Fundación Ananta

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Pensamientos de junio: mi consultorio es la Tierra

"Pero no hay que esperar a ser un médico para ser un sanador. El sanador es cualquier hombre o mujer que sea capaz de convertirse en un canal inteligente del amor. Para él la oportunidad de sanar ocurre siempre, su consultorio es la Tierra. Sus pacientes, flores, pájaros, niños, santos o ladrones, todos los que necesitan la energía del amor”. Jorge Carvajal, “Por los caminos de la bioenergética. Un arte de curar” (1995) p. 145. Editorial Luciérnaga, 2006. Imagen: amanecer en Badalona, 8 febrero 2016 (cortesía de Carmen Torres)

Coincidentes vitales (Ramiro Calle)

Es en el Mahabharata donde podemos leer que los seres somos como maderos que durante un tiempo nos encontramos en el océano de la vida carnal y luego nos separamos.  Pero esa separación, con respecto a los que llamo "coincidentes vitales", no la siento como tal, porque si como declaraba Kabir, el mar y sus olas son una unidad, ¿qué diferencia hay entre él y ellas? El cegador resplandor del misterio de la vida, eclipsa la débil luz del entendimiento ordinario. ¡Qué enigma tan grande que en millones y millones de años vayamos a coincidir en esta vida  con unas determinadas personas y...

Pensamientos de enero: cada gesto es mágico

"Cada gesto es mágico. Entonces, cuando encontréis a alguien por la mañana, no le deis los buenos días con un recipiente vacío, porque sin quererlo, sin saberlo, estáis tratando de desearle el vacío, la pobreza, el fracaso para todo el día. Diréis: "Pero esto no tiene ninguna importancia, en el mundo la gente no presta atención a estas cosas." Si la gente es inconsciente, ¿es ello una razón para imitarla? Que actúen como quieran, pero nosotros, aquí, en donde aprendemos las leyes de la nueva vida, debemos acostumbrarnos a ser conscientes de todas las cosas. Por lo tanto, cuando por la mañana...

Fidel Delgado: El sentido del humor es un sensor de la salud

Un psicólogo clínico metido a "titiripeuta"

28-Feb-2007. El psicólogo clínico Fidel Delgado, que se autodefine como un “titiripeuta” y que imparte cursos de formación con títulos como “Déjate en paz” o “Los juegos del ego” valiéndose de recursos y utensilios propios de un payaso, cree que el sentido del humor es algo muy serio: “sentir el humor” es tener sensibilidad para detectar cómo nos encontramos. Conocer la calidad de nuestro humor, del fluir que nos conecta con nosotros, con los demás y con el Todo es, en definitiva, salud.


En una entrevista con Fundación Ananta, Fidel Delgado asegura que -como organismo individual o como organismo-empresa- hemos de tener muy activos esos sensores y escucharlos, y no tratarlos de adormecer, como hacemos a veces por miedo. Y también por miedo, asegura, cerramos la ventana al Espíritu para impedir que nos sacuda…

Cree que comprender que estamos en la vida “de servicio” nos conecta “con el lado servicial de la vida”, que es un lugar de buen humor, mientras que si vamos buscando reconocimiento, poder o dinero, nos acompaña el miedo, el bloqueo, el mal humor. En la misma línea, defiende el cultivo de las artes del silencio y el desapego.

Recién casado a sus 60 años, ha estudiado el camino de Carlos Castaneda y habla de Jesús con una devoción lúcida y contagiosa; ha practicado yoga y zen, esto último en ocasiones de sol a sol; ha vivido en una comuna durante casi siete años, y empezó a dar cursos de formación por los hospitales mientras vivía itinerante en una roulotte. Todo, después de renunciar a su plaza como psicólogo adjunto al Departamento de Psiquiatría en la Ciudad Sanitaria de la Paz, de Madrid, hace ahora 26 años.

Desde entonces la vida se ha ocupado de él y le ha empujado a explicar a los demás que sólo somos parte de algo que nos supera, y que no tenemos nada que temer.


Fundación Ananta: ¿Alguna recomendación para las empresas, en relación con el sentido del humor?
Fidel Delgado: El humor está en todo porque la vida es fluida, así que hay que prestar atención a sentir ese fluir. Para un organismo es importantísimo que los sensores que tiene instalados estén sensibles. Y cuando dan señales de que todo va bien, el efecto es la alegría, los buenos resultados de negocio… Si, por el contrario, algo chirría o surge algún conflicto, sentirlo cuanto antes es indicativo de salud, de higiene mental. El buen rollito, una cena, un brindis, es sólo un producto –o un subproducto– final. Es mucho más urgente percibir cómo están las cosas y, a medida que se arreglen, brotará el bienestar tranquila y espontáneamente.

FA: ¿Se le presta atención suficiente a la sensibilidad?
FD: En muchos casos, se tiende a amortiguar esos sensores, a bajarles la sensibilidad porque molesta que avisen de que algo no funciona. Ha habido grandes crack que se podían haber pre-sentido, pero en los que han funcionado mecanismos de defensa por encima de las alertas. Sin el sentir, las empresas se mueren porque empiezan a trabajar en vacío; no saben si están en buena relación interna y con el entorno, ni si responden a una necesidad real de mercado. Cuando un organismo no sabe -no siente- cuál es su relación consigo mismo y con la vida, se vuelve autista; y dura lo que le dura la pila, los recursos… luego se va quemando la gente, se va quemando el sistema… y crack. Eso viene muy bien a todos los que trabajan patologías… se le da mucho trabajo a un coach, a una consultora; los cirujanos del cuerpo y de empresas acaban teniendo que acudir simplemente porque estaba anulada la sensibilidad.

FA: ¿El mobbing se encuadra en ese contexto?
FD: El mal humor organizado y rentabilizado da lugar al mobbing: me entretengo en chinchar al otro sin que se note; es un estímulo muy tóxico pero muy estimulante; es perder el sentido del servicio y convertir el trabajo en algo que sirve para mis cosas: un poquito de poder, un poquito de creatividad contra otro… que producen satisfacciones perversas. Todo eso entra en la gama del mal humor, del miedo. La gente que acosa o que busca negocio a costa de otros, está llena de miedo porque se teme lo mismo de los demás.

FA: ¿Cómo se puede combatir?
FD: Estar “de servicio” me permite estar con el lado servicial de la vida, en el buen lado. Si ya directamente salgo de casa a mangar, la alerta sobre que me manguen a mí es desde antes de salir. Yo creo que todos tenemos instalado el miedo, pero una vez que lo reduces funcionalmente, permites que afloren otros motores humanos que son mucho más crecederos y mucho más gratificantes, pero es muy fácil caer en la tentación de tocar el miedo para mover al otro. El sentido básico que aglutina a una empresa se mantiene a base de comunicación personal. Conviene que el grupo se autoevalúe con la referencia de un organismo humano: ¿Hay cabeza? ¿Hay corazón? ¿Se come? ¿Se descansa? ¿Estamos en guerra o en paz? ¿Qué tal con otros clanes? ¿Hay risas? ¿Hay juego?... eso es lo saludable.

FA: En función de esos parámetros, ¿cómo es la salud completa?
FD: Nuestra medicina presta atención a lo somático y vive básicamente de la química, pero conviene detectar si el desequilibrio en la salud viene por la nutrición más básica o por el alimento en el sentido más sutil –emocional, mental, espiritual…-. El sentido del humor me permite darme cuenta de que, por ejemplo, la razón de mi enfado es que no descanso. ¿Tú te has dado cuenta de que no se habla en ningún sitio del arte de descansar? Todo el mundo toma pastillas para descansar, y coge días de descanso pero nadie sabe descansar. Necesitamos dejar de meter tontunas en la cabeza, que pare la mente, descubrir el gusto por el silencio y desde ahí llegar a la lucidez, al equilibrio, a lo más profundo, que es lo que nos lleva a la solución real de los conflictos.

FA: ¿Tan importante es el silencio?
FD: Todos paramos al final del día cuando ya no podemos más, pero es necesario el reposo de actividades, de deseos, de búsqueda constante de estímulos. Un descanso profundo, decidido, buscado, querido, es un arte, pero como no consume nada, no se vende en ningún sitio. También a veces estamos de mal humor por estar sometidos a demandas de mucha gente, que son al final nuestros propios deseos, y no sabemos cómo renunciar. Soltar y desapegarse tiene mucho que ver también con el buen humor; ya ves, soltar, callar, y no precisamente reírse, jugar, hacer, hacer, hacer…

FA: ¿Y cuál es la importancia de la risa?
FD: La risa sólo puede florecer cuando el organismo está bien dentro y no tiene temor de fuera. Cuando ves reírse a alguien o tú te puedes reír, tu cuerpo entero dice: “estamos bien, estamos tranquilos, no hay peligro, nos podemos reír”. Hay gente que se cree que si se ríe pierde defensas, pero es al contrario, el mensaje es: “estoy tan seguro que me puedo reír hasta de mis propios agujeros”. Básicamente se abre la comprensión y, sobre todo, se abre el corazón a que el de enfrente no es enemigo; por eso sería bueno hacer unas risas antes de empezar cualquier encuentro, porque nos hace saber que los que estamos ahí no nos tenemos que andar vigilando de reojo.

FA: ¿La risoterapia tendría esa función?
FD: La risoterapia tiene connotaciones que a veces son muy descargantes de tensión, muy funcionales. Por esa vía, gente desconocida, después de reírse un rato, sabe que ninguno es peligroso. Pero el buen humor que deberíamos intentar promocionar en nuestro entorno y en nosotros es ése que brota de estar confiado en mí y en los otros, no necesariamente con ingeniosidades ni risas.

FA: ¿Es aplicable todo esto a la relación entre las empresas?
FD: Estamos en el terreno de la utopía ideal, pero hasta que no lleguemos allí, andaremos chirriando. Aunque está establecido, como consenso general, que el mundo de la empresa es un mundo de lobos, la gente que tiene valores menos agresivos y egocéntricos no se tiene que gastar la mitad del presupuesto en defensas, ni la mitad de las reuniones en control miedogénico; y puede dedicarse a crear y servir.

FA: ¿Es más fácil en las empresas pequeñas?
FD: Las grandes que mejor conozco, la sanidad y la educación, no generan ni lo uno ni lo otro: los hospitales no funcionan principalmente movidos por la voluntad de sanar enfermos ni los colegios están volcados en la formación de los muchachos.

FA: ¿Las instituciones han olvidado su misión?
FD: Incluida la religiosa… se trataba de dar de comer al hambriento y de beber al sediento, y nos ponemos a hablar de las células madre y de si es ético o no es ético… Muchos ya nos hemos operado del miedo al infierno; Jesús venció a la muerte, venció al miedo y enseñó cómo amar.

FA: ¿Hasta dónde es válido el mensaje cristiano?
FD: Quien movió a Jesús nos mueve a todos, Jesús se dejó mucho mover; me parece un buen modelo de dejarse mover por el Espíritu. A él le tocó hacer lo que le tocó hacer y ahora toca lo que toca. El modelo no es a fotocopiar sino a dejarse inspirar. Lo delicado de los arquetipos cristianos es que a algunos les produce sarpullido. Cuando hay alergia a alguna cosa, conviene que no la pongas encima de la mesa. Si me hace falta, puedo hablar del Hijo Pródigo sin citarlo, como hacía él, con metáforas, parábolas, semillas que prendan y que no desencadenen la alergia que han generado los abusos religiosos.

FA: ¿Mejor ir a la esencia, sin poner nombres?
FD: La esencia del asunto es dejar la ventana abierta para que sople el Espíritu, quitar el miedo a que el viento me acatarre en vez de que me inspire. Jesús sólo tenía el mandamiento de no tener miedo (“Yo he vencido a este mundo”). Quizá la primera traducción de evitar el mal humor es cuidar no meter miedo, que es muy tóxico. Una de las grandes irritaciones de Jesús fue en ese sentido, cuando dijo que quien hace tropezar a alguien, o mete miedo alguien, mejor que le pusieran una piedra al cuello y le echaran al río. Sin embargo, hay grupos que utilizan el miedo envuelto en palabras cristianas.

FA: Si fuera más fácil de esquivar, no estaríamos hablando tanto de miedo...
FD: Hay gente que le resulta imposible saber que está repartiendo mal humor y malos miedos a los demás, porque ni se dan cuenta de que ellos lo tienen, creen que esa es la verdad. Hay emisoras de radio especializadas en meter miedo, y el miedo mueve y se contagia y transporta mucha rabia. Hay que vigilar el miedo al miedo y reconocerlo cuando venga para poderlo parar antes de que me invada como una infección.

FA: ¿Eres partidario de un gesto desde los poderes públicos para combatirlo?
FD: El miedo hay que resolverlo en la más estricta intimidad. Es una vibración de una frecuencia bajísima pero muy contagiosa. Deberíamos aprender a recortar los miedos a su función básica bioprotectora. Otros miedos manipulados por la mercadotecnia agobian la vida con necesidades fantásticas y reales: “me tienen que querer y comprender todos”, “tengo que ser joven siempre”, “todo el mundo se ríe mis pelos… o de su ausencia”.

FA: ¿Existe también miedo a la escasez? ¿Está fundamentado?
FD: Cuando la lucidez crece, va disolviendo los problemas: uno es la escasez. Hay de sobra para todos y hay que repartir mejor. No habría hambre si repartieran los de máxima conciencia porque basta con un poquito de comida, un poquito de casa y un poquito de quererse… Pero si lo hacemos con esta cabeza, con este corazón forrado de miedos y que no se atreve casi a palpitar en sintonía con la vida, y con estos prejuicios…

FA: ¿Cuál es el secreto del éxito de un curso?
FD: La consciencia que mueve una reunión nos mueve a todos y no sabes por dónde va el remolino; intentar saberlo, pensar que ya sabes cómo, es exactamente donde restringes el Misterio. Este asunto es fundamental para perder toda angustia o prevención con el famoso público. Prepárate lo que tú quieras, pero lo que van a oír es lo que tienen que oír. No restrinjas nada por temor; cuando crees que depende de ti, ya has reducido todo el potencial de la vida. Y eso no es solo para hablar en público, es para vivir. Eso incluye aceptar que la cosa salga aparentemente mal, y también implica soltar la idea de que si no fuera por nosotros, algo no funcionaría..., eso hace revisar la responsabilidad hacia gente cercana, como los hijos…No tenemos tantos méritos como creemos…ni culpas… Y si lo llevas todo controlado, no dejas que la vida te sorprenda.

FA: Resulta muy tranquilizador, pero habrá que poner al menos la intención…
FD: Estoy atento a intentar hacer metáforas tangibles para hablar de lo intangible, juegos para comprender; cómo aterrizar lo que no es terreno pero que hay que pillar en esta tierra, que para eso hemos venido… Pero soy testigo de grandes contrasentidos, como el director de un centro de terapias que tiene un estrés espantoso porque se cree que tiene que controlar todo el rato. Irse liberando de la angustia supone confiar en la vida. En los cursos que organizo en Gredos, mi mujer cocina lo mejor que sabe, y yo, también. A partir de ahí, que sea lo que Dios quiera.

FA: Una frase para cerrar…
FD: Mejor, para abrir: cuando uno mantiene contacto con el impulso profundo que le sostiene haciendo algo, descubre que es empujado a dar de sí sin límite. Cuando te das cuenta de que ese motor viene de muy atrás y nos supera por delante con mucho, la acción se produce confiadamente, sin trajín desquiciante, obligación culposa ni esfuerzo angustiado.

La Redacción
Fundación Ananta




Manzanera: La evolución completa pasa por intentar ayudar al mayor número posible de personas

El profesor de meditación comparte en esta entrevista su sabiduría y su luz


27-Mar-2007. Su conocimiento de la espiritualidad oriental y occidental le colocan en una privilegiada atalaya. Gestiona con inteligencia y prudencia esa ventaja. Sus doce años de monje en Nepal, India y Francia, le han dejado poso de sabiduría, pero no de nostalgia.
Dejó el monasterio, pero se trajo consigo algo de la paz y de la luminosidad de aquellas alturas, y sabe ahora cómo esparcir las semillas de armonía y bienestar en la gran ciudad.

Aquí ha creado escuela y en su sala de meditación no sobra hueco. Sencillez, sosiego y conocimiento puede ser fórmula que domina. Nos recibe en su sobrio y vacío despacho. No en vano el empeño que nos confiesa, a lo largo de la entrevista, de vaciar también los muros de la mente de formas y creencias…

¿Qué persigues al meditar?

Al meditar encuentras algo interno en lo que te puedes amparar. No lo buscas expresamente, sin embargo es un efecto. Das con una fuente de creatividad, de energía, de capacidad para hacer cosas nuevas. Observas que en el fondo de todo lo que te pasa en la vida, en el fondo de todo lo que te sucede hay una luz, hay un lugar seguro, hay un lugar de paz y de apoyo dentro de ti.

No es que no tengas problemas, ni que la vida no te suma en estados agitados…, lo que ocurre es que encuentras una referencia interna que te concede una solidez. Los problemas, las dificultades que afrontas quedan amortiguados y nunca llegan a ser desesperantes.


¿Qué es lo que más te costó sobrellevar en la vida monacal?

Fue la cultura. En todas las religiones, y el budismo entre ellas, hay un montón de creencias. Te ves abocado a una situación curiosa. Por un lado estás viendo efectos positivos en tu vida dentro de la tradición que implican un gran cambio. Por otro te das cuenta que estás asumiendo unas creencias, unas prácticas religiosas que no las acabas de creer y sin embargo las desarrollas porque el otro aspecto de la enseñanza es bueno.

En mi caso siempre ha habido ese conflicto con unas reglas y dogmas, que a otros niveles me aportan un resultado. Personalmente me cuesta creer en cosas. Lo que más me vale es lo que yo en mi puedo descubrir.

¿No animas a creer en algo?

En mis clases de meditación he quitado todo aquello en lo que haya que creer. La gente me pregunta: “¿Tú enseñas budismo?”. “No, yo doy meditación”, respondo. Los budistas dicen que para creer en algo, hay previamente que analizarlo. Una de las máximas de Buda es: “No te creas lo que yo te digo, compruébalo”. Sin embargo a la hora de la verdad una religión es una religión.

Procuro quitar de mis clases todo aquello que es creencia para llegar a la vivencia de descubrir lo que eres.

¿El budismo de Occidente ha de alcanzar por lo tanto esa desnudez de normas y creencias?

No necesariamente. Yo creo que la mayoría de la gente necesita reglas, normas. Al día de hoy, la sociedad necesita referencias claras. La religión cumple una función social de armonizar, de fomentar solidaridad, de crear ritos… Esa función social tiene que seguir estando, no debe desaparecer. A mi me parece perfecto que el budismo sea como es ahora. Creo que tiene que seguir siendo así. Otra cuestión es la persona y hasta donde quiere llegar con su práctica.

¿Los sistemas de creencias cumplen todavía un papel?

Hay que ser sinceros. Hay personas que necesitan la tradición y la dependencia que inevitablemente conlleva. Está bien proporcionársela. La dependencia en determinados niveles de conciencia puede ser positiva.
La gente está donde está, sino sería el caos. Hay gente que no halla en la independencia, pues se podría desquiciar y perder. Hay gente proclive a estados de adicción, de ansiedad, de depresión…, que no saben manejar su vacío interior, que entran en estados de adicción. Si a esas personas les facilitas una estructura clara, pueden conseguir manejar ese vacío.

Tú no puedes llevar a una persona a un estado de conciencia de independencia que sería lo ideal para manejar el vacío, si no se sostiene a sí misma.

¿La religión sigue siendo, por lo tanto, necesaria?

La religión proporciona una base muy buena para poder evolucionar, una plataforma para poder dar un salto a otro nivel de conciencia. El problema es cuando la religión se convierte en un freno, en un tapón.

Hemos de ser sinceros. La mayoría de las personas están en ese nivel de sobrevivencia, en el que prima disponer de lo elemental: comida, afecto… No se les puede pedir más. Aspiran simplemente a una seguridad económica, emocional… Ante demandas elementales, respuestas elementales.

¿Cargamos un exceso de miedos?

El ser humano se siente atenazado por el miedo. Tiene una sensación profunda de fragilidad ante la muerte. La fragilidad se manifiesta también ante la enfermedad, ante la pérdida de trabajo… Esa fragilidad se debe compensar con una seguridad que bien puede proporcionar la religión. Si elevas el nivel de conciencia ya no es preciso compensar esa inseguridad.

¿A qué es debido el auge del budismo tibetano en Occidente?

La referencia de unos valores proporciona paz. La imagen de los lamas en cuanto seres supuestamente muy iluminados, muy evolucionados es muy poderosa, sobre todo para quienes están perdidos y sin referencias. No tenemos referencias de personas integras. Muy probablemente las hay, pero públicamente su testimonio no se expresa... Llegan entonces los lamas y la gente se engancha. Luego se observa que la enseñanza tiene un resultado claramente positivo en sus vidas.

¿Acusas falta de referencias también en nuestro país?

Hay gente muy valiosa en España, pero están ocultos, no se les potencia, no se les reconoce

¿Prescindiremos un día de la muleta que nos proporciona la religión?

Yo creo que habrá siempre una parte de la población que necesitará de esa muleta. Cambiar el nivel de conciencia requiere un esfuerzo y mucha gente no está por la labor.

La conciencia de la fragilidad global está ayudando sin embargo a un despertar de la conciencia.

¿La opción del retiro monacal sigue siendo válida en nuestros días?

Es necesario que haya personas que tengan una salud emocional, mental y espiritual. No puedes actuar en el mundo sin ese necesario equilibrio.

Si no estás preparado, poco puedes ayudar, pues entonces cometes muchos errores. Una forma de prepararse es retirarse del mundo. Estamos muy condicionados por la cultura y la educación y el retiro ayuda a descondicionarnos. Está bien retirarse y después volver. De esa forma se contempla también en el budismo.

El monacato como medio, no como fin…

Así es. El hacerse monje es un medio para adquirir un estado de mayor conciencia y desde ahí tener más capacidad de ayudar. Son necesarios períodos de profundizar, de transformación, de conexión con algo de verdad…

Como apuntaba anteriormente, para mucha gente la referencia de un monje es muy válida. Es una imagen muy aceptada y que despierta. El monje tras su vida encerrada, sale al mundo e irradia con su sólo estar.


¿Están llamadas a encontrarse, siquiera internamente, la espiritualidad de Oriente y Occidente?

Nunca ha habido ninguna separación real. Ha podido parecer que la había en el nivel de la jerarquía, de las formas, pero no en el de las personas verdaderamente espirituales. Una persona que está en un nivel de conciencia, sea cual sea la etiqueta que le colocamos, reconoce a otra que está en el mismo nivel.

El encuentro siempre ha existido aún y cuando en el mundo de las formas se hayan producido incluso guerras. Las religiones al fin y al cabo siguen intentando mantener su poderío.

Lo importantes son las metas que alcanzamos. El camino utilizado, ya sea una tradición u otra, importa menos. Si vives la religión desde el miedo, siempre considerarás inferiores al resto de las religiones.

¿Diferencia sustancial entre oración y meditación?

Oración implica la referencia a un ser superior más perfecto y completo. Meditación tiene que ver con conciencia de algo. Podemos imaginar y contemplar la imagen de Buda y eso sería meditación, pero puedes también pedir al Buda inspiración, bendiciones o ayuda para seguir la vida, para afrontar los problemas…, eso sería oración. La meditación no se queda en la visión dual.

Hay una primera etapa en la cual oras a alguien. En una segunda etapa te das cuenta de que en realidad ese ser superior lo tienes dentro. Por fin en una tercera y última etapa, sientes que eres parte de ese ser superior.

En tus libros señalas que la meditación nos ayuda a conocer quienes somos…

Así es, la meditación nos conduce a esa observancia de lo que realmente somos. Podemos llegar a descubrir que ese ser superior que parecía que estaba fuera en realidad eres tú mismo y es tu verdadera esencia. La meditación nos conduce a una visión no dual del mundo. Hay una realidad absoluta más allá de la lógica y la razón y nosotros somos parte de esa realidad absoluta.

¿Una única forma de meditar…?

No, hay diferentes formas de meditación: de contemplación , de despertar de estados positivos que el meditador tiene latentes… Hay por último una meditación destinada a adquirir una mayor conciencia.

¿Es preciso detener los pensamientos para meditar?

Meditar no es detener los pensamientos. Si nosotros buscamos conocer la esencia real de quienes somos en realidad, no de lo que pensamos que somos, una de las prácticas más poderosas es la de observar la mente, los pensamientos. Observas lo que sucede con ellos, pero no los detienes.

Ocurre que con la observación los pensamientos son más lentos. Cada vez hay más huecos entre ellos. Poco a poco vamos descubriendo lo que denominamos “naturaleza última de la mente”, lo que el budismo llama “la naturaleza de Buda”, la esencia que somos.

En el descubrimiento de lo que es la mente, de lo que son los pensamientos, no tiene sentido pararlos. Podemos intentar detener los pensamientos, pero no deja de ser un mero ejercicio mental que nos lleva a estar bien y alcanzar una fuerza mental, pero no forma parte del proceso de indagar en lo que somos. Para ver lo que somos hay que mirar si detener nada.

¿No hay riego al meditar de olvidarnos del mundo?

Es importante cuando uno medita darle una dimensión altruista a la práctica. Personalmente trabajo mucho lo que constituye el valor de la compasión, el altruismo, el perdón…

En la tradición budista el camino no se completa hasta que no se desemboca en un marco de relación con los demás. Uno puede individualmente alcanzar un estado de mucha paz, pero ello sólo comprende la mitad del camino. La tradición budista te invita a completar ese camino con relaciones positivas, ayudando a los demás.

¿Podemos imprimir a la meditación un sentido altruista?

Es importante pensar que el ejercicio sirva para algo más. Es preciso plantearse lo que dicen los lamas: voy a meditar para tener más sabiduría que aportar a los demás, para tener más recursos para ayudar a los demás, más habilidades, más compasión para ayudar a los demás…

Cada vez que meditamos hemos de hacerlo con esa motivación prioritaria. Ello evita que caigamos en la trampa fácil de sentir que uno ya no quiere salir de ahí, con la consecuencia de quedarse atascado. Aspiramos a una evolución completa que pasa por ayudar al mayor número de personas posibles.

¿Cómo podemos alcanzar la paz en el asfalto, cuando la naturaleza está tan lejana?

La paz la generas dentro, no depende del exterior. Lo que te altera no es tanto el medio, sino la respuesta al medio. En la ciudad padecemos una hiperestimulación. El problema es la reacción a esos constantes estímulos.

Puede haber rechazo, aversión, puede haber adicción, apego… Si no reaccionas ni de una, ni de otra manera, tu mente puede estar en paz. El problema es la reacción emocional. Eso es lo que nos altera. Ocurre algo, me engancho; ocurre otra cosa, rechazo… La mayoría de las personas reacciona así a los estímulos.

¿Con el ruido físico ocurre otro tanto?

Así es. No es el lugar, es como tú te colocas en medio de él. No es el entorno ruidoso lo que nos afecta, sino nuestras respuestas. Tenemos unas respuestas automáticas que es preciso desaprender.

En la India vivía en un monasterio en el campo. Cuando volví de allí me preguntaba por lo que me iba a pasar en Madrid. Al comienzo apenas salía de casa, pues me resultaba agotador, pero poco a poco vas manejando la situación.

Recuerdo haber alcanzado una paz increíble en medio de “El Corte Inglés”, acompañando al lama Zopa, mi maestro, a comprar unos zapatos que debía adquirir por compromiso.

¿Y ahora?

Me protejo. Tengo mi ejercicios para poder controlar los estímulos. Forma parte de mi vida. No tengo que hacer mayor esfuerzo. He desarrollado una cierta alerta, pues hay estímulos que pueden ser demasiado agresivos y si no te defiendes te comen. El nivel de alerta depende de la persona.

¿Nostalgia de Oriente?

Es muy gratificante el trabajo que realizo aquí con la gente, sentir que eres útil.

¿Cuál fue tu experiencia con el Dalai Lama?

Él me hizo monje, no obstante casi nadie puede tener una experiencia personal con el Dalai Lama. Yo le veía siempre en el marco de reuniones en grupo, pero aún y todo esos encuentros eran muy mágicos. Siempre pasaba algo en mi actitud, alguna luz que se despertaba...

No sabría definirlo muy bien, pero hay una alegría interna que surge. Se inauguran caminos cuando lo ves, se abren puertas, ideas...

Es uno de los grandes seres que hay sobre la tierra. Hay personas que han ido a conferencias y algo determinante ha ocurrido en sus vidas.



Koldo Aldai
Fundación Ananta



Día de la Tierra, 22 de Abril (19-3-07)

José Díaz:" La felicidad está ligada a la calma de nuestra mente" (15-3-07)

Entrevista al coordinador de la ONG Educa Nepal*

Lo ha dejado todo por encender sonrisas en las colinas lejanas, de un país remoto, al otro lado del mundo. Ha abandonado su vida cómoda de profesor de inglés en las Palmas de Gran Canaria, para entregarse por entero a los hijos de los más desposeídos, los campesinos sin tierra en el distrito de Makwanpur, al sur de Kathamandú.



A decir por la enorme sonrisa que él también lleva permanentemente encendida, la decisión no le ha pesado. Vive por y para alfabetizar a los niños de los intocables, para quitarles el martillo esclavizante con el que los explotan al obligarles a golpear y partir las mil y una piedras cada día. Vive convenciendo a los padres de que la escuela les priva del salario de unos puñados de arroz, pero da horizonte y futuro a sus hijos. Vive animando a los campesinos para que no cedan ante las mafias que, a cambio de cuatro rupias, quieren llevarse a sus hijas, aún niñas, para colocarlas a las puertas de los lupanares de la India.

El compromiso le ha llevado a una inmersión total en el medio. Habla el idioma local y no le hace ascos a lo de comer su diario arroz, lentejas y salsa picante con los dedos. Camina despacio, siempre a pie, la veredas que separan una escuela de la otra. Sirve y al mismo tiempo disfruta de la paz exuberante que le regala una naturaleza apenas alterada.
Puestos a dar, no se queda con nada, ni siquiera con la intimidad de su propia vivienda. En un alarde de renuncias, vive bajo el mismo techo de una familia campesina, en una habitación que le ceden.

Ha vuelto a las Islas a la búsqueda de fondos para lápices, cuadernos, pupitres...para su gente. En una terraza de la Plaza de San Telmo de la capital grancanaria, en una cálida noche otoñal, nos vuelca toda su apasionante y generosa aventura.

Fundación Ananta: Seis años en Nepal, seis años de renuncias. Háblanos del desapego…
José Díaz: No he renunciado a nada. Haber tenido la oportunidad de conocer Nepal y convivir con sus gentes ha sido un regalo. Sí es verdad que he prescindido de la seguridad de un trabajo en Occidente, pero ha sido una elección libre. El apego no creo que dependa tanto de dónde estamos, sino de a lo que nos aferramos.

FA: ¿Qué echa en falta José, cuando al cabo de una intensa jornada, retorna a su choza?
JD: Poder compartir mis vivencias y sentimientos con alguien que sepa de dónde vengo. Es algo en lo que a veces pienso cuando sobreviene alguna frustración al trabajar en una cultura tan distinta a la nuestra. A nivel local tengo muchísimas amistades, me siento muy a gusto, pero no puedo profundizar.

FA: ¿Comer todos los días con los dedos, dormir en un catre, ducharte con un cubo… no acaba a la postre mermando resistencias?
JD: Para nada, disfruto de todo eso. Es parte de la aventura y me hace sentirme más vivo, más en contacto conmigo mismo, mis sentimientos y la naturaleza. Fregar con tierra y cenizas, pisar el suelo de barro, escuchar las rana, los grillos…; disfrutar la orquesta sinfónica que ameniza las noches es un sueño hecho realidad.

FA: ¿Hay algo que aún te retenga en esta parte del mundo?
JD: Intento seguir mi corazón, canalizar mis inquietudes en la dirección que intuya en cada momento. Al igual que cuando tomé la decisión de ir al Nepal.
JD: Me gusta volver a casa, ver a mi gente. A medida que pasan los años, me cuesta más estar lejos de la familia, pues mis padres se hacen mayores y a veces me pregunto si no debiera estar más cerca.

FA: ¿Cuesta mucho encender la sonrisa de los niños nepalís?
JD: La sonrisa es de las cosas más bonitas que me rodean allá. Cuando un niño sonríe trasmite paz, inocencia, pureza, ingenuidad… Observar esas sonrisas es mi gasolina, quizás porque me gustaría recuperar la inocencia que he perdido con los años. ¡Es triste lo rápido que olvidamos aquí esa sonrisa!

FA: El Maestro Krisnhamurti te acompaña en tu itinerario vital… ¿Te ha sido de ayuda al encarar la difícil realidad de las aulas en las montañas del Nepal?
JD: Krisnhamurti fue un descubrimiento maravilloso que cayó en mis manos por casualidad. Puso en mí la responsabilidad de buscar las respuestas, de observarme, de conocerme.

FA: ¿Desde esas aulas en los países de desarrollo, podemos cambiar el mundo?
JD: No es mi meta cambiar el mundo. Creo que el mundo cambia a medida que cambiamos nosotros y ese sí es mi objetivo: intentar ser consciente de cada acción, sentimiento o palabra. Disfruto cada vez más con las cosas más simples. Si eso se contagia seguramente será positivo.
Creo que es Occidente quien necesita un buen examen, una buena revisión. Es preciso evaluar todo lo que el progreso se ha llevado consigo. Es preciso empezar a vivir de verdad.
El Nepal rural y sus gentes son todo un ejemplo de humildad, paz, serenidad... Cada vez estoy más convencido de que nuestra felicidad está íntimamente ligada a la calma que haya en nuestra mente, pero no en un ratito de meditación, sino a lo largo de todo el día.

FA: ¿Cómo se os puede ayudar?
JD: Cubrimos necesidades básicas. Trabajamos con familias que no tienen tierras, ni ganado. Nuestra labor se centra, por un lado, en el desarrollo de proyectos para la generación de recursos para las familias pobres, y por otro, nos empleamos en la escolarización de niños. Esto se concreta en la adquisición de cabras, tierras, semillas, material escolar…, en la creación de canales de riego. Vamos ampliando el área de actuación según generamos ingresos en España.

FA: ¿Cuántas cosas puedes hacer allí con un puñado de euros?
JD: Con dos céntimos, un lápiz; con diez céntimos, una libreta; con alrededor de treinta euros, una cabra; con dos mil euros quinientos, metros cuadrados de tierra fértil…
FA: ¿Es tópico o es realidad el que “todo lo da quien apenas tiene”?
No creo en las generalidades, pero observo que la avaricia y las posesiones innecesarias van mermando la humildad, la inocencia y la capacidad de amar.

FA: ¿Hasta cuándo en Nepal?
JD: No sé, dejemos que el corazón o la vida misma decidan. Es una
responsabilidad muy grande la que he asumido y no me veo por ahora desligado del Nepal

FA: ¿Cuál es el mayor regalo que te ha concedido el Nepal y sus niños? ¿Y la mayor enseñanza?
JD: El mayor regalo es la sonrisa de los niños. La mejor enseñanza el haberme dado cuenta de que mi felicidad está en función de la paz que logre en mi mente.

FA: ¿Cómo ves el primer mundo desde las colinas de ese país perdido?
JD: Cuando vengo me cuesta encajar. Son dos culturas muy distintas. Es como ir de un pueblo perdido en la montaña hace cincuenta años al Madrid actual.
JD: Observo el primer mundo triste, perdido en el consumo, generando violencia… Cada quien reparando sobre todo en su seguridad y en su placer, pero también es cierto que cada vez hay más personas que se van dando cuenta del engaño de esa falsa felicidad momentánea y que se abren al mundo sin miedo, ni caretas.

FA: ¿Tiene solución este injusto mundo?
JD: La solución pasa por cada individuo, la manera en que se relaciona consigo mismo, con los demás y con el medio que nos rodea.

¡Buena estrella te guíe, amigo!


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La Redacción

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