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Home Escritos Escritos Escritos por un mundo mejor: "Charla sobre el cuerpo físico II. El doble etéreo (ampliación)" (Rafael Conca Botella)

Escritos por un mundo mejor: "Charla sobre el cuerpo físico II. El doble etéreo (ampliación)" (Rafael Conca Botella)

Para los que no tienen desarrollada la vista astral, el doble etéreo resulta invisible ya que las vibraciones de la materia etérea son más rápidas que las que es capaz de captar el ojo físico. Esta parte invisible del cuerpo físico es de suma importancia para nosotros porque constituye el vehículo por el cual fluyen las corrientes vitales que mantienen vivo al cuerpo físico denso, y sirve de puente para transferir las ondulaciones del pensamiento, y también de la emoción desde el cuerpo astral al cuerpo físico. Sin tal vehículo o puente no podría el ego utilizar las células de su cerebro. El clarividente ve al doble etéreo como una distinta masa de neblina gris violeta débilmente luminosa que, como ya se ha dicho, envuelve y penetra totalmente la parte densa del cuerpo y se extiende un poco más allá de éste.

La vida del cuerpo físico cambia incesantemente y para vivir necesita una afluencia constante de energías de tres clases diferentes. Las aportadas por los alimentos sólidos y líquidos, la que aporta el aire (prana) a través de la respiración y de las funciones de la piel y tres tipos de vitalidad para asimilar y realizar todos los procesos eléctricos y químicos que se producen constantemente. Esta vitalidad es esencialmente una fuerza, pero cuando está revestida de materia parece como si fuera un elemento químico sumamente refinado. Esta energía existe en todos los planos aunque la consideremos ahora desde el plano físico.


LOS CHAKRAS

Los chakras o centros de fuerza son puntos de conexión o enlace por los cuales fluye la energía de uno a otro vehículo o cuerpo del hombre. Quien posea un ligero grado de clarividencia los puede ver fácilmente en el doble etéreo en cuya superficie aparecen en forma de depresiones semejantes a platillos o vórtices, y cuando ya del todo desenvueltos semejan círculos de unos cinco centímetros de diámetro que brillan mortecinos en el hombre común, pero que al excitarse vívidamente aumentan de tamaño y se les ve como refulgentes torbellinos a manera de diminutos soles.

Todos los chakras (la palabra sánscrita “chakra” significa rueda), giran incesantemente y por el centro del vórtice de cada una de ellas (vórtice significa torbellino, centro del huracán o ciclón) fluye de continuo la energía del mundo superior, la manifestación de la corriente vital dimanante del Segundo Aspecto del Logos Solar que algunos denominan energía primaria. Ésta es séptuple en su naturaleza, y todas sus modalidades actúan en cada chakra, aunque con particular predominio de cada una de ellas según el chakra. Sin este aflujo de energía no existiría el cuerpo físico. Por tanto los chakras o centros actúan en todo ser humano , aunque en las personas poco evolucionadas es lento su movimiento, lo preciso para formar el vórtice adecuado al aflujo de energía. En el hombre más evolucionado refulgen y palpitan con luz viva, de tal manera que por ellos pasa muchísima más cantidad de energía y el individuo obtiene por resultado el acrecentamiento de sus potencias y facultades.

La energía que desde el exterior se vierte en cada centro determina en la superficie del cuerpo etéreo y en ángulo recto con su propia dirección, energías secundarias en un movimiento ondulatorio o circular, de la misma manera que una barra imantada introducida en un carrete de inducción provoca una corriente eléctrica que fluye alrededor del carrete en ángulo recto con la dirección del imán.

Una vez que entra en el vórtice la energía primaria, vuelve a irradiar de sí misma en ángulo recto, pero en líneas rectas, como si el centro del vórtice fuera el cubo de una rueda y las radiaciones de la energía primaria fuesen sus radios, los cuales son en realidad los del doble etéreo con el cuerpo astral. El número de radios difiere en cada uno de los centros y determina el número de ondas o pétalos que respectivamente exhiben. Por esto se suele comparar a los chakras con las flores y por su semejanza con el loto.

Cada una de las energías secundarias que fluyen alrededor de la depresión – semejante a un platillo – tiene su peculiar longitud de onda y una luz de determinado color; pero en lugar de moverse en línea recta como la luz, se mueve en ondas relativamente amplias, de diverso tamaño, cada una de las cuales es múltiplo de las menores ondulaciones que entraña. El número de ondulaciones está determinado por el de radios de la rueda, y la energía secundaria ondula por encima y por debajo de las radiaciones de la energía primaria, a la manera de una labor de cestería que pudiera entretejerse alrededor de los radios de una rueda de carruaje. Las longitudes de onda son infinitesimales y probablemente cada ondulación las contiene a millares.

Según fluye la energía alrededor del vórtice, las diferentes clases de ondulaciones se entrecruzan unas con otras como un tejido en relieve y producen la forma semejante a la corola de una flor.

Sin embargo todavía se parecen más los chakras a una salsera de ondulados cristales iridiscentes como las que se fabrican en Venecia. Todas estas ondulaciones o pétalos tienen el tornasolado brillo de la concha, aunque generalmente cada una de ellas ostenta el predominante color. No hay ningún color percibido por el ojo físico que pueda tener la luminosidad de los chakras respectivos. Como ya se ha dicho, los chakras difieren en tamaño y brillo según la persona, e incluso en un mismo ser humano pueden ser unos mayores y más vívidos que otros. En el caso de un ser humano que tenga determinadas cualidades desarrolladas, el centro o chakra que expresan éstas no solo aparecerá mucho mayor sino que también más radiante y emitiendo fúlgidos rayos de oro.

Los chakras se dividen en tres grupos, inferior, medio y superior. Pueden denominarse respectivamente fisiológico, motor o instintivo; personal o emocional y espiritual o intelectual.

Los chakras primero y segundo tienen pocos radios o pétales y su misión es transferir al cuerpo dos fuerzas procedentes del plano físico. Una de ellas es el fuego serpentino de la tierra y la otra la vitalidad del sol. Los centros tercero cuarto y quinto que constituyen el grupo medio, están relacionados con las fuerzas que por medio de la personalidad recibe el ego. El tercer centro las transfiere a través de la parte inferior del cuerpo astral; el cuarto por medio de la parte superior de este mismo cuerpo, y el quinto por el cuerpo mental. Todos estos centros vitalizan determinados gaglios nerviosos del cuerpo denso. Los centros sexto y séptimo, independientemente de los demás, están respectivamente relacionados con el cuerpo pituitario y la glándula pineal y solamente se ponen en acción cuando el hombre alcanza cierto grado de desenvolvimiento espiritual.

Se cree que cada pétalo de chakra representa una cualidad cuya actualización pone al chakra en actividad. Por ejemplo, según un libro oriental antiguo, el Upanishad Dhyanabindu, los pétalos del chakra cardíaco representan devoción, pereza, cólera, claridad y otras cualidades análogas.

Se observan ciertos fenómenos en los cuales bien pudiera apoyarse esta creencia. Aunque la semejanza con los pétalos está determinada por las misma fuerzas que giran alrededor del centro, alternativamente por encima y por debajo de los radios; difieren éstos en carácter porque la fuerza o energía influyente se subdivide en sus partes o cualidades componentes; y por lo tanto, cada radio emite una influencia peculiar, aunque débil, que afecta a la energía secundaria que por él pasa y que altera algún tanto su matiz. Varios de estos matices pueden denotar una modalidad de la energía favorable al desenvolvimiento de una cualidad moral, y luego de fortalecida esta cualidad , son más intensas las correspondientes vibraciones. En consecuencia la tenuidad o viveza del matiz denotará la posesión en menor o mayor grado de la respectiva cualidad.

EL CHAKRA FUNDAMENTAL

El primer centro, el rádico o fundamental, situado en la base del espinazo, recibe una energía primaria que emite cuatro radios, y por lo tanto dispone sus ondulaciones de modo que parezca dividido en cuadrantes alternativamente rojos y anaranjados, con oquedades entre ellos, de lo que resulta como si estuviesen señalados con el signo de la cruz, y por ello se suele emplear la cruz por símbolo de este centro, una cruz a veces flamígera para indicar el fuego serpentino residente en este chakra. Cuando actúa vigorosamente es de color ígneo rojo-anaranjado, en íntima correspondencia con el tipo de vitalidad que le transfiere el chakra esplénico . En cada chakra se observa análoga correspondencia con el color de su vitalidad.

EL CHAKRA ESPLÉNICO

Es el segundo chakra y está situado en el bazo, su función es especializar, subdividir y difundir la vitalidad dimanante del sol. Esa vitalidad surge del chakra esplénico subdividido en siete modalidades, seis de ellas correspondientes a los seis radios del chakra y la séptima queda concentrada en el centro de la rueda. Por lo tanto tiene este chakra seis pétalos, radios u ondulaciones de diversos colores y es muy radiante pues refulge como un sol. En cada una de las seis divisiones de la rueda predomina el color de una de las modalidades de la energía vital. Estos colores son; rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul y violeta, es decir, los mismos colores del espectro solar menos el índigo o añil.

EL CHAKRA UMBILICAL

El tercer chakra está situado en el ombligo, o mejor, en el plexo solar, y recibe la energía primaria que subdivide en diez radiaciones, de tal forma que vibra como si estuviese dividido en diez ondulaciones o pétalos. Está íntimamente relacionado con sentimientos y emociones de diversa índole. Su color predominante es una curiosa combinación de varios matices del rojo, aunque también contiene mucha parte del verde. Las divisiones son alternativas y principalmente rojas y verdes.

EL CHAKRA CARDÍACO

El cuarto chakra situado en el corazón es de brillante color oro y cada uno de sus cuadrantes está dividido en tres partes por lo que tiene doce ondulaciones o pétalos, puesto que su energía primaria se subdivide en doce radios.

EL CHAKRA LARÍNGEO

El quinto centro está situado en la garganta y tiene dieciséis radios correspondientes a otras tantas modalidades de la energía. Aunque hay bastante azul en su color el tono predominante es el argéntico brillante parecido al fulgor de la luz de la luna cuando riela en el mar. En sus radios predomina alternativamente el azul y el verde.

EL CHAKRA FRONTAL

El sexto chakra situado en el entrecejo parece dividido en dos mitades, una en el que predomina el color rosado, aunque con mucho amarillo, y la otra en la que sobresale una especie de azul púrpura. Ambos colores se corresponden con el de la vitalidad que el chakra recibe. Acaso por esta razón dicen los tratados orientales que este chakra solo tiene dos pétalos; pero si se observan las ondulaciones análogas a los de los chakras anterirores, se verá que cada mitad está subdividida en cuarenta y ocho subdivisiones o noventa y seis en total, porque éste es el número de radiaciones recibida por este chakra, de la energía primaria. El brusco salto de dieciséis a noventa y seis radios, y la todavía mayor variación de noventa y seis a novecientos setenta y dos radios que tiene el chakra coronario, demuestra que son chakras de un orden enteramente distintos de los hasta ahora considerados. No se conocen todavía todos los factores que determinan el número de radios de un chakra; pero es evidente que representan modalidades de la energía primaria, y antes de que se pueda afirmar algo más sobre el particular, será necesario hacer investigaciones más profundas, con repetidas comparaciones y comprobaciones. Entre tanto no cabe duda, mientras las necesidades de la personalidad puedan satisfacerse con limitados tipos de energía, en los superiores y permanentes principios del hombre encontramos una tan compleja multiplicidad que requiere para su expresión mayores y selectas modalidades de energía.

EL CHAKRA CORONARIO

El séptimo chakra en lo alto de la cabeza, es el más refulgente de todos cuando está en plena actividad, pues ofrece abundancia de indescriptibles efectos cromáticos y vibra con casi inconcebible rapidez. Parece que contiene todos los matices del espectro, aunque en el conjunto predomina el violeta. Los libros de la India le llaman la flor de los mil pétalos, y no dista mucho esta denominación de la verdad, pues son novecientos sesenta los radios de la energía primaria que recibe. Este chakra tiene una característica que no poseen los otros y consiste en una especie de torbellino subalterno central con un blanco fulgurante y el núcleo color de oro. Este vórtice subsidiario es menos activo y tiene doce ondulaciones propias.

Generalmente el chakra coronario es el último que se actualiza. Al principio no difiere en tamaño de los demás; pero a medida que el hombre adelanta en el sendero de su perfección espiritual, va acrecentándose poco a poco hasta cubrir toda la parte superior de la cabeza.

Otra particularidad acompaña a su desenvolvimiento. Al principio es como todos los demás chakras, una depresión del doble etéreo por la que penetra la energía procedente del exterior; pero cuando el hombre se reconoce rey de la divina luz y se muestra longánimo (magnánimo, con generosidad y grandeza) con cuanto le rodea, el chakra coronario se revierte, por decirlo así, de dentro afuera, y ya no es un canal receptor, sino un radiante foco de energía, no una depresión sino una prominencia erecta sobre la cabeza, como una cúpula, como una verdadera corona de gloria.

En el hombre muy evolucionado el chakra coronario fulgura con tal intensidad y esplendor que ciñe su cabeza como una verdadera corona; y el significado del pasaje del Apocalipsis en el que los veinticuatro ancianos depositan su corona ante el trono del Señor , es que todo cuanto el hombre ha conseguido, el magnificente karma acumulado, toda la asombrosa energía espiritual que engendra, todo lo arroja perpetuamente a los pies del Logos para que lo emplee en Su obra. Así una y otra vez, repetidamente, está echando ante el trono del Señor su áurea corona porque continuamente la restaura la energía dimanante de su interior.

LAS ENERGÍAS

Por los chakras fluyen tres corrientes de energía que podemos considerar como representativas de los tres aspectos del Logos. La energía que penetra por el centro del chakra y que con relación a sí mismo establece una energía secundaria, es una de las manifestaciones de la segunda oleada de vida dimanante del Hijo el segundo aspecto del Logos, es decir, la corriente de vida que este segundo aspecto infunde en la materia ya vitalizada por la primera efusión procedente de Su tercer aspecto. Esto es lo que simbolizan las enseñanzas cristianas al decir que Cristo encarnó – que tomó forma – del Espíritu Santo y de la Virgen María.

La segunda oleada se subdividió en un número casi infinito de grados y aún se diferenció de sí misma, o por lo menos así lo parece quizás porque “maya” o la ilusión lo presenta así. Se difunde por medio de innumerables millones de canales y se manifiesta en todos los planos y sub-planos de nuestro sistema, aunque esencialmente es siempre la misma energía, por tanto no debe ser confundida con la primera oleada, la cual elaboró los elementos químicos con los cuales la segunda oleada formó sus vehículos en cada plano. Quizás sus manifestaciones parezcan de vibración menos elevada, más densa porque emplean materias más densas. En el plano búdico se manifiesta como el principio del Cristo que poco a poco, de manera imperceptible, se va desenvolviendo en el interior del alma humana. Vivifica las diversas capas de materia de los cuerpos astral y mental, de forma que en la parte superior del cuerpo astral se manifiesta a través de emociones elevadas, y en la parte inferior como un mero impulso de vida que anima la materia del cuerpo astral. En su más densa manifestación se envuelve en un velo de materia etérea y desde el cuerpo astral se transfiere, por conducto de los chakras, al cuerpo físico en donde encuentra otra energía, la llamada fuego serpentino o kundalini, que misteriosamente surge del cuerpo humano.

EL FUEGO SERPENTINO

Esta energía es la manifestación en el cuerpo físico de la primera oleada de vida dimanante del tercer aspecto del Logos. Existe en todos los planos que más o menos conocemos, pero vamos a considerarla en su manifestación en la materia etérea. No se transmuta en la energía primaria ya mencionada ni en la vitalidad dimanante del sol, parece que en modo alguno la afecta ninguna otra modalidad de energía física. Se hizo una experiencia cargando el cuerpo de un hombre con una corriente eléctrica de un millón doscientos cincuenta mil voltios, de tal modo que al dirigir los brazos hacia la pared brotaban enormes llamaradas de sus dedos y sin embargo no experimentaba ninguna sensación extraña ni era posible que quedara carbonizado en semejantes circunstancias mientras no tocase ningún objeto extraño; pero ni siquiera tan enorme potencial eléctrico afectó lo más mínimo al fuego serpentino.

Se sabe que en las entrañas de la Tierra existe lo que pudiéramos llamar el laboratorio del tercer aspecto del Logos. Al investigar las condiciones del centro de la Tierra se encuentra allí un voluminoso globo de tan formidable energía que los que hicieron tal investigación – a través del cuerpo astral, se entiende – no les fue posible acercarse. Tan solo les fue posible tocar las capas externas e inferiores que evidentemente están en relación de simpatía con las capas de kundalini en el cuerpo humano.

Hace muchísimos siglos que penetró en el centro de la Tierra la energía del tercer aspecto del Logos, y aún sigue allí elaborando gradualmente nuevos elementos químicos con creciente complejidad de formas, y una mayor intensidad de vida o actividad interna.

Según lo que se desprende de antiguas enseñanzas, el hidrógeno, el oxígeno y el nitrógeno, que constituyen aproximadamente la mitad de la corteza terrestre y casi toda la atmósfera, pertenecen a otro sistema solar mayor que el nuestro; pero se sabe así mismo que los demás elementos químicos han sido elaborados por el Logos de nuestro sistema, Quien está prolongando la espiral más allá de Urano en inimaginables condiciones de presión y temperatura. Gradualmente según va formando el Logos nuevos elementos químicos los impele hacia la superficie de la Tierra.

La energía del Kundalini o fuego serpentino de nuestro cuerpo, procede del laboratorio del Espíritu Santo (tercer aspecto del Logos) en las entrañas de la Tierra y es parte del formidable globo ígneo geocéntrico.

Esta energía contrasta y golpea la vitalidad dimanante del sol que contiene el aire, la luz y los vastos espacios, mientras que el fuego serpentino es mucho más material, si puede expresarse así, como el del hierro al rojo vivo. Esta tremenda energía tiene el aspecto, terrible podríamos añadir, de producir la impresión de descender más y más hondamente en la materia con lenta pero irresistible progresión e implacable seguridad.

El fuego serpentino no es la porción de energía del tercer aspecto del Logos con la cual está elaborando elementos cada vez más densos. La índole del cuerpo serpentino es más bien una ulterior modalidad de dicha energía, residente en el núcleo vital de los cuerpos radioactivos, como el radio por ejemplo. Forma parte de la acción de la primera oleada de vida después de llegar a su punto más ínfimo o bajo de involución desde el cual empieza a ascender a las alturas de las que descendió. Se sabe que la segunda oleada de vida procedente del segundo aspecto (Hijo) del Logos desciende a la materia a través de los tres reinos elementales hasta llegar al mineral, de donde asciende por los reinos vegetal y animal hasta el reino humano en el cual confluye con la tercera oleada de vida dimanante del primer aspecto (Padre) del Logos.

En cuanto a la primera oleada de vida procedente del tercer aspecto del Logos, hemos de imaginar que llegada a su ínfimo punto en el reino mineral, asciende por el mismo camino por donde descendió. Pues bien, Kundalini o el fuego serpentino es esta primera oleada de vida en su camino de ascenso, y actúa en los cuerpos de los seres que evolucionan en íntimo contacto con la primera energía ya mencionada, de tal forma que ambas conducen mancomunadamente al animal al punto en donde ha de recibir la efusión del primer aspecto del Logos y convertirse en ego, en hombre, en cuyo vehículo prosigue actuando.

Así absorbemos la potente energía divina, tanto desde el `punto inferior, desde la tierra, como del punto superior, del sol. Somos hijos de la tierra y también del sol. La energía que desde la tierra asciende y la que del sol desciende, confluyen en nosotros y cooperan mancomunadamente a nuestra evolución. No podemos poseer una energía sin la otras y constituye un gran riesgo cuando existe el predominio de una de ellas. De aquí el peligro de avivar las capas interiores de fuego serpentino antes de purificar nuestros cuerpos y ajustar nuestra conducta superando los aspectos negativos de nuestra personalidad inferior no integrada al propósito de servicio a los demás de manera inegoísta y abnegada.

Muchas cosas se han dicho acerca de este misterioso fuego y del peligro de avivarlo prematuramente, e indudablemente es verdad mucho de lo que se ha dicho. Indiscutiblemente existe un grave peligro en despertar los aspectos superiores de esta formidable energía antes de que el hombre sea capaz de controlarla, de dominarla y haya adquirido la pureza de conducta y de pensamiento que le permita liberar sin peligro tan tremenda potencia.

El fuego serpentino desempeña en la vida cotidiana una parte mucho más importante de lo que puede suponerse; hay una manifestación de la misma – tenue aún – pero despierta en todo hombre, que no solo es inofensiva sino beneficiosa, la cual actúa día y noche llevando a cabo su obra, aunque aún no seamos consciente de su presencia y actividad.

Por supuesto que ya se había observado la presencia de esta energía al fluir por los nervios y a la que se llamaba fluido nervioso, pero sin saber lo que en realidad era. Ahora, al estudiarla y descubrir su fuente se ha averiguado que penetra en el cuerpo humano por el chakra fundamental.

Como las demás modalidades de energía es la de kundalini invisible; pero en el cuerpo humano se alberga en un curioso nido de huecas esferas concéntricas de materia astral y etérea, una dentro de otra. Siete parecen ser dichas esferas concéntricas dentro del chakra fundamental y alrededor de la última celda o hueco del espinazo, cerca del coxis; pero solo en la esfera externa está activa la energía en el hombre común. En las demás “dormita” si cabe esta expresión pues no está aún en actividad, y tan solo cuando el hombre intenta actualizar la energía latente en las capas internas, se muestran los peligrosos fenómenos del fuego serpentino. El inofensivo fuego de la esfera externa fluye por la columna vertebral en sentido ascendente, simultáneamente por las tres líneas o conductos, el principal está situado en el conducto medular de la columna vertebral, a este conducto le llaman algunas escuelas orientales el SUSHUMNA. De estas tres corrientes que fluyen por el interior y en torno de la columna vertebral de todo ser humano dice H.P. Blavatsky en la Doctrina Secreta:

“La escuela Transhimaláyica situa el “sushumnâ, el principal de los tres “nâdis” en el conducto medular de la columna vertebral, y el “ida y el “pingala” son sencillamente los sostenidos y bemoles del FA de la Naturaleza humana, que cuando se pulsan debidamente despiertan a los centinelas de ambos lados , el manas espiritual y el físico Kama, y subyuga la naturaleza inferior por medio de la superior.

El puro “akasha pasa por el sushumnâ arriba, y sus dos aspectos fluyen por “ida” y “pingala”. Estos son los tres aires vitales simbolizados en el cordón “brahmánico” y está regido por la voluntad. El deseo y la voluntad son el aspecto inferior y superior de una misma potencia . De aquí la importancia de la pureza de los conductos o canales. De “sushumnâ, “ida” y “pingala” se origina una circulación que del conducto central se distribuye por todo el cuerpo.

“ida” y “pingala” funcionan a lo largo de la curvada pared del cordón en el que está “sushumna”. Son casi materiales, uno positivo y otro negativo, sol y luna, y poseen en acción la libre y espiritual corriente de “sushumna”. Tienen distintos y peculiares conductos, pues de lo contrario radiarían por todo el cuerpo”. Fin de la cita.

Naturalmente todo lo que aquí se expone lo he expuesto de manera superficial, y la verdad es que no he querido profundizar más en los asombrosos conceptos que con alguna timidez he intentado apuntar por no alargar innecesariamente esta charla ya de por sí extensa. Quizás en el coloquio ..... En fin, eso depende de ustedes.

Gracias por su paciencia y amabilidad

 

Comentarios  

 
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