Fundación Ananta

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Pensamientos de junio: mi consultorio es la Tierra

"Pero no hay que esperar a ser un médico para ser un sanador. El sanador es cualquier hombre o mujer que sea capaz de convertirse en un canal inteligente del amor. Para él la oportunidad de sanar ocurre siempre, su consultorio es la Tierra. Sus pacientes, flores, pájaros, niños, santos o ladrones, todos los que necesitan la energía del amor”. Jorge Carvajal, “Por los caminos de la bioenergética. Un arte de curar” (1995) p. 145. Editorial Luciérnaga, 2006. Imagen: amanecer en Badalona, 8 febrero 2016 (cortesía de Carmen Torres)

Coincidentes vitales (Ramiro Calle)

Es en el Mahabharata donde podemos leer que los seres somos como maderos que durante un tiempo nos encontramos en el océano de la vida carnal y luego nos separamos.  Pero esa separación, con respecto a los que llamo "coincidentes vitales", no la siento como tal, porque si como declaraba Kabir, el mar y sus olas son una unidad, ¿qué diferencia hay entre él y ellas? El cegador resplandor del misterio de la vida, eclipsa la débil luz del entendimiento ordinario. ¡Qué enigma tan grande que en millones y millones de años vayamos a coincidir en esta vida  con unas determinadas personas y...

Pensamientos de enero: cada gesto es mágico

"Cada gesto es mágico. Entonces, cuando encontréis a alguien por la mañana, no le deis los buenos días con un recipiente vacío, porque sin quererlo, sin saberlo, estáis tratando de desearle el vacío, la pobreza, el fracaso para todo el día. Diréis: "Pero esto no tiene ninguna importancia, en el mundo la gente no presta atención a estas cosas." Si la gente es inconsciente, ¿es ello una razón para imitarla? Que actúen como quieran, pero nosotros, aquí, en donde aprendemos las leyes de la nueva vida, debemos acostumbrarnos a ser conscientes de todas las cosas. Por lo tanto, cuando por la mañana...

Carvajal: Podrías olvidarlo todo salvo ser y nacer dentro de ese torrente de amor que hay dentro de ti

Conferencia sobre "La ciencia sagrada del servicio" y presentación del libro "Valores que curan", de Issabela Di Carlo, en Mallorca

12-Jul-2007. Que tu vida sea un libro que tus hijos puedan leer, que tus enseñanzas no sean palabras muertas, ni tus valores sean valores cadavéricos. Que tus valores sean el valor del ejemplo, el valor de la vida. Podrías callar y hablar desde tu respiración, desde tu actitud y desde aquello que estás haciendo con corazón. Podrías inclusive olvidar las técnicas de meditación y de oración. Podrías olvidarlo todo salvo ser y nacer dentro de ese torrente de amor que hay dentro de ti.

Un libro es un florecer del alma. ¿Cuántas lágrimas, cuánto dolor, cuánta luz, cuánta alegría hay en las páginas de un libro? Son páginas de vida. Yo se que allí hay no solo papel, no solo memoria, sino carne, sangre, claridad, claro oscuros de la vida, todo está allí en ese libro.

Cuando miramos la primera página Issa nos hace una bella invitación, y a mi me conmovió. Esa invitación es ¿bailamos? Yo no se bailar, pero mi alma bailó.

Danzamos. La vida es una danza, si servimos la vida es una danza. Pero detrás de esa danza hay un canto y detrás de un canto una nota sagrada. Esa nota sagrada es la nota del alma.
Cuando hablamos de valores, ya no son valores del tener, no valores de uso o de cambio, ni los valores de la bolsa, sino esos valores que valen para ser. Son esos valores que han surgido del ser: su familia, su esposo, Andy, Dani, su viejo Uruguay, su Uruguay renovado en su corazón, su ciudadanía planetaria.

Cuando entramos en contacto con esos valores que sanan nos encontramos con algo sagrado, y eso es la psicología, la verdadera psicología. Yo conocí hace nueve años a una psicóloga, bueno, conozco muchos psicólogos, pero esta era como rarita, estaba en un seminario en Cuernavaca, lo recuerdo muy bien, estaba en primera fila. Issa siempre está en primera fila. Es una guerrera aunque no diga nada. Desde el silencio, desde la sencillez, casi al borde de la timidez, pero con ese compromiso del alma.

Yo veía allí a esta mujer, en primera fila en el seminario, hablé con ella en el intermedio y me encontré con un intelecto brillante. Pensé para mis adentros: otra intelectual. Hay tantos intelectuales por allí, hablando de psicología, recitando conocimientos, repetidos y automáticos, hablando de las experiencias de otros. Hablando no desde la vida, sino desde la memoria y del conocimiento.

Luego vino una segunda sesión en el seminario y hablamos un poco del alma. De pronto la miro y me encuentro con el brillo de sus ojos, que se inundaban de lágrimas de ardor; una psicóloga que se conmovía, una profesional a la que le hervía el corazón, que podía encender el fuego del amor en su corazón. Entonces supe que la psicología tiene alma, porque el alma está en la gente, está en ellos, está en ella.

¿Es la psicología la ciencia de la conducta? No. La psicología es una ciencia sagrada, es la ciencia del alma humana y supe aquel día, hace nueve años, del valor y la elocuencia de sus lágrimas. En cada silencio, en cada mirada, en cada sonrisa, en cada lágrima hay mucha más humanidad que en todas las palabras. Yo lo sé, porque yo he vivido este libro. Es elocuente en todo lo que dice, pero tiene aún más elocuencia en su silencio vivo, en el significado que hay detrás de cada palabra; porque cada palabra ha sido no solo pensada, rumiada y soñada, sino sobre todo vivida.

Recorriendo todo el libro como si pidiéramos hacer puntos suspensivos a través de todas las páginas y tomar solamente el comienzo y retomar el final, al final nos encontramos un ejemplo muerte y de vida. Todo el libro es una historia de vida, una historia viva, y al final surge un relato sobre un hospital, sobre un diagnostico académico, más o menos frío, y sobre la soledad de una uruguaya a quien le toca vivir en el norte frío, la muerte de su padre. Y sucede un milagro… pasa una enfermera. El milagro es que es una enfermera con alma, es un ser humano, y más allá del pronostico, del diagnostico, y más allá del lenguaje intelectual y profesional, lee su angustia, su necesidad y su mirada y la abraza. Entonces Issa nos comenta de la profundidad del tiempo…

Hay segundos que no pasan y no pueden pasar nunca. Hay tiempos que no son tiempos del reloj, que son tiempos sagrados, profundos, interiores, tiempos del alma, llenos de significado. En ese abrazo, fuego del alma y ese abrazo nunca acaba de pasar. Y ese abrazo la sigue encendiendo y en ese abrazo el abrazo de la humanidad. En ese abrazo toda su psicología profunda, su maternidad, su profesionalismo, su intelecto, su intuición, su corazón, su compromiso, su compromiso vivo.

Entonces yo me encuentro en Issa el fuego ardiente del amor, de la pasión por la vida y se me alegra el alma de sentir en todas partes, que ese fuego se está encendiendo. Que no hay que ser psicólogo, ni médico, ni psiquiatra, ni místico, ni científico, simplemente habría que ser humanos.

Con ella hemos soñado un proyecto hace mucho tiempo. Este proyecto se llama DAVIDA, es un proyecto de servicio, para que por Internet se den otras cosas, para que demos el corazón, el pensamiento, el sueño, la esperanza, para que sembremos las semillas de una nueva cultura planetaria. Este ha sido nuestro sueño.

Ella pacientemente, diligentemente, nos ha acompañado, ha sido la editora de la página. Ha estado allí en las verdes y en las maduras, en los días brillantes y en las noches más oscuras. Ha estado allí permanentemente, incondicionalmente, impersonalmente.
Entonces hoy vamos a hablar de esa ciencia, de la ciencia sagrada del servicio. Vamos a reconocer que el servicio es otra cosa. No es dejar caer migajas, no es acallar la conciencia, no es dar de lo que nos sobra, es entregarse, es rendirse, es dar la vida; no conocimiento, sino esa sabiduría viva de la vida que fluye en nosotros cuando podemos de veras amar y el genuino amor es incondicional, es amor del alma.


En los primeros instantes de la creación, el Gran Servidor del mundo sembró las primeras semillas de la evolución. Entre ellas los electrones con toda la dinámica que mueve de tu energía, y germina en el movimiento.

La vida es un plasma electrónico activado y los electrones están saltando ahí en tu corazón. Toda la materia prima de este universo había sido creada antes del primer milisegundo: protones, neutrones, fotones… Todo en la creación estaba preparado para que apareciera el Observador. El Observador es un Creador que aparece cuando hay una grado de conciencia crítico. La misma materia es espiritual, hay Espíritu sumergido en la materia. La materia incuba al Espíritu y va ascendiendo, pura, a través de nosotros.

Encontramos en el mismo programa del átomo el destino del hombre. Primero la gran expansión: el Amor se expande, luego el corazón cósmico se contrae. Son los primeros sistemas solares. El Creador Llena el mundo con la inteligencia de la materia. Después viene la contracción.

Primero el amor se expande y luego se contrae. Surge un sistema solar regido por el amor. Leche cósmica para alimentar los nuevo planetas brota del corazón de las supernovas y llena la materia con la inteligencia del Creador.

Intuimos así más allá de la entropía, que nos arrastra hacia la muerte, un principio antrópico humanizador que vislumbra la humanidad inscrita en el plan. En estos planetas donde nace la vida está inscrito el programa de la creación desde el primer instante y así podemos continuar la creación. No somos polvo de estrellas, somos producto de la misma conciencia estelar. A través de nosotros pasan todos los reinos: el reino mineral, el reino vegetal y el reino animal, con toda la inteligencia de su evolución se sintetizan en nuestro corazón para que podamos ascender al reino de luz. Nos sumergimos de lleno conceptualmente por lo menos en esa mágica corriente de la vida que es a su vez una gran corriente de servicio.

¿Para qué servimos? Esa es una pregunta esencial. El servicio es una condición de la creación. En el servicio revelamos la esencia de las cosas, su cualidad. El servicio inteligente nos permite ir más allá de la apariencia, pues la conecta con la esencia. El servicio conecta los sentidos al Sentido y nos da razón profunda de vivir, nos da un Norte. Nos permite darnos para renovarnos. Nos permite entrar en la gran ley de la vida que es la ley del corazón.

El corazón se da a cada segundo. No requiere nada. Si retuviera a cada segundo una sola gota de sangre, al cabo de una hora estaríamos al borde de una insuficiencia cardíaca congestiva y en un día ya estaríamos muertos. Todo aquello que el corazón recibe lo da enriquecido, renovado, lo da cargado con su oxígeno. Esa es la ley de la vida inscrita en la misma fisiología: vivir es dar, es darse, es entregarse. No es dar de lo que tienes, es dar de lo que eres, tu conciencia, tu tiempo…

No hay nadie que sea tan rico como para no necesitar recibir y no hay nadie que sea tan pobre que no tenga nada para dar. Dar de todas las maneras; en todo caso dar de ti. La vida nos hizo un regalo cósmico, sembró semillas del plan en la tierra de nuestra conciencia y esas semillas pueden germinar y multiplicarse como cosecha abundante de la vida en nosotros.

La vida sembró en nosotros una semilla mineral y ahí tenemos el hierro cósmico de los glóbulos rojos que vino de una supernova. El hierro no es de aquí. Ninguna partícula es de la tierra...

Por el mismo núcleo del hierro somos extraterrestres que habitamos la tierra. Somos hijos del corazón de las estrellas. Del mismo núcleo de las estrellas nos vino el calcio y la inteligencia de las células. El calcio se convirtió en canales que nos permiten crear corrientes eléctricas y hacer la comunicación desde ese núcleo.

La vida nos regaló el magnesio que está en el corazón de la clorofila. Nos regaló el fósforo que enciende tus neuronas, nos regaló electrones, calcio, hidrógeno, oxigeno, nitrógeno… para construir el sustrato de la vida , las proteínas. Nos regaló los minerales adecuados… para que esas proteínas se convirtieran en enzimas y la magia de la vida pudiera subir a través de nosotros. El reino mineral es un portador de la luz cósmica.

La vida nos regaló patrones de ordenamientos. De esta forma los átomos de carbonos duros se convierten en diamantes, duros al tacto, pero blandos a la luz, porque la dejan pasar y la revelan. Cuando las moléculas se ordenan y son coherentes se forman las gemas. Las piedras son preciosas no por su sustancia, sino por su patrón de organización interior, contienen una geometría fractal que se va ordenando para dejar pasar la luz.

Estamos aquí para dejar pasar la luz, para desarrollar la transparencia, para ser transparentes. Esa luz ya no es la luz del sol, es la luz del amor. El servidor enciende la luz y revela la luz. El servidor ha alineado su personalidad. Ya no es sólo cuerpo físico, sino que está magnetizado por sus sentimientos positivos, que le llevan a dar lo mejor de sí. El servidor ha conquistado su campo de conciencia mental. Conoce la ciencia sagrada del servir. Sabe que hay un momento para sembrar, un momento para cultivar, y un momento para cosechar. Conoce la ciencia del ritmo y de la oportunidad. Ha despertado su inteligencia. En el servidor hay genuino amor. No es un amor ciego y mercenario, es un amor con discernimiento, valiente.

El servidor reconoce la necesidad del otro, es el maestro de la necesidad. Reconoce lo esencial y, así, da de lo que el otro necesita. El servidor posee ese genuino amor impersonal que implica tanto el intelecto como el corazón. Servir no es necesariamente construir hospitalitos aquí y allá y hacer paternalismo, sino genuino amor personal. A lo mejor no hacemos nada afuera, pero sí damos nuestra compañía, nuestra oración, nuestro pensamiento, nuestra actitud, nuestra mano amiga…, estamos entrando de lleno en esa corriente vivificante del agua abundante de la vida, el servicio.

Servicio no es necesariamente lo que se ve afuera, es lo que se construye desde adentro porque es producto de la coherencia. El servidor es un devoto que ha hecho de su vida algo sagrado. Su devoción es por Dios, pero ha aprendido a ver a Dios en la humanidad. El servidor es también un devoto de la sombra, porque ama los lugares donde hay sombra y es capaz de llevar su luz allí. El ha aprendido una bella lección que está inscrita en esa conciencia cósmica que llamamos reino vegetal.

¿Qué tal si las raíces no tuvieran devoción por la oscuridad y por la sombra y por la tierra? No habría flores. Por eso estamos aquí. Dios nos tiene aquí porque hay oscuridad. El problema de la oscuridad no es el problema de la sombra, es el problema de aquellos que tienen un poquito de luz. No tenemos que atacar al mal, ni siquiera a los gobernantes, tenemos los gobernantes que nos merecemos. Tenemos la tierra que todos, por acción o por omisión, hemos contribuido a crear. No es cierto que la tierra esté dividida en fronteras. Somos el mismo cuerpo de Cristo. Por nosotros corre una misma savia. Si cortamos su circulación, la responsabilidad es sólo nuestra. Estamos unidos por un mismo tronco, estamos nutridos de la misma raíz. Podríamos disfrutar todos de la misma savia viva del dinero, de la cultura, de los bienes de la tierra, de la energía…

Deberíamos aprender de la devoción del reino vegetal. Podríamos descender a la profundidad de la dura roca para disolverla. Llevar nuestra lágrimas conmovidas a los lugares difíciles donde no hay solidaridad, donde no circula la savia. Hemos de reconocer que la tierra somos nosotros. La tierra es con nosotros. El servicio tiene que ver con la ciencia sagrada de la devoción. La devoción no rechaza la sombra. No rechaza los impulsos, no rechaza a eros, sino que reconoce que eros y logos están unidos en una misma corriente de conciencia.

Aprender la ciencia sagrada de la devoción y reconocer como el poeta que lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene de sepultado. Que no es posible alcanzar el gozo sin haber sufrido. El dolor no es lo contrario del amor sino su revelador, armonía de los opuestos, que en el amor son complementarios. Disfrutamos de la belleza de la luz y de la oscuridad que se reúnen en la aurora y el crepúsculo.

Podríamos aprender de reino vegetal que también vive en nosotros, la ley de la armonía, de la devoción, del amor incondicional. Almacenar la luz, asimilarla y proyectarla al planeta en un servicio que va hasta el sacrificio. La nota clave del alma es el servicio pues el oficio sagrado del amor es el sacro oficio del alma. El ritual del amor se oficia a cada instante en el corazón cuando despertamos a nuestra humanidad.

Podríamos aceptar el regalo de la sombra y vivir la caída, la enfermedad, el fracaso, la separación…, como un necesario aprendizaje. Vinimos a aprender y aprender es encender un fuego interior. Podríamos ver como el vegetal crece por la sombra hacia la luz. El tallo busca la luz. Sin la sombra no podríamos orientarnos hacia la luz. Allí donde hay sombras, hay crecimiento .

La caída es un bello regalo. Pierdes la salud pero la salud perdida es tu maestro, tu enfermedad te enseña cuánto vale la salud. Mueres clínicamente, regresas y ¿qué pasa? Cambia tu conciencia, tu vida, tus relaciones y tus valores… Se acabó la prisa, el afán de poseer. El único afán es el de ser uno con el ser, uno con los otros.

Tenemos otra bello aprendizaje en el proceso de florecer Podríamos aprender del regalo de una flor, más allá de su perfume y su color. Aprender la estrategia de la flor para abrirse, para abrir sus pétalos y revelar su luz y aromar, revelar el cáliz y la promesa de la semilla y la promesa del fruto. Aprender de la flor que cuando se muere sale el fruto. El fruto maduro se cae por su propio peso. El fruto es blando y dulce y entonces puede alimentar la vida y multiplicar el programa del Creador en la semilla que cada uno de nosotros somos. Observemos el regalo de la flor y aprendamos con ella que vivir es abrirse a la vida, abrirse al amor y aromar… ¿Cuál es tu perfume? ¿Cómo has aromado más allá del desodorante y del perfume exterior? ¿Cuál es el aroma de tu vida? ¿Has aromado, has perfumado hoy la atmósfera de tus hijos, la de tus hermanos, de tu mujer...?

La flor es puro crecimiento. Su crecimiento es rápido y su vida corta. Su tiempo es un tiempo intenso, profundo. El crecimiento verdadero sucede por el centro, no por la periferia. Cuando la flor crece por la periferia se cierra a la luz. En el crecimiento céntrico sucede el milagro de la apertura a la luz.

¡Que tu crecimiento no sea periférico, sino central! ¡No sea el de tu capital, el de tu forma, el de tu armadura, de tu apariencia, de tu personalidad…, sino el de esa esencia desnuda que contiene en ti la semilla del Creador, porque entonces vas a servir a la vida y vas a madurar y revelar el plan de la semilla y así entregar el fruto a la humanidad y nutrir la humanidad…!

Podríamos crecer desde el centro. Cuando una flor se cierra crece por la periferia. Nosotros también nos cerramos a la luz cunado vivimos para las apariencias o las formas externas.
Vivir es muy simple. Vivir es ejercer de aprendiz, y éste es el alma que sirve y que está los pies del maestro, del hijo, del hermano, del pájaro, del árbol, del río, del gobernante, de la humanidad… Si vives como aprendiz estás en tu centro y puedes disfrutar la vida. La vida es como una rueda a gran velocidad. En la periferia rige la fuerza centrifuga. La vida nos alcanza en la periferia no más que para sobrevivir. Pero hay un ojo del huracán, un lugar de máxima quietud, donde recibes la conciencia del ser y ese es el centro de la rueda.

El reino de los cielos es el reino la inocencia y de los procesos, del crecimiento permanente. Cuando eres inocente puedes fluir como los niños. Podrías nacer y brotar como un manantial fresco. Ese es el eje de la rueda de tu vida. Podrías permanecer siempre en el eje de la vida. Podrías estar en tu centro, ser el aprendiz inocente y sensible. Sólo tienes dos posibilidades: o vives o te mueres lentamente. O aprendes y enciendes ese fuego interior en tu corazón o simplemente sobrevives y vegetas como la víctima en la periferia. La víctima no puede servir. Su pregunta no es qué es lo que yo voy a dar a la vida, sino qué es lo que la vida me va a dar a mí. Es una pregunta que nace del egoísmo de vivir en periferia.

Vivir es también recibir la herencia del reino animal. El regalo de este reino es el primer camino hacia la libertad. Ya no tenemos raíces, ya no estamos sólo en un único sitio, tenemos patas y nos podemos mover. Empieza el embrión del instinto que nos conduce por el sendero de la evolución hasta el libre albedrío. El instinto animal es un regalo de tal naturaleza... Qué magia hay en esos perritos que llevan los viejitos por las calles de Paris? Ellos son su familia, pues quizás perdieron a sus hijos...

Seis millones de niños mueren anualmente de hambre. Con un poquito de nuestros desechos se podrían salvar, con un poquito de nuestra amistad y solidaridad y de generosidad podrían vivir. Un poquito de lo que nos sobra es exactamente lo que precisan esos niños para sobrevivir. Hay un millón y medio de niños ciegos. Con un poquito de vitamina “A” los podríamos salvar.

Mientras mueren 6 millones de niños de hambre, hay 6 millones con malnutrición severa que no se van a morir. Posiblemente haya otros 300 millones de niños con desnutrición moderada que tampoco se van a morir, pero que han malnutrido su cerebro. Un cerebro no nutrido no es un cerebro de paz, es un cerebro sin amor y nuestros hijos se van a encontrar con ellos en las calles. ¿Qué va a pasar entonces?

¿Donde está nuestra humanidad? Es muy cómodo hablar de humanidad y no comprometerse con ella. Es cuestión de comprometernos, no de culparnos. Es cuestión de sentir nuestra humanidad e implicarnos en esa gran corriente que nos puede permitir conquistar el más bello de los valores que es la solidaridad. La más bella oportunidad de ser felices es ser solidarios.

Los estudios demuestran que el principal agente de felicidad es hacer felices a otros. Un gobernante es feliz porque hace felices a sus súbditos, una madre porque hace lo propio con sus hijos… Un budista, un bodhisatva, un meditador, un servidor del mundo… es feliz porque hace el vacío y a través del vacío lograr la plenitud y través de ella el éxtasis que es la entrega total a la corriente del Ser.

Podemos encontrar la posibilidad de servir aquí y ahora. Podríamos dejar de criticar a nuestros gobernantes y saber que la energía sigue al pensamiento. Aunque no estemos de acuerdo, es preciso enviarles lo mejor de nuestros pensamientos y oraciones para que se puedan iluminar y hacer lo mejor.

Podríamos llevar luz a nuestros médicos y a nuestros sistemas médicos, pues ellos también son víctimas de una macroeconomía, de la formación, de un sistema regido por la posesividad, la explotación, la violencia... Podríamos ayudar a limpiar las atmósferas astrales emocionales de la confusión.

La ciencia del valer no puede estar separada de la ciencia del ser. Vales por lo que eres. Se trata de reconocer los tres valores esenciales: el amor, la paz y la libertad, valores que nutren nuestro ser. Con la paz nuestro cuerpo físico está en armonía. Con amor el cerebro, concretamente la parte que rige las emociones, está nutrido. Cuando tenemos libertad nutrimos también nuestro cerebro humano, ese cerebro que nos ha sido regalado para la evolución, para crear.

Servir es la única manera posible de vivir humanamente. Servir es actualizar el ser, es convertir una esencia posible en una existencia real; es convertir un potencial humano infinito en una fuerza externa activa y efectiva, que sea transformadora y transmutadora del mundo. Servir es el canal que conecta el ser a la existencia.

Somos sí y pero es preciso demostrarlo. Servir es participar de esa corriente que conecta toda la evolución en el seno del cuarto reino de la naturaleza, que es el reino de la humanidad, con el quinto reino, que es el reino de las almas.

Podrías sembrar un árbol, siémbrate. Tu eres un árbol, el árbol de la vida. En cada paso vas fecundando tus caminos y en cada primavera puedes florecer. Podrías escribir un libro, escríbelo, no tienes porque ser escritor. Escribe en el libro vivo de tu piel con tus caricias, en el libro de tus ojos con tus miradas. Escribe en el libro de tu corazón. Graba con el fuego de la vida.

Que tu vida sea un libro que tus hijos puedan leer, que tus enseñanzas no sean palabras muertas, ni tus valores sean valores cadavéricos. Que tus valores sean el valor del ejemplo, el valor de la vida. Podrías callar y hablar desde tu respiración, desde tu actitud y desde aquello que estás haciendo con corazón. Podrías inclusive olvidar las técnicas de meditación y de oración. Podrías olvidarlo todo salvo ser y nacer dentro de ese torrente de amor que hay dentro de ti.

Esa es la invitación. Servir es vivir. ¡Que bueno que volvamos a vivir!

Fundación Ananta
Davida-red

"Estar presente" por Carmen Santiago

Cuando estás presente, la vida entera se revela como un canto de gloria. Cuando estás ausente, la vida es un sucederse de eventos que te llevan de un lado a otro, dejándote una sensación de vacío, de sin razón. La vida moderna, que es una vida de consumo, ante la ausencia de quien la habita, busca llenar con cosas lo que sólo se puede llenar con vida. Y así, el habitante de cualquier ciudad de nuestro mundo moderno deambula por sus calles buscando qué comprar, qué desear, por qué luchar, para sentirse que vive, sin darse cuenta que para vivir no se necesita consumir sino estar presente.


Todo se resuelve con la Presencia. Y la Presencia eres tú, el verdadero, el real, no la copia o el modelo en serie de las pasarelas de moda, sino el que vive en tu cuerpo, el morador de tu mente y sentimientos, tu verdadero ser.

Hay momentos en los que uno se pregunta, ¿dónde estoy? Y cierra uno los ojos para buscarse y la mente no deja de emitir imágenes, una tras otra sin parar. Uno se fastidia, abre los ojos y deja de meditar. O se hace cómplice y empieza a crear imágenes mentales de acuerdo a las creencias para por lo menos hacer un servicio, creando en los éteres mentales humanos impulsos que ayuden a otros a conseguir el sendero de servicio, un sendero que al ayudarnos a todos, mejora la vida y nos quita las pesadas cargas de egoísmo y maldad en las que a veces nos encerramos y nos ausentamos más.

Cada quien trabaja desde donde puede, y cada servicio es válido para aquellos a los cuales va dirigido. Ante la infinita gama de canalizaciones que viajan por el espacio cibernético uno se pregunta, ¿será que los Maestros no tienen otra cosa que hacer que comunicarse? Pero hay que reconocer que ésta es la pregunta de una mente analítica y crítica, la típica mente del que tiene que trabajar mucho rompiendo esquemas mentales para poder estar presente.

Hace algún tiempo esto me preocupaba, ahora lo celebro, porque cada una de esas canalizaciones va a un número de seres que les sirve y utilizando esa información dan pasos adelante en la vida. Aunque sean pasos ascendentes en el astral, ascienden y el que toma el camino ascendente en la conciencia, un día, tarde o temprano, llegará a la Presencia.

La vida es un aprendizaje, y cuando aprendemos a distinguir por vibración, que es, podríamos decir, distinguir por el olfato, se puede reconocer la procedencia de la inspiración y utilizarla de acuerdo a la necesidad del momento. Ésa es la clave. Más que otra cosa hay que desarrollar el olfato, reconocer por vibración. De ahí la importancia de estar al lado de un ser que habita en la Presencia porque nos enseña, sin palabras, a reconocer la vibración maestra porque nos la da. No es lo mismo hablar de agua que mojarse, o saber todo lo de la naranja que comerla. La experiencia, la vivencia es la más útil de todas las enseñanzas, la que se graba, la que no se olvida.

En un mundo de espejismo se asciende de un espejismo más denso a uno más sutil. Por lo tanto podemos afirmar que hay espejismos útiles creados por los Maestros como escalones a través de los cuales sus discípulos ascienden para algún día llegar a la Presencia, ser la Presencia, la Presencia que habita el presente que es, como decía Conny Méndez, brillante, radiante, sin tiempos, ni limitaciones, sin edad … que es parte del océano de luz purísima donde tiene su vida todo lo que contacta tu ser …

Lo que no podemos hacer es quitarle a alguien su espejismo si no es capaz de ascender a nuestra creencia, que puede ser también un espejismo que llamamos “realidad”. Cada cosa que nos sucede tiene un motivo, una enseñanza, una verdad oculta. No hay que olvidar que cada espejismo vela una verdad. Por ejemplo, el espejismo de la solidez de la materia proviene de una gran verdad, que la materia es energía y por lo tanto, la percibimos como sólida, porque materia y energía son intercambiables. Los mundos de los reflejos, el del intelecto, las emociones y el cuerpo, son mundos que reflejan una Verdad. El intelecto es el reflejo de “manas”, el Pensador; el mundo de las emociones es un reflejo del Búdico, el mundo de la intuición y del amor divino y el físico es el reflejo de Atma, el plano de los arquetipos sagrados, del Prototipo divino, de la Voluntad. Son proyecciones de una Verdad, y tienen oculto la clave de la liberación y retorno al mundo desde donde se proyectan.

Cuando la creencia, el espejismo, tiene, ciertamente, marcado el camino descendente, el camino que degenera, densifica, degrada, esclaviza, podemos intervenir para disolverlo utilizando todas las técnicas de disipación y estaremos haciéndole un servicio a la vida.

Mirando los cuadros de Nicholas Roerich parece que estuvieran hechos para que, a través de su belleza, uno hiciera contacto con la Presencia. Uno puede penetrarlos y entrar en otros estados de conciencia más sutiles y con más grado de verdad que lo que puede aportar la mente y sus interminables detalles. Como la tela de una araña, la mente va tejiendo y tejiendo. La araña no se enreda en su tela, pero la mente queda atrapada y si no se cuida, queda incapacitada por sus mismos hilos. Hay que saber cuando parar de tejer para disfrutar de la tela y desde allí, desde el conocimiento, buscar la sabiduría y desde la sabiduría, la Presencia.

“Maestro, una vez te pedí tu Sabiduría, ahora te pido Tu Presencia. En ella está contenido todo. Bendíceme, mírame y seré la Presencia. Y aunque vuelva a mi estado personal de separación, para poder seguir viviendo en este mundo de espejismo, habrás dejado una huella indeleble en mi corazón, certera, ígnea, que será, de ahora en adelante, el sendero que recorreré, el sendero de la Presencia, el sendero del Fuego, el sendero del “Yo Soy”.

Con amor profundo, Carmen Santiago
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“Mi deber ser es el presente.
Soy como el árbol (los árboles mueren de pie)
Soy como el águila,
Mi alma busca los espacios del cielo eterno.”

José Godoy

Hisham Kabbani: En el verdadero paraíso el amor nunca se acaba

El sabio sufí de reconocimiento internacional defiende un Islam basado en la paz

13-Jun-2007. Otro Islam también es posible, aunque a sus abanderados les cueste cuanto menos el descrédito, aunque su credo inflamado de amor y poesía no goce precisamente del apoyo de otros fieles más beligerantes.Hisham Kabbani pertenece a la comunidad musulmana-sufí de América y es firme defensor de un Islam basado en la paz, la tolerancia y el amor.


Clérigos musulmanes más tradicionales marcan con él distancia, pero no por ello se arredra este incansable sabio sufí. No hay más que darse una vuelta por Internet de la mano de Google para comprobar hasta que punto es denostado esta “Desviación esotérica del Islam”.

Sin embargo en Europa y América se ha sentido muy bien acogido este líder sufí de mirada y sabiduría profundas, de mente abierta. Por eso le reclaman para impartir conferencias y cursos desde las universidades americanas y ahora también desde los centros académicos en España, en su actual gira. Por eso ha mantenido también en nuestro país entrevistas en el Misterio de Asuntos Exteriores al más alto nivel, con la finalidad de contribuir al progreso de nuestra convivencia multicultural. Nació en Libano, tiene cuatro hijos y a comienzos de los noventa, a requerimiento de su maestro Shaykh Nazim, se trasladó a los Estados Unidos. Allí ha abierto un total de 13 centro sufíes.

Las puertas se le cierran en diferentes ámbitos del Islam, y sin embargo se le abren en los espacios de espiritualidad abierta y no doctrinaria. Su Islam cargado de hermosos cantos, de mística y de voluntad de confraternización es muy bien acogido en círculos de nueva conciencia o nueva espiritualidad.

No obstante los ataques del Islam más fundamentalista hacia sus postulados, Hisham Kabbani trabaja incansablemente por la paz. Ha contribuido a pogramas de ayuda y socorro en Bosnia, Kosovo, Afghanistan, Iraq, Somalia y su Líbano natal. Ha respaldado iniciativas de paz en Oriente Medio, Bosnia, Kashmir, Afghanistan y Kosovo. Kabbani trabaja también con gobiernos musulmanes en aras a restaurar las antiguas prácticas islámicas y prevenir el incremento del radicalismo.

El encuentro que con él mantuvimos se desarrolló en un domicilio particular en el centro de Madrid. A él acudieron, además de su particular séquito, personas de Iglesia motivadas por el diálogo interreligioso. Concretamente había jesuitas, franciscanos y gentes de comunidades de base.

Hay barbas blancas de pega y las hay de auténtica y genuina sabiduría. Hisham Kabbani vestía las genuinas, tal como pudo comprobar Fundación Ananta, a lo largo de esta charla informal. El diálogo arrancó con reflexiones metafísicas sobre el espacio y el tiempo, en las que este hombre culto, a caballo ente la tradición y la modernidad, hizo valer los argumentos de la propia física cuántica y subrayó la importancia de la “unión íntima con Dios”. Para Kabani, tal como reza la propia tradición islámica, el santo es “el amigo íntimo de Dios”.

Tras estas disquisiciones metafísicas, ya surgieron las primeras preguntas más comprometidas:

¿Se puede ser a un mismo tiempo cristiano y sufí?

Por supuesto, nadie te puede pedir que renuncies a tu amor por Jesús. El sufismo cree en Jesús. Los sufís que no aman a Jesús están fuera del sufismo. Jesús vino a la tierra en un momento crítico de la historia con una misión de salvación. Vino a ayudar a los hombres y a evitarles caer en males mayores.

Si dejamos de amar a Jesús dejamos de amar el camino de Dios. El sufismo no te pide que te quites la cruz. Hay musulmanes, que con su comportamiento, han traicionado a Mahoma.

¿Anunció Jesús la llegada de Mahoma?

“Después de mi vendrá Otro…” dijo el propio Jesús. El mismo ángel Gabriel que se le manifestó a la Madre de Jesús, es el que inspiró a Mahoma el Corán, el que le indicó cómo rezar. Hemos de tener en cuenta que Mahoma era iletrado.

Los musulmanes admitimos la existencia de toda una cadena de verdaderos profetas. Mahoma es el que sellaría esa cadena.

¿Hay alguien que no este incluido en la misericordia de Alá?

Dentro del propio Islam hay diferentes opiniones. Nuestra opinión concreta es que Su misericordia engloba a todo el mundo, pues todos los humanos son creados a través de Él. El Señor nos ha dado vida con su infinito amor y no podemos pensar situarnos fuera del alcance de esa misericordia sin límites.

Cuando un hijo se porta mal su padre no lo tira al fuego. Igualmente ocurre con los hijos de Alá. No puede castigar a sus amados.

¿No importa el credo que profesemos?

Todos seremos benditos. El profeta Mahoma intercederá por todos nosotros, tanto para los que lleguen a la meta, como para los que no la alcancen.


¿Si Dios es unidad, por qué hablamos como si estuviéramos separados?

Somos gotas en medio de un Océano de unidad. Por más que en determinados momentos nos podamos sentir separados de ese Océano, de Dios venimos y a Dios retornamos. Al retornar a Dios ya no seremos más gota, sino Océano.

¿Hay un solo camino para llegarnos a Dios?

Los caminos hacia Dios son tan infinitos como las respiraciones del hombre.

¿Qué sabemos desde la tierra del Paraíso?

Vivimos un mundo imaginario, un paraíso de comida plástico. Sin embargo hay un Paraíso de comida pura y fresca que no se puede comparar de ninguna de las formas a éste. En el verdadero paraíso el amor nunca se acaba. Todo lo que allí existe es fuente de placer sin fin en presencia del Señor.

¿Tenemos que ir, por lo tanto, a por la “comida fresca”?

Así es. Somos como niños que aún no sabemos distinguir la comida fresca y nutritiva, de la “comida basura”.

Pautas sencillas llegar a Dios…

Tres pautas. Primero, dile a Dios todos los días: “Creo en ti, Tu eres mi Creador y yo soy tu siervo”. Segundo, ama a todos los seres , a toda la Creación. Tercero, destierra de ti todo mal sentimiento y di con covencimiento “Yo perdono a todo el que ha hecho daño”

Si cumples con esos tres sencillos preceptos, no será siquiera necesario que acudas a la mezquita o sinagoga.

Pautas sencillas para demostrar ese amor por Dios…

Cuando te despiertes haz una postración mientras que dices : “Oh Dios, Tú eres mi Señor y yo soy tu siervo”. Igualmente otra postración al mediodía, antes de la caída del sol y después de la caída del sol. Si no puedes postrar tu cuerpo, simplemente inclina tu corazón.

El sol va también avanzando en esa tarde de los credos que se reencuentran en una apretada sala de estar. La tertulia va llegando también a su fin. Cuando ya parecían las palabras agotadas, es cuando surge el canto sufí en toda su poesía reveladora, con su ritmo creciente y cautivador. Dos jóvenes del séquito de Hisham Kabbani nos deleitan con finísimas melodías, cuyas estrofas todos los presentes acompañamos con gozo …

Tu eres un rayo de Sol.
Yo soy un rayo de Sol.
No existimos. Solo hay el Sol.
La y la y la y la la…

Fundación Ananta

La fe que no perderemos (12-6-07)

Reflexión ante el anuncio de la ruptura de la tregua por parte de ETA

Tras el anuncio de la ruptura de la tregua por parte de ETA el desafío se alarga. Junto a la gravedad de la noticia, podemos sin embargo constatar un aspecto alentador: hay una fuerza interior que se ha ido incrementando en la adversidad de todos estos años. Hay una fuerza silente que no alcanza titulares, pero que es innegable conquista en el ámbito particular de muchos ciudadanos. La travesía hasta la paz nunca será gratuita siempre y cuando logremos que el odio no anide en nuestro fuero interno.

Tras el 5 de Junio afrontamos una prueba titánica de fe, confianza en la acción policial y en una presión social que terminará por ganar el sentir de quienes hoy con su comunicado dinamitan esperanzas. La fe nos otorga el sentimiento de compasión para con las víctimas y victimarios, al tiempo que nos permite seguir plantados firmemente ante la barbarie. La fe nos permite vislumbrar el final de este largo túnel, seguir clamando sin revanchismos por el fin de esa violencia inhumana.

Al final de todos estos años de activismo por la paz, sólo desde una profunda y sólida fe podemos afrontar el mazazo del final de la tregua. Fe no necesariamente en el estricto sentido doctrinal católico, fe en el más amplio sentido de afirmación final del alma personal y colectiva; convencimiento de que los valores supremos de la razón y la convivencia armoniosa saldrán victoriosos y se instalarán por siempre; fe en que la bondad vencerá a la iniquidad; fe de que, pese a las malas noticias de hoy, nos aguarda un futuro de genuina paz, inaugurada por la anchura de miras, el perdón y la reconciliación.

La fe desborda los cauces de la religión institucionalizada. Más allá del dogma heredado, está también la fe en la humanidad, en la belleza y la luz intrínseca del humano, por más oscuridad que eventualmente manifieste; fe en que las gentes y los pueblos no avanzamos a la deriva, en que con estas pruebas maduramos, fe en un merecido amanecer que se resiste más de lo esperado.

Muy probablemente todo este pasado y presente convulso no ha sido en balde. De hecho una profunda carga de paz se está ya sedimentando en el alma ciudadana, ante los embates de la amenaza y el terror, al responder a los violentos sin rencor.

A la vuelta de todo lo que hemos andado por la paz, sólo nos queda persuadir en el empeño y jamás caer en la desesperanza. No dejemos de creer que, más pronto que tarde, será la buena nueva de las armas hechas arados, de la desaparición definitiva de ETA. Fortalezcamos la fe intangible de que la paz florecerá, de que iremos ganando el sentir de quienes ven en el terror ajeno progreso propio; fe prodigiosa de que la sinrazón no se perpetuará, de que vivimos el final de un tiempo de duras pruebas.

Un día miraremos para atrás y contemplaremos este tiempo del azote de la violencia como un difícil episodio superado, pero no como una experiencia baldía, pues el dolor habrá de seguro traído para entonces su debida recompensa de tolerancia y de luz.

Fundación Ananta

Melloni: En India salía a la calle a ser bautizado por las miradas de la gente

Entrevista a Javier Melloni

4-Jun-2007. Oriente es la “debilidad” que nutre buena parte de su pensamiento lúcido y rebosante de fe. Se escapa en cuanto puede para volver con todos sus silencios y sonrisas encima. Le buscan por todas partes a él y a su discurso convencido, pero él cuenta los días para retornar a esas calles de la India y quitarse nombre, camisa, zapatos… y sonreír sin marca, sin atributos, por su puesto sin credo. Él anhela volver a lavarse en la fuente de la esquina y ser sólo un humano más entre los humanos que festejan la suerte del agua en cada mañana.


Cada tres o cuatro años vuelve unos meses a esa geografía urbana colmada, donde busca “ser bautizado por las miradas de la gente”. Cotizado teólogo que se lo pelean por doquier para impartir cursos y seminarios, antropólogo, autor de sólida obra en varios idiomas, referencia ineludible en diálogo interreligioso mundial…, pero él desea retornar a las callejuelas del incógnito y perderse entre los mil y un olores y a fuerza de perderse, quién sabe, quizás de nuevo hallarse.

Incondicional de Jesús y de Su Compañía, desconoce si el Nazareno en nuestros días sería cristiano. Le importan poco las etiquetas a este defensor de la inocencia, de la humildad y de las gentes puras.

Vive en la Cueva de Manresa, donde San Ignacio dio un giro providencial a su vida, mas no permanece encerrado, pues el mundo reclama constantemente su verbo sabio, pero a la vez actual, cercano y rebosante de fe. Hombre de estudio, no rehuye su vocación misionera: “Todos somos misioneros de todos. Misión ya no es proselitismo, sino reciprocidad. Es dejarte permeabilizar por el otro tanto como tú compartes lo tuyo con él. La misión es irradiación gratuita de lo que a ti te da vida. Compartir tu luz, pero dejando que el otro también irradie la suya. El proselitismo, por el contrario, es una devoración del otro”.

Anchos son los márgenes que propone Melloni para el encuentro de quienes comulgan en el amor de Jesús. Hay un Cristo también más allá del cristianismo que defiende con firmeza el jesuita de Manresa, sin por ello mermar sonrisa a su rostro eternamente juvenil.

Reía también la fuente mientras mantuvimos a su vera esta larga charla. Era en un patio de la Universidad de Alicante, en el marco del III Parlamento Valenciano-Catalán de las Religiones (12 y 13 de Mayo), allí donde gentes de las más diversas comunidades espirituales y religiosas, en torno al diálogo y la celebración, volvían a ser hermanas.

Está persuadido de que la gente continua teniendo sed de Dios, de que vivir es el arte de tomar y de desprendernos, de que la trascendencia es espacio de gratuidad y sorpresa, la promesa de un crecimiento sin límites. Está convencido de que interioridad y solidaridad son las dos caras de una misma moneda, de que tampoco hay más allá, ni más acá, sino una única Realidad, con multiplicidad de ámbitos y de niveles...

Melloni es cruce de muchos sentires, caminos, visiones y tradiciones... y él se crece y goza en ese jardín cada día más ancho y fértil de fraterna comunión que con tanta paciencia, ternura y lucidez ha ido labrando, junto a todos los que creen en los credos reencontrados.

Las respuestas brotan fáciles de quien contempla la vida y a Dios, “la Fuente continua de donación y receptividad”, con mirada inteligente, pero a la vez tremendamente sencilla y generosa. Arrancamos la charla con el diálogo interreligioso, “la misma Melodía tocadas por diferentes instrumentos…”, con sus artífices “peregrinos de nuestros días que integran todas las montañas…”

¿Pueden las religiones, los credos unidos volver a ser esperanza sobre la tierra?

Durante gran parte del siglo XX se anunció la muerte de Dios, el final de las religiones. Sin embargo, las religiones vuelven a tomar su lugar en la plaza pública. Ello genera desconcierto y esperanza al mismo tiempo. Porque hay un modo regresivo y otro progresivo de retomar ese lugar que se había perdido: como una nostalgia del pasado o como una nostalgia del futuro, que son direcciones muy diferentes.

El modo regresivo sería encerrarse en el pasado y utilizar un lenguaje mítico obsoleto. Una religión que somete, que impide que la gente no piense por sí misma, es sumamente peligrosa. La población más secularizada ve con temor esa corriente.

En cambio, para quienes vemos las religiones como un fenómeno progresivo, como un impulso hacia delante, entendemos que contienen un legado de espiritualidad, de conocimiento humano de lo Invisible que es insustituible. Las diversas tradiciones son portadoras de una sabiduría sobre el origen y fin de todas las cosas que es necesaria para el proceso planetario en el que estamos viviendo.

Pero las religiones no pueden vivir sólo de su pasado. Ese es su peligro. Es cierto que los Textos Sagrados son irrepetibles y que tienen una unción y una densidad de revelación que no se puede equiparar con cualquier texto que se se pueda inventar. Esta emanación es constitutiva de su carácter revelatorio, pero a condición de que no sean utilizados como pretextos para quedarse anclados en la época cultural en que fueron entregados, en el mundo psicológico al que iba dirigido. Es absolutamente necesaria e indispensable la actualización de los textos y abrirlos a su interpretación y aplicación contemporáneas.

La clave estriba en descubrir el meta-texto que une a todas las tradiciones religiosas sin que pierdan con ello su especificidad. Hay que preservar su sabor original, pero aprender a leerlos con claves no excluyentes, ni exclusivistas, que es el peligro de ciertos textos sagrados.

¿Cómo podemos debilitar las fronteras entre los credos?

Descubriendo lo que nos une, no lo que nos separa; descubriendo que las fronteras son sólo mentales, nacidas del temor para preservar la identidad. La identidad es necesaria y también el conocimiento del propio contorno. Las fronteras son esos contornos de identidades. Pero estos límites pueden estar blindados o abiertos; pueden estar crispados, pendientes sólo de que el otro no absorba mi identidad, o pueden estar al servicio de descubrir la diferencia enriquecedora de la alteridad.

Cada piel de ser humano es esa frontera: donde acabo yo empiezas tú. Pero al mismo tiempo es abertura: mi acabar es tu empezar. Lo mismo ocurre con las religiones.

¿En la práctica, cómo ensanchamos ese espacio de encuentro?

Retomo las palabras que acabamos de escuchar de Federico Mayor Zaragoza: pasando de una cultura de la guerra y la autoafirmación a una cultura de la conversación, del encuentro. Con palabras más técnicas, pasando de la palabra dialéctica a la palabra dialógica. La dialéctica nace de la competitividad, empeñados en vencer al otro, mientras que en el encuentro dialógico, la palabra de uno crece con la palabra del otro. Mi decir se prolonga en tu decir y entre los dos vamos construyendo algo que no estaba ni en ti ni en mí antes de comenzar la conversación. Emerge entonces algo nuevo, que es la epifanía del encuentro. Al final del diálogo estamos más allá de donde estábamos antes de comenzar. Éste es un reto de los encuentros a todos los niveles: religioso, cultural y de valores. Constato que cada vez hay más gente que lo vive así.

El conocimiento posibilita amor. Sólo amamos lo que conocemos. Es necesario propiciar encuentros con el otro. No para que me imagine cómo es el otro, sino para que él se revele tal como es y yo pueda conocerlo. Llegar, por lo tanto, a descubrirlo no a partir de los fantasmas o prejuicios que proyecto sobre él, sino a partir de lo que él me dice sobre sí. Ese conocimiento permite amar lo que se me ha mostrado, no lo que yo había esbozado a partir del miedo.

¿Podemos avanzar en un encuentro más allá del diálogo?

Es tiempo de muchas cosas a la vez. Todas las iniciativas tienen su lugar y su razón de ser. Es bueno y necesario que haya grupos que desde el interior de cada tradición religiosa -e incluso desde ninguna tradición-, aboguen por un espacio común que trascienda los espacios antiguos. Es bueno que esos espacios existan, pero también es conveniente que en las tradiciones religiosas haya gente que preserve su identidad irrenunciable, sin deseo de dejar de ser ellos mismos. Ese modo de encontrarse es también necesario.

Para que haya colores secundarios no tienen que desaparecer los primarios. Para que pueda seguir habiendo gamas de mezcla, tienen que seguir existiendo los colores elementales, pues sólo con ellos se pueden hacer más colores. Del mismo modo, la existencia de los colores primarios no priva el que haya secundarios y terciarios.

¿Cuáles son los límites del diálogo interreligioso?

El blanco es síntesis de todos los colores, pero no puede ser todo blanco. El límite sería evitar una unión a costa de perder el polo de diversidad y especificidad que enriquece esa unión. Entonces nos encontraríamos ante una fusión que crea confusión. Hay que evitar ese extremo, como también el contrario: las posiciones blindadas tan preocupadas por su propia identidad hacen imposible el encuentro. Hemos de lograr una danza entre ambas sensibilidades para que se fecunden una a otra.

Otro modo de hablar de un límite para el diálogo interreligioso sería no perder la memoria. Atravesados de futuro, no debemos de olvidar que hay una sedimentación del pasado muy rica. No podemos olvidar el ayer, como si de repente con nosotros empezara la historia. Miles de años nos sostienen y no los podemos despreciar. Hemos de cuidar no perder el legado y ser respetuosos con los procesos. Hemos de ser audaces y a la vez pacientes. No podemos banalizar la herencia que hemos recibido y perder la identidad sin más. En el diálogo interreligioso se encuentran personas fuertemente enraizadas en tradiciones milenarias que desean que perduren, y al mismo tiempo, están las gentes vinculadas a nuevas formas de religión. Los dos ámbitos son necesarios. Del mismo modo que es necesario que en estos encuentros se practiquen los cultos particulares así como que hayan actos comunes de culto y de celebración que sean transconfesionales.

La unidad a costa de la diversidad es la tentación de los totalitarismos, mientras que la diversidad motivada por la incapacidad de encontrarse con el diferente es también un fenómeno enfermizo y regresivo. Es preciso asumir ambos valores. Lo rico de la aventura en la que nos hallamos es el encuentro que preserva la diferencia.

Cada elemento fractal de esa unión en lo diverso ha de cultivarse en sí mismo y cuidar su identidad, pues de lo contrario acaba perdiendo la fuerza de su singularidad. Organizar todo esto en la práctica y en lo concreto no es precisamente sencillo.

¿Cuál es la misión de los seguidores de Jesús?

Devenir Jesús hoy. Convertirse en Jesús. La misión de los seguidores de Jesús es cristificarse, alcanzar el lugar de Jesús, su estado espiritual y existencial en tanto que seres humanos. Saber expresar su mensaje en el lenguaje de nuestra época. Jesús nos invita a ser seres humanos de nuestro tiempo, en nuestro tiempo y más allá de nuestro tiempo.

¿Cómo imaginas a Jesús en nuestro días?

Entrañablemente amable y a la vez terriblemente molesto; inconfundiblemente cercano y familiar y, al mismo tiempo, desconcertantemente diferente a lo que imaginábamos. Reconocible, porque Jesús emanaría a Jesús. Sabríamos que es Él, pero a la vez resultaría impredecible. A lo mejor Jesús no sería cristiano. Que Cristo no fuera cristiano plantearía, sin duda, un problema a los cristianos: ¿Cómo reconocer a Jesús más allá del cristianismo?

Imagino a Jesús a un mismo tiempo crítico y esperanzador, radical y a la vez de exquisita tolerancia. Reconoceríamos en él una emanación desconcertante de santidad, incandescencia excesiva debida a la cerrazón de nuestras mentes. Jesús es reconocible en los corazones abiertos de cualquier tradición y por lo tanto, en la medida en que estemos abiertos, los cristianos también le reconoceríamos.

¿Es preciso ejercitarnos con la idea de Cristo más allá del cristianismo?

Claro. El problema está en el “ismo”. El “ismo” implica la demarcación de un territorio en el que todo aquello que no está incluido en lo que conocemos no puede ser nuestro. El hecho de que Jesús muera más allá de las murallas de la ciudad mesiánica significa que cualquier intento de apoderarnos del Mesías queda reventado por la misma realidad de Cristo.

No nos podemos apropiar de lo sagrado. La muerte y la resurrección de Jesús suponen el desbordamiento de los límites de la ciudad mesiánica, del espacio que nosotros hemos asignado a Dios. Jesús nos viene a decir que no nos pertenece a nosotros en exclusiva. El misterio pascual es el trascendimiento de los espacios mentales que construimos a nuestra imagen.

Las apariciones tras la resurrección de Jesús no supusieron un inmediato reconocimiento. Sus seguidores no tenían categorías para identificarlo, sólo las antiguas. De ahí el “No me toques, no me retengas” que lanza a Maria Magdalena. Con ello le indica que no es Él quien ha de volver al mundo antiguo, sino que es ella la que debe avanzar hacia Él. Se trata del proceso de renovación que cada persona y cada generación están llamadas a realizar.

¿Se acomodaría fácilmente Jesús a la estructura eclesial de nuestros días?

No. Jesús no pertenecía a la tribu de Leví ni a la dinastía de Sadoc; por lo tanto, no era sacerdote ni rabino. Era lo que denominamos hoy un laico. ¿En qué tradición hubiera nacido hoy? Insisto en decir que no tendría que ser necesariamente cristiano. Ni necesariamente tendría que volver a ser un hombre. A lo mejor sería mujer.

Jesús no estaría en contra de la Institución por el capricho de reventarlo todo. El problema de toda Institución religiosa -y por lo tanto, de la Iglesia cristiana y católica- es su pretensión de monopolio sobre Dios, su tentación de acaparar a Dios, de convertirse en la única interprete, en la única mediación con lo divino.

Desde la institución se puede mediar, pero el problema es el querer convertirse en los únicos mediadores. Ahí es donde entra el pecado, el pecado de la exclusión. Desde el momento en que Jesús es salvación, es claro que no va a ubicarse en el marco de la Jerarquía. Se sitúa como alternativa para abrir lo que los otros cierran. Constitutivamente tiene que estar fuera de la institución. Trata de abrir espacios que la institución no reconoce. De aquí que Jesús se sitúe en el margen. De lo contrario, no añadiría nada a lo que ya conocemos.

¿Qué es lo que te atrajo de la figura de Ignacio de Loyola?

Sus “ys” y no sus “os”. La alternativa no es contemplación o acción, sino contemplación y acción. No es eficacia o pobreza, sino eficacia con pobreza. No es fe o razón, sino fe y razón. No se trata de escoger entre ser idiota y creer, esto es, dejar de pensar porque tenemos fe, ni de pensar a costa de dejar de creer. No, pensamos y creemos a la vez. La fe orienta y unge el pensamiento y el pensamiento articula e indaga en el horizonte que abre la fe.

El carisma ignaciano supone una integración de las diferentes dimensiones de lo humano. Los jesuitas somos un poco lobos esteparios, monjes solitarios y a la vez vivimos en comunidad. De nuevo aquí se da la integración: la individualidad no se opone a la comunidad, sino que ambas se dan la vez y se fecundan entre ellas. Se nos cultiva fuertemente la personalidad, pero viviendo en comunidad. Otro ejemplo: carisma e institución. Nos sentimos vinculados a la Iglesia y a la vez somos contestatarios.

¿Pioneros también en una vocación universal?

Universales y a la vez locales. Concebimos la localidad desde la inculturación, esto es, respetando a las culturas y los valores que contiene cada una de ellas, lo que permite descubrir nuevas interpretaciones del Evangelio.

A un nivel más personal, los Ejercicios Espirituales son nuestro camino iniciático para descubrir nuestro propio lugar en el mundo. El director de los Ejercicios -por cierto, un nombre poco adecuado porque su labor no es la dirigir sino sólo acompañar-, es quien da las pautas para propiciar ese proceso de discernimiento; se trata de hacer un recorrido intransferiblemente personal que el acompañante ayuda a objetivar.

Esa libertad y respeto a la decisión personal se ejercita tanto en la vida espiritual como en el propio gobierno de la Compañía. De aquí el voto de confianza que supone encomendar una misión a un jesuita o a un grupo de jesuitas. Somos enviados para impulsar un dinamismo que es diferente según los tiempos y los lugares. Somos enviados para potenciar vida y liberar bloqueos. Tratamos de promover la libertad tanto en los procesos personales como colectivos.

¿El cuarto voto seguiría plenamente actual?

El cuarto voto es un voto de fidelidad a la Iglesia, una cuestión compleja de nuestro pasado. Más que un voto de obediencia es un voto de disponibilidad para la misión. La intuición de San Ignacio fue: nos adherimos a ti, Sumo Pontífice, porque tú tienes la visión de conjunto, tú ves desde la atalaya y dispones de una perspectiva que va más allá de los estados y de las diócesis.

¿De qué forma influyó Arrupe en tu vocación?

Una de las razones por las que soy jesuita es el padre Arrupe. En el momento en que discernía mi vocación él era el Padre General de la Compañía. Me atrajo su “sí” al mundo. Vi en él que se puede ser un hombre de Dios tanto desplazándose a pie o en un carromato como descendiendo de un avión intercontinental. Concedía ruedas de prensa en las que compartía experiencias de Dios en las que los mismos periodistas quedaban sobrecogidos. Esas conferencias podían convertirse en auténticos ejercicios espirituales.

Peregriné a Roma a los 17 años desde Taizé. En el encuentro que mantuve con el Padre Arrupe me transmitió que interiormente la pobreza se puede vivir sin límites, por mucha abundancia que haya a nuestro alrededor. Celebramos este año el centenario de su nacimiento, celebración que estamos llevando con una cierta discreción, ya que Roma no está mucho por la labor. Sin embargo estamos constatando que el propio pueblo lo está haciendo santo.

¿Fue San Ignacio, por su correspondencia con misioneros en los otros continentes, un precursor del mundo global de nuestros días?

Para bien y para mal, la fundación de los jesuitas coincide con la expansión de Occidente a África, a Asia y a América. Repito, para bien y para mal, la Compañía de Jesús fue uno de los instrumentos que favoreció ese inicio de la globalización. Se dice que San Ignacio es el santo moderno que más kilómetros recorrió a pie. Sus desplazamientos por la Península, Tierra Santa, Francia, Italia, Países Bajos, Inglaterra, su vuelta por unos meses a su tierra natal,… los hizo a pie, “solo y a pie”, como dice en su Autobiografía.

San Francisco Javier es también un gigante de los inicios. De los 11 años que pasó en Oriente desde que salió de Lisboa, un tercio del tiempo trascurrió en el mar. Casi cuatro años navegando de un lado a otro, con lo impaciente que él era.

Gobierno de grandes universidades y a la vez compromiso con los más desheredados… ¿No son dos mundos dentro de la Compañía, no hay descarnamiento?

Volvemos a las “yes”. Puede haber desencuentro y confrontación entre esos ámbitos, pero forma parte de la vida de la familia el que haya debates internos e intensos. Lo importante es que podamos estar en los dos mundos y que fluya la misma savia.

¿Fluye?

Fluye. Los años posconciliares fueron tensos y rugientes. Con el paso del tiempo hay más serenidad en la misma Compañía y reconocimiento de que entre todos nos complementamos.

En eso consiste la incomodidad y a la vez la gracia de ser jesuita: en ejercitarnos en la capacidad de integrar los contrarios. Eso es complejo, aparentemente incoherente; sin embargo, hay gran riqueza en ello.

¿En el compromiso con los pobres, no se ha cruzado en algún momento la raya y abrazado un exceso de visceralidad ?…

Yo creo que nos hemos quedado cortos. Muy pocos jesuitas se pasaron. Los que persistieron en su exceso acabaron dejando por sí mismos la Compañía. Llega un momento en el que si vives con resentimiento algo se te rompe por dentro.

El lenguaje marxista era duro, pero lo era mucho más la situación que se vivía en la América Latina de los setenta y ochenta. Nos cuesta comprender lo que fueron aquellas dictaduras brutales, que, además, se amparaban en principios cristianos.

La Teología de la liberación es una opción preferencial por los pobres, opción que no es excluyente. Detrás de ello hay una gran ternura por el dolor de los últimos, de los desamparados. En determinadas situaciones, ese dolor se puede expresar en términos beligerantes. Como dice Mario Benedetti, “todo depende del dolor con que se mira”. La Teología de la Liberación nace de compartir ese dolor con los que sufren la violencia de los poderosos.

Sin embargo, no es América el continente que más me atrae…

¿Ahora te vas a África?
Sí, me han pedido que asesore un encuentro con jesuitas africanos para ver cómo se pueden traducir los Ejercicios ignacianos a la simbología aborigen. Pero África la conozco muy poco. Asia es el continente que me fascina. Allí todo es Presencia.

¿Donde encuentra Melloni esa Presencia?

En la inocencia de la gente sencilla, en sus rostros llenos de luz, en sus miradas transparentes. “¡Te bendigo Padre porque has ocultado esta inocencia a los sabios y entendidos y la has revelado a los humildes…!”, me digo a mí mismo, parafraseando las palabras de Jesús, y deseando recuperar esa inocencia. Inocencia que percibo aún en muchas personas, también en Occidente.

Pero la India me produjo un “shock”, pues esa pureza primigenia aún está allí, brotando a borbotones de los rostros de las personas. Hace diez años realicé una primera estancia de un año. En los primeros meses, me lo pensaba mucho antes de salir a la calle; tomaba aire antes de hacerlo, porque aquello era una verdadera jungla: multitudes hacinadas en las aceras; tránsito caótico entre vacas, cabras, carros, triciclos motorizados; indumentarias de lo más diversas; mendigos, saddhus, templos, colores y olores de especias, inciensos y excrementos, calor abrumador o lluvias torrenciales,… Todo ello tanto en las grandes ciudades como en las pequeñas poblaciones.

Pero al cabo de unos meses salía a las calles a ser bautizado por las miradas de la gente. Salía a mirar y a ser mirado, a sentirme humano entre los humanos, sin nada que ocultar o proteger, sin nombre, cargo ni atributo… Era simplemente un ser humano entre otros seres humanos, compartiendo el milagro de existir, sin nada que ganar o perder, sólo celebrando el don de ser.

La calle allí significa otra cosa. Quien vive en la calle en la India vive acompañado. No es lo mismo que los “homeless” que nosotros conocemos, que han quedado totalmente al margen del círculo de la vida. Se trata de otra cosa. Cada pequeña fuente es una fiesta. ¿Qué problema es que no haya agua corriente en la casa, si está compartida en la esquina de la calle?

¿Lo sagrado está más presente allí en la India?

Los indios están muy receptivos y abiertos a la trascendencia. Todo es sagrado para ellos. Por lo que a nosotros respecta, no sé si hemos perdido esta apertura o si la hemos tenido alguna vez. Hemos desarrollado culturas muy distintas. Hay muy pocos lugares en nuestra geografía que no hayan recibido el impacto de la modernidad, lo cual se traduce en la capacidad de producción y de manipulación. Nos hemos ido llenando de cosas a costa de embotarnos y de perder el contacto con la inmediatez de la vida.

Todo lo que había aprendido desde pequeño como signo de buena educación -ir calzado, con camisa, comer con cubiertos, sentarse en la silla “como Dios manda”…-, resultaba improcedente en la India. Allí, me tenía que descalzar, quitarme la camisa, comer con las manos y en el suelo… Descubrí una relación de inmediatez con las cosas que había perdido y comencé a disfrutar de una gran libertad…

¿Como podríamos recuperar de nuevo ese sentido de lo sagrado en Occidente?

Para ello es preciso recuperar la capacidad de agradecimiento. Si todo lo que tenemos lo disfrutáramos conscientes de que es puro don, descubriríamos el gozo de la gratitud.

He vivido en India experiencias fascinantes de encuentros silentes con grupos de personas en los que simplemente nos mirábamos sonriéndonos mutuamente, celebrando el mero hecho de ser humanos en un momento y espacio determinados. Nos manifestábamos abiertos al otro, reconociéndonos hermanos, recibiéndonos de una Vida que tomaba forma en un tú y en un yo. En esos instantes, en medio de la naturaleza, más allá de todo, éramos Uno con formas diferentes. Ese momento es una de las cimas de experiencia humana y espiritual que he vivido.

Experiencias de este orden difícilmente ocurren en nuestras tierras. En el cristianismo la naturaleza no está sacralizada como teofanía. El cristianismo es primordialmente antropocéntrico, aunque podamos encontrar en su historia seres como San Francisco de Asís…

A pesar de todo, estoy convencido de que todavía somos capaces de mucha inocencia y ternura en nuestro mundo.

A lo largo de todos estos años, ¿has tenido tu “caída del caballo” o tu compromiso en la fe ha sido una evolución paulatina?

Mi experiencia fundante sucedió a los 14 años, en una misa a la que fui solo, el día de Todos los Santos. En el momento de comulgar se produjo en mí una explosión. Todo era amor y no había más que amor por todas partes, formas de amor, piélago de amor, amor por arriba, por abajo... “¡Señor, dije, quiero ser tuyo! ¡No hay causa humana mayor a la que pueda entregarme después de haber recibido esto de ti!”. Hubiera salido a la calle y parado los coches diciendo a la gente: “¡Todo es amor! ¡Somos de amor para amor!”. Deseé ser llevado para siempre al Lugar de donde procedía tanta plenitud. Después comprendí que se me había dado para comunicar a los demás esta experiencia, esta certeza. Así empezó mi aventura: con una anticipación del Final.

Lo que me atrajo de la Compañía es su “sí” al mundo contemporáneo. Es este mundo el que hay que transformar, sin clericalismos, sin cerrazón… Ahí entra el padre Arrupe. Esa “nostalgia del futuro” era lo que me atraía y me sigue atrayendo de la Compañía.

En los años de formación, que se hicieron largos, lo que me sostuvo en tiempos de crisis fue el nombre de Jesús. Me reconfortaba pensar que aspiraba a formar parte de los compañeros de Jesús, que iba a ser de Jesús. Sentía que estaba donde debía estar. Lo sigo sintiendo.

¿También te habrá sostenido esa experiencia sublime que viviste a los catorce años?

Eso está ahí y es intocable. Puede pasar lo que sea, que nada puede ni podrá dañar eso. Es sagrado, incólume. Eso “es”, lo demás se va acercando hacia ahí.

Fundación Ananta




José María Márquez: El amor es el valor más rentable

El director de África Directo recomienda seguir la propia leyenda personal

26-May-2007. Licenciado en Económicas y en Derecho, el director de la ONG África Directo (www.africadirecto.org), José María Márquez, se rindió a su leyenda personal a los 30 años.
Después de ser voluntario con la Madre Teresa en Calcuta (India) durante seis meses, África le terminó de mostrar su camino. Y le regaló una certeza para siempre: el valor más rentable es el amor.


Una tarde, en Malawi, mientras observaba a una salamandra aplastada por la canícula en la pared,
tuvo una revelación. El reptil, teñido por los últimos rayos de sol de un rosa anaranjado idéntico a
su entorno, consiguió sin proponérselo que una mosca, confundida y dócil, se le entregara
espontáneamente como alimento. Así, sin condiciones. Imposible haberla cazado. No había que
afanarse, apresurarse ni buscar; bastaba con permitirse ser.

Desde que hace diez años levantó allí un hospital para niños desnutridos, África Directo
contribuye con el desarrollo de proyectos de salud, educación y alimentación en 17 países
africanos. Treinta delegaciones en España propician las donaciones, a cuya calidad en todo el
recorrido José María Márquez presta mayor atención aún que a las cuantías.

Cree que la felicidad de dar es algo universal, aunque debe experimentarse en primera persona
porque es invisible y no se puede explicar. Pero se atreve, como economista, a garantizar que el
amor rinde al cien por cien. Esa es una de las razones por las que defiende el factor vocación
como irrenunciable en las ONG, y lamenta que la corriente de profesionalización sacrifique en
ocasiones la dimensión de la trascendencia y de pensar a largo plazo.

Jesucristo es un referente en su vida, y de Buda aprendió, entre otras cosas, que la felicidad está
en la presencia durante la acción y no en los resultados, pero tan validos le parecen los
testimonios de Gandhi o de Mahoma. No necesita imágenes ni ritos para acercarse al Dios de
amor en el que cree y, como Anthony de Mello, al que cita con frecuencia en sus respuestas, ve la
religión como el dedo que apunta la luna: un medio y nunca un fin.

En Malawi, adonde llegó dejando atrás el reconocimiento y el brillo de un codiciado puesto
laboral en un banco, se encontró con su familia, porque fue allí donde conoció a la que hoy es su
mujer y madre de sus cinco hijos. Ahora viven en España. Lo relata con la misma naturalidad y
convicción con la que denuncia la contradicción absurda de acumular riqueza para unos
herederos a quienes se deja un Planeta enfermo de injusticia social y carente de recursos.

Fundación Ananta: ¿Cuál es el motor que inspira a África Directo?

José María Márquez: Hace 2.000 años hubo una persona que estaba por encima de su cuerpo, de su
ego, que supo que tenía que trabajar por los demás, que se tenía que ir con los leprosos. No se trata
tanto de decir "soy el gran maestro" ni de estar en un templo. Buda, Gandhi o Mahoma, cada uno en
su cultura, ha dado también un ejemplo de amor. Es lo que estamos intentando hacer: ayudar a
quienes lo necesitan.

FA: En la práctica, ¿Qué objetivos buscáis?

JMM: Donde detectamos la necesidad, vemos la manera de ayudar a crear el mínimo que permita a
la gente buscar su felicidad; desarrollamos proyectos de salud, de educación de agricultura, de
nutrición, pozos de agua... para que puedan desarrollarse como personas. No diseñamos un plan
estratégico en España, sino que escuchamos y atendemos las necesidades que nos manifiestan
desde allí a través de gente de allí, de misioneros que hablan su idioma...

FA: La logística siempre a partir del compromiso vocacional...

JMM: Siempre buscamos comunidades locales comprometidas. Creo que un problema de las ONG
de hoy es la mal llamada profesionalización. Puede haber ayudas económicas, porque la gente tiene
que vivir, pero lo que hace que funcione es la vocación de dar, de escuchar. Está muy bien
profesionalizarse en cuanto a ser serio, pero no a costa de la vocación. De igual manera, una
empresa sólo funciona si el empresario tiene fe en su proyecto, o la mejor educación no la da un
profesor profesional sino un maestro vocacional. En las ONG lo más importante es el amor, así
como la mejor amante no es la prostituta más profesional sino quien más te ama y a quien más
ames.

FA: ¿Hay que colocarse lejos del mercado?

JMM: Si Jesús se enfadó un día de verdad fue cuando se encontró el templo lleno de mercaderes.
Al final, la contaminación económica puede hacer mucho daño a la parte espiritual de cada uno de
nosotros; contra eso hemos reaccionado y hemos querido ser austeros y transparentes. Nadie vive
del aire, pero se trata de que sea gente vocacional. Lo que puede en el mundo de la cooperación es
la trascendencia. Hay mucho mercenariado, como cuando el Real Madrid compra a unos jugadores
“galácticos” que tienen unos objetivos profesionales muy diferentes a los de sus aficionados, y eso
aquí no funciona. Lo que se necesita es gente que crea en un sueño, que sienta la energía de querer
hacer algo trascendente.

FA: ¿Cómo puede evaluar la sociedad la labor de una ONG?

JMM: Igual que en el sector público, el de la ayuda humanitaria no tiene evaluadores, porque el
pagador es distinto que el que consume el producto, por eso existe la trampa: puedes vender favores
a un ayuntamiento y forrarte. En África directo queremos defender que el mercadeo no pueda
comprar el amor. Sólo nuestro corazón puede regular y evaluar nuestra implicación.

FA: ¿Crees que se puede funcionar desde esos mismos parámetros siendo empresario?


JMM: Bill Gates ha demostrado que ha fabricado un producto que facilita la vida y que ha
transformado las comunicaciones, y ha llegado a ser el hombre más rico del mundo sin haberlo
heredado. Pero después de eso, ha decidido dar una trascendencia a su vida. Si consigue ayudar a
combatir el sida o la malaria, eso sí que es un added value en su vida. Le va a hacer crecer y le va a
dar verdadera alegría. Y lo que es seguro es que dentro de mil años nadie recordará el nombre del
que hoy es el más rico, como no recordamos ahora quién lo era en el año 1007. Pero sí se recordará
al que ayudó a millones de personas, y su sola memoria producirá una verdadera emoción y un
ejemplo a nuestros descendientes.

FA: ¿A dónde conduce la carrera por ganar dinero?

JMM: Es muy contradictorio querer tener suficiente para dejar en herencia bienes materiales,
mientras estás contribuyendo a dejar en heredad un Planeta que no va a permitir la felicidad, por
falta de fruta, de agua...de justicia o de paz. El dinero complace al ego, y por lo tanto parece un fin
en sí mismo, pero no lo es. Es normal que un empresario piense en la cuenta de resultados, pero ha
de darse cuenta de que eso a su vez tiene que servir para invertir, para beneficiar, para producir
felicidad, colaboración...es solo un medio. En las ONG, también nos podemos confundir a causa
del ego, con un afán de darnos a conocer. Somos un intermediario, el fin es el beneficiario y no la
organización.

FA: ¿Hasta qué punto son interesantes las ayudas no económicas?

JMM: Estamos promoviendo que la gente nos de una ayuda "simpa" (sin pagar). Cada uno, desde
su habilidad, desde su profesión, desde la propia empresa...esas ayudas son tan importantes como
el dinero o más. Por ejemplo, nos hacía falta la colaboración de un notario para dar curso a las
exigencias burocráticas crecientes que nos impone la Agencia Española de Cooperación
Internacional (AECI), o de una gestoría... Y uno de nuestros donantes principales y con más
potencial, la gestora de patrimonios Bestinver, nos ofreció recaudar fondos por medio de un Fondo
de Ayuda para África. Y les hemos pedido que también nos ayuden con la administración de esos
certificados de donación, cosa que están haciendo con verdadero compromiso e implicación.

FA: ¿Alguna otra experiencia reseñable con ese tipo de ayudas "simpa"?

JMM: Por ejemplo, la Agencia de publicidad que trabaja para nosotros gratis, Sra Rushmore, ha
estado en la final de Cannes con uno de nuestros anuncios, les ha ido de cine; creo que todos ganan,
se crea una corriente de buena voluntad, de abundancia y de éxito. Pero no se trata de hacerlo para
ganar méritos y que te venga la suerte. Creo que es algo a experimentar, porque es invisible y no
puede explicarse.

FA: ¿Uno siente cuándo debe colaborar?

JMM: Así es mi experiencia. Cuando yo me fui sólo a África, todo el mundo pensaba que se me
había ido la olla; rompí con mi carrera profesional, con mi novia, parecía que estaba echando mi
vida por la ventana... Sin embargo, lo que sabía lo apliqué para proyectos humanos, y allí me
encontré con mi familia porque me encontré a otra voluntaria que estaba allí y que no me la habría
encontrado de otro modo, que es mi mujer y la madre de mis cinco hijos. Todo eso es por seguir la
leyenda personal. Si no sigues tu leyenda personal es difícil que crezcas espiritualmente o que te
dirijas a los campos donde te puedas activar más.

FA: ¿Todos tenemos una leyenda personal?

JMM: Cada uno tiene su propio camino. Me acuerdo que en la casa del voluntario en Malawi, había
una salamandra intentando comerse una mosca y era imposible. Me fijé en que la salamandra se
quedó tranquila cuando empezó a atardecer y a ponerse todo rosa anaranjado, la salamandra y la
pared, la mosca se despista, no distingue, se va a posar y la salamandra se la come tranquilamente.
El raciocinio podía haber dicho al a salamandra: tienes que correr, tienes que ganar, ¿no te das
cuenta? Te vas a morir de hambre... No habría conseguido nada; lo logró por dejarse llevar por su
ser, por su esencia natural...

FA: ¿Esos son los talentos?

JMM: Eso es. Si no damos curso a nuestra esencia, dejamos que nuestros talentos permanezcan
escondidos; y eso es una pena porque al final se marchitan; hay que invertir en mejorarlos. Invertir
tiempo, dedicación, bondad, amor... puede ser mejor que invertir dinero. Si con dinero te vuelve un
cuatro por ciento, con amor te dan un cien por cien; realmente no es un gasto. Como economista lo
veo muy claro, pero es una apreciación de cada uno y la gente no puede darse cuenta hasta que no
lo pone en práctica.

FA: ¿Es eso universal?

JMM: Yo sí lo creo, pero no quiero estar en posesión de la verdad. En oriente aprendí a basar la
felicidad en el momento de la acción; si la basas en los resultados, estás perdiendo el tiempo.
Desarrolla la acción lo mejor posible y si el resultado es otro, hay que aceptarlo. Y durante la
acción, se disfruta mucho más si viene del amor que si viene del odio. Lo dice cualquiera que lo
haya probado.

FA: ¿Conviene entonces el bien, en cualquier caso?

JMM: No me gusta la cultura de la estampita, de pedirle a la Virgen que no te pase nada porque has
sido muy bueno. Quizá el fruto de seguir tu camino es que te mueras, pero no importa. Tú eres
energía; si tu cuerpo muere, se libera tu energía para hacer otras cosas, y esa energía ha crecido.

FA: ¿Somos realmente responsables de lo que ocurre en el sur?

JMM: Les estamos mandando muchas veces nuestra basura económica, ideológica, tecnológica y
que tienen que tragar con ella. Les digo siempre a los voluntarios que cuiden su actitud porque los
africanos pueden tender a copiarles todo. El propio sida se propaga porque existen las
comunicaciones... Vienen en cayucos jugándose la vida porque, por la televisión creen que todos
tenemos un descapotable, una novia guapísima y un ático con vistas al mar, estamos exportando
deseos y frustraciones... debemos ser más conscientes. Y las semillas transformadas
genéticamente que les estamos enviando, que no pueden autoreproducirse, les está haciendo
dependientes de nosotros; estamos creando mercado en un mundo de hambrientos...

FA: ¿Qué opinas de la actitud del primer mundo hacia la inmigración?

JMM: No se puede decir “yo quiero ser uno contigo porque eres muy guapa y me apetece”, pero en
cuanto tengas un niño, el niño es tuyo. No puede ser que les estemos exportando productos que les
estemos contaminando, que haya un mercado libre de capitales, de todo tipo de mercancías, que
esquilmemos sus aguas con capturas masivas de pescado; que dejemos fuera de mercado el precio
de su grano, que todo valga... y que pretendamos que el ser humano no se mueva.

FA; ¿Qué propones?

JMM: Un trabajo serio, de desarrollo, de justicia real en esos países. Incluso el terrorismo
internacional existe porque existe la información global. Y tiene unas simientes: si atacamos Irak
diciendo que ahí va a haber un arsenal nuclear y luego no lo hay; hay que bajarse los pantalones,
pedir perdón, decir que te has equivocado, retirarte... Lo que sea menos seguir acrecentando la
pelota de odio, porque está claro que el odio se va a venir contra ti. La justicia conlleva justicia, el
odio conlleva odio, y depende de lo que quieras exportar, eso es lo que te va a venir de vuelta. Es
como un frontón. Vamos a llevar desarrollo real y la gente va a estar tranquila. Si vivo en África y
tengo la posibilidad de que mis hijos vayan a una escuela y puedan comer, pues no hace falta
meterme en un cayuco; pero claro, si no tengo esperanza...

FA. ¿Qué te parece la propuesta del 0,7?

JMM: No lo apoyo incondicionalmente. Prefiero un 0,3 de calidad que un 0,7 para guardar las
apariencias, dando sueldos europeos, desarrollando proyectos que nos enriquecen a nosotros
mismos... Vamos a no poner un número a todo, hay cosas más importantes, como ayudar cuando
de verdad lo sintamos, de corazón y sintiéndonos a gusto.

FA: ¿Crees que la intención marca todo?

JMM: Sí, absolutamente. En Malawi vino al hospital una señora caminando 70 kilómetros pese a
tener mucho más cerca otro, llevado por médicos alemanes, mientras el nuestro estaba atendido por
medical asistants, una figura parecida a los ATS. Cuando le preguntamos el motivo, era porque en
el otro centro la gente le gritaba. La razón no cura, cura el corazón, así que con nosotros, donde le
cogían la mano y ponían toda la intención en su sanación, la curación ocurría. Aquí creemos en los
títulos, pero hay que sanar con la actitud también.

FA: ¿Qué evolución ves en la religión?

JMM: Me considero creyente porque creo en Dios, porque creo en el amor. Y nací en un país de
cultura católica. Pero la religión no es más que un medio para llegar al amor, para entender el amor,
que es lo importante. Cuando llega un Jesucristo y dice que al que te pida la túnica, regálale
también el manto; y al que te fuerce a acompañarle una milla acompáñale dos, y a poner la otra
mejilla... ¿eso como se puede entender? Es la violencia del amor... Te doy dos, igual tú das luego
tres... pero luego vienen los mandamientos y el pecado, y la virginidad... Quizá en un momento
hizo falta y gracias a eso creció el cristianismo, pero igual es momento de ver las cosas un poco
más en abstracto. Yo ahora entiendo a Dios sin imágenes ni ritos.

FA: Pero las imágenes y los ritos siguen muy vigentes en algunos ámbitos

JMM: A veces viene muy bien. Pero cuando se pegan de tortas porque su virgen es la más guapa, es
porque no han entendido nada... es como cuando colgaron a los asesinos de Gandhi: si lo
respetaran, se darían cuenta de que mataron sus ideas junto a sus asesinos. Anthony de Mello dice
que la religión es un dedo apuntando a la luna: unos mirarán el dedo embelesados, otros discutirían
sobre qué dedo sería el más apropiado, y otros cogerían el dedo para sacarse los ojos. Solamente
los más espirituales contemplarían la luna para estupor del resto. Cuando dejemos de ver la religión
como un fin desaparecerá el fanatismo y el odio.

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