Fundación Ananta

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Escritos por un mundo mejor

La valentía, la dignidad, el ejemplo

Que este precioso ejemplo de valentía y dignidad nos inspire siempre.

 

Muda canción de cuna (Koldo Aldai), un libro lúcido, presentación lunes 24 marzo

Queridos amigos de Ananta,

"Muda canción de cuna", escrito por Koldo Aldai y que se presenta este lunes 24 en Madrid, es una buena contribución al debate sobre el aborto, pero es también, y sobre todo, un lúcido comentario sobre la reencarnación, la ley del karma y el espíritu que somos, que se manifiesta en la tierra a través de un cuerpo. Es un libro-imán, que una vez abierto no puede cerrarse. Está amorosamente escrito y muy cuidadamente editado por Nous. El prólogo de Vicente Merlo es muy adecuado. Lo recomendamos a todo el que se haga la pregunta "Quién soy yo", y animamos a asistir a la presentación, que tendrá lugar en la Librería Dharana, Minas 13, Madrid (ver enlace).

http://creandoutopias.net/

Con el afecto de siempre

 

Leña seca (Koldo Aldai)

Recojo ramas caídas en el corazón del bosque antes de que se acerquen las copiosas lluvias anunciadas. Lo de apretar un botón y empezar a sentir calor es sólo cosa de nuestros días. Llevamos una vida tan sedentaria que después nos quejamos de los achaques. Ayer teníamos que ir a los bosques, sumergirnos en sus mágicos corredores y acarrear el hatillo de leña para calentar el hogar, para cocinar nuestra cena.

Lo acabamos de ver en la India. Al atardecer los caminos se inundaban de mujeres, cada una con su "sari"  más colorido y bello, su movimiento más elegante, digno y grácil; cada una con su pesado hatillo de leña en la cabeza. Allí, cena caliente es igual a largo sendero en pos de ramas caídas. Ahora a miles de kilómetros de distancia, trato de tomar ejemplo. Recojo leña y agradezco a cada árbol el regalo que me proporciona para calentar mi hogar. Agradezco también la generosidad de la Madre que me ofrenda astillas de todos las formas y tamaños para poder encender mi fuego.

 

“Florecer en lo noble que nos habita”, Convergencia One Calendar con motivo del Equinoccio de Primavera (hemisferio Norte)

“Florecer en lo noble que nos habita”, Convergencia One Calendar con motivo del Equinoccio de Primavera (hemisferio norte)

Atardecer del jueves 20 de marzo (cada quien según su uso horario local).

Paseamos estos  días los campos y observamos los primeros brotes en la punta de las ramas de los árboles. Paseamos la naturaleza llamando a las puertas de los misterios que por doquier nos presenta, intentando descubrir el mensaje universal que nos susurra. Quizás esas yemas que en estos días ya pujan, nos invitan al permanente renacer, a la constante renovación tras la muerte en el invierno. Tal vez las yemas nos quieran expresar que la vida nunca se acaba, que hemos de pujar con ella; que tal vez podamos ser nosotros también brotes de lo que está naciendo. Sí brotes de lo nuevo, a la altura de la nueva tierra que se prepara. La primavera es una llamada incontestable y universal a nuestro propio a brotar y florecer, florecer en lo noble que nos habita, en nuestro amor, en nuestra compasión, en los dones que el Cielo nos ha otorgado... Al florecer estamos regalando al mundo un nuevo color y perfume.

Dice el Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov al respecto: “Cuando llega la primavera, podemos empezar a alimentarnos con los rayos del sol naciente, porque la luz es el mejor de los alimentos. Y el aire puro, la tierra que despierta, los árboles de los alrededores, también nos alimentan si sabemos…¡cómo cocinarlos! Sí, cocinarlos. Mediante nuestro pensamiento y nuestro amor, podemos hacer de todos estos elementos platos deliciosos.

 

 

En el sitio correcto (Ana Novo)

EN EL SITIO CORRECTO

Me viene a la memoria el conocido chiste de aquel que pierde sus llaves y las busca bajo la farola, porque es donde hay más luz. Evidentemente, no las encuentra, porque no están allí.

Hoy reflexiono sobre la importancia de acudir al sitio correcto para lograr lo que se pretende.

 

Los árboles son nuestros hermanos (Ildefonso García)

Sí, nuestros hermanos mayores, los que más saben, los que más han crecido. La sangre que en estos momentos circula por nuestras venas y arterias, anteriormente, muchas veces, durante miles de años, ha sido savia en ellos.

Los árboles son los seres vivos más antiguos que existen. Los que más experiencia de vida han acumulado. Han sido testigos de acontecimientos lúdicos y trágicos, festivos y caóticos, y de todos ellos han sabido sobrevivir. Nos enseñan cómo la cordura y el sentido común siempre acaban imponiéndose sobre el miedo y la sinrazón. Por tanto, son unos auténticos maestros de los que podemos aprender.

 

Un buen recuento (Ana Novo)

UN BUEN RECUENTO

¡Que barbaridad, la fuerza que tienen los hábitos! Y como la mayoría de lo aprendido y repetido es negativo, ¡pues eso, aún me pillo en un buen renuncio!

Todavía hay días que me levanto con el pie cambiado. Y hoy me levanté de mal humor y alterada. Por supuesto me salió al paso todo lo que no estaba bien, correspondiendo a las vibraciones de “mala leche” que iba repartiendo, a diestro y siniestro.

 

 

La revolución personal diaria (Ana Novo)

Revolucionaria. Así decido vivir. Toda palabra tiene más de un significado. Si acudo al diccionario oficial de mi idioma, entre las varias acepciones que ofrece elijo “Acción y efecto de revolver o revolverse.” Exactamente. Y encuentro como sinónimo de “vivir”, entre varias propuestas: “mutación, cambio, modificación, transformación, progreso, innovación, renovación”.

Procuro estar consciente de que cada día vivir me supone una revolución personal: cambiar repetidamente; evolucionar, avanzar, crecer, a cada momento, una y otra vez. Y me percato de que solo hay un punto de partida: yo: mi mente, mis pensamientos y mi actitud.

 

Ignorancia voluntaria (Ana Novo)

Me sigue sorprendiendo que con la actual facilidad de acceso a la información y al conocimiento, la raza humana siga tan dormida y, por ende, malviviendo entre experiencias de lucha, sufrimiento y frustración.

Entramos, según dicen, en la recién inaugurada Era del Conocimiento, de la que participamos, a modo de juego, en el uso de las nuevas tecnologías y redes sociales, pero a los efectos prácticos de educación, profesión y trabajo, seguimos aferrados a la etapa industrial, porque así ha sido “toda la vida” y así nos lo dicen nuestros gobernantes, profesores, familia, compañeros de trabajo, medios de comunicación tradicionales, vecinos y amigos.

 

Vacía (Ana Novo)

VACÍA

Todos nos quejamos de que tenemos vacíos los bolsillos y la cuenta corriente. Andamos escasos de tiempo, corriendo de un lado para otro, de una actividad a otro, como los conejitos de duracell. Tampoco la salud anda muy boyante, descuidamos nuestras relaciones y el buen ánimo, la alegría, esperanza, optimismo y sentido del humor han desaparecido de nuestras vidas.

Por el contrario, tenemos exceso de información, para nada alegre ni optimista; exceso de preocupaciones, problemas e inseguridades. Y nos sobra desesperanza y miedo.

Vaciar. Vaciar es el paso previo si queremos llenar y sacar.

 

El aborto: debate, no cruzada (Benjamín Forcano)

La cuestión parecía resuelta y aquietada. Pero, no. Vuelven a oírse voces que reclaman pronunciamientos contundentes: en el aborto se daría siempre, desde el primer momento, la eliminación de un ser humano, un crimen.

No me cuesta suponer que esa afirmación puede expresarse de buena fe, como si fuera la única verdadera y, en consecuencia, toda acción abortiva se la considera reprobable. Digo que no me cuesta, porque el ser humano es limitado y multicondicionado y puede llegar a mantener como verdad lo que es un error.

 

 

¡No cojáis esos trenes…! (Koldo Aldai)

"¡No subáis a esos vagones, los soldados franceses son vuestros  hermanos…!", gritaba ahora hace cien años una heroica Roxa Luxemburgo. En las plazas, en las estaciones de tren alemanas se dejaba la garganta, se dejaba la vida. Pero subimos, subieron. En realidad hemos subido hasta ayer mismo a todos los vagones que nos llevaban a la guerra. Recién hacemos caso al llamado de la líder visionaria y de sus compañeros "espartacos" para evitar la  conflagración fraticida.

Tras la fallida exhortación antimilitarista, vendrían los nueve millones de combatientes muertos, el hambre, la destrucción y las epidemias; gracias a Dios también los cuatro imperios menguados o desaparecidos. Ha tenido que pasar un siglo para saber que no deberemos volver a tomar esos trenes. Han corrido ya cien años, pero deberemos sujetar bien la memoria. El dolor multiplicado nos ha pisado hasta ayer los talones, el dolor masificado ha sido el detonador de una siempre cara comprensión colectiva. A la vuelta de siglos de confrontación tocaba abrazar ya una conciencia planetaria. Sólo se nos encendió la bombilla a punto de terminar de matarnos en esa guerra grande y en la que vino después.

 

El peso de la memoria (Koldo Aldai)

El peso de la memoria
A propósito de la llamada “enfermedad del Alzheimer”

Los faros horadan la niebla de vuelta del mar, camino de la casa arrimada a un bosque siempre verde. Allá lejos, junto a las olas, aparentemente clavados en la nada, quedaron esos ojos fijos, inmutables que no horadan nieblas, que no escarban en la noche. Cada quien es libre de nublar los recuerdos, de filtrar la vida a voluntad, de quedarse con lo que quiere. Cada quien  baja sus persianas cuando le sobra la luz, cuando el atardecer se le alarga. Se sube a un carro y deja que le empujen, que le peinen y le afeiten y así nos da la oportunidad de devolver todo lo que nos ha dado.

 

 

Sepulcros blanqueados (Antonio Garrigues Walker) (Original de ABC)

La religión católica, una religión con más de mil doscientos millones de seguidores y un amplio poder político y temporal, necesitaba, sin duda,  una reacción decidida  y profunda para frenar un largo proceso de decadencia. Este fue sin duda un factor decisivo en la elección de un hombre que ofrecía mensajes y actitudes claramente distintos a los que se formulaban en los cónclaves tradicionales y que al parecer en el cónclave anterior había renunciado a la posibilidad de ser elegido, siguiendo así el principio jesuítico de evitar por principio cargos y protagonismos. El Espíritu Santo ha hilado con mucha finura y con una cierta audacia. Tengo para mí que ha sido una elección consciente y bien pensada que demuestra la sabiduría y la capacidad de adaptación de una organización religiosa que puede y debe cumplir en estos tiempos un papel decisivo en tanto en cuanto ya parece fuera de toda duda que la crisis de valores fue y sigue siendo la causa de esta larguísima crisis que está acentuando las desigualdades sociales hasta límites indignos y con ello poniendo en grave riesgo la sostenibilidad del sistema en su conjunto.

 

12 años de esclavitud y la llamada del Papa a la ternura

El buen cine tiene la capacidad de enseñarnos mucho en muy poco tiempo. Y he aquí esta película 12 años de esclavitud que conviene ver.

Este film sobrio y duro rescata para las nuevas generaciones la historia del esclavismo,  que en mi generación conocimos sobre todo por el personaje Kunta Kinte del libro de Alex Haley “Raíces”, que tanta y justa conmoción levantó hace casi cuarenta años.

En 12 años de esclavitud se recrean muchas de las infamias que el ser humano puede infligir al hermano. La película está ambientada en 1850, y nos parece un tiempo lejano, pero es anteayer. Y no es el pasado, pues en el siglo XXI todavía no se ha erradicado la esclavitud. Mafias como las que muestra la película operan en muchos lugares del mundo. Su mercancía es la misma: los desarrapados y los desarraigados de la tierra.

Esta película –como todas las que reflejan la infamia— es un aldabonazo a la consciencia y una invitación a tender la mano, a la bondad, a la amabilidad. A mirar al otro con la mirada del alma. Porque cada uno de nosotros puede llevar un poco de calor y cariño allá donde vaya. Y ese calor, ese lenguaje, queda en el mundo sutil y poco a poco se extenderá más y más.

He aquí un propósito: intentar llevar calor y cariño a todos los seres que sienten, y también a los animales. Ahí hay un principio de curación de la humanidad, y los primeros en curarnos seremos nosotros.

Los desarraigados de hoy llegan en pateras y saltando vallas infames. Detrás de cada una de estas personas hay una historia de sufrimiento, de miedo, de desamparo en la que nunca o casi nunca reparamos. Al encontrarnos con estas personas podemos, desde luego, darles una moneda a cambio de La Farola. Pero también podemos dirigirles unas palabras de aliento y una mirada de amor. Una mirada de ternura, como tan bien señala el Papa Francisco (¡qué buen discípulo de Jesús es este hombre!). Y también emplearles, en trabajos dignos, sin aprovecharnos de su infortunio. Dándoles dignidad y así siendo nosotros dignos.

En 12 años de esclavitud se habla de la justicia divina, a la que nadie puede escapar. Esa justicia  no es otra que la derivada del karma, que tenemos que ir depurando en la larga rueda de las encarnaciones en la tierra. Porque nada queda sin pagar y porque “hiriéndote me hiero”, que decían los antiguos vedantines. Y, en la otra cara de la moneda, nada se pierde. Por eso cada pensamiento y cada acto de ternura también hace su labor, aunque no la veamos.

El Papa Francisco acaba de escribir lo siguiente: “No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”. El mundo necesita que cada uno de nosotros encarne esta llamada.

Joaquín Tamames, 12-1-14

 

El Papa Francisco y la economía política de la exclusión (Leonardo Boff)

Quien escucha las distintas intervenciones del obispo de Roma y actual papa se siente en casa y en América Latina. El Papa no es eurocéntrico, ni romanocéntrico ni mucho menos vaticanocéntrico. Es un pastor “venido del fin del mundo”, de la periferia de la vieja cristiandad europea, decadente y agónica (sólo el 24% de los católicos son europeos); proviene de un cristianismo nuevo que se ha ido elaborando a lo largo de 500 años en América Latina con rostro propio y con su teología.

El Papa Francisco no ha conocido el capitalismo central y triunfante de Europa sino el capitalismo periférico, subalterno, agregado y socio menor del gran capitalismo mundial. El gran peligro nunca fue el marxismo sino el salvajismo del capitalismo no civilizado. Ese tipo de capitalismo ha generado en nuestro Continente latinoamericano una escandalosa acumulación de riqueza en unos pocos a costa de la exclusión y de la pobreza de las grandes mayorías del pueblo.

 


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