RC: Yo asumí totalmente la reencarnación en la época de la posguerra, cuando me escondí en una masía propiedad de la Sociedad Teosófica, de la que mi padre era el administrador. Él tuvo que exiliarse porque era socialista, masón y espiritista. Yo, que era socialista, me escondí allí por indicación de mi madre y, siendo agnóstico, encontré mucha literatura teosófica, de la que pude extraer aquéllo que yo pude relacionar con mi experiencia de cambio de conciencia entre el momento en que me hirieron y el momento actual.

Allí asumí totalmente la realidad de la reencarnación. Y eso es lo que me ha explicado también por qué yo no tenía miedo, por qué yo vivía en esa paz cuando me hirieron. Eso también incidió en mi modo de vivir la muerte de mi hijo, que mi esposa no podía asumir, y aquéllo me empujó a dar una charla.

JT: Cuéntanos aquella charla sobre la muerte

RC: Hablé sobre lo que para mí significaba la muerte, también a través de lo que había leído en libros de teosofía y del maestro Tibetano. Expliqué que es algo que ha preocupado a la humanidad desde hace centenares de siglos. Para muchos, es un acabose total, tienen miedo de morir porque no saben si después habrá algo más. Y ese miedo te hace rechazar de plano toda la teoría que se ha fabricado sobre la reencarnación. Expliqué que la muerte es algo que estamos practicando constantemente: yo me moría y volvía porque necesitaba más; el alma es la que me daba el impulso de renacer. Defendí que deberíamos de estar más abiertos a estas teorías, y ver qué nos podían traer de bueno o de malo. Mi dirección era clara y concisa y pude explicar a mi mujer que nuestro hijo no estaba en la ejecución que ella creía; que lo que pasaba con ella era que estaba muy apegada a su hijo, y que eso era lo que le hacía sufrir, y no la muerte en sí. Ella no lo entendía y me llamaba “mal padre” llevada por su desesperación, hasta que poco a poco se fue tranquilizando.

JT: ¿Cómo sería el mundo si todos creyéramos en la reencarnación?

RC: La gran consecuencia de la reencarnación sería perder el miedo a la muerte. No es que exista otra vida, lo que existe es una continuación de la vida; la conciencia está en un momento determinado activa en el plano físico y, cuando uno se muere, sigue estando activa en otro plano, en otro nivel, sin rompimiento de una a otra. El que es consciente, en la otra vida continúa su trabajo de ayuda, y el que no, continúa su rutina de vida.

JT: Para nuestra alma, la muerte es una liberación porque te vuelves a encontrar con tu ser primordial, con tu espíritu. ¿Qué podemos recomendar a la gente en duelo que, por su tradición católica no entiende la reencarnación?

RC: Yo les recuerdo que si sufren, hacen sufrir al que se va, porque el que se ha ido conserva todas sus facultades, lo que pasa es que tú no lo oyes ni lo ves porque no has despertado en ti todavía los sentidos astrales, los sentidos ocultos que te pondrían en relación con él, pero llegará el momento que sea posible. Una cosa puedes tener bien cierta: que si tanto quieres al que se ha ido, deja de sufrir, y deja de pensar en él, déjale que se vaya libre, porque mientras tú sufras, estará pendiente de ti y estarás poniéndole obstáculos. Y eso no es bueno ni para el alma ni, mucho menos, para ti.

JT: Hablemos de la meditación y de la oración como actividad de servicio.

RC: La meditación, para mí, además de mi elevación espiritual, es una forma de fomentar internamente el amor a los demás, de fomentar internamente también el anhelo de servir a los demás sin esperar, pedir, ni recibir nada a cambio. Cuando uno medita, rompe todas las fronteras y se sitúa en un plano en donde todo es energía. Yo, por ejemplo, intento abstraerme de todo lo que me rodea, me centro en el pensamiento que tengo que desarrollar y eso me lleva a un estado de conciencia distinto al que tenía cuando empecé a meditar.

Internamente yo siento más amor y más paz. Y proyecto también pensamientos de amor a todo lo que me rodea y a toda la humanidad en la que yo estoy incluido. Y al mismo tiempo imagino positivamente situaciones de paz, por ejemplo, una humanidad unida. Yo imagino a las Naciones Unidas, que celebren una cumbre en el momento en que ya el amor ha encontrado eco en los seres humanos, en donde cada nación expresa sus necesidades y su voluntad de ser uno solo con los demás. Cuando eso se llegue a conseguir, no habrá guerras. Cuando se pueda celebrar esa cumbre, con seres humanos con un aceptable nivel de amor, se llegará al acuerdo de pasar página a los resentimientos, y todos pondremos al servicio de todos toda nuestra producción.

JT: Hablas de un planteamiento muy hermoso, sin “mío” ni “tuyo”, es el comunismo en su raíz más pura. ¿Cómo podemos romper esa esclavitud que constituye el amor por el dinero?

RC: Creo que la raíz de muchos problemas es el amor al dinero y el amor a la vida material, a la vida física. Cuando ese amor se rompa o desaparezca, la convivencia será una realidad. Cuando se ama al dinero y se retiene para uno lo que se recibe, viene el conflicto. Pero si yo recibo y al mismo tiempo doy una parte igual a la que recibo, se está creando un intercambio que hace que lo tuyo y lo mío no exista ya. Eso es lo que decías tú de los comunistas. La sociedad no ha digerido aún el comunismo, que es el dar y servir a los demás sin esperar nada a cambio.

JT: ¿Qué recomendaciones podemos hacer a los jóvenes?

RC: Uno de mis nietos, cuando tenía cuatro años, le preguntó a su padre cómo se podía construir la paz, y su padre me lo mandó a mí. Yo le dije que no riñera nunca con sus amigos, y que evitara el enfrentamiento, que si él no pegaba a nadie ayudaba a construir la paz. Si ese niño de forma espontánea hizo esa pregunta, cuántos otros niños habrá que quizá tengan ese mismo nivel evolutivo y piensen en lo mismo, en cómo vamos a construir la paz. Se construye no riñendo ni ambicionando lo que los demás tienen.


JT: Como conclusión diría que fuiste muy afortunado de ser ametrallado en el año 36.

RC: Sí, gracias a eso he llegado a donde estoy. Es más, fíjate, otra cosa: cuando estaba oculto, escondido, porque venían por mí en la posguerra y tropecé con estos libros, yo hice internamente la petición de que me vinieran todas las calamidades durante la vida activa, pero que tuviera una vejez tranquila. Ha sido así: he tenido una vida borrascosa en el mejor sentido del término, por lo que he tenido que trabajar, incluso noventa horas a la semana, para poder comprar un kilo de harina y medio litro de aceite, y ahora, en la vejez estoy, en comparación con aquello, nadando en la abundancia.

 

"La única libertad es la del desapego"

Entrevista a José Luis Gómez (EL PAÍS - Cultura - 27-03-2006)

ROSANA TORRES - Madrid

En 1970, el mundo del teatro español se convulsionó con la aparición de un actor y su espectáculo basado en Informe para una academia, de Franz Kafka. Era José Luis Gómez (Huelva, 1940), quien ahora vuelve con el mismo texto al Teatro de la Abadía, de Madrid, a partir del próximo jueves, día 30.

Aquel joven era excepcional desde el punto de vista escénico y biográfico. Había vivido en su Huelva natal y de 1960 a 1964 se formó en el Instituto de Arte Dramático de Westfalia en Bochum (Alemania Federal) y en la mítica escuela de Jacques Lecoq en París. De 1964 a 1970 recorrió como actor y mimo los principales teatros germanos y prestigiados festivales europeos... hablando en alemán.

Han pasado treinta y seis años y aquel mono (término con el que la profesión teatral conoce el montaje de Gómez de la obra de Kafka) aún hoy pertenece al imaginario colectivo del público de entonces. El que veía teatro comercial y el del teatro independiente. "Yo he sido el primer sorprendido del impacto que causó, el montaje sigue grabado como a fuego en la memoria de mucha gente, y lo hizo un muchacho que volvía a su país y quería decirle a sus padres que no había perdido el tiempo", dice.

Ahora, Gómez tiene 65 años y se ha convertido en uno de los grandes e incuestionables actores y directores del teatro europeo, que en la última década ha elegido dejar sus energías en el Teatro de la Abadía de Madrid, un proyecto convertido en centro de formación y exhibición de espectáculos.
Su nuevo Informe... tiene una estructura escénica distinta, tres nuevos textos de Kafka relacionados con Pedro el Rojo, el simio protagonista de la obra, y colaboraciones como la de Iñaki Gabilondo y Wolfger von Pöhlmann. Y lo más importante, un actor que ahora ya sabe lo que es la libertad.
"La única parcela de libertad que puede conseguir una persona que vive en sociedad es un desapego profundo hacia las cosas materiales, emocionales..., y lo digo incluso en el sentido cristiano y budista de la palabra; la única libertad es la del desapego", sostiene Gómez, que hace años anda a vueltas con teorías tibetanas, budistas, taoístas o cristianas: "Tienen que ver con el trabajo interior y con la concentración, algo muy relacionado con el trabajo de un actor".

También confiesa que los grandes temas que reconoció en 1970 en el Informe, como libertad y opciones en la vida, eran conceptos abstractos: "Ahora son cosas vividas", apunta Gómez, que no dudó en retomar su mono cuando supo que la hermana de Kafka dijo que Informe... era una metáfora sobre el precio que un judío tenía que pagar para ser asimilado, "lo que comporta una pérdida del origen", añade el actor.

El protagonista de la obra es un simio que tras ser capturado se encuentra en la disyuntiva de elegir ir a un zoo o dedicarse al teatro de variedades. Opta por lo segundo y cinco años después cuenta ante ilustres académicos a qué ha renunciado para convertirse en hombre. "También es una reflexión sobre el oficio del teatro y sobre algo que afecta a quienes sufren procesos de asimilación, siempre dolorosos, como los emigrantes, como casi todos", dice de este relato llevado a escena en muchas ocasiones, "pero la gran metáfora de la obra, que trasciende la vivencia íntima, es que Kafka muestra la opción elegida como descorazonadora y yo no lo vivo así, incluso al contrario de lo que dice Sartre, yo creo que el paraíso está en los otros o con los otros", apunta.

Hoy ya no tiene nada que ver con aquel joven un poco airado, hiperenergético y que también pagó un alto precio: "Ahora no sé si soy un mono viejo, pero en los últimos años he llegado a un altísimo grado de contentamiento..., con el entorno", concluye.


 

La muerte, esa gran y temida aventura por Rafael Conca

El tema que voy a plantear a la consideración de ustedes, amigas y amigos oyentes, tratará sobre determinados aspectos de la muerte. Es un tema que por su contenido, por sus características y por las reacciones que pueda provocar, podría ser delicado e incluso difícil. Ello es debido en gran medida, a lo poco que hemos querido familiarizarnos con su realidad a pesar de ser tan cotidiano y, además, más antiguo que la propia humanidad.


Por la índole de esta realidad, casi nadie ha querido interesarse por este tema. Pero pienso que nunca serán suficientes los esfuerzos que puedan realizarse para conocer el misterio de la muerte que, pienso, podría ser el nexo de unión entre las distintas etapas que forman el ciclo evolutivo del ser humano.

Nuestros convencionalismos occidentales han enquistado en nuestra mente una especie de fanatismo cuya tendencia es rechazar a priori cualquier información que nos pueda llegar y que desafíe nuestras ideas preconcebidas, particularmente si proceden de las escuelas filosóficas orientales. Esta actitud malogra la oportunidad de conocer otros puntos de vista, otros criterios y otros horizontes que podrían enriquecer e iluminar la realidad, para nosotros tenebrosa, que entendemos por muerte.

Este tema es extraordinariamente complejo, de aguas muy profundas y que abarca muchos conceptos. Nosotros vamos a entrar en él de puntillas, rozando su superficie, pero con la suficiente coherencia como para obtener una idea que nos permita una visión de conjunto lo más aproximada a su verdad, más allá de cualquier prejuicio, de cualquier convencionalismo o superstición. Es un tema tabú para muchísimas personas que se horrorizan con solo pensar en él. Y sin embargo pienso que el ser humano debe haber sentido desde siempre una preocupada curiosidad por el mismo. Saber lo que pueda pasar internamente en el momento de morir y qué puede haber más allá de ese momento es una constante que creo acompaña a la presente civilización y presumo que habrá acompañado a las pasadas. No sé si lo hará en las venideras, a la luz de los descubrimientos que puedan hacerse en el futuro en este campo específico de investigación.

Al hablarles a ustedes de la muerte, es evidente que no me baso en una experiencia recordada. ¡Ojalá fuese así!. Mis palabras tendrían mayor seguridad e imprimiría más autenticidad a la mismas. Probablemente habré pasado por esa experiencia muchas veces y puede que pase muchas más. Pero ello solo es, de momento, una mera hipótesis, como lo puede ser para ustedes. Una hipótesis que abarca también el acto de nacer en un cuerpo o forma material determinada. Porque en el mundo físico en el que vivimos y nos desenvolvemos, no puede concebirse la muerte si antes no ha existido un nacimiento. Esto, que puede parecerles a ustedes una perogrullada, es una de las bases en las que descansa el contenido de esta charla. Miren ustedes, nacemos y morimos y entre este principio y este final de etapa, existe un camino recorrido. Un camino en el que hemos sufrido, hemos experimentado, hemos gozado, hemos aprendido, hemos puesto en él algo de nosotros mismos.... En definitiva, hemos vivido. Pero ello


nos plantea una incógnita que a su vez genera una serie de preguntas; por ejemplo: ¿Hemos vivido realmente o solo nos hemos detenido en las ilusiones que emergen de nuestros sentidos físicos?. O ésta: ¿qué objeto, o qué sentido tiene, ha tenido o puede tener, la vida física?. O la que sigue: ¿Existe algo más allá de la muerte?, ¿cómo podemos saberlo?. Y así otras muchas preguntas que nos inducen a plantearnos la existencia de una Vida como la fuente de donde emanan las demás expresiones y manifestaciones de la misma en la infinita variedad que conocemos en nuestro planeta Tierra.

Contestar a todas estas preguntas, para mí, de momento, resulta imposible ya que solo puedo dar respuestas totalmente subjetivas e indemostrables. No existe otra opción, dados los escasos conocimientos y medios con que cuenta actualmente nuestra sociedad occidental, particularmente a nivel de masas, en la que solo se admite aquello que pueda ser demostrado o comprobado fehacientemente. ¿Cómo sé yo que existe algo más allá de la muerte si no me he muerto aún? Esta pregunta que ustedes podrían formularme en el transcurso de esta charla, puesto que desde el punto de vista objetivo, es decir, de lo tangible y visible, contiene una lógica aplastante, solo puedo contestarla admitiendo la hipótesis de la inmortalidad de la vida e investigando en esa dirección. Yo pienso que cuando un científico en el transcurso de sus investigaciones consigue algo concreto, para conseguirlo antes habrá tenido que plantearse una hipótesis o una serie de ellas que esas investigaciones llenarán de contenido hasta lograr el objetivo propuesto. En ese caso nos encontramos todos, incluso los más superficiales. Todos nos hemos planteado, de un modo u otro, el hecho de morir e incluso muchos hemos hecho conjeturas sobre lo que ocurrirá en ese momento. La mayoría han cruzado los dedos o han tocado madera, o se han persignado, pues todo depende de los prejuicios o supersticiones de cada uno, y lo han dejado estar. Han adoptado la táctica del avestruz. Otros, menos timoratos o más proclives y deseosos de saber, sí han penetrado y sustanciado esta hipótesis hasta llegar a sus conclusiones finales en donde rechazan o aceptan el contenido de tal hipótesis. En nuestro caso concreto las hipótesis que nos planteamos son las de la existencia del alma y la de su corolario, la reencarnación.

Existen distintos puntos de vista sobre estas hipótesis que analizaremos, aunque sea de manera somera más adelante. Estos puntos de vista – que no coinciden – pero que son defendidos con pasión por los grupos que los sustentan, nos inducen a pensar que algo debe haber más allá de la muerte que aún no conocemos porque, aparentemente, nadie ha regresado para contarlo, es decir, para contar la verdad de lo que allí pasa; pero los indicios que existen, indicios creíbles muchos de ellos, apuntan hacia ese algo que podría tener una explicación lógica y que la ciencia ortodoxa está investigando a través de la parasicología.

Analizando la hipótesis del alma, el primer paso para sustanciar la realidad de su existencia es establecer la supervivencia, aunque esto no probará necesariamente la inmortalidad. Miren ustedes, constantemente se está comprobando que algo sobrevive al proceso de la muerte y que persiste después de la desintegración del cuerpo físico. Si esto no es verdad, entonces muchos millones de seres humanos somos víctimas de una alucinación colectiva y mienten las miles de personas – desconocidas entre sí – que afirman que sí recuerdan la experiencia de la muerte y explican esta experiencia a los demás. Esta aberración colectiva es más difícil de creer que la alternativa de una expansión de conciencia.

El problema de la muerte se funda en el amor a la vida, el instinto básico más arraigado en la naturaleza del ser humano. No podemos ignorar determinados aspectos. Por ejemplo: la ciencia reconoce que nada se pierde, solo se transforma, desde la más sutil energía hasta la partícula de materia más densa y grosera. También la eterna supervivencia, de una forma u otra, es considerada universalmente como una verdad. Existen también los llamados fenómenos para-normales, esos indicios creíbles de los que hablábamos antes y que se están investigando por la ciencia. Alrededor de todo esto se han originado una larga serie de teorías que intentan explicar todo lo referente al fenómeno de la muerte pero desde esos distintos puntos de vista.

De todo este cúmulo de teorías podemos separar tres de ellas que podríamos considerar las más representativas y plantearlas como hipótesis que analizaremos superficialmente. La primera de ellas es la solución materialista. Ésta afirma que la experiencia y la expresión de la vida consciente continúan mientras la forma física tangible existe y persiste; pero también afirma que después de la muerte y la consiguiente desintegración del cuerpo físico, ya no existe una persona o entidad consciente, activa y auto identificada. El sentido del Yo, la percepción de la propia personalidad, en contraposición con las otras personalidades, se desvanece al desaparecer la forma. Esta teoría está basada en la insensibilidad del ser humano común hacia la vida fuera de un cuerpo físico; ignora, por tanto cualquier evidencia contraria a esta teoría y explica que, como no puede ver o comprobar a través de los sentidos físicos la persistencia del Yo o entidad inmortal después de la muerte, tal entidad no existe, por tanto rechaza la hipótesis de la existencia del alma.

Una segunda hipótesis es la de la inmortalidad condicional sostenida por conceptos teológicos estrechos. Afirma que solo quienes aceptan un conjunto peculiar de pronunciamientos teológicos pueden recibir el don de la inmortalidad personal. Existe un sector de personas altamente intelectuales que también arguyen que a quienes poseen una mente desarrollada y cultivada, don culminante para la humanidad según ellos, análogamente se les otorga la eterna supervivencia. Hay también quienes rechazan a aquéllos que consideran espiritualmente recalcitrantes o negativos a la imposición de su verdad teológica particular, lo cual condena a esos recalcitrantes a un total aniquilamiento como en la solución materialista, o a un eterno castigo que, al mismo tiempo, aboga por una especie de inmortalidad aunque sea en los infiernos. Las personas reflexivas consideran difícil de aceptar esta presentación. También existen las personas menos reflexivas, aquéllas que evaden la responsabilidad mental y que aceptan ciegamente tales pronunciamientos teológicos. La interpretación de determinadas religiones dada por sus escuelas ortodoxas y fundamentalistas, es la de proclamar un largo futuro, una especie de eternidad, un futuro que depende totalmente de las acciones del actual episodio de vida. No explican estas escuelas las distinciones y diferencias que caracterizan a la humanidad, es decir, los contrastes entre los pares de opuestos, como por ejemplo: ¿es congruente con la infinita justicia y bondad divinas el que a unos les dé un destino de sufrimientos y a otros una vida llena de venturas y oportunidades y al mismo tiempo les conceda una sola vida física para que se salven? ¿Igual al malvado que nació así de padres sin formar, llenos de ignorancia y de odio, que al santo que desde niño demuestra su fortaleza de espíritu, que ya sabe distinguir entre el bien y el mal y está lleno de amor por el semejante? Yo pienso que esto debe tener una explicación lógica porque de otra forma no tendría sentido la vida. Y esto que a simple vista parece una gran injusticia, se justifica diciendo que los inescrutables designios de la voluntad de Dios no deben ser puestos en duda. Millones de personas sostienen esta creencia, pero no de manera tan fanática como la sostenían hace cien años.

La tercera hipótesis es la teoría de la reencarnación - tan familiar para los orientales, particularmente entre los budistas y otras religiones afines - y que está adquiriendo una creciente popularidad en Occidente. Dicha teoría que en Oriente es enseñada como una verdad aceptada, se basa en el fundamento de un origen espiritual, de un descenso a la materia de ese algo espiritual, y de un ascenso por medio de las constantes encarnaciones en la forma, hasta que esas formas sean expresiones perfectas de la conciencia espiritual que mora internamente. También se basa en una serie de iniciaciones al finalizar el ciclo de encarnación, que libera al ser humano de la rueda de la vida o de las encarnaciones sucesivas por haber adquirido ya la perfección. Esta teoría está siendo cada vez más reconocida y aceptada y si la ciencia, a través de sus investigaciones de los fenómenos paranormales por medio de la parapsicología, pudiese descubrir el nexo de unión entre la vida física y la vida más allá del plano material aceptada por los orientales, probablemente la humanidad diese un paso decisivo en esta línea espiritual, se aceptase la reencarnación como hecho probado y por tanto se perdiese todo temor a la muerte.

Estas son las principales teorías que intentan resolver los problemas de la inmortalidad y, lógicamente, de la supervivencia del alma humana. Teorías que aspiran a dar una respuesta, válida para cada una de ellas, a las eternas preguntas respecto a cuándo, por qué, dónde y adónde, como planteábamos al principio aunque desde otro enfoque, es decir, cuándo se inicia la vida, el porqué de esta vida, dónde estamos situados en los esquemas de esta vida y adónde nos conduce. Las respuestas a estas preguntas nos darán la clave de la inmortalidad.

Vamos a profundizar un poco más en el fenómeno de la muerte utilizando las hipótesis de la existencia del alma y la de la reencarnación. Las dos se complementan, así lo creo, formando una sola, porque para mí, si existe la reencarnación es que existe el alma. Pero me gustaría citar dos frases; una atribuida a Pitágoras según sus biógrafos, que dice: “una vida en la carne no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma”. La otra está contenida en el Nuevo Testamento y refiere claramente que Jesús dijo que Elías había venido ya en la persona de Juan el Bautista, y cuya venida había sido anunciada por el profeta Malaquías. (Mateo XI – 14, 15; IV –5; XVII – 12 y 13. Y Marcos, IX – 10 y 12. Además el cristianismo primitivo incluía en su doctrina la reencarnación. Esta doctrina empezó a ser atacada e incluso anatematizada en un Concilio cuando la Iglesia ya organizada entró, en cierto modo, a formar parte del Estado.

En este campo del conocimiento en el que intentamos penetrar aunque solo sea de forma superficial como ya hemos dicho al principio, lo que sabemos lo conocemos solo por las referencias de los que creemos que “conocen”; aquellos que han recorrido un trecho de camino mucho más largo que el que hemos recorrido nosotros, que han adquirido mucha mayor experiencia, que han desarrollado los poderes del alma, latentes en cada uno de nosotros y que ven, oyen y perciben donde nosotros estamos completamente ciegos, sordos e insensibles. Los que a mí me inspiran una absoluta confianza porque algunas de estas referencias han sido contrastadas por la reflexión y aceptadas por esa respuesta interior intuitiva que me impulsa a admitir tales referencias como auténticas verdades más allá de toda duda. Las afirmaciones, las presuntas verdades que pueda hacer o presentar en esta charla no son mías -¡ojalá lo fuesen!-, pero las hago propias llevado por ese profundo convencimiento. Convencimiento que no puedo trasmitir a ustedes, por tanto todo lo que pueda decirles será para ustedes solo hipótesis que aceptarán, o rechazarán, según sea su respuesta interna. Solo les pido una actitud mental abierta y receptiva, sin reservas, aunque con ese sentido discriminador que separa lo falso de lo verdadero.

La muerte es un proceso misterioso al cual está sujeto todo lo que respira en el planeta, y que frecuentemente solo constituye el fin temido, temido por no ser comprendido tal proceso. Nuestra mente está aún tan poco desarrollada que el temor a lo desconocido, el terror a lo no familiar y el apego al cuerpo físico, han provocado una situación en la que uno de los acontecimientos más benéficos en el ciclo de vida de un ser humano, como es la muerte, es visto como algo tenebroso, espantoso, catastrófico, que debe ser evitado y postergado el mayor tiempo posible.

La muerte, si pudiéramos comprender esto, es una de las actividades que más hemos practicado. Hemos muerto muchas veces y moriremos muchas más porque el fenómeno de la muerte es, esencialmente, un estado de conciencia, o mejor dicho, un proceso de transición entre dos estados de conciencia. En ciertos momentos estamos plenamente conscientes en el plano físico; en otros nos retraemos a otro plano más sutil y estamos en él activamente conscientes. En la medida que nuestra conciencia se identifica con el cuerpo tangible, el aspecto forma, en esa medida la muerte continuará ejerciendo sobre nosotros ese terror ancestral que ha venido acompañándonos desde siempre, como si fuese nuestra sombra. Tan pronto nos reconozcamos como almas y descubramos que somos capaces de enfocar a voluntad nuestra conciencia y sentido de percepción en cualquier otro plano más sutil que el físico, habremos perdido nuestro temor a la muerte.

La muerte para el hombre medio es un final aparentemente desastroso, pues implica la terminación de todas sus relaciones humanas, la cesación de todas su actividad física, la ruptura de todos los signos de amor y de afecto, y el tránsito, involuntario y disconforme a lo desconocido y temido. Es lo mismo que salir de una habitación iluminada y agradable, cordial y familiar, donde están reunidos nuestros seres queridos, y pasar a la noche fría y oscura, solos y aterrorizados, esperando lo que vendrá y sin ninguna seguridad.

Pero olvidamos generalmente que todas las noches, durante las horas de sueño, morimos en lo que respecta al plano físico y vivimos y actuamos en otro lugar. Olvidamos también que hemos adquirido la facilidad de dejar el cuerpo físico - la mayoría de las personas de buena voluntad e inteligentes la han adquirido – pero que aún no podemos conservar en la memoria del cerebro, los recuerdos de esa muerte y del consiguiente intervalo de vida activa en otro nivel, y no relacionamos la muerte con el sueño. Después de todo la muerte es solo un intervalo de descanso más largo o extenso en la vida de acción en el plano físico; “nos vamos al exterior de vacaciones” - si es que puedo utilizar esta expresión que entrecomillo – por un período de tiempo más prolongado. Pero el proceso del sueño diario y el de la muerte son idénticos, con la única diferencia que en el sueño el hilo magnético o corriente de energía a través del cual circulan las fuerzas vitales – algunos lo denominan cordón de plata – se mantiene intacto y constituye para el alma el camino de retorno al cuerpo. Para los que no están familiarizados con esta fraseología, quiero aclarar lo siguiente: Cuando una persona duerme en sus horas de descanso, el Ego o Alma sale del cuerpo al cual deja en su sueño (necesario para la reparación del mismo). El alma queda unida a su cuerpo denso por un hilo magnético como ya hemos dicho, y en almas muy evolucionadas – que pueden abandonar el cuerpo a voluntad y desplazarse a largas distancias – este hilo magnético se alarga tanto como la distancia que recorre, y no se rompe. En caso de muerte es el propio Ego el que rompe el hilo magnético y el alma abandona definitivamente el cuerpo. Cuando esto acontece el ego ya no puede volver al cuerpo físico denso, y al faltarle a ese cuerpo el principio de cohesión o energía emanada del alma, se desintegra. ¿Qué pasaría en el planeta Tierra si de repente le faltase la afluencia de la energía solar y otras energías cósmicas? Según lo que contestan los sabios y científicos ante esta eventualidad, nuestro planeta moriría y se desintegraría al cesar la vida o energía que lo anima y que mantiene su cohesión. En el mundo físico habitado, todo lo que respira reproduce incesantemente este drama que igual se produce a nivel cósmico que al nivel celular de un insecto. Es la vida que anima la forma y se oculta en ella, la cual, periódicamente se retira y reaparece ocupando nuevas formas cada vez más organizadas y perfeccionadas.

El temor a la muerte es producto de nuestra ignorancia, de nuestro egoísmo, de nuestros instintos animales. El terror ante el acto de morir, el horror a lo desconocido y a lo indefinido; la duda respecto a la inmortalidad; el pesar a tener que abandonar a los seres queridos o ser abandonados por ellos; las antiguas reacciones a las pasadas muertes violentas, arraigadas profundamente en el subconsciente; el aferramiento a la vida del cuerpo físico al estar profundamente identificado con él en la conciencia; las viejas y erróneas enseñanzas referentes al cielo y al infierno, siendo particularmente esta última, una perspectiva desagradable para cierto tipo de personas...Y así una interminable serie de secuencias, todas ellas dimanantes de ese temor generado por nuestra ignorancia y nuestro egoísmo instintivo. La muerte, más bien, es un proceso de transición como ya he dicho antes, entre un estado de conciencia en el plano físico y otro estado de conciencia en un plano más sutil. Cuando morimos, generalmente entramos en una vida más plena. Se produce una liberación de los obstáculos del vehículo carnal y ello supone para el alma una liberación totalmente desconocida para nosotros. Para los seres humanos no evolucionados, la muerte es un sueño y un olvido. La mente no está suficientemente desarrollada ni despierta para reaccionar y el archivo de la memoria está prácticamente vacío.
Para el hombre común y bueno, la muerte es la continuación en su conciencia del proceso de la vida, y lleva a cabo las actividades y tendencias de esa vida. Su conciencia y sentido de percepción son los mismos e invariables. No percibe mucha diferencia, está bien cuidado, y a menudo no se da cuenta que ha pasado por la muerte. Para el perverso y cruel egoísta, el criminal y esos pocos que viven únicamente para el aspecto material, se produce una situación como si estuvieran atados a la tierra. Los vínculos que han forjado con la tierra y la atracción hacia ella de todos sus deseos, les obliga a permanecer cerca de la misma y de su último medio ambiente terrenal. Tratan desesperadamente, por todos los medios posibles, de volver a establecer contacto con el mismo y penetrar en él. Al no conseguirlo sufren horriblemente. Podría extenderme en estos aspectos, pero sería alargar excesivamente esta charla que ya por sí misma, puede resultarles fatigosa. Para el ser humano evolucionado espiritualmente, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de servicio y de expresión a la que está muy acostumbrado y percibiendo enseguida que no es nueva. En las horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio activo y de aprendizaje. Ahora sencillamente funciona en él las 24 horas del día (hablando en términos del plano físico) en lugar de las breves horas de sueño en la tierra.
Otro temor que induce a la humanidad a considerar la muerte como una calamidad, es el que han inculcado determinadas religiones teológicas, ortodoxas y fundamentalistas; el temor al infierno, el temor a la imposición de castigos comúnmente fuera de toda proporción por los errores cometidos durante la vida física, y al terror impuesto por un Dios iracundo que no se compagina en absoluto con esa maravillosa Realidad de lo divino; también a las amenazas de horrendos castigos si no se someten a los mandatos de sus sacerdotes.

Afortunadamente ya son mayoría los creyentes que no aceptan a un Dios iracundo y vengativo, que no creen en el infierno ni tampoco en esos horrendos castigos. Creen, sí, en un gran principio de amor que anima a todo el universo; creen en la Presencia de Cristo indicando a la humanidad la realidad del alma y que somos salvados por la vivencia de esa alma, y que el único infierno que existe es la tierra misma, donde aprendemos a trabajar por nuestra propia salvación, impulsados por el principio de luz y de amor e impelidos por el ejemplo de Cristo junto al anhelo interno de nuestra propia alma.

Con esto, intento plantear que el actual temor a la muerte debe ceder su lugar a una inteligente comprensión de la realidad y ser reemplazado por el concepto de continuidad que niega toda interrupción, y también enfatizar la idea de que existe una vida, una entidad consciente que adquiere experiencia a lo largo de muchas encarnaciones. Pero nos falta aún mucho camino que recorrer para que nuestra comprensión nos permita ver la ley, nos permita ver el propósito y la belleza de la intención subyacente en lo que hasta ahora ha sido el mayor terror y temor del ser humano, es decir, la muerte.

Cuando se rompe el hilo magnético o cordón de plata que une el alma al cuerpo físico, se produce la muerte; el alma se desprende de éste y nace a una vida más plena en un plano más sutil que muchos denominan la vida en el plano astral. El cuerpo físico, al faltarle la energía que lo animaba, se desintegra y los materiales que lo formaban retornan a la fuente de donde salieron. Este proceso de desintegración, mientras dura, retiene al alma en cierto modo cerca del cuerpo. De ahí que los Conocedores sugieran la conveniencia de la cremación del cuerpo en lugar de su enterramiento. A la vez que esta cremación constituye una medida higiénica de gran alcance que, probablemente en un futuro no muy lejano, los gobiernos, y también los municipios, la adopten e implanten, acelera muchísimo el proceso de restitución de la materia, por el alma, al lugar de donde provino, es decir al depósito universal. A esto se le denomina el acto o la ceremonia de la restitución. El alma, después de ello, queda libre de estas ataduras físicas y puede continuar su propio camino.

Ahora, en esta recta final de la charla, voy a tratar de determinadas fases del proceso de desencarnación que requieren toda nuestra atención porque contienen algunos tecnicismos. Para entrar en materia vamos a formularnos una pregunta: ¿Qué sucede en el acto de morir y cuáles son las primeras actividades y reacciones de un hombre corriente después del acto de restitución de los materiales del cuerpo físico al depósito universal de sustancia? Los Conocedores señalan algunas de ellas, por ejemplo, el proceso oculto de la muerte es, de manera muy resumida, el siguiente: la primera etapa consiste en retirar la fuerza vital del vehículo etérico del cuerpo físico denso; se inicia el proceso de “corrupción” o desintegración. El hombre objetivo desaparece y el ojo físico ya no lo ve aunque aún se halla en su cuerpo etérico. Para los que tienen la vista etérica desarrollada, el abandono del cuerpo físico denso constituye una “liberación”. Las fuerzas vitales después de seguir un proceso de abstracción muy complejo, se centralizan totalmente en el alma. Todo esto puede parecerles fantástico. Ustedes pueden aceptarlo o rechazarlo según sea su respuesta interna. Puede que venga un tiempo en el que la ciencia descubra esto. De momento esto pueden aceptarlo como una hipótesis, como ya se ha mencionado antes. Continuando con la relación de este proceso resumiré algunas de sus etapas.

a). El alma lleva a cabo su propósito de retirarse a su propio plano. Ello produce un proceso interno y se evoca una reacción interna en el hombre, en el plano físico.

b). Tienen lugar ciertos hechos fisiológicos donde se halla asentada la enfermedad, están vinculados con el corazón y afectan al sistema nervioso en sus diferentes expresiones, a la corriente sanguínea y al sistema endocrino.

c). Una vibración corre a lo largo de los “nadis” (la contrapartida etérica de los nervios, es decir, de todo el sistema nervioso). Los “nadis” responden al impulso directriz, reaccionan a la “atracción” del alma y se organizan para la abstracción.

d). La corriente sanguínea es afectada en forma oculta. Las glándulas del sistema endocrino, en respuesta a la “llamada de la muerte”, es decir a la orden del alma, inyectan en la corriente sanguínea, una sustancia que a su vez afecta al corazón. Allí está anclado el “hilo de vida”. Esta sustancia en la sangre es considerada como productora de la muerte y una de las causas básicas del estado de coma y de la pérdida de conciencia. Evoca una acción refleja en el cerebro.
e). Se produce el temblor psíquico cuyo efecto es aflojar o romper la conexión entre los “nadis” y el sistema nervioso; por ello el cuerpo etérico se desprende de su envoltura densa aunque aún la interpenetra.

f). Se produce frecuentemente una pausa en este punto de corta o larga duración que permite que el proceso de aflojamiento se lleve lo más suavemente posible y sin dolor. Dicho aflojamiento de los “nadis” comienza en los ojos. Este proceso de desprendimiento a menudo se demuestra en el relajamiento y falta de temor que el moribundo demuestra frecuentemente; evidencia una condición de paz y la voluntad de irse, más la incapacidad de hacer un esfuerzo mental. Parece como si el moribundo, conservando aún su conciencia, reuniera todos sus recursos para la abstracción final.

g). El cuerpo etérico organizado, desprendido de toda relación nerviosa debido a la acción de los “nadis”, comienza a recogerse para la partida final. Se retira de las extremidades hasta la requerida “puerta de salida”, enfocándose alrededor de esa zona donde está “su puerta”, esperando el tirón final del alma directriz. Hasta aquí esto ha proseguido de acuerdo a la voluntad magnética y atractiva del alma, respondiendo a la Ley de Atracción. Ahora se hace sentir otro “tirón” o impulso atractivo. El cuerpo físico denso, la totalidad de los órganos, células y átomos, se van liberando constantemente de la potencia integradora del cuerpo vital mediante la acción de los “nadis”, y comienza a responder al tirón atractivo de la materia misma. Esto se ha denominado la “atracción de la tierra” y es ejercida por esa misteriosa Entidad que llamamos el “espíritu de la tierra”. Resumiendo este proceso dual de atracción tenemos: 1º. El cuerpo vital se está preparando para “irse”; 2º el cuerpo físico responde a la disolución. Naturalmente este proceso es mucho más complejo, pero no continúo porque se haría interminable esta charla.

h). El cuerpo etérico sale del cuerpo físico denso en etapas graduales y por un punto escogido de salida. Cuando ha terminado de salir, el cuerpo vital asume entonces los vagos contornos de la forma que energetizó, haciéndolo bajo la influencia de la forma mental que el hombre ha construido de sí mismo durante años. Todo este proceso descrito tan superficialmente, se acelera notablemente por la cremación, como ya he comentado anteriormente.

Este punto de “salida” al que me he referido antes, según el grado de evolución del moribundo, puede estar en el plexo solar o en el cerebro, en la cima de la cabeza. Protegiéndolos hay una trama sólidamente tejida de materia etérica compuesta por hebras entrelazadas de energía vital. Para los niños y para los hombres y mujeres poco evolucionados, polarizados en sus cuerpos físico y astral, la puerta de salida está en el plexo solar, y esa es la trama que se rasga y permite salir a la fuerza vital. En el caso de tipos mentales, de seres humanos más altamente desarrollados, se rasga la trama encima de la cabeza o región de la fontanela, permitiendo la salida del ser racional pensante. Pero hay una tercera salida situada más abajo del vértice del corazón, cubierta, como las otras, por una trama etérica sólidamente trenzada. Esta salida es utilizada por hombres y mujeres bondadosos y bien intencionados, buenos ciudadanos, amigos inteligentes y trabajadores filántropos, es decir, los que ayudan a los demás de forma desinteresada y altruista. Todo esto, de manera gradual, llegará a ser de común conocimiento en Occidente, lo cual, en su mayor parte, es conocido por pensadores de Oriente, y es un primer paso para la comprensión racional del proceso de la muerte.

Como ya he dicho, el proceso es mucho más complejo y extenso para profundizar en él, rebasa con mucho las pretensiones de esta charla que solo intenta dar una idea muy somera del proceso de la muerte. Continuando con esta relación y según lo que señalan los Conocedores, el hombre desencarnado llega a ser consiente de sí mismo. Esto involucra una claridad de percepción desconocida para este hombre mientras ha estado encarnado en el cuerpo físico. El tiempo ya no existe tal como lo entendemos corrientemente, y a medida que este hombre dirige su atención a su yo emocional, surge invariablemente un contacto directo con el alma. Durante un brevísimo espacio de tiempo, el alma responde, y la naturaleza de su respuesta es tal que el hombre, situado en su naturaleza astral, ve ante sí, como en un mapa, las experiencias que ha tenido en su reciente encarnación. El hombre registra y siente que el tiempo no existe. Como resultado del reconocimiento de dichas experiencias, el hombre aísla esas tres experiencias que constituyeron los tres principales factores condicionantes en la reciente vida y que contienen la clave de la futura encarnación que iniciará más adelante. Todo lo demás es olvidado y todas las experiencias menores desaparecen de su memoria no quedando en su conciencia nada más que lo que los Conocedores denominan “las tres simientes o gérmenes del futuro”, relacionadas de manera peculiar con los átomos permanentes físico y astral. Estas tres simientes y los dos átomos permanentes, producen la quíntuple fuerza creadora de las formas que emergerán más tarde y que constituirán los nuevos vehículos del alma. La primera simiente determinará más adelante la naturaleza del medio ambiente físico, en el cual ocupará su lugar el hombre que retorna a la tierra. Está relacionado con la cualidad de ese medio ambiente futuro, condicionando así el campo necesario o zona de contacto.

La segunda simiente determina la cualidad del cuerpo etérico como vehículo a través del cual las fuerzas o energías pueden hacer contacto con el cuerpo físico denso. Para mayor comprensión quiero aclarar que, según los Conocedores, el alma al reencarnar dispone de tres vehículos muy diferentes entre sí. Uno es el cuerpo físico compuesto de cuerpo físico denso, la parte visible y tangible, constituido por los tres elementos sólido, líquido y gaseoso, y del cuerpo etérico que algunos denominan el doble etéreo, como ya hemos dicho, por constituir una copia exacta del cuerpo físico denso; está compuesto de materia etérica en sus cuatro gradaciones de densidad que algunos denominan éter 1º, 2º, 3º y 4º, de acuerdo con la densidad y ritmo vibratorio del mismo, teniendo en cuenta que densidad y vibración son inversamente proporcionales. Entre las distintas funciones que tiene el cuerpo etérico, está la de transmitir las fuerzas vitales al cuerpo físico denso; sin estas energías este cuerpo no podría vivir.

Un segundo cuerpo es el cuerpo astral o emocional, también se le denomina el cuerpo de deseos por ser éste la sede de las emociones y deseos del ser humano; algunos le llaman el cuerpo Kama-manásico, los teósofos particularmente. Está muy desarrollado en la actualidad y en él se centran la mayoría de los hombres y de las mujeres que componen la humanidad. Esto podría explicarnos las actitudes y conductas impulsivas y emocionales tan características de la actual humanidad y que desembocan frecuentemente en la histeria colectiva. Ejemplo de ello son los arrebatos de las masas, bien producidos por el fanatismo, por los odios o por los fervores. Ese es el peligro actual de la gran mayoría de la humanidad que, al tener una mente poco desarrollada, actúa más por sus impulsos emocionales que por su pensamiento reflexivo y acepta, a veces ciegamente, lo que mentes bien entrenadas dirigidas por voluntades firmes, ponen ante sus ojos induciéndoles a defenderlo como cosa propia, sin caer en la cuenta, porque no piensan, de que están defendiendo intereses, muchas veces egoístas, bien particulares o bien de grupos de presión.

El tercer cuerpo es el cuerpo mental; algunos lo dividen en cuerpo mental superior o mente abstracta, y cuerpo mental inferior o mente concreta. Este cuerpo es el que media entre el alma y la personalidad, y transmite los impulsos o las ideaciones del alma al cerebro físico a través del cuerpo astral y doble etéreo. Este cuerpo, situado en el plano mental es llamado por determinadas religiones orientales, “devachán”, y constituye, a partir del tercer sub-plano del plano mental, el cielo para los cristianos. El plano mental es el plano donde mora el alma.

Estos tres cuerpos están constituidos por materia correspondiente al plano en el que se desenvuelven, es decir que el cuerpo mental está constituido por materia mental, el astral, por materia astral y el físico por materia física. El alma se desenvuelve y se manifiesta a la vez por medio de estos tres cuerpos. Entrar en más detalles sobre los mismos, constituiría materia para otra charla.

Continuando con la relación de la acción de la segunda simiente, que es de lo que estábamos hablando antes de esta aclaración, la cualidad de la parte etérica o doble etéreo del cuerpo físico es determinada por esta segunda simiente; delimita, así mismo, la estructura etérica o red vital por la cual circularán las energías entrantes, y está particularmente relacionado con ese centro especial, entre los siete que posee, que estará más activo y tendrá mayor vitalidad en la futura encarnación (plexo solar, cardíaco, laríngeo, pituitario, coronario, etc.).

La tercera simiente da la clave del cuerpo o vehículo astral en el que estará polarizado el hombre en siguiente encarnación. Recordemos que estamos hablando de un hombre corriente, no de un hombre muy evolucionado que indudablemente se polarizará en su cuerpo mental. Esta tercera simiente es la que por medio de las fuerzas de atracción, pone al hombre otra vez en relación con quienes amó u odió anteriormente, o estuvieron en estrecho contacto con él. Debería aceptarse como un hecho dentro de la hipótesis en la que nos estamos desenvolviendo, que la idea de grupo o grupal – pongan toda su atención en esto- es la que rige subjetivamente todas las encarnaciones, y que el hombre encarnado renace no solo por el propio deseo de obtener experiencia en el plano físico, sino también por el impulso grupal y de acuerdo al karma grupal, además del propio. Sé que esto es difícil de comprender; pero que una vez que sea verdaderamente captado y entendido todo esto; desaparecerá en gran parte el temor que engendra la idea de la muerte. Lo que nos es familiar y amado lo seguirá siendo porque la relación entre las personas que nos son familiares y amadas, ha sido estrecha y firmemente establecida durante muchas encarnaciones.

Después de la muerte y particularmente cuando ha tenido lugar la cremación del cuerpo físico, el hombre en su cuerpo astral está tan consciente y atento en su medio ambiente como cuando estaba vivo en el plano físico; naturalmente esto depende de su grado de percepción y de observación. No todos estamos igualmente despiertos – en el sentido de la percepción – ni todos somos igualmente conscientes de las circunstancias o de la experiencia inmediata. No obstante, debido a que la mayoría de las personas somos más conscientes emocional que físicamente, y vivimos en gran medida enfocados en nuestros vehículos astrales, estamos bastante familiarizados con el estado de conciencia astral en el que nos situamos al desencarnar, es decir en el plano astral. Pero quiero aclarar que un plano es esencialmente un estado de conciencia y no un lugar según podríamos pensar.

La destrucción de la forma, es decir, la muerte del cuerpo físico que tanto tememos la mayoría, es de poca importancia para quienes saben que la reencarnación es una ley básica de la naturaleza y que no existe la muerte. Las fuerzas de la muerte prevalecen hoy en el mundo, sí, pero son las fuerzas que matan y destruyen la libertad en sus valores más elevados, son las fuerzas que matan y destruyen la verdad y matan y destruyen los valores espirituales superiores. Y éstos son los factores vitales en la vida de la humanidad; la muerte del cuerpo físico es algo insignificante en relación con esto porque puede ser fácilmente corregido por los procesos del renacimiento y de la nueva oportunidad.

El temor, ese morbo que el tema de la muerte evoca corrientemente y el miedo a encararlo con comprensión, se debe a lo plenamente identificados que estamos con el cuerpo físico. Creemos que nosotros somos el cuerpo y si desaparece el cuerpo desaparecemos nosotros; es el temor que nos inspira nuestro egoísmo por nuestros apegos a las cosa familiares y materiales que abandonamos al morir, es el temor que nos inspira nuestra ignorancia que nos hace imaginar que vamos a penetrar en la más agobiadora soledad, más aparente que real e imposible de describir. Sin embargo esta aparente soledad que acontece después de la muerte, cuando el hombre se encuentra a sí mismo sin un vehículo físico, no tiene comparación con la soledad del nacimiento. Al nacer, el alma se encuentra en un nuevo ambiente, sumergida en un cuerpo que al principio es totalmente incapaz de valerse por sí mismo o de establecer un contacto inteligente con las condiciones circundantes durante un largo período de tiempo. El ser humano viene a la encarnación sin recordar su identidad o lo que para él significa el grupo de almas encarnadas en esos cuerpos con los que está relacionado; esta soledad desaparece gradualmente con el tiempo y sólo cuando establece sus propios contactos personales, descubre a los que congenian con él, y poco a poco reúne a su alrededor a quienes considera sus amigos. Después de la muerte no sucede lo mismo porque el hombre encuentra en el “más allá” a quienes conoce y se vincularon con él en la vida del plano físico, nunca está solo tal como el ser humano entiende la soledad; también es consciente de los que poseen aún cuerpos físicos; puede verlos, captar sus emociones y también sus pensamientos. Si tuviéramos un mayor conocimiento del proceso de la muerte, temeríamos más a la experiencia del nacimiento que a la de la muerte, porque el nacimiento encierra al alma en la verdadera prisión – su cuerpo físico – y la muerte es solo su primer paso hacia la liberación.

He intentado exponerles algunos apuntes – muy elementales - del proceso de la muerte puesto que este proceso, como les vengo diciendo, es mucho más complejo, profundo y amplio.

Les he hablado a ustedes desde mis más profundas convicciones, hijas de muchas reflexiones, de largas lecturas porque no se estudia bastante sobre
un tema tan complejo y abstruso. Me ha impulsado a hablar de ello la muerte de mi hijo, el dolor desesperado de mi esposa y mi persistencia para hacerle comprender la serie de razonamientos que he intentado exponer en esta charla. Quizás ello pueda servir a otros. A mí me ha servido de mucho para controlar ese dolor desesperado que intentó apoderarse de mi ser. Pero mi convencimiento de que el alma, el Pensador, la conciencia espiritual que mora internamente, no sufre en absoluto al pasar por este trance, por el que vuelve a recuperar su libertad, me ha hecho ver claro que es nuestro egoísmo, nuestro apego y nuestra ignorancia los que no aceptan el vacío que se les produce, y se rebelan contra algo – la muerte – que es un hecho familiar para el alma.

Quiero expresar a todos ustedes mis más expresivas gracias por su paciencia.


BIBLIOGRAFÍA


CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS,,,,,,,,,,,,,,,,,Max Heindel

EL HOMBRE Y SUS CUERPOS ............................. Annie Besant

EL HOMBE VISIBLE E INVISIBLE ......................... C. W. Leadbeater

LA DOCTRINA SECRETA ………………………….. H. P. Blavatski

TRATADO SOBRE FUEGO CÓSMICO ................... Alice A. Bailey

TRATADO SOBRE MAGIA BLANCA ........................ Alice A. Bailey

TRATADO SOBRE LOS SIETE RAYOS (Tomo IV) Alice A. Bailey

LAS LLAVES DEL REINO INTERNO Dr. Jorge Adoum

LA BIBLIA

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Fundación Ananta con Brian Weiss

Aprovechando su gira española en la que presentó su último libro

Cuestiones como vidas pasadas, la reencarnación, el potencial sanador de la regresión... estuvieron presentes en la larga entrevista que Brian Weiss tuvo a bien concedernos el pasado 15 de Septiembre. En breve podremos ofrecer a nuestros lectores la transcripción de tan intensa y esclarecedora conversación

El autor de "Muchas vidas, muchos maestros" estuvo en España a mediados de Septiembre para presentar su última entrega , en la que se revela una terapia hacia las vidas futuras

El psiquiatra Brian Weiss cobró notoriedad internacional con su investigación sobre el poder curativo de la regresión a vidas anteriores, relatada en su célebre obra "Muchas vidas, muchos maestros". Ahora, en este libro fascinante e innovador, el Dr. Weiss nos revela cómo el contacto con las vidas que viviremos en el futuro puede transformarnos en el presente.

Todos hemos vivido existencias anteriores. Todos viviremos otras en el futuro. Lo que hagamos en esta vida influirá sobre nuestras reencarnaciones futuras, a lo largo del camino de evolución hacia la inmortalidad. Al inducir progresiones al futuro en sus pacientes, el doctor Weiss ha descubierto que nuestro porvenir es variable y que las decisiones que tomemos ahora determinarán la calidad de nuestras vidas venideras. Sirviéndose de decenas de casos clínicos, el autor expone los beneficios terapéuticos de la progresión, como antes había evidenciado que la regresión a vidas anteriores puede aliviar las heridas físicas y emocionales que sufrimos hoy.

Muchos cuerpos, una misma alma es una obra revolucionaria que ahonda en los descubrimientos del doctor Weiss sobre el pasado para transportar a sus millones de lectores hasta un futuro individual y colectivo de cuya creación son responsables ellos mismos. Por el camino, sus vidas actuales quedarán transformadas profundamente y encontrarán más paz, más felicidad y soluciones a sus problemas.

Brian Weiss se licenció magna cum laude por la Universidad de Columbia y cursó sus estudios de medicina en la de Yale. Realizó las prácticas en el Centro Médico Bellevue de la Universidad de Nueva York y llegó a ser jefe de residentes del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Yale. Actualmente es presidente honorífico del Departamento de Psiquiatría del Mount Sinai de Miami (Florida). El doctor Weiss es autor de éxitos como "Muchas vidas, muchos maestros", "Lazos de amor" y "A través del tiempo", entre otras obras de excelente acogida. Imparte seminarios, talleres y cursillos de preparación profesional por todo el mundo.
 

Leonardo Boff o el arte de “reencantar” el mundo

El teólogo brasileño de la liberación clama a favor de “la gran comunidad de vida”

El teólogo brasileño de la vida una y entrelazada, ha vinculado a movimientos de progreso inicialmente dispersos y desconectados. Su discurso sólido, visionario, amplio y generoso tumba las barreras. Boff nos ha reconciliado con un cristianismo sin cruz, ni clavos, pero ha ido mucho más allá al crear un espacio común para muchas familias de fe, para muchas gentes de buena voluntad que laboran por un nuevo “ser en
el mundo”. Ha proporcionado discurso bello, profundo y coherente para esa síntesis imprescindible.


Por dulce y a la vez apasionada que sea su voz, por hondo y profético que sea su mensaje, el verbo fue después de la mirada. Son esos ojos de abuelo feliz, dispuesto a gozar y reír por cualquier detalle, esos ojos absolutamente enamorados de la creación, los que le permiten rodar después esa palabra siempre elocuente, aplastante, esperanzada…

Leonardo Boff pregona por doquier “el nuevo encantamiento del mundo”, muy probablemente sin darse cuenta que el es parte de ese encantamiento. Allí donde va desborda todos los aforos.
De temido teólogo a líder mundial de todas las causas justas. Una y otra vez le intentaron silenciar, pero el acabó regalándoles los hábitos que no el alma de franciscano. No guarda ningún rencor ni para con el actual Papa que protagonizó su persecución. Su nuevo evangelio verde mantiene inalterable la necesidad del perdón.

Las sesenta y ocho primaveras no le han mermado idealismo. Ha escrito un extensa obra de más de cien títulos, ha peleado en todas las trincheras nobles, ha paseado todas las necesidades... Tiene ya su jubilación bien ganada, no le falta el calor de su compañera y de los suyos para disfrutar de gozoso retiro en Persépolis, sin embargo sigue cogiendo aviones para predicar, ya no desde los púlpitos, pero sí desde las numerosas tribunas que le ofrecen, la necesidad de “reencantar la humanidad con nuevos sueños”.

La teología de la liberación, de la que fue junto Gustavo Gutiérrez su máximo exponente, no se constriñe a la geografía de chabolas y favelas. Quizás muchos aún se lo imaginen anclado en la barricada de los ochenta, continuando su pugilato con el Vaticano y los poderosos… Sin embargo en todos estos años a Boff le ha dado tiempo para muchas otras cosas, como por ejemplo a enamorarse de la madre naturaleza y erigirse en portavoz de la Teología de la Tierra. Ha tenido ocasión de viajar por el universo y compartir veneración por sus misterios inescrutables. Se ha aprestado también a montarse en la ola de la ciencia cuántica, de la nueva psicología, de la nueva espiritualidad… Pero sus viajes tienen siempre punto de partida y llegada. Por encima de todo sigue ligado a su gente, a su país, a sus destinos.

Le ha fallado el fémur, pero el bastón le da un toque de consagrada maestría. Veterano peregrino en las sendas del compromiso, ahora no le detiene una pierna terca. Sigue caminando “la vida una e interconectada”, como no para de proclamar, tan sólo con un paso más detenido, con una fe y sabiduría plenamente colmadas.

Pese a su bastón de madera, su mente se mueve a la velocidad del rayo. A su paso por Madrid, dejó grabado su destello.

¿Cómo va su relación con Marx?
Marx no fue el padre, ni padrino de la teología de la liberación, fue Jesús. Juan Pablo II sospechó, mal informado por obispos latinoamericanos, que la teología de la liberación era un especie de caballo de Troya para la penetración del marxismo en América Latina. Por amor al pueblo, él no quería que ocurriera algo semejante a lo de Polonia. Pensaba que había que descabezar los teólogos que intentaran eso. Tenía su particular visión del marxismo. Para nosotros el problema nunca lo fue el marxismo, sino el capitalismo salvaje.

¿Y con la religión?
Las religiones crean guerra, las espiritualidades crean paz. La espiritualidad no es monopolio de las religiones, sino que constituye la dimensión profunda del ser humano.
Todas las religiones presuponen una experiencia espiritual fundadora que ellas tratan de traducir en mil códigos, sin jamás agotar su riqueza infinita. La espiritualidad pertenece al proceso de personalización de cada uno, confiere centralidad a la vida y proporciona las bases para la paz y la serenidad necesarias a la vida personal y social.
La vida no es un absurdo sin sentido, la espiritualidad da norte a la existencia.

¿Y con Dios?
Sé que Dios existe, creer en Dios es una cosa de europeos. Los pueblos latinoamericanos van más lejos: sienten a Dios en su piel. No pueden entender la vida sin Dios. Van en la línea de lo que decía Pascal: creer en Dios no es pensar en Dios, sino sentir a Dios.

Sigue creyendo en la Iglesia…
La iglesia no es la Jerarquía, sino la comunidad de creyentes. Todos somos pueblo de Dios. Sigo creyendo en una Iglesia preocupada por servir a la causa más grande, la causa de Dios en el mundo. Al hablar de la Iglesia no hemos de pensar necesariamente en la Iglesia institución.

Alguna esperanza en esa Iglesia institución …
Sigue manteniendo una actitud a la defensiva, más que de diálogo. Es preciso superar la arrogancia. Un obispo ha de manifestar menos autoridad eclesiática y ser más pastor de las gentes, pastor de la esperanza, no puede llenarse de tantos temores. Hoy más que nunca es preciso abrirse a lo que el otro aporta y así encontrar puntos de convergencia.

De la cabeza en la teología de progreso a líder ecologista mundial…
Si quisiéramos universalizar el tipo de desarrollo occidental necesitaríamos cuatro tierras. A nivel mundial el sistema dominante sigue con mucha voracidad. Hoy la teología de la liberación es también verde. Hemos de unir la justicia ecológica con la justicia social. Proponemos una relación más benevolente con la Tierra, una ecología profunda, una ecología integral. Queremos ambiente entero, no medio ambiente. Hemos de preservar el pacto entre el ser y la naturaleza, para después alcanzar el pacto social. No triunfó el ateísmo, sino la falta de memoria , la ruptura por la vida.
Tierra y humanidad tenemos que pensar en un futuro común. Estamos llamados a seguir esa aventura cósmica.

“La tierra y el agua también gritan… ” es una de las frases claves que Vd. ha acuñado…
Al igual que el pobre, la Tierra y el agua también gritan. El agua demanda una especial atención. Ella decide, en buena medida, el futuro de la humanidad. El problema del agua unifica al planeta, nos da conciencia global del problema de la sobrevivencia..
En lo que a la Tierra se refiere, se dice que habrá de trabajar 10 millones de años para recuperar toda su diversidad.

¿Se le ve últimamente muy ligado a la iniciativa de la Carta de la Tierra?
La Carta de la Tierra propone una nueva ética, un nuevo patrón de relaciones alternativo al dominante. Deseamos introducir más a la Tierra en nuestro imaginario colectivo. La Carta de la Tierra nos invita a nuevos cambios en la mente y en el corazón, a adquirir un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal básica. Debemos partir de esa convicción de que somos Tierra que siente, piensa, ama…

Caducó la teología de la liberación…
No por cierto… Sigue en pie su principio de sentir a Dios crucificado en los crucificados de la Tierra. Su marca registrada es la opción por los pobres contra la pobreza y en pro de la vida y la libertad. Nació escuchando el grito del oprimido que hoy ya se ha transformado en clamor.
¿Si la Iglesia no escucha a los pobres, quién les va a escuchar…? El propio Juan Pablo II escribió una carta a los obispos de Brasil en la que afirmaba que la Teología de la liberación no sólamente es útil, sino necesaria en situaciones de injusticia y opresión.

Siempre a la gresca con Roma…
No he tenido ningún problema con Roma , Roma ha tenido problemas conmigo.

¿Cómo le va con Benedicto XVI?
Conozco al nuevo papa. Como alemán es duro, pero al mismo tiempo su trato es extremadamente fino. Alberga por lo demás gran generosidad. Me consta que hace años compartía su sueldo con seminaristas más jóvenes llegados de África.
Hasta ahora abordaba los temas relacionados con las doctrinas, ahora su labor es más global. Sus primeros meses han sido de ubicación y análisis, en breve podremos formarnos una opinión sobre su mandato.

Le llamó al orden en diversas ocasiones…
En lugar de pontificar, debería dejar a los teólogos “errar”… Entonces y ahora le decimos : “Vente a rezar con nosotros…”

Vd. subraya a menudo aquello de “gran comunidad de vida”…
Detrás de la expresión “comunidad de vida” hay toda otra visión de la realidad. Desde que Watson y Crik descodificaron el código genético, sabemos que todos los seres vivos, desde la bacteria más originaria, pasando por los dinosaurios y llegando a nosotros, tenemos los mismos treinta aminoácidos y las mismas cuatro bases de fosfatos. Es decir tenemos el mismo alfabeto biológico básico. Somos todos primos y hermanos y hermanas. Por eso formamos la comunidad de vida, todos interdependientes y colaboradores de unos y otros...Toda la vida ha de subsistir. Estamos llamados a preservar esa variedad tan rica de seres y especies, a respetar y cuidar de la comunidad de vida con comprensión, compasión y amor. Hemos de proyectar una nueva mirada sobre el mundo y el universo.

¿El antropocentrismo ha caducado por lo tanto?
Así es. Nos hemos autoexiliado de la comunidad de la vida y ahora es preciso volver.
Hay que superar ese antropocentrismo que proclama que la creación sólo tienen sentido en función del ser humano y que podemos disponer de las cosas a nuestro antojo. No olvidemos que fuimos los últimos en aparecer en la escena de la historia. Somos parte de la comunidad de vida, pero con una misión única de cuidar de los demás seres, de ser guardianes del jardín del Edén.

Respeto sagrado por lo tanto con la creación…
Hemos de albergar un respeto exquisito hacia toda forma de vida, Cada ser tiene un valor intrínseco, capaz de revelar algo de Dios. Todo lo que vive, merece vivir.
Estamos para armonizarnos con todos los reinos que ya tienen una larga historia. Somos los únicos con una dimensión ética.

Le da tiempo para asomarse a la nueva ciencia…
La materia como tal no existe. Todo es energía en distintos niveles de densificación, como la materia. Todo depende de la densidad y complejidad de las energías… Pero la materia tiene también otra dimensión que es información. Cada célula de nuestra piel, aún la mas sencilla de la epidermis, contiene toda la información del misterio de la vida. Todo está entremezclado, lo que hago, en uno u otro sentido, repercute en el otro.
La ciencia tiene que ser buena para la vida y para el planeta, no para la guerra y la destrucción.

Se le ve también muy motivado por la genética…
Tal como hemos apuntado anteriormente, la descodificación del código de vida ha supuesto un descubrimiento trascendente: Nosotros somos un eslabón de esa comunidad de vida, no somos los únicos para utilizar la biosfera. Toda corriente de vida participa de ella. Somos parte y parcela de esa totalidad.

¿Cómo frenar a los profetas del apocalipsis?
La vida es eterna, pero sólo tenemos una Tierra. Ella es nuestra única casa. No tenemos otra. No estamos dentro de un drama, sino de una crisis con todo el caudal regenerador que ésta puede encarnar. La función de la crisis es acrisolar, limpiar, purificar… para un cambio.
Hegel dice que el ser humano aprende del la historia que no aprende nada de la historia, pero aprende todo del sufrimiento. A mí me gusta la frase de San Agustín: todos aprendemos o de un gran amor o de un gran dolor. Creo que hoy hay que aprender de ambos.
Vamos a sentir por la piel. Cuando el agua nos llegue por la nariz, entonces cambiaremos, porque de lo contrario desaparecemos.

¿Enfermó también la economía?
El mayor problema que amenaza la humanidad es la autonomía de la economía que ha colonizado la sociedad, la política, la ética. Vive sola, con su ritmo, su velocidad, con su lógica interna que es la competencia y no la colaboración.
mos una economía basada principalmente en la competición, no en la cooperación.

“Ergo”, esta economía tiene los días contados…
Esta economía vive de dos ilusiones: la primera es la de considerar la Tierra como un baúl de recursos ilimitados y la segunda es que podemos seguir adelante rumbo al infinito, pues el desarrollo puede ser infinito.
Ese proyecto por lo tanto no es universalizable. No es posible explotar de manera ilimitada los recursos naturales. Esa economía mercantiliza todo, hasta el propio agua y las semilla. Este sistema, que hace de la tierra un gran mercado, puede llevarnos a un gran desastre.

“Ergo”, vida sostenible…
Sólo así podremos vivir todos en armonía. Vida sostenible en su más amplio sentido. Incorporar la ética del cuidado y del respeto. Reconocer la alteridad. Interaccionar de manera continua con el universo para crear unidad y coherencias cada vez más complejas y ricas. Permitir que el otro sea y exista no sólo al lado, sino con nosotros en la misma aventura de la vida, como compañero que tiene su historia y su espacio.

¿Modelo de desarrollo…?
Desarrollo capaz de atender a nuestras necesidades, sin dañar el capital natural y abierto a las generaciones que vienen después de la nuestra que también tienen el derecho de habitar una casa común buena y limpia y gozar de un agua transparente y de un aire respirable.

¿Profeta entonces del caos positivo…?
Como antes apuntaba, vamos al encuentro de una gran crisis, pero hay que observarla como la nueva cosmología. El caos no es caótico, puede ser generativo, impulsor de cambios necesarios, de otros órdenes más altos.
No vivimos una tragedia , sino una crisis que puede ser muy positiva. El ser humano aprende aún por el sufrimiento. Vamos al cambio por la vía ecológica : calentamiento de la tierra, “tsunamis”, “katrinas” y todo eso…, o por la vía de la crisis económica.

¿Definitivamente otro mundo es posible?
Por supuesto, pero no olvidemos que el reloj corre en contra de nosotros. No es preciso que pasemos por crisis devastadoras. Es preciso acometer un proceso de alfabetización ecológica a escala planetaria, de lo contrario vamos a conocer “katrinas” todo el año.

Gusta de citar a Dante “El amor que mueve las estrellas, mueve también nuestro corazón”…
Así es. Se trata de la mística cósmica de que cuando abrazamos el mundo, abrazamos a Dios. El cosmos es templo de Dios. El amor exige incondicionalidad, amar sin límite, con pura gratuidad…
Compasión con todo los que sufre en la tierra no es caridad es cuidar con amor, pues el amor es la fuerza más grande del universo. El amor es la fuerza de estar, gozar y sufrir juntos.

Un poco de esperanza antes del punto final…
Pensemos la Tierra de otra forma. Es madre generosa. Nosotros venimos de ella, por que “homo” viene de “humus”, tierra buena y fecunda. Sobre esta Tierra está el arco-iris de la gracia y la benevolencia de Dios. Seamos todos hijos e hijas del Arcoriris. Dios nos prometió:¡Jamás la destrucción, jamás el diluvio, sino la vida y la humanidad!

Campaña “Pan y Belleza”
Su bonhomía no es extraterrestre. Toda su extensísima obra invita a la corresponsabilidad. Sus lecciones académicas, sus conferencias por todo el mundo, sus artículos semanales traducidos a multitud de idiomas, es una lucha contra el “desencantamiento”, una constante animación a construir esa democracia multiétnica, solidaria, ecológica, plural y espiritual que gusta describir.
Su mística por lo tanto no es olvidadiza, su actitud franciscana es también muy activa y pragmática. Su compromiso con los desheredados jamás ha mermado. Boff sigue al pie de todas las causas nobles que uno se pueda imaginar. Al editar la entrevista nos llega una solicitud suya de apoyo a la campaña “Pan y Belleza” (www.cddh.org.br/paoebeleza) en la ciudad de Petrópolis, cerca de Río de Janeiro, donde reside. Y es que este sabio anciano, cuál gran patriarca de su pueblo, coge todas las mañanas su bastón, cuadra su mirada bondadosa en medio de esas gafas enormes y sale con su lento pero decidido caminar al paso de pan para los desheredados, de belleza para el mundo.

A modo de resumen: La espiritualidad de Boff
• Es un amor que se lanza más allá de este mundo.
• Es generadora de una esperanza superior.
• Aspira a vincularse con un todo más grande, a percibir el sentido último del universo, a vivir corresponsables con el futuro personal y de toda la comunidad de vida.
• Contempla el planeta como templo del Espíritu y lugar de la creatividad
• Alienta una ternura cómplice con toda forma de vida, porque todos los seres vivos constituyen una red de seres interdependientes.
• Establece contrato generacional para aprender a amar lo invisible, la humanidad futura y prepararle una casa sostenible.
• Nos hace comprender la muerte como parte de la vida, como su momento alquímico de transformación rumbo a su plenitud en el Misterio.
• Su lugar de realización e irradiación es el propio universo, entendido como el conjunto de las relaciones de todos los seres entre sí y con su Fuente originaria.

Pensamientos de Boff

"Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)
(...) “Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra."
“Casamento entre o céu e a terra”. Salamandra, Río de Janeiro, 2001- pag. 9

La Redacción
Fundación Ananta





 

"La Carta de la Tierra invita a un camino personal"

Entrevista a María Pinar (Fundación Valores)

La carta de la Tierra es el documento más consensuado de la ONU en toda su historia. Orientado a promover el equilibrio planetario en todos los órdenes, ha sido declarado por la UNESCO como herramienta fundamental para este decenio de la educación en desarrollo sostenible (2005-2014). Pero, sobre todo, es una invitación a transformarnos para superar contradicciones y acercarnos al lugar que nos corresponde en el proceso de evolución planetaria.




María Pinar Merino, dedicada al desarrollo personal desde diversos ámbitos, trabaja en la difusión de la Carta de la Tierra (www.cartadelatierra.org), a través de Fundación Valores (www.fundacionvalores.es), y a sus 51 años se siente con mayor fuerza y convicción para intentar cambiar el mundo que cuando empezó sus estudios en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense en los años setenta. Se trata de concienciar a los maestros, un gremio que suma 60 millones de personas en todo el mundo, y atraer a los niños, que son muchísimos más, que son el futuro… inculcándoles los valores humanos universales.

El primer fin de semana de junio Fundación Valores celebrará su III Congreso de “Proyectos y Utopías para un mundo mejor”. La presencia en España de Leonardo Boff durante la semana previa al encuentro quizá sea el espaldarazo necesario para llenar esos días el Teatro de la Casa de Campo a favor de la Carta de la Tierra.

Integridad ecológica, justicia social y económica, amor y respeto hacia la comunidad de vida, y creación de una cultura de paz son los pilares que la sustentan. Quienes la defienden, aseguran que “Gente pequeña, en sitios pequeños, haciendo cosas pequeñas, está cambiando el mundo”. Algo está pasando en las conciencias. María Pinar se pregunta si será que la alarma generada con el cambio climático está despertando en la humanidad el instinto de supervivencia propio de las especies en peligro de extinción.
María Pinar sueña con que estemos viviendo una inflexión en la evolución de la humanidad, como indica la Carta de la Tierra: que este tiempo se recuerde como “el despertar de una nueva reverencia ante la vida (…) el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz…”. Parece una oración, ella lo reconoce. Y, aunque hay aspectos del ser que sólo entiende desde la dimensión espiritual, prefiere en este caso hablar de humanidad, de compromiso, de conciencia ecológica, de derechos…


Fundación Ananta: La Carta de la Tierra puede parecer uno de tantos documentos.

María Pinar Merino: Uno de sus rasgos diferenciales es el grado de consenso con el que cuenta. Desde Río en 1992, en la Cumbre de la Tierra, se fue depurando y recogiendo valores de todas las culturas, de tal manera que puede identificarse con ella cualquier raza, etnia, cultura o rama espiritual.

La agenda 21 de desarrollo local, que surgió allí representaba el cuerpo, pero faltaba el alma, la inspiración, la trascendencia… Pasaron ocho años hasta que se aprobó en Holanda, con todos los honores y después de nutrirse de todos los aspectos éticos, espirituales y filosóficos que conforman los valores humanos universales.


FA: Intentáis implicar sobre todo a los maestros.

MPM: En el mundo hay 60 millones de docentes. En la UNESCO se dieron cuenta, a la vista de las magnitud de los problemas que padecemos (pandemias, guerras, hambre, catástrofes naturales, falta de libertades, injusticias…) que cada vez eran más los focos de necesidad y mayores las dificultades para la distribución de las ayudas, por todo ello era necesaria una auténtica revolución, que pasaba por buscar una “fuerza organizada” con presencia en todo el planeta; la de los docentes parece la red ideal. El gran aldabonazo para la Carta de la Tierra ha sido su declaración como herramienta fundamental para el decenio de la educación en desarrollo sostenible (2005-2014), por parte de la UNESCO.


FA: ¿Se puede entender la Carta de la Tierra sin convicciones espirituales?

MPM: Absolutamente: se trata de tomar conciencia de que “estamos en un momento crítico de la historia en el que la humanidad debe elegir su futuro”, como empieza el texto. Albert Einstein dijo hace tiempo que el mundo es como una manta tejida, en la que si tiras de un hilo, se mueve toda la manta. Ahora que tenemos más información, es aún más evidente: si hay una sequía en el Lago Victoria, los corales del Caribe empiezan a tener problemas por un polvo en suspensión que es arrastrado por unos determinados vientos… Pase lo que pase en cualquier lugar, lo acusamos. Es verdad que todo esto coincide con el mensaje de los místicos, pero no hace falta compartir sus creencias para ver que la humanidad, tiene una única casa habitable. Ya no tiene sentido guiarnos por los sistemas de producción y explotación salvaje que solo tienen en cuenta el presente y el entorno más cercano; hoy tenemos que pensar en las generaciones futuras, en el desarrollo sostenible.


FA: Son cambios difíciles.

MPM: Integridad ecológica, justicia social y económica, amor y respeto hacia la comunidad de vida y creación de una cultura de paz son los pilares en los que pivota todo; pero tienen que “hacerse carne” en la vida cotidiana para que no sean palabras vacías. Por eso, la segunda dimensión de este documento es enfocarlo como un proceso de transformación personal.


FA: ¿Cómo se abordaría ese proceso?

MPM: El primer reto es revisar nuestros propios valores y discernir cuáles son de verdad favorables a la comunidad humana y al planeta, por encima de religiones y filosofías. Todos tenemos muchas transformaciones pendientes y muchas actitudes que adecuar a nuestros valores, en las relaciones con nuestras familias, con nuestros compañeros de trabajo. También –y especialmente si nos sobran recursos- hacia los bienes de consumo como el agua, la energía eléctrica, el uso de combustibles... tenemos que poner en práctica un consumo ético y responsable.


FA: Hay quien dice que el cambio climático está despertando conciencias…

MPM: Efectivamente, lo que se está despertando, a raíz de los informes sobre el cambio climático publicados, es una especie de conciencia de supervivencia muy instintiva que dice “somos una especie en peligro de extinción”; así de fuerte. Los datos son tan alarmantes que la gente por primera vez se para a escucharlos. Personalmente, sin embargo, me parece más grave, si cabe, la cantidad de problemas sociales y de interrelación que tenemos las personas. Hay cosas que sólo se pueden hacer en grupo y se nos olvida. El crecimiento de la persona está en la interrelación, en la gestión que hagamos de lo que somos y lo que tenemos, si esa gestión no tiene en cuenta al otro, pues hemos perdido el rumbo.


FA: ¿Qué deberíamos hacer quienes no somos maestros ni educadores?

MPM: Simplemente estar atentos durante el día, y seguro que surgen las oportunidades de vivir con coherencia, y de distinguir las necesidades reales. Lo que hagas repercutirá en el último rincón del planeta. Uno no necesita mucha ropa ni un coche muy bueno, lo que necesita es sentirse sólido, querido y apoyado por lo que es, no por lo que tiene. Pero estamos enfocados en tener más: títulos, prestigio, medios, dinero, y nos hemos dado cuenta de que eso crea un tremendo vacío, que no nos satisface. Los principios de la Carta de la Tierra van enfocados a ser más como persona, a sentirte mejor con lo que haces, con lo que tienes, y con los demás.


FA: ¿Es urgente especialmente ahora?

MPM: En los últimos años, especialmente en las ciudades, vivimos desconectados de la naturaleza, es tremendo, es imperdonable, porque es una fuente de vida y de riqueza a todos los niveles; vivimos muy desconectados también de los demás, porque cada uno está en un círculo cada vez más pequeño y nos conectamos a través de Internet, que aunque satisface nuestra necesidad de comunicación no es comparable con la que se lleva a cabo persona con persona.
La tercera gran desconexión es con nosotros mismos, con nuestro interior, con nuestra esencia; tenemos la vida tan llena de cosas que no buscamos un ratito para crear ese espacio de intimidad tan importante, tan fundamental, tan nutritivo, tan vital y equilibrante, que nos haga darnos cuenta de quiénes somos, de cómo estamos, de lo que necesitamos, de lo que queremos hacer el día de mañana… Vamos por detrás de los acontecimientos, y los gobiernos igual, por eso la situación planetaria ha llegado a donde ha llegado.


FA: ¿Cundirá alguna vez una cultura de paz?

MPM: En este sentido, yo creo que no se trata sólo de que los gobiernos firmen acuerdos de paz, de que no haya armas nucleares, eso son normas, y las normas se ponen cuando faltan los valores. Cada uno de nosotros sabe en conciencia cómo crear una cultura de paz. Nosotros no tenemos el poder de tirar bombas ni misiles, pero hay determinadas frases que son armas de destrucción total, armas que destruyen la intención, el ánimo, la ilusión, la confianza… vivimos protegiéndonos para sentirnos seguros, porque todo nos parece hostil, las relaciones son hostiles... Ahí es donde cada uno puede hacer algo.


FA: Parece imposible resolver las diferencias económicas y sociales.

MPM: El 15 por ciento de la humanidad acumulamos los recursos de los que carece el 85 por ciento, y eso indica la magnitud del cambio de que hablamos. Sin embargo vivimos una época en que cada vez se acelera todo más y más. Si echamos la vista atrás nos sorprendemos de lo que ha cambiado todo en los últimos veinte años, por ejemplo. Ahora se necesitaría mucho menos tiempo para conseguirlo, estoy segura. Lo que está claro es que Occidente, que es quien tiene los medios, tiene una responsabilidad mucho mayor. Deberíamos asumir que cuando ayudamos a un país pobre no estamos dando limosna, sino aportando equilibrio, algo que nos beneficia también a nosotros.


FA: ¿No es excesivamente optimista pensar que podemos hacer algo nosotros, a pie de calle?

MPM: Yo soy optimista porque cada día veo que hay muchas cosas que están cambiando. La revista “Time”, en su portada eligió como personaje del año 2006 una silueta anónima de un ciudadano en una pantalla de ordenador. La nueva democracia, el nuevo poder del siglo XXI reside en la gente. Ese poder de comunicación que nos dan las nuevas tecnologías a través de Internet, los mensajes sms, suprime las fronteras, son movimientos incontrolables desde las instituciones. La gente de a pie puede ponerse en marcha de forma masiva y a nivel mundial dejar oír su voz para presionar a los gobiernos, sin que nadie les organice, a espaldas de lo que representa el poder.


FA: ¿Ya hay gente concienciada con todo esto?

MPM: Si, cada vez más; hay más personas involucradas en pequeños proyectos locales y eso es tremendamente contagioso y transformador; porque se pasa de la conciencia individual a la conciencia social. Cuando un elemento aumenta su nivel de conciencia, el conjunto sube: cuando en el caos se introduce un elemento ordenado, los demás tienden al orden… las ondas de un lago se propagan hasta la orilla de un modo visible, pero si pudiéramos ver los micro-movimientos, veríamos que llegan hasta el infinito.


FA: ¿Nos reflejamos unos a otros permanentemente?

MPM: Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia social” habla de experimentos en los que se ha demostrado que si una persona en estado normal empieza a ver fotografías de gente enfadada, con actitudes violentas y negativas… automáticamente empieza a generar en su cuerpo esos estados de ánimo. Tenemos unas neuronas llamadas “espejo” que se especializan en reflejar lo que vemos; y estamos todo el día viendo imágenes negativas, los medios de comunicación nos muestran una y otra vez la cara más espantosa del horror… por eso para despertar hay que alejarse un poco, tratar de ver las cosas de un modo más global. Casi siempre, con perspectiva se ve la salida y solución. Y casi siempre esa solución pasa por la implicación personal allá donde cada uno alcance.


FA: Aconsejas también potenciar lo positivo?

MPM: Cualquier persona en un momento de suma tensión cambia en cuestión de segundos si cierra los ojos y piensa en algo agradable de su infancia…cualquier detalle: el roce de una toalla, el olor del bizcocho que hacía su abuela…puede determinar un cambio súbito. Estamos llenos de tóxicos. No se trata de ignorar la realidad, sino de que, una vez que se tiene la conciencia clara de lo que ocurre, llenarse de energía y actuar. Tenemos que ser parte de la solución, no del problema. Por eso conviene cada día prepararse, revestirse de esos valores, de los estados de ánimo que quieres para tu vida; no importa si es meditando, respirando aire puro en el parque o escuchando música. Si fuéramos medianamente conscientes, y actuáramos en consecuencia, provocaríamos el cambio de los medios de comunicación, la publicidad, la información, todo.


FA: Parece que el organismo lo agradece también.

MPM: Claro que si, uno mismo es el primer beneficiado o perjudicado por sus pensamientos y actitudes. Cuando uno está deprimido o angustiado, se cierra el plexo solar, nuestra principal entrada de energía vital y se bloquea la glándula timo, que es la responsable, entre otras cosas, de generar los linfocitos T, las células anticancerígenas. El sistema inmunológico se deprime y bajan inmediatamente nuestras defensas. Y –al contrario- cuando mantenemos una actitud abierta, positiva y con confianza ante la vida, somos capaces de revertir un proceso degenerativo, o de enfermedad trabajando las emociones y los estímulos anímicos.


FA: ¿Puede trasladarse al “organismo planetario”?

MPM: Evidentemente. Si tienes un determinado espíritu de servicio, disponible para defender tu filosofía de vida, vas a sintonizar con lo que favorece ese propósito, vas a encontrarte con las personas adecuadas. Confiar en algo, apoyarlo y empezar a actuar, eso va a generar acción… Ahora imaginemos un docente ordenado, alineado, teniendo claro cuál es su papel, qué es lo que quiere enseñar, qué tipo de semilla quiere sembrar en esos niños, dispuesto a poner su granito de arena para que un mundo mejor sea posible. Por mucha situación caótica que se encuentre, los niños se “contagian” directamente, como nos explica la ley de coherencia en física… y, si eso se extiende, funciona luego como las cadenas de favores…


FA: La gente se suma porque en el fondo consiste en ser un poco más felices…

MPM: Consiste en vivir de una manera más sana y más coherente y eso es muy gratificante… las modas, las tendencias, las organizaciones, las instituciones… se irán adaptando.


FA: En la práctica, ¿En qué consiste la difusión de la Carta de la Tierra?

MPM: Estamos en una fase de sensibilización. En nuestra primera etapa estamos dando cursos de formación a los maestros de infantil y primaria. No son herramientas pedagógicas al uso, que tienen muchas, sino talleres de motivación personal, de transformación, que van dirigidos a ellos como personas, para que puedan sacar después el mejor maestro que llevan dentro. En las aulas se necesitan nuevas maneras de enfocar la labor docente, nuevas estrategias; se trata de recuperar los valores de la persona para que los puedan transmitir en clase. Y darles recursos como meditación, juegos, visualizaciones creativas, música, danzas… que sólo se utilizaban con los niños más pequeños porque son más emocionales, y que hay que trasladar a todos para abrir canales de aprendizaje que no deberían cerrarse nunca. La diferencia con lo hecho hasta ahora es que apostamos por la maduración personal, para que el docente sea el primero en experimentar el cambio que desea para sus alumnos. Y también hay talleres para niños, en los que se introducen juegos, teatro, títeres gymkhanas, todo lo que represente una manera alternativa y creativa de aprender las reglas básicas de la solidaridad, el respeto, la paz, la cooperación, la justicia, la igualdad...


FA: ¿No ha incorporado ya muchas novedades la enseñanza reglada?

MPM: Sí, pero en muchos casos vuelven a ser libros y fichas. Hay que moverse, accionar; se aprende en la medida en que algo te emociona. Tener una ficha con más “colorines” no emociona, el amor por la lectura no se adquiere cuando el libro que te mandan leer es materia de examen, porque entonces es una asignatura más; hay que descubrirle la magia de la imaginación, el poder del pensamiento, la capacidad creativa, la fantasía.... No se trata en este caso de incorporar otra asignatura, sino un elemento transversal, que condiciona todo el programa educativo. Los valores deben estar presentes en todas y cada una de las asignaturas y actividades que se dan en la escuela. Nuestras propuestas son actividades lúdicas que funcionan como atajos, porque no siguen la trayectoria lineal del pensamiento racional. Algo tan sencillo como, por ejemplo, dar la bienvenida a un compañero nuevo con una danza en corro que todos tengan que aprender.

FA: ¿Podría entrar en conflicto con la educación familiar?


MPM: Queremos crear una escuela de familias. Ahora, muchos niños enseñan a sus padres a reciclar la basura, o a respetar las plantas. En algún colegio les hemos enseñado a sembrar berros y a experimentar la diferencia en su crecimiento entre los que son cuidados y tratados con amor o solo con agua. Y ellos lo transmiten luego en casa.


FA: Parece una verdadera revolución de la figura del maestro.

MPM: Un maestro, como un terapeuta, es un acompañante del proceso de crecimiento de la persona y tiene que ser capaz de activar la motivación por aprender de esa personita, acompañar el proceso de desarrollo hacia la felicidad y la plenitud, hacia la libertad y la participación, no hacer médicos o arquitectos; eso va después, cuando lo importante esté ya asentado.
Hasta ahora ha imperado el sistema reproductor, repetitivo, técnica, conocimiento, instrucción y mucha mente; muy poco corazón y muy pocas emociones. El mundo emocional es el noventa por ciento de la persona, la creatividad está relacionada con esas potencialidades, y debe ser la mente racional la que te dice después cuándo, cómo, dónde y de qué manera aplicar lo intuido. Eso es lo que nos aporta el método científico. Pero el impulso primero parte de nuestro hemisferio cerebral derecho, del corazón, de la emoción (e-movere indica “movimiento hacia”). Tenemos que ver la educación desde ahí. No se trata de “meter” conocimiento sino de que el niño aprenda a “concebir” el conocimiento dentro de él, sostenido por una escala de valores que le dé seguridad y confianza, que le ayude a ser parte de un mundo mejor, poner más normas, poner más “rigideces”, poner más controles, es como querer sujetar el agua entre las manos.


FA: Se necesita una convicción fuerte para esta apuesta…

MPM:La apuesta es que cuando los niños pequeñitos de ahora lleguen a secundaria, a la universidad, a sus puestos de trabajo, tengan esa cultura de paz, de justicia social, de amor por todo lo que es vida. Para mi este proyecto está siendo una experiencia apasionante… Y sí, es como si tuviera otra vez veinte años. Cuando empecé a estudiar Psicología en 1976, quería cambiar el mundo; ahora, me siento con más fuerza y más convicción, con más seguridad y encauzo esos mismos ideales de joven en la Fundación Valores. Tengo mucha confianza en los niños y me estoy llevando muchas sorpresas con los maestros. Están más abiertos a aprender y dispuestos a participar en esta revolución que empieza con su transformación personal. Han entendido la estrecha relación que existe entre el despertar de la conciencia individual y el despertar de la conciencia colectiva.


FA: ¿Un cuento de niños, para entender bien todo esto?

MPM: Había una vez un rey feliz en el paraíso, cuya alegría aumentaba al atardecer, oyendo cantar a los ruiseñores. Un día llegó el rey del progreso aparente y le hizo ver lo molesto que era el croar de las ranas (algo en lo que el rey del paraíso nunca había reparado), y cómo distorsionaba la música de los pájaros. Obsesionado con pesadillas de ranas espantosas, el monarca del Edén no podía dormir, hasta que pidió a su colega una solución. El rey del progreso aparente le pasó un veneno que funcionó inmediatamente. Pero aquel polvito blanco enturbió los estanques cristalinos, y poco después todo se llenó de cadáveres de las ranas muertas, una carroña pestilente; las moscas y los mosquitos se reprodujeron imparablemente… Y todo fue un reclamo para que se trasladaran allí a vivir los murciélagos, un animal que aterroriza a los ruiseñores. Y desde entonces jamás nadie volvió a oír cantar, ni a ver siquiera, a ningún ruiseñor. Y colorín colorado…”.



La Redacción



 


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