Fundación Ananta

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Pensamientos de junio: mi consultorio es la Tierra

"Pero no hay que esperar a ser un médico para ser un sanador. El sanador es cualquier hombre o mujer que sea capaz de convertirse en un canal inteligente del amor. Para él la oportunidad de sanar ocurre siempre, su consultorio es la Tierra. Sus pacientes, flores, pájaros, niños, santos o ladrones, todos los que necesitan la energía del amor”. Jorge Carvajal, “Por los caminos de la bioenergética. Un arte de curar” (1995) p. 145. Editorial Luciérnaga, 2006. Imagen: amanecer en Badalona, 8 febrero 2016 (cortesía de Carmen Torres)

Coincidentes vitales (Ramiro Calle)

Es en el Mahabharata donde podemos leer que los seres somos como maderos que durante un tiempo nos encontramos en el océano de la vida carnal y luego nos separamos.  Pero esa separación, con respecto a los que llamo "coincidentes vitales", no la siento como tal, porque si como declaraba Kabir, el mar y sus olas son una unidad, ¿qué diferencia hay entre él y ellas? El cegador resplandor del misterio de la vida, eclipsa la débil luz del entendimiento ordinario. ¡Qué enigma tan grande que en millones y millones de años vayamos a coincidir en esta vida  con unas determinadas personas y...

Pensamientos de enero: cada gesto es mágico

"Cada gesto es mágico. Entonces, cuando encontréis a alguien por la mañana, no le deis los buenos días con un recipiente vacío, porque sin quererlo, sin saberlo, estáis tratando de desearle el vacío, la pobreza, el fracaso para todo el día. Diréis: "Pero esto no tiene ninguna importancia, en el mundo la gente no presta atención a estas cosas." Si la gente es inconsciente, ¿es ello una razón para imitarla? Que actúen como quieran, pero nosotros, aquí, en donde aprendemos las leyes de la nueva vida, debemos acostumbrarnos a ser conscientes de todas las cosas. Por lo tanto, cuando por la mañana...

“Veo a Dios en las sonrisas que me regalan los niños”

Entrevista a Jaume Sanllorente, fundador de “Sonrisas de Bombay”

16-Mayo-2008
Sólo la increíble fuerza interior que le asiste es capaz de mover tamaña empresa solidaria. Es incombustible. No conoce domingos, ni descanso. Es así como el proyecto florece y las sonrisas de los niños de Bombay no paran de estallar. Pronto alcanzarán las 6.000. Jaume contagia pasión por ayudar al prójimo y esa pasión es la que hace que los monederos se abran y las empresas se vuelquen a favor de “Sonrisas de Bombay”. Se puede leer su libro, rastrear el trabajo que desarrollan…, pero sólo el inmenso brillo en las pupilas de este joven periodista barcelonés, ese entusiasmo desbordante por la vida y las oportunidades de ayudar que nos concede, nos sitúan en el verdadero origen de esa magna obra solidaria.

La nuestra es la última de una larga lista de entrevistas que ha mantenido a lo largo de todo el día en Madrid. En su rostro no asoma el más mínimo cansancio…

¿Te sientes recompensado?
¿Qué he hecho yo para merecer esto? Me lo repito todos los días en un sentido positivo. ¿Qué he hecho yo para merecer tantas cosas maravillosas, como la vida hoy me está regalando cada día? Recibo sonrisas, alegría, amor en estado puro, en dosis tremendamente grandes. A veces pienso que no me merezco todo esto con lo que Dios me está recompensando. Te lo digo con pleno convencimiento: todos estos regalos no caben en mí.

¿Las pilas Duracell de Jaume Sanllorente en qué enchufe se alimentan? ¿De dónde sientes que te viene esa fuerza interior que te permite atender retos de tamaña envergadura?
En Dios (muy larga pausa…) Te lo prometo, que nunca, nunca en la vida hubiese pensado que algún día daría esta respuesta.

¿Te sientes sostenido?
Sí, por Dios. ¡Mira! Se me pone la piel de gallina al pronunciar esta palabra. Sí, Dios me sostiene y te juro que jamás me imaginaba haciendo esta afirmación que en principio puede sonar propia de alguien muy atado a un movimiento religioso. No es mi caso.

Cuando desvinculas a Dios de la religiones, te das cuenta de que éstas son un maquillaje, que te impiden ver la cara lavada de Dios. Dios es todo, Dios está en esta conversación que estamos teniendo. No hay que creer o dejar de creer en Dios. Dios está y punto. Yo veo a Dios cada día en todo. Esta luz, esta belleza que ahora en este hall nos rodea es Dios. Veo a Dios en las sonrisas que me regalan los niños, en los árboles que se mecen al ritmo del viento, en esta agua pura que bebemos…

¿Sientes que vuestro accionar está sostenido desde Arriba?
Cuando a veces oigo decir cómo Dios permite que el mundo esté como está, yo respondo diciendo que el mundo es así porque nosotros lo hemos querido. El legado que Dios nos ha dejado es maravilloso. Nosotros lo estropeamos con nuestras acciones. Dios no nos castiga. Nos castigamos nosotros mismos. El Dios castigador ya pertenece a una religión concreta.

Antes de abrir el paquete del regalo de la tierra, antes de pararnos a observar este mundo rebosante de encanto, ya lo hemos deteriorado, a menudo destruido.

En tu libro te manifiestas como un artista en el reciclaje de sentimientos. ¿Hay situaciones que aún al día de hoy te cuestan reciclar?
Evidentemente… Uno es humano. Recientemente una persona de relieve público me decía: “Jaume, yo soy cochinamente humano”. Yo no tengo, ni todo asumido, ni todo aprendido. Espero no vivir jamás con la sensación de haber aprendido todo. Confieso que aún hay situaciones que no puedo reciclar.

Relatas en tu libro que hay momentos en los que no paras de trabajar…
Hay mucho trabajo detrás de todo este proyecto. Las cosas no se hacen sólo con levitar y buenas intenciones. Hasta en mis momentos de recreo no puedo evitar ir al ordenador y empezar a trabajar. En los fines de semana, como jefe, me obligo a mí mismo a descansar y sin embargo no puedo evitar moverme a chequear el correo y ver los nuevos socios o pensar cómo proporcionar una nueva ayuda…

No sé si es bueno o malo, pero mi trabajo me apasiona. A las pasiones hay que darles rienda suelta. No hay que castrarlas, nunca, nunca…

¿Hay algún momento en que te ha asaltado la nostalgia por la vida de antes?
Sí, pero eso nunca me ha hecho plantearme tirar la toalla. El proyecto es mi vida. Con convencimiento total y absoluto: es el motor que marca el latido de mi corazón.

¿Cuando ves tus colegas bien situados, no te has preguntado alguna vez, “dónde me he metido yo”?
No eso no. Sólo esa sensación de coger la moto, como hacía antes, y recordar mi pasado con cero preocupaciones, me puede inspirar algo de nostalgia. Sólo a veces. Antes no tenía libretitas en mi mesilla de noche y ahora tengo libretitas varias. En cualquier momento me puedo despertar y empezar a apuntar nuevas ideas, planes… para el proyecto.

¿Qué te ha dado esta nueva vida?
A nivel egoísta la libertad de hacer lo que quiero. Trabajo en lo que yo mismo he elegido. A nivel no egoísta la libertad proporcionada a, por ahora, 3.000 niños de Bombay. La libertad de otros me ha hecho libre a mí. Eso no tiene precio. Eso merece todos los quebraderos en la cabeza y todas las libretitas que uno pueda tener en la mesilla de noche.

¿Qué te ha regalado la India?
La India no me ha dado nada. El proyecto me lo ha dado todo. Los niños beneficiados me han dado las más grandes lecciones que he recibido en mi vida.

¿Cómo sobrevive la India a una realidad tan dura?
Tengo la sensación de que la espiritualidad ha surgido con fuerza en la India, pues era necesaria una válvula de escape, para salir de ese panorama extremo. Por ejemplo, el sistema de diferenciación de castas es muy violento y castrante. Leo y releo Ghandi, Vivekananda… Sus pensamientos maestros han surgido abonados por una realidad absolutamente contrapuesta. Esos pensamientos hablan de dar, de amor, de igualdad, de valores universales, planetarios, humanos…

¿Ayuda y cuestionamiento de estructuras o sólo ayuda? ¿”Apagar los incendios” o algo más?
La coherencia aquí va a repercutir mucho allí. Un ejemplo: cerciorarnos de que nuestra ropa no ha sido confeccionada por niños. Muchos de los niños explotados en los talleres de ropa están sometidos a un dictado occidental, no oriental. Las grandes empresas que favorecen esa situación son de nuestro mundo.

Así como los pobres ven el mundo de lujo a través de un cuadradito que está en sus chabolas y que se llama televisor, debemos observar también nosotros, que los niños de África que se están muriendo de hambre, no pertenecen a un televisor. No es un montaje de imagen, sino pura realidad. Cada quien ha de tomar la decisión de dar los pasos oportunos hacia un mundo mejor. Entonces ya no nos frenará nadie.

¿En una edad adulta, qué te gustaría ver como legado de toda una vida?
Quisiera ver, no sólo que los niños del proyecto han gozado de un futuro digno, sino que sus hijos también han contado con él. No me deben ningún favor. Les he ayudado porque he querido.

Quisiera comprobar en el futuro que los hijos de una de esas niñas que hoy se encuentran en el orfanato disponen de educación. Me gustaría encontrarme a una de esas niñas por azar en las calles de una ciudad de la India. No me importa que no se acordara de mí. Me gustaría topármela de repente y preguntarle:
- Oye, ¿Cuánto tiempo? ¿Qué es de tu vida?
- Pues mira…, llevo mis hijos al cole.

Eso me emocionaría. Hay personas que imaginan como cosa ideal en sus vidas el día de su boda, el día del primer hijo… La situación utópica que yo imagino es ésta. Este encuentro es lo que yo anhelo…

¿Muchos proyectos en la libreta?
Muchos proyectos, pero ya basados en realidades. Hace tres o cuatro años, cuando perseguía a la gente para que me ayudara, siempre les tenía que convencer en base a sueños. Ahora ya no hace falta que les venda sueños, ahora les puedo vender realidades. Gracias a las ayudas que hemos ido recogiendo, en tres años de 40 niños hemos pasado a 3.000. En junio serán 6.000. Todo gestado gracias a ayudas que han venido de España.

¿El viento sopla a favor?
Cierto, pero aún ha de soplar mucho más. Tienen que venir muchas más ayudas. Sólo en Bombay hay 300.000 niños abandonados. Se necesita mucho viento, pero para eso estamos.

¿Aún y con todo, el destino se escribe con mayúsculas?
Creo que hay un destino superior, pero no hemos de caer en conformismos. Hemos de hacer todo lo que esté en nuestras manos, para que ese destino sea lo mejor para todos.

Koldo Aldai
12 de mayo de 2008
Fundación Ananta

“Si quiero ser libre y feliz ahora incluyo a los demás”

Entrevista con Enrique Simó, coordinador de la Universidad Espiritual Brahma Kumaris en Madrid

12-Mayo-2008
No andan pregonando su vida de entrega al prójimo. Enrique Simó me ruega aclarar que este tipo de confesiones personales no han surgido por iniciativa propia, sino que las ha dado a conocer ante nuestra invitación que le invitaba a ello. Ha compartido su testimonio, sólo en la medida que puede ser útil y estimulante para que otros avancen en el camino de búsqueda. De no ser así permanecería con su labor silente y discreta…, sin necesidad de hacerse con titulares.

El interés por compartir su testimonio viene de la oportunidad de demostrar que aquí, en medio de la gran ciudad, hay personas volcadas por entero en el bienestar ajeno, en proporcionarnos un espacio de armonía y conocimiento. En medio del intenso trajín de la calle Orense hay personas ancladas en armonía y que viven por y para hacer brotar la paz en el corazón del otro. En ese esfuerzo son felices. Damos constancia de ello.

En medio de la gran ciudad, ¿es posible hallar la paz?
La paz es posible en cualquier lugar, ahora bien lo que es importante es un cambio de prioridades. Es preciso establecer la prioridad de querer estar en paz. Necesito priorizar mi estado interior. Si yo estoy bien conmigo mismo, con mi familia, en mis relaciones…, todo va a funcionar mejor. Pongo mi atención en aquellas cuestiones que me roban la paz, bien para impedir que vengan, bien para transformarlas. Es un trabajo de atención, práctica, constancia y paciencia.

Esta opción por la paz no puede ser un hobby. No se trata de que cuando me sobre un momento me voy a poner a meditar. El recogimiento se ha de convertir en una prioridad. No es una cuestión de tiempo, sino una voluntad de querer estar así. Descubro la importancia de estar en paz. Estar en paz es un valor, es una fortaleza. Si yo soy un ser que está en paz soy valioso para el mundo. Ya no sólo trabajo y vivo, sino que contribuyo a que el mundo sea mejor. Estamos por lo tanto ante una cuestión universal y no particular.

¿En medio del mundo ajetreado de la empresa es posible hallar la paz?
Aquí también hay que establecer prioridades. En este ámbito la palabra clave es equilibrio. El equilibrio nos convierte en personas valiosas y nos proporciona una vida de calidad. Si nos involucramos demasiado ya en el trabajo, ya en el ocio evasivo, perdemos el equilibrio. Hemos de encontrar el tiempo necesario para trabajar sobre nosotros mismos, para compartir con la familia, para trabajar en la empresa. Más horas en la empresa no significa necesariamente más efectividad.

¿Espiritualidad y empresa pueden ser complementarios?
Perfectamente. Espiritualidad es vivir el mundo interior, vivir más inclusivamente, ver el alma en el otro y en ti mismo. Donde te ubiques ya es secundario. Lo importante es que estés conectado con tu interior y que desde tu interior actúes.

¿Se puede estar en la empresa sin pertenecer a ella, sin estar atrapado por ella?
Si sólo es la empresa lo que da sentido a tu vida, te encuentras atrapado. La empresa es un medio, no un fin. Es el trabajo interior lo que nos va a posibilitar estar bien y por añadidura tener éxito en la empresa. Es preciso hallar el tiempo necesario para el silencio, la relajación, el desarrollo personal.

La formación en conocimientos dentro de la empresa no es necesariamente la mejor inversión. La formación en ser mejores y más estables, puede ser a la larga más productiva. Unas mentes más ecuánimes, más relajadas, más en calma pueden trabajar a otro nivel. De esa forma estaríamos más atentos, tomaríamos decisiones más precisas, las reuniones serían un lugar de encuentro, convivencia y progreso y no de discusión. Controlaríamos nuestras emociones. Trataríamos a las personas de otra manera. Es decir, ello comportaría beneficios a todos los niveles. Lo digo por experiencia personal y por experiencia de personas que han realizado ese cambio.

¿Qué consejo darías a un hombre o mujer de empresa para mantener esa paz, ese equilibrio?
Cada día encontrar un tiempo para reflexionar sobre qué es lo importante en su vida y detectar los valores que le han dado sentido a su existencia en algún momento. Es preciso observar después si esos valores cobran importancia en el momento presente. Habrá que buscar también el equilibrio que mencionábamos entre su trabajo, su tiempo personal y su familia.

¿Y el ruido de los medios de supuesta comunicación?
Buscamos vaciar la mente. Si tu prioridad es saber, pues llénate de ese ruido, pero si tu prioridad es buscar la calma y la paz, procúrala. Si te empapas de energía densa después es muy difícil meditar. No podemos dejarnos atrapar por esa energía tan pesada que mueve el mundo, pero a la vez hemos estar en medio del mundo. He ahí nuestro reto.

¿Qué es lo que te ha regalado la India?
Volver a un estado íntimo y personal que no había sido capaz de descubrir. La India me ha devuelto ese punto de conexión interna que tenía un poco olvidado. En la India se ha despertado profundamente mi espiritualidad. La India me ha mostrado que la vida puede ser diferente, aún sin gozar de los recursos que tenemos nosotros. Es una cultura generosa. La gente da. Cuando se abre un centro espiritual, aunque no se pertenezca al grupo en cuestión, la gente ofrece comida, dinero… Tienen el hábito de ser generosos con las personas que dedican su vida a algo superior o distinto.

La empresa dedica también un tanto por ciento a personas necesitadas, proyectos culturales o de bien social. En la India he encontrado gente maravillosa, grandes maestros, mujeres sabias que me han ofrecido una perspectiva profunda de la vida, que me han hecho reflexionar sobre mi existencia… En la India he encontrado amigos de todo el mundo con los que mantengo un gran vínculo. Nos vemos poco, pero el poco tiempo en que nos vemos es de calidad. Ello te hace descubrir que la amistad y las relaciones humanas no dependen necesariamente del tiempo que compartes y de la cercanía física, sino de calidad de la relación y de la interacción. Las relaciones espirituales trascienden la distancia y el tiempo. Nos permiten vivir unidos a otro nivel. Todo eso me ha regalado la India.

Sin embargo se dice que el polo de espiritualidad del mundo está mutando a los Andes, que la India ya no es lo que era…
Hace 22 años que voy a India. La sociedad se ha modernizado. Junto con ese fenómeno se observa también que la psicología va evolucionando. Se percibe una mayor irritación en la gente de las ciudades. Externamente se ven las cosas mejor, pero también se percibe que muchos de las actitudes occidentales, como las del consumo y la sobrevaloración de lo material, se van incorporado. Acontece una perdida de espiritualidad.

Hay muchas Indias en la India, hay muchas culturas dentro de la misma nación. La India que yo he conocido a través de Brahma Kumaris es también otra India muy especial. Brahma Kumaris es un foco de espiritualidad y de servicio social en el país, es una organización muy fuerte, muy integrada en la cultura y en el tejido social. Políticos relevantes vienen por ejemplo a pasar días de retiro a nuestra casa madre en compañía de las dadis o directoras de la Universidad.

¿Te costó dejar el mundo antes de asumir el compromiso con Brahma Kumaris?
No demasiado. Siempre he tenido un sentido profundo de la libertad. Sin embargo mi idea de la libertad no era adecuada. Hacía lo que me decían que era ser libre, pero en realidad me sentía más vacío. Tras dar algunas vueltas por el mundo, en el año 1984 me puse a buscar en Barcelona. Aprendí masaje, macrobiótica, medicina gnóstica, medicina china… Me hice vegetariano, dejé de fumar y beber y comencé a meditar. La relación con la gente comenzó a cambiar. Me preocupaba también el cómo ayudar a los demás sin generar dependencias.

¿Qué te dio Brahma Kumaris?
Brahma Kumaris me dio esa oportunidad de servicio y también englobó todas las búsquedas en las que había estado implicado. Encontré sencillez y a la vez profundidad. Encontré una meditación más adecuada a mi ser. Hallé también una forma de servir sin crear apegos: compartir unos conocimientos para que los demás los experimenten. Es decir: “Toma este regalo que a mí me ha servido y experiméntalo si quieres en tu vida”. Ello me mantenía absolutamente libre.

No intentamos convencer. Proporcionamos herramientas para conoceros mejor a nosotros mismos: “¿Quiénes somos realmente?” Cuando concluimos que somos seres espirituales y conscientes, nuestra vida toma otra dimensión y nuestras relaciones también cambian. El relacionarnos unos con los otros como seres espirituales permite al otro desarrollar su grandeza y espiritualidad. La imagen y la actitud positiva que nosotros proyectamos en nuestro prójimo, le influyen. En esa medida procuramos ser un testimonio que pueda servir a los demás.

¿Tenéis votos en Brahma Kumaris?
No hay un momento en el que tu adquieres unos votos. Es un proceso de comprensión y entendimiento que paulatinamente te lleva a adoptar en tu vida ciertas actitudes, ciertos hábitos. Estas disciplinas nos ayudan a alcanzar nuestros objetivos en la vida. Por poner un ejemplo: si quiero una vida de paz, primero habré de ser pacífico con los animales y con el entorno, es decir me habré de hacer necesariamente vegetariano.

¿Cómo establecemos vínculo con nuestra alma?
Primero necesitamos comprender que somos seres espirituales, almas y no únicamente cuerpo. Con esa conciencia nos iniciamos en la práctica de la conciencia del alma. Sentados en silencio, concentramos toda nuestra atención en un punto detrás de nuestros ojos. Sentimos la energía que hay en ese espacio interior. En ese estado de concentración uno empieza a sentir paz, amor, felicidad. La mente reduce su actividad y deja espacio para que se manifieste la sabiduría.

El esfuerzo está en aprender a vivir desde esa nueva conciencia. Sentir que soy un alma, un ser de luz consciente y ser capaz de relacionarme con el otro viendo la luz en sus ojos y sintiendo su belleza interior.

¿Cómo es tu experiencia con Dios, con el Origen, con la Fuente...?
Dios para mí es como un Amigo, un Compañero que me acompaña y me comprende. Otras veces es como un Padre y una Madre llenos de amor que me cuidan. En otras es como un Profesor que me enseña y es más exigente. También es como un Guía que me muestra el camino a seguir.

Dios es un ser muy cercano que me acompaña en el camino de la vida hacia el encuentro con mi verdadero Ser interior. Podemos ver a Dios también como alma, pero por supuesto el Alma Suprema, un ser completo, libre, misericordioso y lleno de Amor dispuesto a compartirlo con sus hijos. La experiencia de Dios te llena de paz, amor y misericordia, cualidades que después puedes compartir con los demás

¿Cómo ayudas a los demás a poder vivir esa experiencia?
Compartiendo este conocimiento en clases, seminarios y conferencias. Acompañando con ejercicios de meditación a los nuevos viajeros espirituales. Intento que mi vida sea una inspiración para vivir esa experiencia.

¿En qué consiste tu práctica espiritual?
Medito cada día y estudio el conocimiento espiritual. Todo lo que vivo lo relaciono con la espiritualidad y hago el esfuerzo de buscar el aprendizaje. Siempre es posible encontrar un beneficio detrás de cada situación. En las relaciones practico el procurar no ver los defectos y enfocarme en las cualidades ajenas. Mi propósito es dar felicidad y recibir felicidad, de esta manera la vida es mucho más agradable.

Comparto con Dios mis mejores momentos, también los más difíciles. Dejo en Sus Manos aquello que no alcanzo a entender o no soy capaz de resolver.

¿Hay algún tipo de práctica que desees recomendar en particular?
Sí, especialmente la de ser un observador desapegado. La experiencia me ha enseñado que no es necesario pensar tanto, pues al entrar en una gran expansión mental, a menudo después no somos capaces de resolver toda nuestra creación.

En el silencio aprendemos a pensar tan sólo lo que es necesario, a responder a aquello que es importante y volver a ese lugar inmaculado en nuestro interior donde reina la paz y la calma. En ese lugar somos el observador desapegado que responde, pero no reacciona. En ese espacio mágico se siente la dulzura de la relación con Dios y el alma se encuentra plena, sin deseos, ni expectativas. No es tan importante hacer, sino ser. Las acciones fluyen de manera natural desde ese estado de ser.

En ese espacio de la conciencia del alma desde la actitud del observador, el pasado queda en su sitio y se vive un presente activo y significativo. Para mantener este estado necesitamos tener como prioridad la atención en el Ser y mantener la relación con Dios muy abierta y amorosa.

Hay otra experiencia en meditación que es muy profunda y que te llena de energía. Es el viaje a la dimensión del silencio. En India le llaman Paramdham, la morada suprema. Los budistas le llaman el Nirvana, la tierra más allá del sonido.

En el silencio te desprendes de la conciencia de tu cuerpo y viajas con tus pensamientos a un mundo de luz brillante. Como un ser de luz, te sumerges en ese Océano de luz y conectas con el Ser Supremo. Se establece una relación silenciosa, pero llena de poder. No hay pensamientos, no hay movimiento, pero hay la conciencia de la eternidad, de estar y de ser. En eses estado nos liberamos de todo aquello que nos limita, nos bloquea y nos impide ser libres de verdad.

¿Cuál es el sentido de la meditación “Amrit vela” de las 4,30 de la mañana?
“Amrit vela” es un término utilizado en India que significa, “las horas del néctar”. En la tradición hindú se considera un tiempo sagrado. Los devotos se levantan y tocan las campanas para despertar a sus deidades más amadas.

Para mí es una meditación muy especial donde practico el silencio interior, viajando con mi mente al mundo del silencio para conectar con Dios. Esta meditación me da fortaleza para afrontar todos los retos que se plantean durante el día. Cuando el alma descubre este néctar, tiene el deseo de volver a tomarlo, pues transforma y fortalece.

¿No sientes memada tu libertad al comprometerte con una gran organización internacional?
Al entender de una forma nueva la libertad, puedo decir que no. Ahora mi libertad es alcanzar una vida plena. Hay compromiso y dedicación, pero lo que más satisfacción me proporciona es mi trabajo interno y mi dedicación a los demás.

Hay una prioridad: si quiero ser libre y feliz ahora incluyo a los demás. Ya no es un sacrificio el ayudar a los demás. Hay una máxima básica hondamente interiorizada: “No puedo ser feliz yo sólo”. Tengo que ser feliz dando felicidad, pues es una energía que los demás te devuelven. Eso te permite progresar espiritualmente. Este es un aspecto básico de la enseñanza de Brahma Kumaris que me ha llegado bien dentro.

Es preciso hacer algo generosamente, en clave de servicio verdadero. El agradecimiento de corazón de la persona que puedes estar ayudando, te ayuda también a ti a alcanzar tu destino. El verdadero servicio no te cansa, sino que te da más energía y estás después más feliz, más entusiasta, más energético.

¿Cómo entendéis el servicio en Brahma Kumaris?
Tu vida puede ser un ejemplo si te propones vivir las mismas dificultades que una persona normal, en medio de la gran ciudad, llevando una vida personal y responsabilizándote de una organización. Si nos escapamos de las grandes limitaciones de la vida corriente de la gente de la ciudad más difícilmente podremos ser testimonio. No tenemos ninguna compensación económica por lo que hacemos en Brahma Kumaris. La organización no me proporciona seguridad en ese sentido. La organización te da un conocimiento que te permite moverte por el mundo, pero tú eres quien ha de moverse. El verdadero servicio no cansa.

¿Dónde habéis encontrado la fuerza interior para dedicaros al servicio?
La hemos encontrado en el conocimiento espiritual que Brahma Kumaris imparte. El fundador, Brahma Baba, tuvo una serie de experiencias místicas o revelaciones. Recibió internamente un conocimiento espiritual superior. Ese conocimiento tiene tanta fuerza que ha hecho que las directoras de Brahma Kumaris ofrezcan ahora unas vidas ejemplares a nivel de capacidad, de entusiasmo, de vida…

Eso se nos ha contagiado. Contamos con un valioso conocimiento espiritual que nos proporciona un entendimiento y que a su vez nos ayuda a mejorar. En segundo lugar nos es de enorme ayuda la práctica de la meditación. Entendemos la meditación como la conexión contigo mismo y con Dios. Se trata de dos alas. Hemos de entender qué es lo que hacemos y en esa medida emplearnos en establecer una relación personal con la Divinidad. Hemos de entender también porque lo hacemos, es decir alcanzar el conocimiento. Esas dos alas nos hacen volar.

¿Voto de pobreza?
Optamos por el entendimiento, la incorporación paulatina y la práctica consciente antes que el voto. No hay voto, hay una conciencia de lo que de verdad quieres hacer en tu vida. Hay un trabajo intenso en valores como la sencillez. Las enseñanzas de Brahma Kumaris preconizan el lema de utilizar todo de una forma digna: dinero, tiempo, cuerpo, agua, energía, comida… No se trata por lo tanto de un voto de pobreza, sino de un punto de conocimiento. Si todo lo utilizas de una forma digna, el retorno de esa actitud es también muy generoso. Nunca te faltará nada. Lo necesario siempre estará a tu alcance.

¿Habéis alcanzado la felicidad en esta entrega de servicio?
Soy más feliz que en cualquier otra época de mi vida. También te he de decir que queda un camino por recorrer. Puedo sentirme más o menos satisfecho, pero sobre todo es cuestión de que no sufro ya, no me deprimo. Yo hablaría más de un sentimiento de satisfacción por lo que uno está haciendo, por sentirse útil a la gente. Siento que mi vida contribuye a un bien universal. El mundo es importante para mí y en esa medida yo soy importante para el mundo. Eso me ayuda.

Optáis por la transmisión de un conocimiento no remunerado. ¿Cómo llegáis a esa generosa opción?
Es un principio que el fundador inició. Brahma Baba era una persona millonaria en India y utilizó toda su fortuna para ayudar a la gente y construir toda esta organización. Se quedó sin nada, pero aún con todo mantenía una plena felicidad. Ese espíritu fundacional marcó el futuro.

Él dijo que bajo ningún concepto debíamos ofrecer conocimiento espiritual por dinero. Las publicaciones incluso en un comienzo se daban gratis. Cuando la gente quería ayudar algo se le decía que sí, que invirtiera en libros. Es así como se editaban los libros y acto seguido se regalaban.

La energía de esta actitud genera generosidad y observamos que no nos falta nada. Entre nosotros se genera también un espíritu de colaboración. Invertimos nuestro propio dinero en habilitar un espacio donde la gente pueda recibir conocimiento espiritual y mejorar sus vidas. Es una inversión personal que realizamos. La ley del karma es verdadera y puedo dar crédito de que funciona. Me siento feliz poniendo dinero aquí, para que otra gente sea feliz. Recibo unas bendiciones que me ayudan a progresar. Además ese dinero vuelve. Doy prueba de ello.

Koldo Aldai
6 de Mayo de 2008
www.fundacionananta.org

Jordi Nadal, el entusiasmo al servicio de libros con sentido

El director de Plataforma Editorial sólo publica lo que conoce y ama

9-Mayo-2008
"He was my North, my South, my East and West/ My working week and my Sunday rest/ My noon, my midnight, my talk, my song...” Es un fragmento del poema de W.H. Auden que Jordi Nadal (Lliçà d´Amunt, Barcelona, 1962) cita completo de memoria para zanjar cualquier posible duda sobre la fuerza de la poesía, comparable sólo a la de la gravitación universal. En esta entrevista con Fundación Ananta, el director de Plataforma Editorial www.plataformaeditorial.com exhibe el entusiasmo de quien acaba de nacer a una vida profesional con sentido. Con sólo un año, ha dado a luz 23 libros. De ellos, los incluidos en la colección Testimonios despuntan especialmente como movilizadores y transformadores.

Sonrisas de Bombay. El viaje que cambió mi destino, de Jaume Sanllorente; Un niño afortunado. De prisionero en Auschwitz a juez de la Corte Internacional, de Thomas Buergenthal, y Las palabras que curan, de Alex Rovira, son algunos de sus títulos, capaces de conmover, de despertar admiración genuina por sus autores y de dar cuenta incontestable de que hay otros modos de enfocar la vida. De llenarla de sentido, en definitiva. Es su lema.

Nadal rechaza que su intención sea hacer un proyecto espiritual si eso es algo distinto de amor por la vida; si no se rinde a la suma de ilusión, alegría y autenticidad. Y le gusta que, además de llegar a la cabeza, los libros lleguen al corazón, porque cree que es infinitamente más inteligente, poderoso, valiente y necesario para el mundo futuro.

Confiesa su distancia radical de todas las religiones organizadas. Y comparte una reflexión que le sobreviene en el momento de la conversación: igual que en el mundo material existe la fuerza de la gravedad, la espiritualidad puede ser la fuerza de gravedad de los reinos inmateriales. La poesía imprime coherencia y realidad a su explicación.

No es sólo Auden: están Ángel González (“Me he quedado sin pulso y sin aliento separado de ti…”), Paco Brines (“un día morirás y nunca el mundo sabrá que habría podido ser más bello con solo retenerte. Yo soy ese ser que canta esa demencia”)… Su entusiasmo y facilidad de palabra le da acceso a archivos de memoria con ejemplos en cinco idiomas.

Su gusto por la lectura, el entrenamiento de su profesión y su carrera de Filología Germánica le facilita su trabajo: conoce y, por lo tanto, ama todo lo que edita. Y le dificulta en cambio para hablar de sus favoritos. Quizá sea Albert Camus el nombre que más resuena en él. Le gustaría mucho editar su obra. Y le habría gustado también publicar como testimonios la biografía de Nelson Mandela y Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom.

Montó la editorial después de 25 años trabajando para otros, como Círculo de Lectores o Planeta. Además de dos libros inspirados en sendos grandes amores de su vida, ha escrito Meditando el management y la vida, una suerte de manual para una actividad laboral consciente, coherente, fértil y en paz. Para algunos, el camino del éxito verdadero.

Fundación Ananta: ¿Qué es el éxito?
Jordi Nadal: En el exterior, es que te vean que te va bien. En el interior es el cumplimiento; sentir la alegría y la tranquilidad de estar haciendo lo correcto, ser capaz de alinear las cosas para que no chirríen o al menos saber por qué chirrían.

FA: ¿Plataforma Editorial puede darle esa alegría?
JN: Intento llegar a ese cumplimiento en lo más importante. Por eso los vectores de la editorial que he creado son autenticidad y sentido. No me he propuesto una editorial de moda, ocurrente, famosa, vanguardista… No me propongo estar en la cresta de la ola como objetivo.

Busco que tenga raíces y alas; que esté conectada con la tierra, con lo esencial, y que quiera volar, que quiera mirar al cielo; con muy pocos títulos porque quiero poderlos leer todos; me propongo un ritmo solemne, que quiere decir que no publicamos a granel, sino tener la ambición y la humildad de descubrir cosas que valgan la pena y darlas a conocer con ilusión.

FA: Uno de los autores que cita en Meditando en Management y la vida es el premio Nobel de la Paz de 1986, Elie Wiesel…
JN: Le entrevisté en 1992, en Nueva York, para La Vanguardia y le devolví algo que había dicho al New York Times veinte años atrás: “Usted dijo que en la vida no hay buenas respuestas sino, a lo sumo, buenas preguntas. ¿Cuál es su pregunta a los lectores de esta entrevista?” y propuso la de “¿Cuál es el punto en común entre su memoria y la mía?: What is the meeting point between your memories and mines?”. Si los judíos y los palestinos se dieran cuenta de sus recuerdos en común, les resultaría mucho más difícil agredirse. Tienen mucho más en común que diferente.

FA: Eso resulta extensible a las relaciones profesionales, comerciales…
JN: Albert Camus decía que “hay que conseguir que el poeta se acerque al industrial y el industrial al poeta”. Es un reto en la condición humana. Yo ahora, en las conferencias que estoy dando, hablo mucho de la dualidad de lo efectivo frente a lo afectivo: mientras lo primero consigue que los números salgan bien, lo segundo incluye los afectos, la humanidad, el humanismo, las personas. La efectividad es la hoja de Excel. La afectividad es entender las emociones.

Adolf Eichmann dijo que lo único que había hecho en el holocausto Nazi era transportar a la gente como se le pidió. Organizó muy bien los trenes, podría haber sido director general de RENFE, pero lo que organizaba era el transporte de personas para ser aniquiladas, tenía una enorme efectividad, un enorme liderazgo efectivo, pero es insuficiente sin afectividad, porque resultas ser una bestia. El gran reto en el mundo de la empresa es que puedas crear riqueza incorporando la humanidad, las emociones, los afectos y la ética.

FA: El capitalismo no entiende de emociones ni afectos
JN: Como dice André Comte-Sponville, “el capitalismo no tiene que ser moral, pero los individuos sí”; la empresa es un sistema que recibe un feedback y son los individuos los que tienen que darle su tono, su impronta, su manera de ser, y no desvincularse de la necesidad del ser humano.

No es un tema de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), es un tema de poder convivir. Es poder no avergonzarte de cómo trabajas, de ser auténtico, de trabajar bien, de poder decir la verdad. De trabajar contando con el respeto de los demás y de respetar también a quien te compra. Se habla de la corrupción en el sector público, que dicen que es terrible… ¿y en el sector privado no? Igual de terrible. Debemos poner la voluntad de que esto no ocurra para que no enfermemos.

FA: ¿Está cambiando algo de esto últimamente?
JN: Afortunadamente está cambiando el paradigma a través de muchas personas; no todo el mundo ve el coche de lujo como el máximo bien… Yo he podido montar la editorial gracias a la generosidad y a la ayuda de un montón de gente que se está apuntando a esos nuevos parámetros. Desde el punto de vista del más estricto capitalismo salvaje, mi editorial no habría tenido ninguna posibilidad de recibir tanta ayuda.

FA: El éxito de su colección Testimonios habla por sí solo de eso mismo
JN: Es un signo, sí. La gente está buscando dar sentido a sus vidas. Es que, si no, nos vamos a volver locos, porque no se puede vivir sin ilusión.

Y también, el éxito de escritores como por ejemplo José Luis Sampedro, del que yo he aprendido tanto, que es tan querido, leído, amado… el hecho de que se le escuche, se le aprecie, se le lea y se le siga tanto es una señal de que hay signos de esperanza posible.

Yo querría que mis hijos se sientan orgullosos de lo que he hecho. A mí me gustaría mucho tener una casa con palmera y con piscina y viendo el mar. Pero si para conseguirlo tengo que vender armas, no la quiero. Y sin ser tan dramático, ¿tengo que vender fotos pornográficas de chicas desnudas? Tampoco quiero. Pero me pongo menos dramático: ¿Tengo que publicar algunos cuantos libros que no me gustan, que son para mí basura? ¡No quiero! Hay libros que no quiero publicar, hay gente con la que no quiero comer, y hay programas de televisión a los que nunca iría.

FA: La labor editorial parece así casi un vehículo para el “buen gusto”
JN: Yo creo que en la escuela, además de ofrecer información y formación como ciudadanos, existe la posibilidad de enfocar el gusto. Yo empecé a escuchar música clásica con Tchaikovsky y he llegado a Bach; yo no pido nada más porque para mí no hay nada más. He empezado por algo más sencillo y he llegado a algo más profundo y más rico en matices.

Mi editorial quiere funcionar como un equipo de música de alta fidelidad; la música la pone el músico. Yo pongo un equipo bueno y una buena acústica, para que lo escuche el mayor número posible de gente, adecuada para ese mensaje. No quiero cuarenta millones de lectores si para eso tengo que publicar Mein Kampf. De lo que se trata es de publicar aquello que crees que vale la pena y darle la mayor difusión posible, ser un buen aparato de alta fidelidad. Antes, cuando me encontraba un tesoro y no había teléfono celular, entraba en una cabina telefónica y llamaba a mis amigos. Ahora, cuando me encuentro un tesoro como Alex Rovira o Jaume Sanllorente, lo edito. Yo hago un catálogo para tener un montón de amigos.

Quiero ofrecer una emisora con una frecuencia muy concreta y que la pueda sintonizar quien quiera escuchar esta música, esta concepción del mundo.

FA: ¿Se trata de una concepción del mundo para ser más feliz?
JN: Se trata de ser “humanamente feliz” (no es mío, es de Wiesel), feliz no de un modo ingénuo, naif, iluso, estúpido, pero tampoco como el cínico, que le va muy bien pero que es incapaz de sentir empatía y compasión, porque no tiene conciencia y su forma de inteligencia es fría y cruel y no integra a los demás. El gran reto del mundo es traspasar el yo y llegar al nosotros. La diferencia entre éxito externo y cumplimiento es la misma que hay entre el yo y el nosotros. Como ya dijo Miguel Torga, “lo universal es local sin muros”.

Yo soy tan ambicioso que no quiero ser sólo yo, quiero ser más. No soy humilde, ni paciente, ni flexible. Soy muy trabajador, muy exigente y muy seguro de mí mismo. Y al mismo tiempo muy vulnerable porque necesito continuamente ser querido. Tengo una editorial para que me quieran. La gente que me conoce mucho lo sabe. Porque sé que soy mortal, porque no tengo conciencia de que exista otra vida, y porque sólo vale la pena el amor…

FA: En su discurso resuena una espiritualidad que no expresa, igual que en los libros que edita
JN: Espiritualidad desde una enorme vitalidad y amor a la vida… Llego fuera de toda religión a un proceso de depuración, por eliminación, por irme desnudando. No me he propuesto un proyecto espiritual, se trata del resultado de sumar ilusión, alegría, autenticidad y sentido. Es una editorial muy ambiciosa intelectualmente y que transmita lucidez, valor y optimismo. Me gusta editar para el corazón. La gente que lee tiene cabeza, pero el corazón es infinitamente más poderoso, valiente y necesario para el mundo futuro. Creo que cada vez buscamos más soluciones en la ciencia porque cada vez estamos más despistados, por el exceso de ruido y por la pseudociencia, porque deberíamos aprender a escuchar más el corazón, aprender a querer, a pedir ayuda, a pedir ser escuchados, a reconocernos frágiles.

La espiritualidad… si para el mundo físico existe la fuerza de la gravedad, para el mundo inmaterial debe haber otras fuerzas; esto se me está ocurriendo por vez primera: la espiritualidad es la fuerza de la gravedad de esos otros mundos. Newton descubrió el mundo matemático y científico, pero ¿Por qué tendría que haber sólo la verdad de Newton?. A mí un poema de Auden me parece tan poderoso como la fuerza de la gravedad: “…my talk, may song;/ I thought that love would last forever: I was wrong…”

La matemática es súper necesaria y es de una belleza extraordinaria, pero hay otras bellezas igual de necesarias. Hay que poder llegar a algo más que alimentarse, algo con lo que trascender lo cotidiano… Ante una gran película o una pieza musical –con los libros puedo graduar la intensidad- se puede vislumbrar que hay algo sublime, profundo, infinito, grande, eterno, más allá de lo humano.

Hay que poder llegar a ese “algo más” que da la sensación plena de “misión cumplida, ya puedo morir tranquilo”.

FA: ¿Tiene ahora la sensación de “misión cumplida”?
JN: Sí que tengo la tranquilidad de que si fuese millonario, trabajaría en Plataforma Editorial. Si aun tuviera más, montaría un programa radiofónico como el del libro Lo que mueve mi vida, de Jay Allison y Dan Gediman. Lo siguiente sería, crear una fundación para fomentar la lectura entre gente joven.

Como haya un incendio en tu vida, no lo van a apagar tus apellidos, por muy importantes que sean, lo que sirve es un equipo de bomberos, y leer es formar tu cuerpo de bomberos interno, pertrecharte para cuando un día lo necesites (siempre que leas bien, porque hay gente que lee para ver confirmados sus prejuicios, como decía Graham Greene de algunos viajeros).

FA: ¿Hay tanta gente interesante como para hacer un programa como Lo que mueve mi vida?
JN: Desde luego que sí. Hay mucha más gente interesante de la que una cierta televisión se empeña en hacernos creer. Ocurre también con un determinado periodismo cultural, que a veces algunos medios se empeñan en polarizar y repetir siempre los mismos nombres.

FA: ¿Algún nombre y testimonio directo que le gustaría destacar?
JN: Además de Elie Wiesel, sólo he hecho otras dos entrevistas en mi vida, importantísimas: una a Günter Grass cuando cayó el muro de Berlín, y otra, al israelí David Grossman. La cuarta y última que intenté fue a Elías Canetti, premio Nobel de Literatura en 1981, que respondió con una carta que guardo como oro en paño, en la que me hablaba de su animadversión por toda fórmula de pregunta y respuesta y que tenía por ley no dar entrevistas. Me interesa mucho el mundo judío y la historia del nazismo; estudié germánicas…

FA: Ahondar en una lengua permite entrar en las culturas… ¿Hay alguna lengua más completa?
JN: La palabra es algo muy potente. En Mongolia, ahora están publicando un libro en chino que habla de cómo el maoísmo destrozó sus formas de vida. Cuando miras los momentos grandes de la humanidad descubres que no hay culturas superiores… Ni hay lenguas mejores. ¿Hay alguna lengua donde es más bonito amar? Uno ama en la lengua en que le han cantado nanas. El alemán no es superior al francés, las dos son maravillosas. Y para quien sepa las dos, mejor. De hecho seríamos más tolerantes si supiéramos más lenguas, porque entenderíamos mejor al otro.

FA: ¿Cómo sería una sociedad ideal, además de un lugar donde nos entendiéramos unos a otros?
JN: Un gran cambio social pasaría por que la escuela fuese una gran sala de oportunidades del mundo donde se detecta y se reconoce el talento y se pone en práctica. No donde se aplaca y se homogeneiza. Ni siquiera hace falta motivar a los niños, ni a los empleados. Basta con no desmotivarlos. Se han de acabar los directores generales que sean máquinas de desmotivar, de repartir sufrimiento, de destruir ilusiones.

Y nos tendrían que enseñar a ser autónomos emocionalmente, y entonces habría menos gente manipulada por su pareja. En la escuela tendrían que enseñar a tener hábitos de vida más saludables y a sentir más la alegría del mundo.

FA: Quisiera cerrar con un comentario suyo sobre Hiroshima mon amour, que menciona en su web, www.jordinadal.com
JN: Buenísima, de Alain Resnais; es importantísima. Es una película sobre el amor desnudo, íntimo, de paso, y con esa cosa terrible de la diferencia entre dos culturas, y en contraste con la guerra. Me marcó. El guión es de Margerite Yourcenar. La quiero volver a ver…




Lola Bastos. 8 de mayo de 2008
www.fundacionananta.org


“No nos presentamos como aquellos que han llegado, sino como aquellos que están en camino”

Entrevista al Hermano Héctor de la Comunidad de Taizé

8-Mayo-2008
El 16 de Agosto de 2005 una joven rumana mentalmente desequilibrada acabó con la vida del Hermano Roger, durante la oración vespertina en la iglesia de la Reconciliación de Taizé. Desde ese instante la Comunidad de Taizé se vio impelida a poner en práctica el valor del perdón y la reconciliación que tanto había pregonado su propio fundador asesinado.

Hemos estado con el Hermano Héctor de Taizé en su gira por la península a su paso por la comunidad de Leku en Arkaia, a las afueras de Vitoria. A él le preguntamos por las claves de la enorme difusión del espíritu de Taizé por todo el mundo. A lo largo de la conversación afloran las pistas. Su actitud de humilde escucha, su profunda espiritualidad y vida consecuente pueden constituir algunas de las claves de esa milagrosa expansión.

El caso es que miles de jóvenes y adultos de numerosos países, siguen yendo todos los años tanto a Taizé, como a los encuentros mundiales que organiza la comunidad. Este año la cita será en Bruselas en pleno invierno.

Gélida tarde en el domingo que nos citamos con el Hermano Héctor. Primavera sólo en los calendarios, pues el viento frío azota en la llanada vitoriana. El puerto Azazeta se cubre incluso de blanco, sin embargo calor fraterno muros adentro. Acaba de terminar en una amplia sala parroquial, un encuentro de más de cien personas sobre la “Carta de Cochabamba”, escrita por el Hermano Alois, el nuevo prior de la Comunidad, después del encuentro latinoamericano de jóvenes que tuvo lugar en octubre 2007 en la ciudad de Cochabamba, Bolivia y que reunió a 7.000 jóvenes de 32 países. Esta carta tiene como lema “Luchar con un corazón reconciliado” y servirá como fuente de reflexión a lo largo de este año en los encuentros en y fuera de Taizé, Francia.

La palabra sincera y sentida de los presentes da paso a la celebración. Antes de la liturgia, el Hermano tiene a bien responder a nuestro cuestionario. Sus respuestas desbordan sin embargo más interrogantes. A nuestras preguntas suma a menudo las suyas. De seguro que le habita la respuesta, pero ellos son fieles a su actitud siempre interpelante.

¿Qué expresa el lema “Luchar con un corazón reconciliado”?
La reconciliación es como un fuego: purifica y nos libera de algo que bloquea el futuro. Para reconciliarnos no podemos ir con toda nuestra agenda, hemos de ceder en algo. Ceder para encontrar un bien mayor siempre implica una lucha.

¿Para reconciliarnos, primero escucharnos…?
La Carta de Cochabamba nos hace varias preguntas o llamadas. Una de ellas es: “¿Sabremos escuchar al otro?” ¿Cómo escuchar a nuestro adversario? Parece muy sencillo, pero en el fondo escuchar es bien difícil. La escucha es algo más que lo que hacemos con los oídos. La escucha es una actitud interior de apertura, de acogida… Acogernos mutuamente es intentar ponernos en el lugar del otro y así ensayar una reconciliación.

¿Para reconciliarnos primero justicia…?
El perdón no es fácil. No es estar ciegos ante situaciones actuales de injusticia. La Carta de Cochabamba nos interpela de nuevo: “¿Permaneceremos cerca de quienes son más pobres que nosotros? ¿Sabremos estar atentos a un reparto más equitativo de los bienes de la tierra?” Cuando leo que el 20% de la población mundial usa el 80% de los recursos naturales, observo una grave injusticia. Como norteamericano he de pedir perdón en ese sentido.

Aceptemos que todos somos pobres y vulnerables. Si nos atrevemos a revisar nuestro estilo de vida en aras de una sencillez, de una solidaridad, encontraremos otra pista para vivir con un corazón reconciliado. El evangelio nos llama a sanar la memoria de las heridas para poder disfrutar de un futuro en paz.

¿Quiénes son los pobres hoy en Occidente?
Se necesita estar atentos a los pobres. Encontramos a los más desposeídos entre los emigrantes…, pero hay también una pobreza que se llama soledad. Mucha gente, muchos jóvenes y ancianos se sienten solos. Es otra forma de pobreza que está justo al lado nuestro. Estas situaciones nos deben interpelar.

¿Hemos de caminar hacia el perdón aún sin respuesta de la otra parte…?
El camino hacia el perdón es un camino de toda una vida. Caminar hacia el perdón, aun sin saber si la otra persona a la que vamos a pedir perdón nos va a recibir, si vamos a obtener una respuesta. Hemos de perdonar sin saber lo que la otra persona va a hacer con nuestro perdón. No hay otro camino. A menudo el Hermano Roger decía: “Sin el perdón no tenemos futuro.” El evangelio nos ofrece un futuro y una puerta que representa el perdón.

¿Perdón igual a olvido?
El perdón no es olvidar lo que sucedió. La justicia viene con el reconocimiento de lo que no está bien o no se ha hecho bien. Es difícil reconciliarse, si no hemos tomado responsabilidad por lo sucedido. El milagro es que en el fondo de quienes hacen barbaridades se puede encontrar también una chispa de bondad.

¿Paz igual a justicia?
La justicia y la paz van juntos. Busquemos caminos para equilibrar la repartición de los bienes de la tierra. Si no hay paz, es porque no hay justicia. Si queremos la paz hay un momento en el que hay que ceder para el bien de todos.

Muchos jóvenes han hallado en Taizé respuestas que en otros lugares no han encontrado…
Espero que quienes vienen a Taizé que no consigan respuestas. Espero que se vayan preguntando. Ese es el propósito de ir a Taizé. No sólo consumir respuestas. Existe el peligro de caer en una especie de consumo espiritual. Necesitamos que el evangelio nos interrogue, nos sacuda y nos queme.

¿Cómo actúan las comunidades de Taizé en los lugares de los más desposeídos…?
Intentamos vivir una vida sencilla, al igual que la gente del lugar, ya en Bangladesh, ya en Brasil… Intentamos estar con ellos. Ellos piensan: “¿Qué hace un grupo de hombres europeos viviendo como nosotros así, en estas condiciones, cuando tienen todos los medios?” No tenemos un método. Nuestra pauta es ir, estar y allí mismo aprender. El hermano Roger decía que no hay nada más responsable que rezar.

¿Nos puedes hablar de vuestra experiencia de perdón tras el asesinato del Hermano Roger?
Nosotros hemos debido aplicarnos también el “¡Padre perdónales porque no saben lo que hacen!” No hay otra forma. Fue una mujer joven, desequilibrada quien le atacó y le mató. Ahí no hay otra puerta que la del perdón. A veces no llegamos a abrir esa puerta y es Cristo quien la abre. Si yo no puedo perdonar, me uno al espíritu de Jesús y Él es quien perdona a través de nosotros.

Es un misterio el que un hombre que decía que Dios no castiga, que sólo puede amar, acabara así.

Se vieron de repente emplazados a encarnar sus propias palabras…
Desde el 16 de Agosto ha sido un constante ensayo de vivir y luchar con un corazón reconciliado. Es una lucha interior de escoger el perdón, de escoger la misericordia, la bondad del corazón.

Ni el perdón, ni la bondad del corazón son ingenuos. Ven muy bien el mal que se hace, pero convierten el mal y lo transforman en bien. Ese es el misterio de la cruz. Jesús convierte al mal por medio del bien. Ese es también el camino para nosotros, si queremos seguir al Hijo de Dios. Queremos luchar con corazón reconciliado, un corazón que se sabe y reconoce perdonado. Puesto que ha sido perdonado, puede también perdonar.

¿Les costó abrir esa puerta del perdón?
Como dijo el Hermano Alois el día del funeral del Hermano Roger: “Nosotros también queremos decir a Dios con respecto a la joven que mató al Hermano Roger: Padre perdónala, porque en su enfermedad ella no supo lo que estaba haciendo”.

Esto fue el mismo camino que el Hermano Roger nos indicó en su vida. A lo largo de todos sus años, él nos habló de un Dios que sólo puede amar.

Taizé ha atravesado también el martirio de la sospecha…
No creo que en el caso de Taizé hablaríamos del “martirio de la sospecha”. Sí conocimos años de sospechas para con nosotros. ¿Quiénes son Vdes.? ¿En qué campo entran? El Hermano Roger salió de este juego confesional. Vivía una identidad cristiana que va más allá de la confesionalidad. El Hermano Roger describía así su camino: “Marcado por el testimonio de vida de mi abuela, he encontrado a través de ella mi propia identidad de cristiano al reconciliar en mí la fe de mis orígenes con el Misterio de la fe católica, sin ruptura de comunión con nadie”.

El fue siempre un testimonio de humildad y fortaleza…
El Hermano Roger siempre nos animaba a no sucumbir al desánimo. Él nunca entraba en el juego de la crítica y del pesimismo… Con mucha facilidad entramos en la espiral de la crítica. El Hermano Roger no cedía a esa tentación, no entraba en el juego de criticar aún sabiendo que, incluso los interlocutores que esgrimían críticas, podían tener razón.

¿Cómo aborda Taizé el diálogo interreligioso?
La Comunidad de Taizé no ha establecido un diálogo interreligioso de una manera “oficial”. Pero lo hacemos de otra manera: mediante las comunidades de hermanos de Taizé desplegadas en países donde la mayoría de sus habitantes son de otra religión. . Por ejemplo nuestros hermanos llevan 35 años en Bangladesh. Allí casi todo el mundo es musulmán lo que hace que nuestros hermanos estén más atentos a esta realidad. Igualmente ocurre con nuestros hermanos que viven en Dakar, en un barrio mixto de musulmán y cristiano.

¿Jesús nos invita a reunirnos con otras religiones?
Nuestra comunidad es una comunidad cristiana que tiene un compromiso para con Cristo y el evangelio. Nosotros pensamos que Cristo es la plenitud de la revelación de Dios, por eso nos comprometemos por Cristo y por el evangelio. Cuanto más nos acercamos al corazón del evangelio, más nos acercamos a los demás. Ello no quiere decir que no podemos recibir de los demás. Es cuando nos abrimos al otro cuando descubrimos lo que somos. Si te abres al don del otro, puedes profundizar en el don que tú eres. Si tuviéramos un poco menos de miedo de recibir de las demás confesiones, si pudiéramos reconocer los dones que están en ellas, descubriríamos de una forma más profunda nuestra propia fe.

¿Cómo se plasma ello en la práctica?
Los encuentros en Taizé están abiertos a todo el mundo. La mayoría son jóvenes cristianos, pero a nuestra comunidad llegan igualmente jóvenes judíos, musulmanes, budistas… o incluso llegan jóvenes que no creen en nada, o que simplemente se hallan buscando. La acogida que se vive allí es muy abierta. Taizé en este sentido participa del diálogo interreligioso.

¿Cuál es la nota que ha tocado Taizé? ¿Por qué ha penetrado tanto? ¿Qué es lo que ha aportado para verse convertido en un fenómeno de esperanza planetario?

Es difícil responder a ello, desde el momento en que no tenemos la pretensión de haber encontrado. Estamos buscando también. Quizás podríamos hablar de una interiorización de la fe. La fe es un camino de encuentro personal con Cristo y lo que mucha gente está demandado, incluso en el seno de la iglesia, es un camino más interior. Al mismo tiempo estamos abiertos a otras espiritualidades, como por ejemplo el budismo del cual tenemos mucho que aprender. Es difícil hablar de uno mismo, pues suena un poco pretencioso.

No tenemos una espiritualidad. No tenemos una llave. No somos maestros espirituales. Tratamos simplemente ser hombres de escucha, hermanos de escucha, sin tener la pretensión de que hemos llegado. No nos presentamos como aquellos que han llegado, sino como aquellos que están en camino. Ese camino pasa primero por el corazón, por el centro de nuestro ser, por un camino interior. Tantas personas tienen sed de ello.

Koldo Aldai
28 de Abril de 2008
www.fundacionananta.org


Una «parábola de comunidad»
Fuente www.taize.fr/es

Hoy la comunidad de Taizé reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orígenes protestantes, procedentes de más de treinta naciones. Por su existencia misma, la comunidad es un signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados.

Los hermanos viven de su propio trabajo. No aceptan ningún donativo. Tampoco aceptan para sí mismos sus propias herencias, sino que la comunidad hace donación de ellas a los más pobres.
Algunos hermanos viven en lugares desfavorecidos del mundo para ser allí testigos de paz y para estar al lado de los que sufren. En estas pequeñas fraternidades en Asia, en África y en América Latina, los hermanos comparten las condiciones de vida de aquellos que les rodean, esforzándose en ser una presencia de amor al lado de los más pobres, de los niños de la calle, de los prisioneros, de los moribundos, de aquellos que han sido heridos hasta en lo más profundo por causa de rupturas de afecto o por abandono.

Con el paso de los años, cada vez más jóvenes de todos los continentes han venido a Taizé para participar en los encuentros. Las hermanas de San Andrés, comunidad católica internacional fundada hace más de siete siglos, las hermanas ursulinas polacas y las hermanas de San Vicente de Paul se encargan de una parte de las tareas de acogida de los jóvenes.
También los hombres de Iglesia visitan Taizé. Así, la comunidad ha recibido al papa Juan Pablo II, a tres arzobispos de Canterbury, a metropolitas ortodoxos, a los catorce obispos luteranos de Suecia y a numerosos pastores del mundo entero.

A partir de 1962, hermanos y jóvenes enviados por Taizé no dejaron de ir y venir a los países de Europa del Este, con la mayor discreción, para visitar a quienes se encontraban encerrados en el interior de sus fronteras. 
 

Mario Conde: ahora soy libre porque no tengo vanidad

Entrevista sobre la vida y la espiritualidad

El materialismo es tóxico como la heroína y ha fracasado; y las leyes no pueden resolver nada hasta que no restablezcamos el sentido trascendente del hombre y acabemos con la idea de que estamos separados unos de otros. Es una convicción de Mario Conde (Tui, Pontevedra, 1948) (www.marioconde.com) plasmada en esta entrevista con Fundación Ananta.


Seis meses después del fallecimiento de su esposa, Lourdes Arroyo, el que fuera presidente de Banesto entre 1987 y 1993 permite ver, a través de sus respuestas, el dolor tremendo de este desgarro, que él considera el acontecimiento de su vida, pero también la necesidad casi biológica de ayuda a los demás que le nace de este sentimiento.

La proximidad y la intensidad de esta pérdida parecen haber borrado otro hito doloroso que ha resultado también determinante en su evolución espiritual y humana: su paso por la prisión de Alcalá Meco, donde estudió, entre otros textos espirituales, el Tao te King. A partir de las reflexiones provocadas por la comparación de varias versiones, ha escrito el libro La palabra y el Tao, publicado por Editorial Séneca.




El episodio que el llama “accidente” y del que se responsabiliza en primera persona porque pudo haberlo evitado, provocó que mejoraran sus relaciones familiares. Y le dio la oportunidad de demostrar a sus hijos que somos lo que somos y no lo que tenemos, y que su esencia es la misma en el patio de presos que en los palacios financieros. Son algunas de las razones por las que le resulta imposible guardar rencor a nadie en relación con su ingreso en prisión, pese a delatar que los motivos fueron otros distintos de los oficiales.

Su paso por la cárcel le ha devuelto entre otras cosas además una certeza: ser libre no es algo material sino espiritual; ser libre es tener dignidad. En eso no valen medias tintas, o se tiene o no se tiene. Lo da la limpieza de corazón, que está mucho más allá de las construcciones mentales y que conviene depurar día a día. Y se consigue practicando el silencio.

En los últimos meses ha concedido dos entrevistas en televisión que le han reportado la satisfacción de sentirse útil, a la vista de los correos electrónicos que ha recibido. Le bastaría con una persona a la que hubiera ayudado. Se acuerda de cuando el impulso de conceder o no una entrevista era el posible efecto sobre su propia persona, y se congratula por que eso ahora sea distinto. Ahora, asegura, “soy libre porque no tengo vanidad”.

Fundación Ananta: ¿Qué querría que recordara de usted su nieto Fernando, que figura como autor de Memorias de un año de vida?
Mario Conde: Lo que cuenta ese libro. Lo hice para su primer cumpleaños el verano pasado; su abuela materna estaba viva todavía. Está destinado a que entienda un poco mi filosofía. Me gustaría que la entendiera y que la aplicara. Las personas no son sus palabras; ni siquiera son sus actos; son su conducta. Yo sólo creo en las conductas. El libro cuenta quién es él y cómo va naciendo la idea del “yo”, diferente a los demás… Me da pena. Es bonito el libro, es muy bonito. Cuando él lo lea, yo ya no estaré por aquí, al menos en esta forma; se dice en el libro.

FA: También dice “tenemos toda la eternidad para charlar”. Es una expresión muy elocuente…
MC: La eternidad existe, nosotros aquí estamos muy de paso. Hay algunos que creen que estamos sin ningún sentido, y otros, como yo, que creen que nuestra gran tarea es averiguar el sentido de la existencia. A mí me resulta inconcebible que estemos aquí porque estamos y que después sencillamente dejamos de estar. Esa es una idea que se ha ido poniendo en marcha a partir del triunfo del materialismo y del racionalismo, que ahora se están encontrando con problemas muy serios y son incapaces de encontrar dónde está la materia última. A medida que profundizan en la física cuántica, se alejan del concepto de materia para encontrar un vacío. Es un vacío que está lleno de lo que nosotros llamamos Espíritu. El sentido de la existencia, por qué estamos aquí, es absolutamente capital. Unos dicen “para nada, simplemente para morir”; otros, “para mejorar”.

En todo caso, retornamos. Unos creen que retornamos con una individualidad; otros, con una individualidad matizada, como Sri Aurobindo; otros creen que sencillamente retornamos a una vacuidad, pero para volver a volver. Unos creen que las gotas del océano mantienen su individualidad; otros, que vuelven al océano y eso es todo; unos creen que la reencarnación es volver a vivir un mismo yo -una idea muy primaria y poco profunda, otros creen que la reencarnación es la consecuencia de que el Espíritu se manifiesta en un proceso progresivo…

FA: Y usted, ¿Cuál considera más acertada?
MC: Es muy complejo. Distinguir la personalidad del yo es muy fácil. La personalidad es un conjunto de atributos externos que no tiene ningún valor: “me llamo así, he nacido

aquí, pertenezco a no sé qué familia…”. El yo, en cambio, es el “trozo” del Espíritu que se guarda en nosotros. Eso tiene una cierta individuación en la forma, pero sólo una cierta individuación en la forma. Nosotros creemos que somos individuos, pero es porque hacemos referencia a los factores externos de la personalidad. Yo tengo muchas dudas de que ese “trozo” del Espíritu, cuando regresa, regrese con el mantenimiento de una cierta individualidad; no tengo ninguna duda de que no regresa manteniendo toda la individualidad. Es el tema capital, es donde se mueve el individuo y donde personajes como Sri Aurobindo tratan de encontrar una solución que satisfaga, como explica Vicente Merlo, que es un experto en Sri Aurobindo, y de quien yo he leído todo.

FA: ¿Están recogidas sus creencias en los autores que menciona?
MC: Al final, yo trato de evitar las creencias; las creencias me parecen peligrosísimas. Los que hemos estado en la industria farmacéutica sabemos lo peligrosos que son los analgésicos, porque no curan, sólo adormecen el dolor. Las creencias, para mucha gente, funcionan como adormecedores de angustias. Yo lo que quiero no es adormecer mis angustias sino encontrar un camino espiritual sabiendo que tengo que renunciar a muchas cosas, como la autoestima. Hay mucha gente que cree que el camino espiritual se construye sobre el intelecto: “yo soy más espiritual que tú porque soy más erudito que tú, porque soy más que tú, porque he entendido mejor al Tibetano”. Ese es un camino hacia la erudición, y la erudición y la espiritualidad no son lo mismo. O, sencillamente, “yo renuncio a todo eso y tengo una creencia muy sólida y creo porque creo y si no creo, creo”. Bueno, de acuerdo, al que le funcione así…

FA: ¿Desde cuándo está en esa búsqueda?
MC: A los 17 años intenté llegar a un Dios católico y llegué casi por percusión. Estudiaba en Deusto, iba todos los días a misa, comulgaba catorce veces, no salía de la iglesia… Aquello no funcionó. Era un dios muy inmediato, muy amigo mío, con el que yo procuraba mantener un diálogo y me di cuenta de que la única manera de hablar con Dios es sin palabras. El lenguaje de Dios es el silencio, el lenguaje de los humanos son las palabras.

Lo pasé mal, porque me noté que aquello no me satisfacía; evidentemente hubiera podido acudir a las creencias, adormecer mis angustias, refugiarme en el dogma y tirar para delante, como tanta gente. Entonces hubiera transformado el espíritu en religión. Uno de los grandes problemas es que la espiritualidad se viste de religión y se pierde.

Caí entonces la náusea sartriana, que estaba tan de moda entonces, en 1968. En aquel entorno católico, hice un análisis muy profundo sobre La Náusea (Jean Paul Sartre, 1938) en un examen de religión. Pensé que tenía obligación de hacerlo aunque supuse que a lo mejor me echaban de la Universidad, pero era lo que sentía. Recuerdo que me llamó el profesor de religión para comprobar si no sería una extravagancia de la gauche divine de la época, y me dio matrícula de honor.

No era la solución. La vacuidad budista puede ser una respuesta, pero la nada sartriana, no. No podía dormir; me di cuenta de que había caído en un insomnio del Espíritu. Estaba permanentemente despierto, buscando. El Espíritu por dentro no dormía, el cuerpo, sí. Yo le pedía que me enseñara el camino, y lo único que me decía es “anda”; y andando, andando fui por el camino del esoterismo y el esoterismo me llenó.

FA: El esoterismo no está bien visto siempre.
MC: Hay un esoterismo mal entendido y un esoterismo bien entendido. Al final te das cuenta de que cuando profundizas en los asuntos esotéricos, las religiones convergen, que es una de las tesis de los iniciados, como René Guenon.

Hay un esoterismo cristiano, un esoterismo budista, un esoterismo hinduista, un esoterismo islámico… Hay un libro maravilloso de dos tomos, muy difícil de leer, que se llama Sufismo y Taoismo, del japonés Izutsu Toshihiko. En dos de mis tres estancias en la prisión de Alcalá-Meco trabajé sobre este libro.

Entendí la fuerza brutal esotérica del islamismo, por mucho que digan que es una religión violenta. Yo creo que algunos católicos deberían hablar con más cuidado de la violencia de las religiones, porque la Iglesia Católica ha causado muchas muertes en determinados momentos de su historia, como en los siglos XIII y XIV, en los que se cometió el genocidio cátaro, que fue un auténtico genocidio para mí. Bien es verdad que dio lugar al auténtico nacimiento de Francia y el rey de Francia estaba encantado con eso…

Mientras estuve en el mundo de las finanzas tuve que parar un poco por razones laborales -vamos a decirlo así-, no tenía tanto tiempo. Y afortunadamente, cuando me metieron en prisión pude retomar. Mi familia comentaba que no se me veía triste; y mi mujer decía que lo complicado iba a ser sacarme de ahí, porque decía que estaba en mi mundo y en lo que me gustaba desde pequeño, que era lo que yo le comentaba cuando éramos novios.

Fui caminando… el budismo tiene aspectos muy atractivos en cuanto ciencia de la mente. Poco a poco, los nuevos descubrimientos científicos le van dando la razón a los planteamientos budistas, pero no alcanzo a que en mi torrente sanguíneo se haya metido íntegramente la idea de la vacuidad. Entiendo la impermanencia de lo manifiesto, pero no la idea de la vacuidad como última respuesta al planteamiento del Espíritu. Estoy más cerca de la vacuidad que de la pervivencia de la híperindividualidad después de esta manifestación, pero no por eso me atrevería yo a decir que profeso el budismo.

Creo que me siento todavía un cristiano, previo al siglo XIII, en el sentido de que la figura de Cristo como avatar, como encarnación de la divinidad, y su mensaje me resulta no solo muy atractivo, sino muy revolucionario en el buen sentido de la expresión. Otra cosa es que en el mensaje original cristiano y la realización empírica del cristianismo no se parezcan en nada.

FA: Excluye claramente todo dogma
MC: Sí, absolutamente. El camino espiritual construido a base de creencias es muy cómodo pero el camino religioso en demasiadas ocasiones no es espiritual, es epidérmico. El camino espiritual es muy duro, muy difícil; exige un esfuerzo y una constancia. Y, sobre todo, una renuncia a esa vanidad ridícula de creerse que porque uno es más inteligente, más listo, más culto, va a tener un mayor grado de realización.

FA: ¿Lo que motivó su reclusión en Alcalá-Meco pudo ser un empujón del Espíritu?
MC: Seguro, nada sucede sin más. Yo creo que a lo largo de mi vida, en todas las encrucijadas vitales he ido tomando las decisiones más dolorosas para mí. En aquel

accidente yo hubiera podido elegir otro camino, pero elegí uno que sabía que más tarde o más temprano tenía que producir mi ingreso en prisión. Recuerdo que lo hablé con mi padre. Y me dijo “esto es así, esto te toca”. Uno puede apuntarse a la tesis del materialismo puro y duro, pero yo creo que las cosas son así porque tienen un sentido, aunque algunas personas no lo puedan entender. Incluso la muerte de Lourdes, que es el acontecimiento de mi vida, se produce en este momento por algo; no es "porque sí”.

Cuando le detectaron el tumor, al poco tiempo de la operación, tuve una conversación con ella y le dije: “esto pinta mal, pero se puede pactar con la vida; si tu vida tiene un sentido, podemos alargarlo, lo que tenemos que hacer es trabajar en tu interior”. Y ella, que me conocía, trabajó conmigo y murió muy bien, murió en paz, y la enseñanza de la muerte de Lourdes es un norte para mí, una guía de cómo vivir. Es evidente que algo ha muerto de mí, algo muy potente, pero me ha dejado una libertad para seguir mi camino espiritual. Y ése es mi compromiso conmigo mismo. Lourdes ha muerto ahora, en este momento, ¿por qué? Bueno, pues porque había alcanzado su nivel de realización, y porque yo tengo una viudedad formal, pero no soy emocionalmente viudo. Y espiritualmente estoy complementado, en el sentido de que es un camino en el que me va a ayudar.

Lo de la cárcel pudo ser un empujón, del Espíritu y de la vida, y me dio la oportunidad de recuperar todo mi trabajo personal. Lourdes comprobó a qué velocidad. Me ha permitido que el año y pico que hemos podido estar juntos, yo haya tenido mucha más dedicación y la haya ayudado mucho. Ahora la gente se mueve por los parámetros al uso con las tonterías de “todavía eres joven”, “tienes no sé qué…” tratan de encasillarte en las soluciones convencionales para problemas que son espirituales, no entienden que estás en otro sitio.

FA: Todo eso ayuda a perdonar a quien provocó que le privaran de libertad
MC: No tengo ningún tumor en el cuerpo pero, sobre todo, tampoco en el alma. Eso es lo único que me parece importante. El perdón ya implica “yo bueno, tú malo; yo te perdono”. No. No funciona eso. Todo lo que sucede, sucede porque hacemos que suceda. En este caso concreto yo estaba allí y podía no estar; yo sabía cómo funcionaba la política en este país y seguí adelante. De alguna manera, asumí las consecuencias de mis propios actos. Entiendo que las cosas no son como estudiamos en los libros de Derecho y que la vida es muy dura. Goethe dijo “Me preguntas qué es lo justo; te diré `lo que conviene a quien lo aplica´”. La conveniencia como principio motor de la convivencia es terrible, es uno de los cánceres de la civilización occidental. La conveniencia acaba con todo.

Yo no tengo por qué perdonar; yo no participo de la idea orteguiana de buscar a otro como responsable de mis males. Nuestras conductas son causas que van generando efectos, y yo provoqué de una manera directa o indirecta el que a mí me metieran en la cárcel, porque estaba en un sitio equivocado a la hora equivocada, porque decía unas cosas que no se correspondían… Aunque me metieron en la cárcel por unas razones que nada tenían que ver con las oficiales, como es natural.

¿De qué me puedo arrepentir? ¿De qué les tengo que perdonar? ¿Les tengo que perdonar que me hayan dado esta oportunidad? No. ¿Les tengo que perdonar de que me hayan dejado demostrar a mis hijos que los hombres no somos nuestras cosas y que por tanto somos el mismo estando en Banesto que paseando por el patio de presos?

¿Eso les tengo que perdonar? Eso se lo tengo que agradecer. ¿Tengo que perdonar el que me haya demostrado que no tengo miedo a verme a mí mismo en el silencio? ¿A reconocerme en las madrugadas carcelarias y ver que ni estoy tan bien ni estoy tan mal, que estoy normal, y que estoy relativamente contento conmigo mismo, y que tengo perseverancia para trabajar?... todo eso se lo tengo que agradecer.

Probablemente, si todo eso no hubiera pasado, a lo mejor estaría muerto físicamente, pero eso es lo de menos. Seguramente estaría mucho más cortocircuitado espiritualmente. Tendría miedo a morirme, y ahora no, al revés. No es que lo desee, porque la muerte está al margen de desear o no desear. En prisión escribí un libro al que di el nombre de Cosas del camino y que espero publicar pronto. En una de ellas me dije: “Me asomé a la casa de la muerte y lo que vi fue una esplendorosa vida”.

FA: ¿Entienden esto los que fueron sus “adversarios”?
MC: No lo sé. Hay veces que pienso “madre mía, ahora que me ven, ¿qué estarán pensando?”. El otro día me encontré con un hombre -no doy más detalles- uno de los que estuvo muy, muy directamente involucrado en los documentos oficiales de mi ingreso en prisión, digamos que uno de los responsables al menos en el plano ejecutor, y vino a saludarme, encantador, me presentó a su mujer. Yo noté que yo estaba bien y creí percibir de él que de alguna manera sufría. Y eso es compasión en el sentido budista: lo que me duele es que sufra. Yo estoy bien porque no he perdido nada, y sí he ganado… Un día Lourdes me dijo respecto a mi comportamiento en prisión: “siempre me ha impactado cómo eres, pero ahora mucho más”. Simplemente oír esa frase ya es ganar.

FA: Es liberador escuchar esto, pero habrá a quien le resulte difícil de creer.
MC: El camino del Espíritu exige una sinceridad total, si mientes, si dices lo que no sientes, si hablas de lo que te gustaría ser y no de lo que eres, haces un agujero muy importante en el equilibrio y se paga caro. Yo no me atrevería a decir esto ni algo parecido si no fuera porque a lo largo de mi conducta -no de mis palabras- lo he notado. Cuando me dejo ir, por así decir, cuando los veo, no siento absolutamente nada. Primero, no me han hecho daño -en lo material sí, pero eso no tiene importancia-. Mis relaciones familiares se intensificaron; el respeto mío por mi mujer y por mis hijos aumentó exponencialmente y el suyo hacia mí. Es muy fácil caminar por las moquetas de los salones financieros, no es tan fácil caminar por los patios de la prisión y sin embargo el que caminaba era el mismo. Y, segundo: sabía lo que hacía, nadie me obligó.

FA: La libertad es entonces honestidad con uno mismo… la certeza de que uno es capaz de caminar en paz por un patio de presos…
MC: Al final, la libertad no es un asunto físico; por mucho que te encierren en un entorno físico. Te imposibilitan para una serie de cosas, pero no te privan de la libertad verdadera, que es la del espíritu. ¿Cuándo se es libre? Cuando se es digno. Y la dignidad es uno de esos conceptos que no cabe mediopensionista: o se es digno o no se es. Una mínima indignidad contamina todo. En mi camino espiritual, un día traté de buscar una síntesis, el verdadero patrón: ¿la individualidad? ¿la vacuidad?... No: la limpieza de corazón. Punto. El lenguaje del corazón es un leguaje común a los esoterismos. Trasciende las palabras -es lo que dice Zhuangzi: “¿cuándo encontraré un hombre con el que pueda hablar sin palabras?”- y va más allá. No trates de responder con abstracciones mentales; simplemente sé limpio de corazón; límpialo.

Yo practico un mantra, por así decirlo, a diario; me digo que el Espíritu no cabe en una estancia sucia, además es muy meticuloso, es muy pesado, como haya la más mínima suciedad, se va. Entonces tienes que limpiar las cavidades del alma de todo tipo de olores, de suciedades, hay que tener el corazón limpio para ser digno. Y si eres digno, eres libre. Si no tienes el corazón limpio estás esclavizado por el demonio de turno, que es tu vanidad, tus cosas…

Cuando era presidente de Banesto dije un día a mi secretaria, que todavía está aquí: “Paloma, el hombre que es sus cosas, con sus cosas muere. Ahora estamos aquí y esto es muy importante, pero esto es una cosa nada más… trátalo así y serás libre, si lo tratas como si fueras tú, serás una esclava. Si algún día nos lo quitan, si yo soy yo, seré yo y no pasará absolutamente nada”. Nos lo quitaron y aquí sigo.

FA: ¿No está en la materia el Espíritu?
MC: La materia como concepto excluyente del Espíritu es una barbaridad, el Espíritu fluye por todos lados. Hay que cuidar el cuerpo, porque es el vehículo que nos ha sido dado para almacenar este “trozo” de Espíritu y seguir progresando. Por eso la austeridad tiene sentido en la medida en que los abusos del cuerpo se pueden transformar en suciedades en esa cavidad del alma y hacer que se vaya el Espíritu.

Estoy dando vueltas al principio de continuidad de la forma. La materia aparentemente es densa, pero cuando profundizamos, no hay nada. Entonces, en el orden vibratorio de los 9,8 metros por segundo al cuadrado (la aceleración que determina la fuerza de gravedad) que es donde estamos, las cosas tienen una forma. Si aumentamos la presión, nos morimos: si la disminuimos, nos expandimos.

Cuando una persona muere, en realidad lo que ocurre es que se produce una disgregación, pero no una eliminación de vida. ¿Hay alguna posibilidad de demostrar que no pervive un cuerpo con un orden vibratorio distinto? No hay ninguna posibilidad. Probablemente es más fácil de demostrar que algo de eso se produce, que lo contrario.
Yo creo que ese orden vibratorio no tiene forma porque, al no obedecer a la presión de 9,8 metros por segundo al cuadrado, no necesita de forma, pero está. Entonces inunda corazones.

Cuando Lourdes moría yo le decía que no se preocupara –no sé si era consciente o no- porque iba a vivir siempre en mi corazón y en el de las personas que la queremos. Eso, que suena bonito, que suena romántico, lo más importante es que es cierto. Y no es cierto en el plano literario, que también, sino en el plano metafísico, en el sentido estricto hay una vibración que se va prolongando y continuando en los siguientes. Es decir, cuando yo muera, tendré sitio en el corazón de mis hijos y Lourdes tendrá su sitio. Esa es la humanidad: tu sitio, mi sitio, nuestro sitio… no hay ningún sitio, sólo hay un sitio.

FA: ¿Es el sitio del amor en estado puro?
MC: Claro. Cuando se casó mi hija Alejandra yo le decía: “en el amor no hay dos que se transforman en uno; hay ninguno”. Si hay uno, ya no es amor. El amor puro es ninguno, es fundirse en todo. Siempre ha existido una física y una mística del amor que algunos no han entendido bien. Y por eso el borde de lo sensual en los místicos cristianos, tanto en Eckhart como en Santa Teresa por ejemplo; porque es la manera más adecuada que

tenemos de expresar el amor. Como también el dolor. Cuando una persona profundamente amada se va, por mucho que sean tus convicciones potentes, hay un dolor inexplicable. Es un dolor terrible, que nace de las profundidades de la tierra… porque te estás muriendo. Cuando lo amado cambia de dimensión, estás muriendo y en ese momento estás renaciendo. El día que Lourdes se murió, algo de mí murió y estoy renaciendo en sentido estricto además. Esta vez tutelado por su vida, por su obra, por su ejemplo, y por esa vibración de otro orden que sigue viva.

FA: La poesía mística se entiende aunque no pueda explicarse…
MC: La palabra no sirve para el mundo del Espíritu pero no tenemos otra cosa y a veces es una tragedia. Por eso voy a publicar La palabra y el Tao. Yo me encontré con tres versiones del Tao te ching con contenidos a veces divergentes. ¿Cómo era posible? Aprendí entonces el papel distorsionador del lenguaje. Yo escribía en cartulinas las tres versiones de un mismo aforismo y las ponía en la mesa de la celda para tratar de encontrarles el sentido, y encontré una cosa: el literalismo, el atender a la palabra es una idolatría. Trasciende la palabra y encontrarás el sentido. De repente sentía que había comprendido algo, aunque no lo pudiera explicar. Krishnamurti habla de incorporarlo al torrente sanguíneo. Aunque no sepamos cómo entra, cuando está, ya no se va.

FA: ¿Por qué madruga tanto? ¿Qué le reporta el silencio?
MC: Me levanto a las cuatro y media de la mañana. Antiguamente, cuando estaba Lourdes, tenía que evitar hacer ruido… ahora, lo echo de menos. Y me gusta el silencio. Es mucho más que gustarme, me parece imprescindible. En el silencio nos escuchamos a nosotros mismos. Hay mucha gente que no le gusta lo que escucha y entonces prefiere que la aturda el ruido externo. Pero sin silencio no se puede caminar en el Espíritu. Rezar es silencio, meditar es silencio. Amor es silencio. El amor con ruido es ruido. Quien no es capaz de estar en silencio no es capaz de estar en si mismo con mayúsculas. El ruido permite estar con el sí mismo con minúsculas, con la personalidad. El ruido sirve para Mario Conde-presidente de Banesto, pero no para la divinidad de la que somos posada transitoria. El silencio permite ser honesto y limpio de corazón, permite revisar los verdaderos impulsos de lo que se hace.

Por ejemplo, permite discernir si damos una entrevista por vanidad o para ayudar. Nadie es inmune a la vanidad y yo la he sentido en muchas ocasiones. Ahora soy libre porque no tengo vanidad; yo ya no mido las consecuencias de mis actos ni de mis palabras en términos de que repercutan o no sobre mí, sino si sirven o no para terceros.

La razón por la que he dado una segunda entrevista en televisión fue porque me llegaron muchas cartas de personas que estaban sufriendo y que me decían que les había ayudado, y pensé “pues ahí voy otra vez”. Y ahora han sido miles, las personas que han puesto correos… bastaría con una. Hay una persona que me ha llamado, que tiene lo mismo que Lourdes y que simplemente quería que le dijera dos palabras.

FA: Ha estado recientemente en un monasterio del Císter. ¿Se necesita acudir a retiros para luego estar en el mundo de todos los días conectado a esa limpieza de corazón?
MC: Desde pequeño, las películas que me gustaban eran de monjes y de samuráis. Sabía que más tarde o más temprano iba a ir a un monasterio. Lourdes lo presentía e incluso creo que llegó a comentarlo con sus hijos. Tenía esa asignatura pendiente. Allí se

tiene la experiencia del silencio. Cualitativamente no es distinto a mi vida, pero hay más tiempo de soledad, menos ruido… El silencio es una actitud, no necesariamente un resultado físico, así que claro que se puede estar en mitad del ruido de todos los días con el silencio interior que da la limpieza. Aunque el silencio físico ayuda.

Yo tengo el sueño de crear un centro para nutrir el Espíritu, igual que hay sanatorios para adelgazar. Sería un lugar de silencio y absolutamente ajeno a cualquier confesionalidad, con momentos para lo que los monjes llaman “capítulo”, uno o dos al día, para exponer temas que tengan que ver con el mundo espiritual, y donde la gente pueda ir sinceramente a encontrarse consigo mismo o a encontrarse con lo que sea pero envuelto en silencio. Además de los centros de meditación cristianos, budistas o hindúes, existen los de las nuevas colectividades, como Findhorn o Auroville. Todo está muy bien y creo que son utilísimos, pero sueño con un sitio neutro para estar en silencio.

FA: ¿Hasta dónde llega su capacidad de ayuda, después de su trayectoria vital?
MC: Hasta dónde llega no lo sé. Hay un hecho crucial en mi vida que es la muerte de mi mujer, que ha desarrollado una necesidad casi biológica de ayudar en el terreno en donde creo que más desesperada está la gente, que es la ausencia no sé si de referente, de sentido a sus vidas.

En tanto en cuanto yo haya crecido, habrá crecido mi capacidad de ayuda, porque la capacidad de ayuda de uno depende de lo que se tenga dentro. En los momentos de percepción mediática que vivimos tengo que aceptar que cosas como las entrevistas de televisión han ayudado mucho.

Por ejemplo, uno de los correos que he recibido es de una chica muy inteligente, con una enfermedad de glucogénesis que le genera una incapacidad permanente. Me ha mandado sus fotos y es impresionante. Con una sonrisa enorme y con un texto que decía que mis palabras habían sido un impulso. Lo más gratificante que me puede pasar es que me diga algo así una persona lisiada. Todo por una entrevista, por unas palabras. Eso es lo que yo quiero. Quiero más posiblemente. Quiero restaurar la idea… han fracasado los materialistas.

La religión puede ser un producto tóxico, pero el materialismo puede ser heroína pura. No se puede hacer nada ni mejoraremos política, ni cultural ni económica ni socialmente si no recuperamos el papel del Espíritu en nuestras vidas. Cuando me dicen que estamos mejor que hace no sé cuánto tiempo, yo digo “¿Mejor? Cuando mueren 5.000 niños al día, cuando hay genocidios, cuando un país está mejor que antes porque han muerto cientos o cientos de miles de personas, ¿eso es mejor?”. El problema no está ni en los sistemas políticos, ni en la democracia: está en el hombre.

El producto humano que está en estos momentos dirigiendo el mundo, al verse desconectado del sentido de la trascendencia, no sabe dónde anclar valores tales como la dignidad, ¿dónde se ancla? Hablan mucho de la ética laica, bien, pero la ética laica, sin un sentido de trascendencia es a mi juicio muy frágil, tremendamente frágil y la historia lo demuestra.

FA: ¿Bastaría con madurar como personas y poner en valor la capacidad de servicio?
MC: Y darnos cuenta de que no es que mueran 5.000 niños, es que los estamos matando. No hay nada de lo que está ocurriendo en el mundo de lo que no seamos absolutamente culpables. No hay un tema de otros que no sea de nosotros. Occidente se ha desentendido…

Simplemente, con que asumiéramos que todas esas cosas están pasando porque estamos consintiendo que pasen, simplemente con eso, el mundo cambiaría. Pero nos han enseñado a que “yo soy yo, y los otros son los otros, mis actos no tienen nada que ver con los actos de los otros…”. Eso es sencillamente falso: metafísica, física, económica, cultural y socialmente.

FA: ¿Está cambiando todo eso? ¿Hay algún indicio?
MC: Yo creo que sí. La Iglesia Católica en España, por ejemplo, que ha sido el modelo dominante durante siglos, está cayendo en la percepción de la juventud, pero no toda ella se está refugiando en el nihilismo ni en el hedonismo. Lo que ocurre es un cambio de conceptos. La solidaridad ha dejado de ser un planteamiento político para ser un planteamiento humano, como la noción de la comunidad y de la convivencia; las consecuencias dramáticas de un capitalismo brutal se están transformando en términos de convivencia. La sensación que había hace diez años de que estábamos ante el fin de la historia es rotundamente falsa. Estamos en el principio de la historia afortunadamente.

Creo que lo que dicen del Kaliyuga es verdad, en el sentido de que se están descomponiendo los restos de una civilización basada en la no trascendencia, y se está recomponiendo. Yo veo que hay muchos que no se dan cuenta de que esto está pasando pero afortunadamente pasa, lo de menos es que se den cuenta o no. La Nueva Era, factores más o menos anecdóticos aparte, tiene un fondo, tiene un fondo crístico, un fondo profundo que está llamando a mucha gente y eso es muy positivo.

Con que eso pase estamos ayudando. No arreglaremos nada, absolutamente nada, con modificar leyes políticas o sociales, si no arreglamos antes al hombre. Hay que empezar desde los cimientos -la educación es la clave- y darle al hombre el sentido de trascendencia que tuvo siempre al margen de la religión en concreto. El ensayo que hemos hecho de un hombre sin trascendencia nos ha conducido a esto.

FA: ¿Los cimientos del hombre desde uno mismo?
MC: Absolutamente. Pero desde uno mismo, no como separado de todos sino como integrado en todos, y empezar por todos a la vez.


FA: Solo unas palabras sobre su estado interior y su ánimo, para terminar.
MC: Hay un dolor frío; podemos convivir con el dolor, pero no tenemos derecho a convivir con la tristeza, la tristeza es en el fondo un egoísmo y es una cobardía; el dolor es un sentimiento sano; la tristeza es epidérmica, es social, y el dolor es profundo. Hay un dolor interior que no se ha ido porque no se puede ir, pero al mismo tiempo hay una percepción de que eso sucedió por algo y para algo. Y ahora tengo un tipo de contento diferente, es una alegría distinta, es una alegría que no se olvida de su amigo el dolor pero que me permite hacer cosas como las que hemos hablado y muy tranquilo.

El día que me estaban haciendo el tac, -esto es absolutamente verdad- miré para arriba y pensé “ahora suponte que te dicen que tienes un tumor de pulmón como el que cuentan por la calle, ¿cómo te enfrentas a la muerte?”. La primera reacción fue “bueno, ¿tengo el valor que tuvo Lourdes?” y seguí: “ése es un término de comparación; bien, al margen de esas comparaciones, ¿cómo te enfrentas?”. Y me di cuenta de que estaba sonriendo. Todo está bien.


Lola Bastos
www.fundacionananta.org



“También Microsoft”

Sobre el progreso del principio superior del compartir

3-Marzo-2008
Las buenas noticias no suelen saltar a primera plana, pero están ahí, escondidas, en la sección de sociedad, tecnología…, aguardando reparemos en ellas para colmarnos con su esperanza. Microsoft también comparte, libera parte del código de algunos de sus programas con el fin de hacerlos más compatibles y permitir que terceras partes desarrollen nuevos programas sobre sus plataformas. Microsoft fomentará también la interacción con el resto de la industria informática y con las comunidades que utilizan software abierto.

¿Presión de la Comunidad Europea o voluntad propia, estrategia comercial o iniciativa generosa? No entra en la finalidad de estas líneas el elucubrar sobre las razones últimas de la decisión. No entramos en el juicio, sólo observamos. La intencionalidad corresponde al terreno de lo privado. El caso es que Microsoft se adhiere al principio del compartir, que la gran compañía informática internacional, creadora de las más corrientes aplicaciones, de los sistemas que utilizan la mayoría de los ordenadores personales, revela ya buena parte de las claves ocultas de estas herramientas para beneficio de la comunidad. Los expertos dicen que con esta nueva estrategia, la multinacional está siguiendo los pasos del buscador Google, que ha conseguido éxito al motivar a los programadores a desarrollar programas para sus propias aplicaciones.

Compartir no es precisamente sinónimo de perdida o retraso, si no todo lo contrario. Tras el gigante informático cada vez más compañías se adherirán al principio superior del compartir. Comienza por fin a mermar el gran arraigo del ancestral paradigma de la confrontación y la competencia. La humanidad avanza en su proceso evolutivo, o lo que es lo mismo, en su creciente conciencia de unidad y solidaridad universal. Buena prueba de ello es el progreso de esta elevada máxima.

Compartir es negocio, más que competir, negocio genuino, noble y solidario. Los enormes avances tecnológicos ponen las bases para que opere cada vez más fácilmente este principio que un día regirá la vida cultural, social, económica... La era digital anima a compartir y a vivir la comunión, nos invita a pensar más en clave de beneficio colectivo y menos en particular, nos ayuda a sentir con más fuerza el alma grupal. Pero no es sólo una cuestión de altruismo. Las grandes corporaciones internacionales, habitualmente no dadas a este género de idealismos, observan que adherirse a este principio es también provechoso en términos económicos. En el ámbito informático se han dado cuenta que al crear juntos programas, plataformas, enciclopedias…, el progreso es mucho mayor y la calidad del producto resultante también superior.

Los muy bien pagados informáticos de Microsoft no pueden progresar más que miles de programadores profesionales y aficionados repartidos por todo el mundo, trabajando desde sus hogares por unos mismos objetivos, por unas mismas herramientas que después se pondrán gratuitamente al servicio de la comunidad.

Triunfan los que comparten: Linux, Google, Myspace, You Tube, Wikipedia… La esfera virtual va por delante, inaugurando sin cesar espacios abiertos y solidarios, revelándonos futuros, implementado nuevos modelos de relaciones, mostrando el gozo inmenso del compartir…, gozo que también podríamos comenzar a disfrutar en la vida física, si verdaderamente nos lo propusiéramos. En realidad, bien podemos entender el progreso evolutivo de la humanidad como el aprendizaje del compartir cada día más cosas, no sólo las tripas del Windows Vista, sino también granero y códigos, poemas y descubrimientos, canciones y avances tecnológicos…

¿Quién nos dice que mañana no será todo para compartir, que cada quien cogerá del fondo común de recursos y beneficios, del acervo común de conocimientos en razón de sus necesidades? ¿Es que no se manifestó así desde el principio de los tiempos la Madre Naturaleza? ¿Es que los frutos y las riquezas naturales venían en el origen etiquetados con sello de propiedad? ¿Es que nuestra facultad de razonar, investigar, crear… no es también un regalo de lo Alto? ¿Es que los frutos de estas facultades encuentran más elevada finalidad que el de ser también compartidos libremente para beneficio colectivo?

Las comunidades sociales y científicas más avanzadas y con un elevado grado de conciencia grupal funcionan ya bajo los principios de colaborar y compartir. ¿Quién nos dice que la humanidad entera no puede funcionar así, que este género de relaciones generosas, aún bien pequeño y pionero, no puede de día en día extenderse y alcanzar más ámbitos?

Competimos a costa de la tierra y de terceros, nuestros hermanos. Compartimos en beneficio de ellos. A la larga, éste último es el único modelo sostenible. Lo que no se da, lo que no revierte en beneficio de la comunidad, sino del solo particular, lo que no circula…, se acaba. Son principios universales. Nada opera fuera de ellos. Todos, incluso las poderosísimas corporaciones, están sujetas a estas leyes inexorables. Gates y Ballmer lo deben saber. Ellos también comparten.

Koldo Aldai
Fundación Ananta
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