Fundación Ananta

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Pensamientos de junio: mi consultorio es la Tierra

"Pero no hay que esperar a ser un médico para ser un sanador. El sanador es cualquier hombre o mujer que sea capaz de convertirse en un canal inteligente del amor. Para él la oportunidad de sanar ocurre siempre, su consultorio es la Tierra. Sus pacientes, flores, pájaros, niños, santos o ladrones, todos los que necesitan la energía del amor”. Jorge Carvajal, “Por los caminos de la bioenergética. Un arte de curar” (1995) p. 145. Editorial Luciérnaga, 2006. Imagen: amanecer en Badalona, 8 febrero 2016 (cortesía de Carmen Torres)

Coincidentes vitales (Ramiro Calle)

Es en el Mahabharata donde podemos leer que los seres somos como maderos que durante un tiempo nos encontramos en el océano de la vida carnal y luego nos separamos.  Pero esa separación, con respecto a los que llamo "coincidentes vitales", no la siento como tal, porque si como declaraba Kabir, el mar y sus olas son una unidad, ¿qué diferencia hay entre él y ellas? El cegador resplandor del misterio de la vida, eclipsa la débil luz del entendimiento ordinario. ¡Qué enigma tan grande que en millones y millones de años vayamos a coincidir en esta vida  con unas determinadas personas y...

Pensamientos de enero: cada gesto es mágico

"Cada gesto es mágico. Entonces, cuando encontréis a alguien por la mañana, no le deis los buenos días con un recipiente vacío, porque sin quererlo, sin saberlo, estáis tratando de desearle el vacío, la pobreza, el fracaso para todo el día. Diréis: "Pero esto no tiene ninguna importancia, en el mundo la gente no presta atención a estas cosas." Si la gente es inconsciente, ¿es ello una razón para imitarla? Que actúen como quieran, pero nosotros, aquí, en donde aprendemos las leyes de la nueva vida, debemos acostumbrarnos a ser conscientes de todas las cosas. Por lo tanto, cuando por la mañana...

“Sanar es liberar la fuerza atrapada del amor”

Entrevista a Luz Ángela Carvajal

29-Octubre-2008
Luz Ángela es uno de los principales referentes de la Sintergética a nivel mundial. Participó en el Congreso Internacional de esta medicina integradora que se celebró en Toledo en el pasado mes de Septiembre. Allí nos brindó, tras su disertación, la oportunidad de acercarnos a su testimonio necesario, a su poderoso alegato por la vida. Luz Ángela es médico, madre, facilitadora de la Sintergética además de mujer cargada de fe, esperanza y clara visión sobre lo humano y lo divino.

¿De dónde emana toda la fe y la esperanza que derrocha Luz Ángela?

Hojas de otoño


15-Octubre-2008
Hojas amarillas llaman ya a la puerta de mi casa. Barro la entrada de la hojarasca que ayer me diera sombra y hoy es juego de la brisa, entretenimiento de los niños. El frío va dorando el paisaje. A un lado de la pantalla, verdes ocres, verdes amarillos golpean mi ventana. Asalta a la vista la magia del otoño. Un aire más fresco peina los campos sin espigas. Descansa el labrantío tras haber ofrendado todo su grano. El viento regala a los suelos el dulce jarabe de la higuera. La vecina me advierte, bolsa en mano, que me trae los últimos y sabrosos tomates

Una sonrisa maliciosa, casi irreverente, me brota al leer en la pared de mi sala de trabajo que se acerca el “día de los difuntos”. No sé bien de qué muerte me habla el calendario. Vuelvo a mi ventana de otoño y no diviso nada que ella haya podido alcanzar. El verde ahora más pálido de mi valle la desafía en silencio. Se apagan los perfumes en estos días, pero se sostiene la vida hasta el infinito. Retorna una vez más el otoño con su disfraz de agonía. La vida se colorea, esconde reposa, muta, camufla…, mas nunca calla.

El otoño vuelca junto a la ventana su acostumbrada sobrecarga de interrogantes. Atiendo las preguntas de siempre, las acerco con permiso del lector al ahora siempre menguado y apresurado: ¿Quién, que pintó tanta belleza, se atrevió a ponerle un punto final? ¿Quién, que despertó tantos campos, ingenió tantos frutos, concibió tanto amor…, fabuló un ocaso? ¿Quién, que sopló tanta paz, ideó una última orilla? La vida sería una cara broma si desembocara en una caja de madera. ¿Para qué este viaje tan fugaz? ¿Para qué haber amado y dolido? ¿Para qué haber probado el beso, sorbido la fruta, tomado las calles, ensayado otro mundo…, si el sol no podría un día con su gigante esfera de amor y fuego, si todo habría de enmudecer en un instante?

Se acerca el “día de los muertos” y teclado en mano yo quiero cantar a la vida. ¿Y si ese falso y enlutado instante del fin se prolongará a nuestra voluntad? ¿Y si construyéramos futuro a medida de nuestros pensamientos y visiones? La vida no está en precario por el desplome de las bolsas, por mucha crisis con la que nos desayunemos cada mañana, por muchos coches bombas que estallen a los mercados de oriente, por más inoportunos misiles que se acerquen a las rampas de lanzamiento… El telediario descarga en la sobremesa su cuota de cuerpos inertes, pero la vida no está en entredicho por más que el despropósito la acorrale, por más que el terror la atenace, por más que los elementos de la naturaleza se revelen ante nuestro abuso y se desaten con fuerza inusitada… Sólo nuestro propio terror cercena la vida. Es el miedo a su fin lo único que la cuestiona.

Si nuestro innato anhelo de eternidad se frustró en el papel manoseado del catecismo, en el tedioso Cielo que nos pintó un credo impuesto…, busquémosla más allá, en las mil y un pistas que esconde el misterio en cada uno de nuestros días. Rastreemos eternidad en el hayedo de otoño, en los ojos de una mujer, en la sonrisa de un niño, en el tomate que trajo la vecina, en el higo que tiro el viento, en la felicidad que logramos compartir…

Vayamos tras su rastro, sólo puede existir si en él creemos. Lo han cantado miles de pancartas y voces por todo el planeta: “Otro mundo es posible”, pero sale muy caro si el sorbo de vida es tan efímero. ¿Merece la pena otro mundo de tantos sudores sin prorroga de disfrute? ¿Y si los plazos se prolongaran sin límite? No el aburrido tañer de la lira sobre el algodón flotando en un aséptico infinito, no el concilio de los buenos jugando un inacabable dominó, no la holgazanería a perpetuidad conquistada por una vida proba, sino eternidad como un continuo forjar de amor y voluntades. ¿Y si ésta fuera un crear y recrear otros mundos posibles, un idear nuevos paraísos, nuevos pueblos, comunidades, planetas…? ¿Y si los desafíos no se acabaran, si cada existencia presentará un nuevo y más ambicioso reto, si cada escenario que construyéramos fuera cada vez más hermoso, luminoso, fraterno? De repente, el más allá nos podría exigir un dinamismo, un esfuerzo, un ingenio que asustaría a los angelitos de perennes vacaciones de nuestra iconografía tradicional.

“Otro mundo es posible”, pero quizá la mayor aduana la hemos levantado en el fondo de nuestros corazones, al poner condiciones al amor y caducidad a nuestros días. ¿Para qué levantar utopías, si dentro perduran setos y barreras, para qué fabular sueños, si los arrastra a la nada el primer viento?

El otro mundo posible no cabe en las estrechas paredes de una religión dictada y dirigida a distancia, pero tampoco se puede estrellar en la desesperanzada caducidad de un secularismo y materialismo imperantes. Descarguemos a los curas de la culpa de haberse apropiado de nuestros destinos imperecederos y comencemos a diseñar nuestro propio escenario de eternidad.

El otoño es antesala de espejismos. Las hojas que golpean la puerta de nuestras casas no están muertas. El invierno aún no ha conseguido hasta el presente acabar con la vida. No le pongamos nosotros fin si, ni el frío, ni la nieve, pudieron con ella. “Otro mundo es posible”, otro mundo de abundancia y gozos compartidos, otro mundo que juegue con las hojas del otoño, pero que por nada se crea su disfraz de oro viejo, su artificio de muerte, su engaño de caducidad.


Koldo Aldai
Fundación Ananta

IV contigo somos + paz el domingo 20 de septiembre de 2009, a las 11,30 horas

“Ser espiritual es simplemente tomar consciencia de la vida y estar agradecidos”

“Ser espiritual es simplemente tomar consciencia de la vida y estar agradecidos”

10- Septiembre-2008

Javier León (Barcelona, 1973) es antropólogo, escritor y empresario. Volcado durante un tiempo con las minorías marginales en Andalucía y Cataluña como trabajador social, se especializó más tarde en masonería y utopías, temas sobre los que ha publicado “Entrevista a un masón” (2006) y “Creando utopías” (2007), dos obras que recomendamos. Este Septiembre verá también la luz: “Masonería: viejos manuscritos” (2008)

Nuestro entrevistado ha hecho de la utopía no sólo objeto de sueños sino también de estudios. Tras su rastro ha recorrido medio mundo y ha visitado diferentes comunidades utópicas en cuatro continentes, reuniendo cuantiosa información de un movimiento con alcance ya planetario. Al día de hoy compagina la antropología con una de sus mayores pasiones, editar libros: en 2006 impulsó desde Hornachuelos en Córdoba la Editorial Séneca, que hasta la fecha lleva publicados más de una veintena de libros.

Nos encontramos con Javier en un luminoso día de finales de julio, en Madrid.

MASONERÍA

¿Qué es lo que te atrajo de la masonería?
Durante mucho tiempo estuve estudiando y trabajando sobre la pobreza y la marginación. Trabajé con lo que algunos denominaban lo peor del mundo y descubrí, bajo mi asombro, que detrás de todos aquellos escenarios habían personas con sus historias, con sus manías, con sus sueños. Tras muchos años intentando comprender nuestra naturaleza en circunstancias terribles, sentí curiosidad por adentrarme en su condición antagónica. La riqueza me aproximó a la misma inquietud: lo humano, en ese estadio social, también tiene sus propias historias, sus propias manías, sus sueños y sus miserias. En la masonería descubrí un mundo asombroso e increíble que muchos ignoran y desconocen.

¿Los masones son pioneros en la gestación de un nuevo mundo?
Los masones, por lo general, son personas de espíritu inquieto que pretenden hacer de hombres buenos, hombres mejores. Con esa premisa, trabajan día a día para hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Son librepensadores que desean conservar lo bueno de la vida y transformar lo caduco y lo erróneo.

¿Cuánto de esencia y cuánto de ritual y parafernalia hay en la masonería?
Desde un punto de vista antropológico no puedo hablar de parafernalia pues todos los ritos tienen un significado profundo para aquellos que intentan comulgar con los mismos. La misa tiene un significado profundo para los cristianos, así como la meditación vespertina lo pueda tener para los budistas. Cada ritual está teñido de una profundidad esencial. El interés y la labor de cada uno es descubrir en ese ritual la esencia de todas las cosas.

¿Está la masonería plenamente ubicada en nuestros días? ¿No vive de un exceso de nostalgias?
Hay instituciones que vienen de muy lejos y que, desde un punto de vista crítico, podríamos decir que son producto de la nostalgia. Tenemos, por ejemplo, el caso de la monarquía, un producto plenamente medieval que nace, actúa y se posterga mediante intervención divina y que, sin embargo, sigue en total vigencia y actualidad en nuestros días. Podríamos pensar de la masonería algo parecido desde ese punto de vista crítico. Algunos de ellos claman que son los depositarios de la sabiduría perenne, y en ese sentido, habría que profundizar en sus enseñanzas y cometidos para entender el significado profundo de esa afirmación. Hay instituciones que se transforman a lo largo de la historia, hay otras que permanecen siglos y siglos gracias a su capacidad de adaptación a los tiempos.

UTOPÍA

¿Hay algún lugar en el que hayan encarnado verdaderas utopías?
A lo largo de estos años he descubierto en todas las partes del mundo proyectos auténticamente utópicos. Pero no hay que irse muy lejos para encontrar auténticas utopías. Resulta una verdadera utopía ver a nuestros padres reciclar la basura. Eso era impensable hace unos años. Existen pioneros que están marcando las pautas a seguir, pero trabaja una mayoría silenciosa que practica diariamente la utopía con la que todos soñamos. La verdadera utopía somos nosotros en nuestras buenas acciones diarias. Los pequeños gestos, los pequeños actos que realizamos con espíritu de cambio son la utopía transformadora. Experimentos utópicos han existido en toda nuestra historia. La utopía es necesaria para adaptarnos y sobrevivir en un mundo cada día más difícil.

¿Cuáles son las comunidades o ecoaldeas que más te han llamado la atención?
He visitado ecoaldeas por medio mundo, sobre todo por California, cuna y pionera de casi todo lo que tenga que ver con la transformación del individuo y la sociedad. Últimamente, estoy recorriendo comunidades por toda Europa. La comunidad escocesa de Findhorn, en la que conviví varios meses y desde donde escribí mi segundo libro, “Creando Utopías”, es sin duda una de las pioneras y una de las que más impactan. También Sieben Linden, en Alemania, o Esalen, en el Big Sur californiano, me impactaron profundamente. Auroville, en la India, es el paradigma por excelencia.

Siempre que pensamos en utopías tendemos a imaginar una comunidad de hippies aislados del mundo que pretenden llevar a cabo un experimento social. Sin embargo, hay compañías que inventan el coche ecológico, o la energía limpia, o las relaciones humanas dentro de la empresa. Eso también es utopía. La utopía también se encuentra en la empresa, en la educación, en la psicología, en la política, en la economía, en la religión. Desmantelar los ejércitos, acabar con las jerarquías, el hambre y la pobreza, desarrollar energías limpias…, existen muchas utopías por las que luchar, y por eso necesitamos potenciar el utopismo y sobre todo, la figura del utópico.

Y en el pasado, ¿cuáles fueron los intentos más sinceros?
En mi tesis doctoral intento profundizar en los aspectos pasados de la utopía, para compararlos con los presentes e imaginar los futuros. Los ermitaños y ascetas que habitaron los desiertos de Egipto y dieron origen al monacato primitivo son, para mí, un ejemplo de gente que buscaba la utopía. La búsqueda incesante del Reino de Dios en la Tierra es, sin duda, clara muestra de ese intento de construir un mundo mejor. Pero también los pitagóricos o los esenios o los cátaros o tantas y tantas “herejías” pasadas que lo único que pretendían era aproximarse a la ventana de un mundo mejor.

Existieron muchos movimientos que buscaron en la nueva tierra el crear esa utopía. Por ejemplo, en las primeras oleadas de emigrantes que fueron el Nuevo Mundo, a América, creando nuevas comunidades utópicas. En Israel se intentó con los kibutz, en toda América con los falansterios, ahora, en nuestro presente, son las ecoaldeas, donde se pueden encontrar movimientos de toda índole que buscan desde la espiritualidad, la ecología o la política, una nueva utopía a explorar.

¿Por qué no se prodigan las comunidades en el mundo? Y en España, ¿por qué gastamos tan poco de utopías?
Al principio pensé que era difícil encontrar lugares utópicos. Pero si empezamos a indagar, vemos que existen muchas utopías en todo el mundo. Incluso la mayoría están organizadas en el Global Ecovillage Network (GEN). Las encuentras en las ciudades, con las ecocasas o los ecobarrios, también en el campo con las ecoaldeas. Pronto quizás podamos hablar de las ecociudades. La utopía es no dejar de soñar.

En España también existen envidiables ecoaldeas, y algunas, muy conocidas en Europa, como he podido comprobar. La utopía es un acto de generosidad extrema que requiere la renuncia, a veces traumática para muchos, de un montón de comodidades y seguridades previas. Renunciar a nuestro tiempo, a nuestro espacio y a nuestro antiguo orden social y de valores a veces resulta ser demasiado. En España es ahora cuando estamos despertando a la generosidad civil y social, y en eso, algunos países como Alemania nos llevan algo de ventaja.

¿Qué es lo que aún nos aleja en la conquista de esa utopía?
Vivimos en un tedio continuo, bajo el manto aplastante de la rutina impuesta. Nos cuesta creer en un futuro mejor pues vivimos instalados en un pesimismo realista. Hay algunos que han apostado sus vidas por alejarse de esa somnolencia y profundizar en otras formas de vida alternativa. Aún nos queda pendiente la asignatura de conquistarnos a nosotros mismos y creer apasionadamente en nuestra propia utopía. Seguir nuestro corazón y luchar por nuestros ideales es lo que nos hace más humanos, más limpios, más puros. La sinceridad de ese acto nos hace más libres y felices. Romper con el miedo y la rutina de una vida segura nos atrofia y nos mata. Vivir en la incertidumbre de nuestros sueños es el camino a recorrer, es el camino a conquistar para aquellos que deseen explorar un infinito de posibilidades.

EDITORIAL

¿Qué empuja a un antropólogo a crear una editorial?
Si eres amante de la cultura y además amante de los libros, no es mala idea crear una editorial para expandir ambas pasiones. Uno nunca sabe por qué ama las cosas, pero cuando convierte ese amor en propósito vital, sólo debes lanzarte a la utopía de seguir tus sueños. Eso implica riesgos, pero también la satisfacción de sentirte vivo, de ser actor de tu propia obra, y no un mero espectador. El viaje a Itaca es posible, sólo debemos creer en ese primer gesto transformador, ser osados, nadar sobre el infortunio. Como pacifista convencido, creo que la cultura y los libros son una apuesta entusiasta por crear la cultura de la paz. Ese es el lema de nuestro sello Séneca. El sello Nous, más dado a temas de nueva conciencia, ya lo lleva impreso en su propia naturaleza.

¿Creaste la editorial para hacer más entendible la utopía?
Crear una editorial en nuestro país y en los tiempos que corren es más que una utopía. Pongo como muestra esa extrema generosidad y pasión que nace, especialmente, de todos aquellos que trabajan y colaboran en ella. Tenemos un equipo humano excelente y admirable, dotado de una infinita paciencia y generosidad extrema. Para muchos, nuestros grandes maestros siempre fueron los libros. En ellos encontramos aventuras, sueños imposibles, viajes, enseñanzas profundas, amores. Siempre pensamos en lo maravilloso que debía ser poder algún día ser nosotros mismos portadores de esos milagros. Ahora descubrimos con satisfacción que editar libros es algo más que ser portadores de ilusiones. El arte encuentra en la palabra una forma hermosa de expresión. Los editores son puentes que sujetan con fuerza ambos extremos para que se rocen, se amen, se alimenten. Eso forma parte de nuestra propia utopía. Editorial Séneca y Editorial Nous pretenden ser un encuentro de utópicos.

¿Hay futuro para el papel en plena era digital?
Quedó poco futuro al papiro cuando se inventó la imprenta. No debemos asustarnos por los avances tecnológicos. Las sociedades se transforman y el pensamiento se amolda a los avances. Lo importante no es si leemos a Cervantes en papel o en digital… Lo importante es que Cervantes permanezca, que la loca utopía de Don Quijote llene nuestras vidas de gigantes y molinos…

ESPIRITUALIDAD

¿Qué le puede ocurrir a un intelectual para que rinda su erudición y abrace una vida espiritual?
Conozco a mucha gente espiritual que son intelectuales y muchos intelectuales que han abrazado la vida mística. La emoción de lo místico y la razón del pensamiento pueden ser totalmente compatibles. Podemos tener una visión erudita del universo y sentirnos conmovidos de su infinitud desde una espontaneidad mística. Las claves del universo y de la vida pueden ser entendidas o sentidas desde ambos hemisferios. Aún así, hay gente que no se conforma con analizar el mundo desde el plano material o mental o sentirlo desde el plano emocional, sino que además, se atreven a experimentarlo desde la voluntad y la acción. Para algunos, la vida plena sería una mezcla entre esas tres facetas del ser.

¿Está de moda ser espiritual? ¿Qué implica para ti una vida espiritual?
Ser espiritual es simplemente tomar consciencia de la vida y estar agradecidos por esta oportunidad única de poder disfrutarla, actuando para que los demás experimenten el mismo agradecimiento y gozo. Ser espiritual es ser extremadamente generoso. Esto lleva a una transformación lógica.

Mucha gente se pierde en la parafernalia de la mística, con regímenes estrictos alimenticios, grandes meditaciones y efímeras expansiones de consciencia olvidando, en ocasiones, la verdadera sencillez de la espiritualidad. Es el místico materialista o el místico egoísta del que hablan muchas escuelas, excesivamente centrado en los adornos externos de la personalidad. Eso está bien porque la generosidad debe empezar por nosotros mismos, pero luego debe transformarse y minar la vida de actos generosos para el otro. Es en la generosidad donde nos encontramos con la esencia de todo: con nosotros mismos, con la cultura, con la familia, con los amigos, con la sociedad y con lo espiritual. Ser generoso es ser espiritual y ser espiritual es ser generoso. Los caminos que elijamos para llegar a esa conclusión o para ponerla en práctica ya difieren de unos a otros.

¿Por qué tanta distancia entre la universidad y el templo, entre la razón y el espíritu?
Esa distancia surge de un complejo mal digerido. Diría que es un complejo histórico en el que antiguamente se quemaban a los ilustrados porque se alejaban de los dogmas religiosos de la época y ahora, como venganza, se queman a los religiosos porque se alejan de la visión científica de las cosas. Ambas posturas son erróneas y no debemos hacer de la ciencia una nueva religión plagada de dogmas y creencias que sólo obedecen a una verdad extrema.

Algún día lo espiritual se reconciliará con lo científico por la sencilla razón de que el infinito construye en nosotros los mismos interrogantes siglo tras siglo, y también construye diferentes puentes para intentar dar respuesta a esos interrogantes. Lo material y lo espiritual son caras de una misma moneda. Tan sólo debemos mirar el todo y no una de sus partes. Un científico se conmueve al mirar una estrella de la misma forma en que lo hace un místico. Los patrones son los mismos, lo único que cambia es la explicación que cada cuál intenta esgrimir sobre la realidad de esa estrella. Pero para ambos, lo importante es que la estrella brilla, y está allá arriba, en el universo.

Koldo Aldai
www.fundacionananta.org


Entrevista a José Luis Capita, patrono de Fundación Ananta y presidente de TPC

“El mundo del espíritu y el de la materia deben ir de la mano”

9-Septiembre-2008
José Luis Capita es empresario. Conoce los años buenos y también los malos, en los que se llega a no dormir cuando la cuenta de resultados no responde y la financiación se agota. Desde 2007 padece como muchos de los empresarios del sector de la construcción e inmobiliario una situación altamente difícil. Si su testimonio nos es válido en épocas de bonzanza, nos parece que ahora, cuando todo alrededor son dificultades, cobra más fuerza la máxima que José Luis intenta seguir todos los días de ser ecuánime intentando encontrar un punto de quietud en medio de la tormenta.

Nos encontramos con José Luis en su oficina de Pinto (Madrid) en una de las últimas tardes de julio de 2008.

¿Qué fue antes en tu vida, la empresa o el desarrollo personal?
En un comienzo no hay tal empresa, existe la ilusión de un emprendedor, una manera de sobrevivir y buscarse la vida. En el umbral de los veinte me asocio con un amigo y montamos un negocio de hostelería.

Vengo de un mundo de escasez y ya empiezo a manejar dinero. A lo largo de diez años me voy acomodando a una vida intensa, alegre, pero que en el fondo se manifiesta vacía. Muchas cosas en aquel tiempo estaban desniveladas, mal enfocadas. Siento un gran vacío interior, y comienzo a explorar algo más en mi vida.

No llego por lo tanto al Espíritu buscándole, más bien diría que es el Espíritu quien me llama a mí. Tampoco fue una llamada dulce. Fue una llamada virulenta, pues me encontraba muy sumergido en un mundo muy artificial, en un círculo vicioso del que no era fácil salir. Resuena en mi interior un llamado imperativo a cambiar el rumbo de mi vida, o la transformación o el desastre. No quería más de lo mismo.

¿En qué momento te diste cuenta que había algo más que construir casas?

Probablemente el día que soy consciente de que en todos los negocios intervienen personas que de alguna manera confían en ti para realizarlos.

Esto me permite descubrir, a través de una persona cercana, miembro de una tradición espiritual, una luz al final del túnel. Hasta ese momento hay un continuo caer y levantarme. Rondando los treinta años, comienzo a poner un poco de consciencia en mi vida.

¿Percibes abismos entre el mundo de la materia y el del espíritu?
No hay tanta diferencia entre el mundo material y el mundo espiritual. Ambos son caminos de crecimiento. En ambos puedes observar cuándo te estancas y cuándo creces. No obstante hay que encontrar el equilibrio entre las dos esferas.

Desde mi interior puedo descubrir que el mundo exterior tiene una importancia relativa. Lo que verdaderamente “ES”, está dentro y aquí no hay abismos.

Los negocios pueden provocar vértigo, puedes ver empresarios de éxito que lo tienen aparentemente todo y sin embargo arrastran una sensación de enorme vacío interior.

¿En la práctica cómo unes ambos mundos?
Proyectando sobre mis tareas cotidianas y en los negocios lo bueno que cada día descubro de la vida, interiorizándolo mediante la meditación.

El mundo del espíritu y el mundo de la materia deben ir de la mano. Se necesitan, se complementan, se están llamando a gritos. Lo material y lo sutil están mucho más cerca de lo que la gente pueda pensar y es imprescindible buscar el equilibrio entre ambos. Personalmente necesito sentirme instalado en ambos mundos para estar bien. No puedo prescindir de ninguno de ellos. Mi sitio esta uniendo ambos mundos. Tal vez se pueda resumir en algo tan tópico como cierto, encontrando el punto de equilibrio entre lo utópico y lo real.

¿Te has sentido apoyado internamente en los momentos bajos?
Cuando te asomas al mundo interior y del espíritu tomas consciencia de lo inconsciente que eres y entonces dejas de buscar culpables. Antes buscaba responsables de lo que me ocurría en mi entorno. Hasta que acepto por fin que lo que tengo es el fruto de lo que he sembrado. En ese momento comienzo a sentir el apoyo de todos los que me rodean.

Evidentemente en ocasiones me dejo arrastrar por el río de la vida material. Hay momentos también en los que olvido que todo está entrelazado, de que todo tiene un significado. Puedo olvidar que cuanto nos ocurre así ha de ser, que es lo mejor que nos pude suceder y que además nosotros lo hemos buscado…

¿Retornas con facilidad a ti?

En cuanto la inconsciencia se abalanza de nuevo sobre mí, paro, respiro y vuelvo a reparar en que todo tiene un sentido, en que cada cosa que me pasa es motivo de aprendizaje. Respiro y vuelve el equilibrio sobre la situación. De repente un reto complicado, me puede parecer perfecto. Procuro no dejarme llevar por coyunturas externas. Procuro en todo momento buscar la conexión interna. Con la respiración y la meditación hay un retorno al equilibrio.

La vida interna y externa deberían ir permanentemente unidas. Cuando me dejo llevar sólo por lo externo y no hay conexión interna, siento que pierdo la magia. La vida se me va de las manos y viene la pregunta: “¿por qué me pasa esto a mí?” Sin embargo, desde la visión interna puedo percibir toda la magia que nos rodea, puedo comprender claramente que lo que me sucede fuera es para que aprenda algo por dentro.

¿Qué mensaje tratas de transmitir, qué dejas caer en el marco de tus encuentros y reuniones con tus colaboradores y trabajadores?
No pretendo transmitir ningún mensaje salvo intentar encontrar el punto de equilibrio entre el mundo espiritual y el material. Yo pensaba al principio que la espiritualidad no era algo que podría poner en una mesa de trabajo y sin embargo hoy me ocurre de forma espontánea, sin reparar en ello.

¿Qué dejas caer?
Dejo caer la necesidad de ponernos junto a los demás, de empatizar con las personas, de mirar en su interior. Planteo la necesidad de ponernos incluso en el lugar de la competencia. En una empresa, en la que aún no ha penetrado un mínimo de “consciencia”, hay una tendencia a preocuparse exclusivamente por ganar más. Esta avidez puede implicar dejar en el camino valores imprescindibles.

Para no caer en la maraña de los intereses meramente materiales, en ocasiones necesitas alejarte de la escena y tomar altura para retomar la negociación desde una perspectiva más humana, más comprometida con las personas.

¿Es la hora del paradigma de la cooperación?
Los modelos organizativos deben adaptarse a los constantes cambios sociales, estructurales, de mercado… Podemos apreciar que no todos evolucionan a la misma velocidad respecto a determinados aspectos, pero si conseguimos una estructura de colaboración transversal, que posibilite que unos no tengan que recorrer el camino que otros ya han realizado, podremos asumir, en colaboración, proyectos que de otro modo nos llevaría mucho tiempo poder emprender.

Estamos necesitados de la cooperación. Lo bonito es darse cuenta de ello. Sin cooperación hay proyectos irrealizables para determinadas empresas. Para el trabajo cooperativo hay que generar ilusión, confianza, ganas de trabajar unidos... El trabajo en unión genera una gran riqueza humana. Unirse varias empresas pequeñas posibilita por ejemplo poder asumir desafíos privativos en principio de las grandes corporaciones.

En nuestra empresa es pilar la cooperación. Por eso hemos realizado durante años un gran esfuerzo para disponer de un sistema de gestión en el que las autoridades, responsabilidades y funciones estén perfectamente definidas. Esto nos permite identificar claramente las posibles sinergias que se generen ante una potencial colaboración, de manera que consigamos que los organigramas sean simples y las funciones y responsabilidades no se dupliquen.

El espíritu de la cooperación forma parte de nuestra cultura empresarial, por eso aplicamos técnicas que impulsan la colaboración y el trabajo en equipo dentro de la empresa, consiguiendo una motivación adicional entre el personal. Este sistema de gestión participativa permite descubrir los talentos de cada persona de manera que ésta se pueda responsabilizar de aquello para lo que se encuentra mejor preparada.

Esto no sería posible si no existiese un único lenguaje de comunicación dentro de la empresa. Un sistema de gestión de este tipo que suma, potencia y no excluye es perfectamente asumible incluso por la competencia ante un proyecto de colaboración. Nosotros siempre hemos buscado la cooperación. No contemplamos el desarrollo de proyectos en solitario. Estamos muy habituados a compartir los proyectos. Hemos llamado a uno, a dos y a tres cuando lo podíamos haber hecho solos. Compartimos igualmente un modelo de gestión. En el mundo de la empresa también funciona el axioma de que das y en esa medida recibes.

¿Es posible dejar atrás el paradigma de la competencia?
Debemos dejar de competir con otras empresas, si nuestro objetivo es acabar con la competencia. Hace ya tiempo que la competitividad de una empresa pasa por la mejora de la confianza de sus clientes. Si todos intentamos mejorar en este aspecto las empresas del sector tendrán más en común y de forma espontánea surge la colaboración. El objetivo de asfixiar a la competencia ha sido muy común entre los empresarios.

Un elemento fundamental en la estrategia de las empresas debe ser crecer sobre la base de un servicio diferenciador que tenga en cuenta la plena satisfacción de sus clientes. Las empresas también tienen sentimientos. El crecimiento individual alienta el crecimiento de la empresa. El empresario debe desarrollarse como hombre o mujer de negocios, pero también internamente, como persona. Este progreso también es el camino hacia una mayor prosperidad.

Todo un idioma nuevo…
Así es, aunque en muchos casos la novedad consista en volver a aplicar a los negocios valores que parecían sólo aplicables a la vida personal. No olvidemos que todo el mundo tiene su lado interno, su dimensión espiritual. La cuestión es si somos capaces de despertarla o no con sutileza y suavidad. Cuando introduces palabras correctas en el momento correcto, palabras ajustadas e inspiradas internamente, las otras personas escuchan y se tornan receptivas. En realidad, todos tenemos un aspecto interno y somos susceptibles de despertar un grado de consciencia, todos buscamos estar en paz con nuestro yo interno.

¿Cuántas empresas hablan ese nuevo idioma?
Creo que en la actualidad todas las empresas ponen en práctica estas teorías, aunque cada una nos expresemos con acentos diferentes. En veinte años la vida en las empresas ha cambiado mucho. El mundo de la empresa ha comenzado a introducir pautas y valores espirituales. La consciencia estará más presente en las empresas.

La sociedad necesita una empresa que sea capaz de desarrollar valores personales y que estos se proyecten en su actividad cotidiana. El idioma del trabajo bien hecho y en equipo se impone en los organigramas de las empresas.

Cuando el trabajador se siente vivo y útil y sabe que tiene un espacio de confianza y responsabilidad dentro de la empresa la creatividad surge de todos los estamentos. Sin lugar a dudas, el mundo de la empresa que sea capaz de valorar el mundo de lo intangible irá con ventaja sobre el resto. Lo que no se puede leer ni en un balance ni en una cuenta de resultados ha de tener también su peso específico.

¿Tienes la tentación de abandonar el mundo de la empresa para dedicarte exclusivamente al altruismo?
No. Es preciso trabajar desde dentro en el mundo de la empresa. Así podemos colaborar y aportar a un modelo que sirva para todos. Hay aspectos que el mundo del negocio tiene muy bien resueltos y que son trasplantables a otros ámbitos. La empresa puede ser un vehículo muy eficaz como portador de conciencia.

¿Por ejemplo?
El mundo de la empresa tiene por ejemplo bien asumida la necesidad de un balance y un plan de negocio, sin embargo gestiona de manera muy diferente su activo más importante, que es su capital humano. En este sentido es imprescindible saber dimensionar un proyecto de manera que sea capaz de satisfacer las necesidades de crecimiento interior de sus participantes.

Un consejo de veterano…
No hace falta fracasar para darse cuenta de que un negocio no va a funcionar. Un proyecto primero es una ilusión, el desarrollo de la idea le dará forma. Sólo resta materializarlo, saltar a la acción, a la realidad. Si se realiza una correcta lectura de las circunstancias coyunturales, si se dispone de un plan y de las herramientas adecuadas, no se necesita tener suerte. La suerte no es, al fin y al cabo, sino el minucioso cuidado de un sinfín de detalles.

¿Casan ladrillo y espíritu?
El ladrillo es un sector económico más. No veo ninguna dificultad en aplicar en este ámbito los mismos principios generales ya expresados. Sin embargo, sí es preciso aludir a la crisis que en la actualidad atraviesa el sector, sin olvidar que toda crisis implica nuevos retos y oportunidades.

Creo que definitivamente es el momento de un nuevo modelo para el sector. Creo que la actividad empresarial realiza una función social. En nuestro caso no sólo creando puestos de trabajo y riqueza en general, sino posibilitando la realización de un entorno de convivencia y desarrollo personal. Para que ello sea posible, se precisa la colaboración de los diferentes estamentos sociales e instituciones.

Muere un modelo por agotamiento, pero empieza a nacer otro nuevo. En el nuevo modelo se ha de tener más en cuenta al destinatario final. Debemos diseñar nuevas formas de acceder a ese espacio personal y privado al que todos tenemos derecho y sin el cuál es muy difícil alcanzar un desarrollo equilibrado.

¿Te has asomado a algún abismo?
El desarrollo personal puede ser sencillo y suave, sin embargo a menudo demanda atravesar situaciones increíbles para despertar algo dentro de nosotros mismos. A veces hay que vivir desafíos terribles para aprender pautas muy básicas.

Personalmente sé lo que es eso. Me he visto en situaciones extremas que el paso del tiempo ha convertido en experiencias positivas y necesarias. Hay acontecimientos que deben suceder, independientemente de que tú quieras o no. El mundo del espíritu, de la magia, tiene sus propias razones, su propio proceso, su propio tiempo. A la vuelta de todo ello, puede resultar que aquello que dentro de ti suscitaba truenos y chispas, hoy suscite paz.

Te has nutrido en diferentes tradiciones espirituales. ¿Qué te ha aportado cada una de ellas?
Son tradiciones que te llevan por diferentes caminos a un mismo lugar. El chamanismo te aporta un contacto estrecho con la naturaleza, una inmediatez en la respuesta, una posibilidad de graduarte a ti mismo, de afrontar temores atávicos… El chamanismo te coloca delante de una situación extrema que puede resultar artificial, pero que finalmente te permite esa conexión necesaria con el espíritu.

He pasado por el budismo, por sus extraños pero conmovedores rituales, por su complejo mundo de visualizaciones y armonía ceremonial que te conecta con el sonido interno. Es cierto que me costaba entender determinados aspectos de la enseñanza, pero yo me encontraba allí en paz. He vivido el sufismo y ahora me atrapa el yoga, sobre todo el hatha yoga. Llevo cinco años con esta práctica. Es una disciplina muy integradora. Incluye mente, devoción, cuerpo físico… El yoga me conecta con la sencillez, pero a la vez me aporta una vida elevada, una alimentación sana, unos cantos que me llenan… En los últimos tiempos me he dejado también cautivar por la ciencia sintergética.

¿Logras con todo ello una síntesis en tu interior?
Es cierto que he picoteado mucho, pero también que logro hacer la síntesis en el instante, en el aquí y ahora. Después de esta entrevista me esperan un montón de compromisos, pero ahora estoy instalado en este instante contigo, en torno a esta mesa.

¿Cómo y por qué te integraste y también a TPC Obra Social a Fundación Ananta?
TPC Obra Social surge de la necesidad interna de agradecer y de devolver. En TPC sentimos que había llegado el momento de revertir algo de lo que hemos ganado y de dar las gracias. Hay mucha gente a la que agradecer muchas cosas… Cuando conocí a Ananta enseguida pude comprobar que nuestro lugar de servicio bien podría ser esta Fundación. La Fundación tenía un camino andado, precisamente el que yo quería recorrer. Comulgaba plenamente con la filosofía de Ananta de participar de ambos mundos: material y espiritual. Quiero ser un impulso en la Fundación. Quiero poner consciencia en un mundo material tan necesitado de ella. Lo haremos de la forma más generosa posible.

El 28 de Septiembre tenemos una cita importante…
Con el “Acto por la Paz” que celebraremos ese día en el Palacio de Congresos del Paseo de la Castellana y en el que pretendemos reunir a 2.000 personas, queremos seguir manifestando el convencimiento, la fe de que la paz acabará anclando en la tierra.

Deseamos ser ese encuentro con la paz que todo el mundo busca y necesita. Organizamos una cita en la que subrayar que la paz primero ha de estar dentro de nosotros para poder después llevarla al mundo. Estamos persuadidos de la fuerza inmensa que puede adquirir un pensamiento de armonía formulado de forma profunda y sincera en un marco colectivo. En el futuro confiamos poder ir de la mano de las instituciones y llenar aforos todavía más grandes que el Palacio de Congresos. Este año el “Acto por la paz” representará también la culminación de la “Caravana de la Sanación” que lidera Jorge Carvajal.



Koldo Aldai
www.fundacionananta.org
1 de septiembre de 2008

¿Último vuelo?



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