Fundación Ananta

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Home Escritos
Escritos por un mundo mejor

Dibujar y unir (4-2-06)

 

Correos recibidos en la Redacción (20-1-06)

 

Suspenso en geografía (18-I-06)

 

Junto al blanco roble (16-I-06)

 

El eje de la verdadera esperanza (13-I-06)


En América y el mundo entero, el eje de la esperanza lo constituyen la red de voluntades creadoras, dispuestas a participar activamente de un cambio en positivo en todos los órdenes de la actividad humana. La verdadera conspiración de la esperanza constructiva, silenciosa, pacífica…, pero no por ello menos efectiva, tiene más que ver con la socialización de valores, que de improperios, de ahí su pasaje de triunfo.

La llegada del líder indígena Evo Morales a la presidencia boliviana y la consiguiente consolidación de un eje “revolucionario” junto con Castro y Chávez, ha despertado no poco entusiasmo en muchos sectores del ámbito radical.

Sin embargo, no promete precisamente lo que más suena. América Latina vive su hora suspirada que no necesariamente coincide con lo que se proclama en titulares. Esta hora no viene con probabilidad significada por el reforzamiento que Morales proporciona al mencionado eje, sino por otros factores como el desarrollo de la conciencia ciudadana y la maduración del liderazgo social, político y económico en todas sus latitudes.

Los verdaderos cambios apenas meten ruido y dan pasto a los “media”. El evidente progreso, las auténticas trasformaciones en el seno de las naciones latinoamericanas apenas conquistan titulares, pero merece la pena reparar en ellos: pobreza y explotación que merman; educación, conciencia, autoestima popular, autoorganización, cultura democrática que poco a poco van en aumento. Lejos ya las Dictaduras de Seguridad Nacional que tiñeron de dolor y opresión en las décadas anteriores la mayor parte de su geografía, emerge por fin una clase política moderna, democrática, liberada de corruptelas y más preocupada por servir al pueblo que de servirse del mismo. No obstante, residuo de aquellos tiempos oscuros son los regímenes populistas que han medrado a la contra de aquellos y otros excesos.

La historia nos ha demostrado de forma reiterada que un programa de gobierno no se puede reducir a la pura y constante confrontación. El simplismo del liderazgo de consigna deriva a menudo en falacia y nueva opresión. Las naciones latinoamericanas progresan y ya no se les puede domar a la contra de una oposición política o un enemigo foráneo. A estas alturas de la historia, el conjunto de la población se haya más capacitado para manifestar libremente su potencial creativo en el desarrollo de alternativas válidas, coherentes, esperanzadoras con respecto al sistema económico y social dominante. El verdadero eje de la esperanza lo constituyen por lo tanto las instituciones y movimientos capaces de progresar, de superar el paradigma de la confrontación y de ir implementando en sus marcos y geografías respectivas esa alternativa.

No somos más libres a fuerza de insulto y bravata ante el imperio; ficción de sentirnos liberados a cada palabra que hiere, en vez de a cada ladrillo que construye. La confrontación genera el odio y éste jamás será el camino. Servir al pueblo no es confrontarlo día sí y al otro también con el imperio, sino trabajar por su progreso y genuina liberación, por elevar su nivel de instrucción y de conciencia. Gobernar el país a golpe de consigna antiimperialista entraña fatales riesgos, principalmente el de la patente de corso que se autootorga el gobernante, pudiendo éste incurrir en los mayores despropósitos sin ser por ello siquiera censurado.

No nos llevemos a engaños: el eje Castro-Chávez no es el eje de la esperanza, mientras que no acaben con su restricción de libertades, con su política de visceral confrontación. El eje de la incipiente esperanza lo constituyen líderes como Nestor Kirchner, Vicente Fox, Luis Ignacio Lula, Michelle Bachelet…, con todas sus fallas, con sus grandes diferencias entre ellos, pero al fin y al cabo preocupados en la maduración y progreso de su respectivos pueblos, no en granjearse un apoyo ficticio o mercantilizado. En América y el mundo entero, el eje de la esperanza lo constituyen la red de voluntades creadoras, dispuestas a participar activamente de un cambio en positivo en todos los órdenes de la actividad humana. La verdadera conspiración de la esperanza constructiva, silenciosa, pacífica…, pero no por ello menos efectiva, tiene más que ver con la socialización de valores, que de improperios, de ahí su pasaje de triunfo .

“El otro mundo posible” se aplica por lo tanto en construir más que en derribar. El Foro Social Mundial nacido al amparo del partido de Lula en Porto Alegre es evidente testimonio de esa esperanza en gestación, de ese otro mundo posible. El Foro cuya sexta edición tendrá lugar entre el 24 y 29 de Enero en Caracas (Habrá un prólogo en Bamako - capital de Malí), es quizás el mayor laboratorio mundial de alternativas.

Sin embargo sobre esa ilusionante alternativa pesa igualmente la tentación de la confrontación. El Foro de la capital venezolana se presenta en este sentido clarificador. ¿Será este inconmensurable movimiento mundial mayoritariamente capaz de mantener su independencia ante el gobierno bolivariano o por el contrario, esta macro reunión de la esperanza se echará a los anchos brazos del presidente y se teñirá de chavismo? Ya se ha desatado el protocolo de seducción con los nueve millones de dólares concedidos por el gobierno a la iniciativa. Es preocupante que se haya aceptado ese dinero, cuando precisamente el Foro de hace un año de Mombay estuvo sumido en la más absoluta precariedad por el rechazo de ayudas económicas que varias importantes empresas deseaban prestar.

En cierta medida, muy semejante tentación gravita sobre quien será nombrado en breve, primer mandatario boliviano. Concedemos a Morales el beneficio de la duda, bien es verdad que sus dos primeros saltos a Caracas y La Habana no han contribuido precisamente a consolidar una posición de independencia política. Se suman los interrogantes del mismo signo. ¿Logrará el activista indígena encarnar a un estadista progresista comprometido con su pueblo, pero a la vez maduro, razonable, constructivo? ¿Seguirá la senda de un Lula preocupado por el pan, el progreso y la educación de su gente, o la de Chávez sólo interesado en empujar a sus súbditos a su barricada?

Erramos muchas veces, asaltamos muchos palacios, desvalijamos muchos imperios, siempre pensando que eran los últimos… Fueron cayendo uno a uno los espejismos que época tras época con dosis de furia e idealismo, pero sin madurez, fuimos construyendo… El futuro ya nos ha alcanzado. Llegada es la hora de las verdades. ¿Seguiremos situando siempre los monstruos fuera, o seremos capaces de concluir que el otro mundo posible depende más de nosotros mismos, de nuestra valentía, creatividad y coraje, de nuestra capacidad de sobreponernos a las dificultades del momento? ¿O por el contrario, seguiremos echando la exclusiva culpa al imperio de que aún la utopía disponga de tan acotado terreno, de que apenas cuente con los cimientos de unas piedras cansadas de aguardar encima una nueva, prometedora y fraterna civilización?


La Redacción
Fundación Ananta
 

“E-mail” a los Magos de Oriente (5-I-06)

 

Las últimas trincheras (18-XII-05)

 

Altas vallas o anchos corazones (23-XI-05)

 

Sueños y brasas (10-XI-05)

A propósito de la revuelta en los suburbios franceses

Lo sencillo es practicar “tierra quemada”, lo difícil construir otra tierra, otros barrios, otra periferia… Lo sencillo es destruir este mundo, lo titánico es ponerse a levantar otro, sobre unas bases más justas y solidarias. Cualquier comparación de la revuelta actual con Mayo del 68 es desafortunada. No comparemos sueños con brasas, primaveras con otoños. No conviene equiparar movimientos que crean con los que destruyen.

El fuego no descarrila la historia. El asfalto es duro, pero las cenizas no liberan. La situación en los suburbios franceses puede ser límite, mas las llamas no emancipan.
Lo sencillo es dar rienda suelta a la rabia, emprenderla contra los vehículos que duermen aparcados; lo complicado es caminar ese mismo coraje en un sentido más positivo y creativo, ofrecer alternativas y propuestas. Lo sencillo es practicar “tierra quemada”, lo difícil construir otra tierra, otros barrios, otra periferia… Lo sencillo es destruir este mundo, lo titánico es ponerse a levantar otro, sobre unas bases más justas y solidarias.

Cualquier comparación de la revuelta actual con Mayo del 68 es desafortunada. No comparemos sueños con brasas, primaveras con otoños. No conviene equiparar movimientos que crean con los que destruyen.

Entonces era la imaginación la que se postulaba para el poder, ahora son llamas al asalto de todo. Entonces los muros se coloreaban, ahora se humean. Entonces era conquista de imposibles, ahora basta prender un mechero. Entonces “playas bajo los adoquines”, perfume de flores en las bayonetas…, ahora paisaje de hoguera, hedor de petróleo…

Es difícil encontrar sentido de progreso a la quema masiva de coches y edificios públicos en el país vecino. No es preciso alarde de imaginación para levantar piras de llamas, hace falta algo más para alumbrar el mañana.

Bañe los guetos el aire fresco, no el fuego insaciable. Antorchas que clareen, no hogueras que arrasen, urge nuestro mundo. Arde algo de Paris. Sus cenizas son en buena parte las de nuestra civilización. Son llamas prematuras, pues el recambio no está preparado y los pirómanos no han soltado palabra, ni esbozado aurora. Por lo demás, el otro “mundo posible” no soporta cemento de rencor, otra pasta más duradera ha de ensamblar sus piezas diamantinas.
El geto puede tener llave por fuera, pero también por dentro. Salten todas las cerraduras. Alto a la marginación que cierra caminos y alimenta iras, alto a las llamas que calcinan y no iluminan.

La Redacción
 

Defienden la vida (30-X-05)

A propósito del despliegue de la OTAN en la Cachemira pakistaní

Con las tareas humanitarias, los ejércitos han hallado ubicación y cometido en nuestros días. Los operativos de paz y de socorro han dado legitimidad y razón de ser a unas Fuerzas Armadas tan cuestionadas a lo largo de la historia en general y de la nuestra en particular.

Un mundo tan cambiante nos invita a repensarlo a cada momento. Lo que ayer formaba parte de nuestros más firmes postulados, hoy puede demandar urgente revisión. Acercarnos con fina mirada a un presente sorpresivo, acelerado, global…, a menudo implica el esfuerzo de superar estancamientos del pasado.

Hay noticias que nos obligan a volver sobre nuestros pasos, rehacer visiones, recomponer ideas, remontar otras atalayas sobre el mundo. Somos fruto de cada momento y a menudo se nos puede antojar ajena una mirada que sostuviéramos ayer. Cada vez más complejas realidades nos empujan a abandonar pretéritos simplismos.

Nos construimos día a día y las circunstancias no son extrañas a esa constante renuncia y modelación de nuestra mirada. Estas circunstancias condicionan, en muy buena medida, nuestra forma de interpretar el mundo y sus avatares. Cuando ellas cambian, afrontamos el apremio de aplicar a la realidad una visión diferente, so pena de caducidad y anclaje, so pena de perder el tren de los tiempos.
La vida colectiva da muchas vueltas y nosotros hemos de estar dispuestos a bailar con ella, a no perder el paso. Hay noticias que nos invitan a una especial reflexión: la OTAN se emplea por primera vez en una gran misión humanitaria.
Tras el terremoto que sacudió la región de Cachermira el pasado 8 de Octubre en las zonas remotas del Himalaya, tres millones de personas se han quedado aisladas y sufren bajas temperaturas.

El invierno se torna terrible amenaza en las estribaciones de las más altas montañas de la tierra. Se hace preciso llevar alimento, mantas, tiendas de campaña, estufas…en ingentes cantidades a aldeas remotas e inaccesibles. Si no llegan a los afectados con rapidez, el número de muertos se multiplicará en Pakistán.

Las ONG’s no pueden con una empresa humanitaria de esa magnitud, no están preparadas para semejante operativo. Carecen de medios para establecer tan urgente puente aéreo humanitario. Sólo una alianza militar está en condiciones de garantizar la vida de tantos damnificados, sólo los ejércitos pueden llevar esperanza a esas remotas montañas.

Cientos de miles de pakistaníes, ahora en peligro, pueden ser salvadas por la Alianza Atántica. Ellos socorrerán con sus potentes helicópteros a las mujeres, los hombres y los niños que no bajan sus ojos del cielo. Difícilmente olvidarán la estrella de la OTAN en la chapa de los vehículos que les sacaron del infierno.

Se podrá argüir que la operación representa lavado de imagen, sin embargo en algún momento era preciso comenzar con la transformación necesaria. ¿Quién está en condiciones de juzgar si el cambio viene de la epidermis o del corazón? En el presente caso, dudar de la buena voluntad de la gran entente militar supone asumir la condena a muerte de innumerables campesinos pakistaníes.

La implicación de la OTAN en tan grande operativo humanitario nos obliga a revisar nuestra opinión con respecto a la mayor alianza militar de todos los tiempos. Estos hechos evidencian que vale más emplearse en ganar conciencias, que en tumbar estructuras. No se trataría tanto de derrotar organizaciones, sino de conquistar corazones. El pronto despliegue de 1.000 soldados de la Alianza en los Himalayas de Pakistán nos invita también a otra consideración con respecto al papel de los ejércitos en el siglo XXI.

En estos tiempos que vivimos de catástrofes de grandes magnitudes, las fuerzas armadas se revelan de una utilidad incontestable. Paradojas de la historia: las estructuras que nacieron para la guerra, son ahora, en alguna medida también, salvaguarda de paz, esperanza de vida. A nosotros nos toca abrirnos a esta evidencia, aceptar y agradecer estas paradojas.
La vida es el valor supremo y en circunstancias como las que se viven en Cachemira, sólo los militares y sus medios están condiciones de salvaguardarla. Las grandes estructuras están compuestas por humanos también susceptibles de evolución. No procede combatirlas. Mutan al ritmo del cambio de quienes las componen.

Con las tareas humanitarias, los ejércitos han hallado ubicación y cometido en nuestros días. Los operativos de paz y de socorro han dado legitimidad y razón de ser a unas Fuerzas Armadas tan cuestionadas a lo largo de la historia en general y de la nuestra en particular. Su descomunal presupuesto comienza a tener alguna justificación: mayormente alientan vida, ya no la callan.
Cada vez la tierra es más de todos y nosotros somos también más de todas partes. Cada vez hay menos territorios que defender y los ejércitos y sus alianzas cobran más razón de ser para llevar consuelo en situaciones extremas, alivio en medio del fatalidad y ya no más muerte y dolor. Cada vez sirven más para paliar los desastres humanitarios y menos para causarlos.

Las armas comienzan a ser “arados” de una nueva y más fraterna tierra. ¡Tornen poco a poco las maquinarias de guerra en garantes de vida y de paz! Remonten los helicópteros las alturas del Himalaya, llenen sus panzas de heridos y hambrientos, no más de bombas, hierro y metralla.

La Redacción
 

El Monte Kailas

 

Ascender a Nuestra Identidad Humana por Jorge Carvajal

Partimos de sucesivas uniones que se reiteraron en nosotros hasta converger en la humanidad. En el corazón del hombre encontramos mares interiores, tempestades, instintos, sacrificios, sublimes amores... Todo confluye allí cuando ya no huimos más de nosotros. Al interior no hay un refugio. Mar insondable, la vida es allí permanente conquista. No es una entidad estática, limitada, definida. Es una entidad, el ser, que se renueva cada segundo. En un permanente ascender al presente, se supera el límite del pasado.

En un constante soñarse la vida se convierte en el arte de renovarse. Identificarse tiene que ver con la desidentificación. Afirmarse con la negación. En el noble sendero del medio entre los extremo, puro presente, el proceso redime el ser del no ser. Y ser en nuestra condición es ser humanos. No el fósil molecular muerto; no la esquizofrenia existencial de una mente y un cuerpo divididos; no una vida en el más allá como premio de consolación por olvidarnos de vivir ahora y aquí, ni un infierno en esta vida cargando el pasado como temores y culpas.

Ser humano es un vivir asombrados y conmovidos el milagro de inventarnos todos los instantes, el milagro de ser conscientes de respirar, el logro trascendental de ser conscientes de la conciencia, la ciencia sublime de sentir que estamos vivos cuando sentimos que la vida que anima flores y trinos es la misma que habita en nosotros.

Ser humanos es cantar con la tierra la amorosa canción del regreso; volver a nosotros en todo lo otro, que está ahora y aquí, presente, para revelarnos; es reverenciar tanto el misterio del nacimiento como el de la muerte y en los dos reconocer la vida. No es del ser humano la separación, ni la violencia, ni la ciencia para dominar o controlar.

La identidad por conquistar es aquella que permite al hombre abrirse para compartir, morir al pequeño yo para nacer al yo mayor del dar. Ascender de la cantidad a la calidad, no negarse el cuerpo o el alma, no dividirse en espíritu o materia, vivir en cuerpo y alma la vida como una corriente espiritual. Donde están tus sueños se revela Su proyecto. Donde tienes el alma están Sus silencios. Donde está tu aliento respiras con el espíritu. Donde está tu corazón expresas Su amor.

Cuando te unes a tu naturaleza y descubres en la tuya la síntesis de la naturaleza ascendente, entiendes que el camino sagrado de la mente es el de pasar por la síntesis de la humanidad para ascender en cuerpo y alma al momento de la integridad. Es la vía de los reinos de la naturaleza en ti. La de la transparencia del mineral que te ha hecho sensible a la luz que dejas pasar. La integridad del vegetal que convierte luz solar en química vital. La integridad del animal que asciende del cuerpo a la manada, e inventa para las alas la bandada y para las migraciones un cuerpo de inteligencia colectiva. La integridad humana, luz convertida en intelecto e intuición, fuerza magnética de la creación expresada en amor.

Salvarnos del pecado original del separatismo que un día se convirtió en feroz egoísmo. Asumir la identidad que no separa, no la del juez, no la del culpable, no la del juicio, ni la de la culpa, ni siquiera la del ya no necesario perdón. No la de la víctima en busca de chivos expiatorios. Asumir la identidad que da la dignidad de ser esencialmente libres. La identidad que da la libertad de optar.

La identidad que permite elegir la actitud y actuar desde el pensar y el sentir no disociados. Si ya somos lo que en esencia somos, lo único que falta es dejar que sea el ser, y permitir que su luz revele el sentido de la sombra. Dejar que su fuego derrita el hielo de todas las edades para que el lastre del pasado no impida desplegar las alas y ascender al aire de la mente, el aire del alma, esa tenue sustancia que hace de nosotros seres humanos.

Jorge Carvajal Posada

Octubre 2010

 

Con Europa

 


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