Fundación Ananta

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Pensamientos de junio: mi consultorio es la Tierra

"Pero no hay que esperar a ser un médico para ser un sanador. El sanador es cualquier hombre o mujer que sea capaz de convertirse en un canal inteligente del amor. Para él la oportunidad de sanar ocurre siempre, su consultorio es la Tierra. Sus pacientes, flores, pájaros, niños, santos o ladrones, todos los que necesitan la energía del amor”. Jorge Carvajal, “Por los caminos de la bioenergética. Un arte de curar” (1995) p. 145. Editorial Luciérnaga, 2006. Imagen: amanecer en Badalona, 8 febrero 2016 (cortesía de Carmen Torres)

Coincidentes vitales (Ramiro Calle)

Es en el Mahabharata donde podemos leer que los seres somos como maderos que durante un tiempo nos encontramos en el océano de la vida carnal y luego nos separamos.  Pero esa separación, con respecto a los que llamo "coincidentes vitales", no la siento como tal, porque si como declaraba Kabir, el mar y sus olas son una unidad, ¿qué diferencia hay entre él y ellas? El cegador resplandor del misterio de la vida, eclipsa la débil luz del entendimiento ordinario. ¡Qué enigma tan grande que en millones y millones de años vayamos a coincidir en esta vida  con unas determinadas personas y...

Pensamientos de enero: cada gesto es mágico

"Cada gesto es mágico. Entonces, cuando encontréis a alguien por la mañana, no le deis los buenos días con un recipiente vacío, porque sin quererlo, sin saberlo, estáis tratando de desearle el vacío, la pobreza, el fracaso para todo el día. Diréis: "Pero esto no tiene ninguna importancia, en el mundo la gente no presta atención a estas cosas." Si la gente es inconsciente, ¿es ello una razón para imitarla? Que actúen como quieran, pero nosotros, aquí, en donde aprendemos las leyes de la nueva vida, debemos acostumbrarnos a ser conscientes de todas las cosas. Por lo tanto, cuando por la mañana...

“Ante la angustia, el miedo y la depresión” (25-7-06)

Último libro del escritor y orientalista Ramiro Calle

Ramiro Calle lleva 40 años llamando nuestra atención sobre la necesidad de un cambio en nuestras prioridades para recuperar nuestra esencia primordial en vez de dejarnos arrastrar por la mecanicidad y el automatismo. Sus muchos libros, conferencias y apariciones en los medios de comunicación son una invitación permanente a que busquemos respuestas en nuestro interior en vez de mirar obsesivamente al exterior, que aunque lleno de pretendidos atractivos y colores, difícilmente nos procurará una vida en armonía.

Ramiro insiste y nos da las herramientas para que cultivemos un jardín en nuestra mente en vez de utilizarla como estercolero; en que meditemos u oremos, para encontrarnos con nuestro verdadero yo; en que vivamos una vida en armonía y en paz, sin la zozobra permanente que vemos a nuestro alrededor como consecuencia de la ofuscación, la avidez y el odio que parecen querer anegarlo todo. Zozobra de la que también nosotros somos parte.

Ramiro Calle es uno de los autores más prolíficos de España, y no hay libro suyo que no sirva de inspiración para querer vivir de otro modo, de una forma más pura y verdadera. Unos son más asequibles que otros, pero todos ellos llaman a la voz de nuestra conciencia, a nuestro yo profundo, con el ruego de que despertemos a nuestra verdadera esencia y al hecho de que somos seres espirituales viviendo una experiencia material en la tierra.

Ramiro Calle ha constituido en España un puente imprescindible para acercarnos a las milenarias técnicas orientales del desarrollo y el bienestar personal. Sus estudios y práctica sobre el yoga físico y mental le convierten en una de las personalidades más destacadas en esa materia a nivel mundial. Y, sin embargo, este conocimiento no le impide ser el más cercano de los guías, aquel que siempre está atento a la evolución de su alumno, siempre en disposición de dar y de darse a los demás. Porque si hay algo que destaca de este hombre es su permanente actitud de darse a los demás, de entregarse sin pedir nada a cambio. Y todo ello desde la modestia del que ha hecho suyo el principio de que la voz que hay que seguir es la de nuestro interior sin dejarse deslumbrar por gurús o por pseudos gurús. Los que conocen a Ramiro en su quehacer diario en el centro de yoga Shadak, donde imparte sus clases 6 días a la semana 48 semanas al año, saben muy bien de su entrega día a día, con la mejor cordialidad y con la mayor eficacia.

En las obras más profundas de Ramiro, aquellas en las que habla del purusha y del sakritti, el lector intuye que Ramiro es conocedor por vivencia propia del shamadi al que todo ser en un momento de su evolución tiende a aspirar. Siendo esto es así, el tema está presentado siempre con gran elegancia y casi de puntillas, para el que quiera comprender comprenda, y el que quiera captar capte. Ramiro no impone seguimiento ni método, pero traza muy claramente el camino y afirma, porque lo ha vislumbrado y lo ha vivido y vive, que el Camino es esplendoroso. Unos le llamaremos Camino del Regreso al Padre, otros Camino sin más…, pero todos sabemos de lo que estamos hablando.

A ese esplendor a nuestro alcance nos llama una y otra vez Ramiro Calle sin desfallecer ni un momento, al esplendor que podría rodear nuestras vidas de continuo si pensáramos y actuáramos de otro modo, en las cosas pequeñas y en las grandes. El esplendor que, estoy convencido, algún día veremos en la tierra porque el Reino de Dios no es algo etéreo e inconcreto más allá de las nubes, sino que debe ser recreado aquí en la tierra, por nosotros, una vez comprendamos y asimilemos nuestra verdadera naturaleza inmortal. Así como es arriba será abajo, nos dicen los Maestros.

En este “Ante la angustia, el miedo y la depression”, Ramiro Calle incluye nociones sobre estos tres estados aflictivos, de enseñanzas y métodos para superarlos, entre ellos el yoga físico, la meditación y la relajación. También da enseñanzas de la sabiduría oriental para la vida cotidiana, y enseñanzas occidentals, pues lo major de Oriente y de Occidente ha de fundirse en un nuevo concepto que trascienda a ambos.



La Redacción
Fundación Ananta

Lama Djinpa (23-7-06)

El lama español huido del mundo

Aguarda gozoso y sereno la muerte. Para este anciano lama catalán levantar el velo es lo mismo que levantar el vuelo. Su pista de despegue es una humilde cabaña perdida en un lugar incierto, en medio de un bosque de pinos.

Aguarda vuelo y mientras tanto medita y escucha, reflexiona y escribe para que otros transiten por la vida con la paz y sonrisa que él ha alcanzado.

El “Muero porque no muero” de nuestra mística universal encaja por entero en este hombre deseoso de emprender una aventura para la que se ha preparado como pocos. En su severo retiro se va aclimatando a esa oscuridad inundada de luz por la que suspira.

Los pinos frente a la ermita-cabaña “Samten Tarchin Ling” tapan buena parte de la clara luz invernal. Apenas entra el sol en la pequeña habitación donde Lama Djinpa espera su liberación final. Manifiesta que le restan pocos días en la “carne”, sin embargo su rostro se manifiesta saludable y la fuerza que despliega cuando habla parecería otorgarle aún una larga prorroga.

Quizá la fidelidad al testamento de Milarepa incorpora añadida felicidad a su semblante: “… Si puedo morir así, en la soledad de las montañas, entonces se habrá cumplido el último deseo de este yogui”. Pero mientras que le quede un hálito, vivirá para despertar a los humanos del sueño de la vida: “todo lo que es dependiente carece de naturaleza propia y, por lo tanto, no puede ser permanente. No muere nada permanente. Así pues, no perdemos nada decisivo”.

Borja de Arquer, así era su nombre antes de vestir rojo oscuro, tiene esa edad incierta, detenida que alcanzan los hombres que han conseguido amasar esa cara suerte de gozo interno. Su frente enorme parece encerrar también una mente de grandes dimensiones, una erudición que el se encarga como buen budista de menospreciar: “Los occidentales somos muy hábiles saltando con la mente de aquí para allá, rehuyendo y posponiendo siempre una experiencia siempre prioritaria. Por eso el budismo no es una camino intelectual, sino exclusivamente experiencial”.

Impone su presencia interpelante, su sabiduría encarnada en testimonio, su rigurosa opción de retiro. No hay permiso de grabadora, ni de cámara, así que uno termina por olvidar que era el reportero que iba a alargar el micrófono para una curiosa exclusiva y se decide apurar, liberado de compromisos, el instante irrepetible.


Supremo arte

Nos pregunta por el mes en el qué estamos como quien se interesa por la hora. El mundo y sus ritmos quedan muy lejos y no manifiesta el menor interés de reintegrase en ellos. Declina todas las invitaciones que le hacen para incursionar en la civilización, siquiera de forma esporádica. Se aplica casi en exclusiva a preparar y ensayar su vuelo póstumo, por lo que las televisiones, las universidades, los foros culturales e incluso centros budistas, se ven privados de su presencia y verbo.

Vivimos el encuentro en la humilde cabaña como puro privilegio. A nadie concede entrevistas. La intermediación de un amigo, que había realizado un largo retiro con él, nos coloca dentro de la atmósfera íntima de este sabio, que inspirado en la tradición budista, arroja una muy certera y a la vez compasiva mirada sobre nuestro convulso mundo. Apuramos cada uno de los segundos que al final es una hora apasionante, delante de un hombre que conoce, como pocos occidentales, toda las escrituras sagradas y la filosofía de la religión sin Dios.

En un pequeño habitáculo rodeado de libros y documentos, ordenadamente colocados en estanterías, este lama occidental se deleita en el “arte inconmensurable del bien morir”, supremo y exquisito arte en el que sólo se emplean aquellos que se entregan más allá de ellos mismos, transmutando el deseo de felicidad propia en deseo de felicidad universal. En este arte no se contemplan los cielos más que para extraer la compasión y la felicidad de los mismos e insuflarlas en un mundo aún sufriente: “No se puede lograr una muerte digna, suprema o inconmensurable, una muerte de la muerte, siendo indiferentes al dolor y al sufrimiento de nuestros hermanos.
¿Cómo podemos morir pensando solamente en nosotros?”

Apenas se mueve, pero nada le falta, vive feliz. Pasa sus días en un gran cajón-pupitre, del que sale cada mucho tiempo para dar un pequeño paseo por los alrededores. Frente a él, su grande altar que llena toda una pared de la minúscula habitación. Es, como apunta con humor, su “televisor”. Todo le sobra ante tan colorida y abigarrada “pantalla” llena de iconos y estatuillas budistas.

Medita y escribe sin salir de ese gran cajón en el que ha metido sus días de preparación de su viaje al más allá. Cada seis meses imparte un retiro y entonces baja al “mundo”. Entre su retiro del bosque y el retiro que él imparte, aprovecha para hacerse con algún periódico, para ver algún telediario, ponerse al corriente de los acontecimientos y así mantener sus escritos dentro de las coordenadas de nuestros días.


Voto de felicidad universal

La escucha o estudio, la reflexión y la meditación van enhebrando sus días en ese bosque apartado, vedado a las visitas. La soledad es indisociable de sus elevados propósitos. Combate la mente, pero su cabaña rebosa de papeles y la mayor parte del tiempo que nos regala, lo emplea en la lectura. Su estancia no presenta más lujo que un “portátil” donde ordena tantos y tantos pensamientos, cuyo principal cometido es aligerar el sufrimiento del mundo. La sabiduría que Lama Djinpa graba en el disco duro es aquella que transita el camino del reconocimiento y la aceptación, “pues el camino del rechazo inspira la cultura de la confrontación”. Su meta es dar a conocer esta rueda cíclica en la que estamos inmersos y que nos empuja a reencarnar una y otra vez hasta “que somos liberados de la fascinación con la que los sentidos secuestran nuestra conciencia de la realidad, haciéndonos ver como real lo que no lo es”.

Incrustado en su pupitre, aguarda billete para su anhelado viaje a más sutiles dimensiones. Su mirada alterna la pantalla del ordenador, el altar colocado justo enfrente suyo y el infinito que escruta en sus prolongadas meditaciones. Ha logrado ejercitar su práctica del amor hasta haber abandonado su fijación en los reclamos del mundo. Su vida ascética no le empuja sin embargo a combatir el cuerpo. Ante nuestros ojos absorbe con placer un zumo de remolacha que le ha preparado su asistenta: “Ni el idealismo que desprecia el cuerpo, ni el materialismo que desprecia el espíritu pueden llevarnos a buen puerto.” Al fin y al cabo, quien es capaz de declarar: “Cuanto más sufrimiento absorbamos, más luz de la infinita compasión iluminará nuestro corazón en el momento de morir.”, no observará más voto que el de la felicidad universal. Los demás votos callarán de puro pudor.


“¡Retiraos!”

Para este catalán que abrazó el budismo en el año 1977, es difícil que puedan crecer seres libres en las actuales circunstancias mediáticas. Por ello considera que la llave está en el retiro. Djinpa no pierde el tiempo en la muy excepcional entrevista que nos concede. En la conversación aflora en primer lugar su beligerancia por el silencio. “Aún estáis a tiempo, retiraos” clama este lama español, convencido de que no hay nada más importante en la vida que el hallar ese vacío interno. “¡Retiraos!, antes de que nunca más se os presente esta oportunidad, antes de que nunca más podáis realizar este acto valiente”.

Algo nos cautiva de este hombre sin protocolo alguno, que desde el primer momento nos lanza a la cara todas nuestras carencias y nos insta a colmarnos de silencio. A nuestro anfitrión no le interesa quedar bien, sólo aspira a que la breve charla se torne definitiva para nuestras vidas, sustrayéndonos del “materialismo galopante”. Nos lo espeta con la insistencia de un aviso crucial, con la fuerza de una última alarma: “¡Retiraos!, insiste antes de que la mente y esta sociedad desnortada terminen por engulliros”.

La aparente acritud está rebajada con buenas dosis de humor, sin embargo la fuerza de su interpelación no dejaría indiferente a nadie. Arremete contra quienes no tienen el valor de afrontar el silencio y cuestiona incluso iniciativas de paz y de orden altruista, pues, a su entender, la verdadera paz sólo puede nacer entre hombres que han vencido su “legión de egos”.
La propuesta con la que nos invita a reorientar nuestros pasos es bien sencilla: en lugar de caer en la dependencia de nuestras ilusorias, inestables y efímeras relaciones familiares, sociales o de cualquier índole, de las que un día seremos arrancados, podemos en cambio profundizar y sumergirnos en nuestra intimidad hasta descubrir que esta soledad, a la que tanto tememos, es la fuente misma de la solidaridad universal que se encuentra en nuestro corazón. Para el lama este estado conduce a la plenitud del ser humano, a su libertad y experiencia de la felicidad que no se pierde.


“Bella y sabia”

Lama Djinpa habita la ermita “Samten Tarchin Ling” o lo que es lo mismo el “Jardín de la meditación hasta la liberación final”. Su temperamento más duro, que aflora en su discurso contra la civilización occidental, “ese páramo espiritual expoliado por el consumo más desenfrenado, las guerras y la caza de brujas”, se atempera al reflexionar sobre “un vuelo” que prepara de forma intensiva.

Cortejea sin cesar a la muerte. Su rostro se ilumina al hablar de ella: “La muerte es bella y sabia, si la sabemos regalar con los ornamentos de la vida. No hay que temer a la muerte, hay que amarla de día y de noche, en la vigilia y en el sueño...” En los retiros que imparte sobre este tema exclusivo, ahuyenta el miedo a la muerte y enseña a encender las luces que nos permiten “sumergirnos en su ámbito misterioso, espectacular y maravilloso.”

Para este sabio budista la vida continúa y la muerte es trasformación, no extinción. El nacimiento a la vida eterna no sería un asunto de cuerpos sutiles o groseros, ni de supermercado celestial, sino de un estado mental. Acuciado por “el sufrimiento, la dispersión y la insolidaridad que contempla a su alrededor”, estimulado por la demanda de sus amigos espirituales, que quieren contribuir a la paz del mundo y al alivio de sus miserias, ha escrito el libro “Buda, materialismo y muerte”(Ediciones Librería Argentina. Madrid 2002). En esta obra, recientemente publicada, el autor augura la plenitud del ser humano que culmina con “su romper luces, después de romper aguas para acceder así al corazón de la no-muerte en el ámbito de la sabiduría primordial.”
A lo largo de sus páginas trata de recuperar el genuino significado liberador de una muerte que “nuestra civilización ha declarado non grata, fuera de la ley, la vergüenza de la vida”, a la vez que esboza todo un completo tratado del “bien morir”: “Lo mismo que una vida cloroformizada no puede considerarse buena, tampoco lo es una muerte enajenada”.

Para Djinpa la conflictividad de la vida social crece en proporción inversa al respeto por la muerte: “Una vida de espaldas a la muerte es una vida sin horizonte, una vida que se devora a sí misma, sin sentido ni significado alguno. Es el resultado de la desacralización de la vida y de la muerte.” El lama combate con toda su artillería argumental esa “necedad de no querer bajarse del tren. Nadie nos invita a realizar un feliz viaje al culminar esta vida, sin embargo este viaje maravilloso existe y además es gratis” Por eso el lama sugiere la iniciación en el “ars moriendi” o arte del buen morir en sustitución de ese combate denodado contra la muerte que ha emprendido nuestra civilización moderna.


“Homo tecnosalvaje”

Gesticula combativo desde su cajón. “El mundo está patas arriba, afirma sin dar tregua a su discurso beligerante. Los hombres y mujeres que exhiben culos y tetas, se presentan como las voces más cualificadas. En la égida del progreso ha muerto el espíritu de Dios”. No deja a títere con cabeza este anciano lama para quien Dios yace sepultado en los templos. “Sin embargo, aunque a trancas y barrancas, las iglesias perviven, pues el símbolo divino y trascendental de la vida, pese a todo, es el último refugio del ser interior frente a la miseria moral, física y espiritual que produce esta nueva pirámide del progreso, la torre de babel construida por la gleba postmoderna”.

Ni siquiera se libran de su crítica quienes, a una corta distancia de donde nos encontramos, elevan cantos y plegarias en celebración del comienzo del año tibetano. “Hay un momento en que incluso ese carnaval ha de detenerse”, nos dice, en alusión a esos rituales que se desarrollan con todo fasto. Estas palabras brotan con respeto del español que, sin duda alguna, más ha profundizado en la tradición budista, del monje que va ortodoxamente ataviado y que se halla permanentemente rodeado de toda la iconografía de la religión de la compasión.

No obstante su reflexión crítica con respecto a las ceremonias y rituales, que considera propias de una fase elemental previa al descubrimiento de una espiritualidad más desnuda y profunda, el lama Djinpa desborda reconocimiento a Buddha y a sus maestros de diferentes ramas y linajes. Está persuadido de que la llegada de “budismo a Occidente ha abierto ante nosotros un camino de felicidad, sabiduría y solidaridad; hacia el real asentamiento del ‘homo sapiens’ en este planeta”. Su formación budista no le impide tampoco reconocer que existen escuelas psicológicas occidentales que han hecho “nobles esfuerzos por ir más allá del sufrimiento, pero que aún continúan siendo egocéntricas y, por lo tanto, intrascendentes”.

Ya al final, nuestras preguntas no se ajustan a guión, sino al impulso de prolongar con cualquier excusa el encuentro con el sabio de “Samten Tarchin Ling”. Se agota el tiempo de oro en la cabaña de madera. Nos retiramos con el interrogante en la cabeza: nueve días de puro silencio es la condición del lama para poder disfrutar de nuevo de su presencia beatífica.
Vamos en silencio monte abajo. Digerimos el instante vivido, nos preparamos mentalmente para la prueba de fuego del “retiro”, rumiamos por el camino de piedras y tardíos restos de nieve el último deseo del lama: “Que todos los seres puedan levantarse del lecho de la ignorancia y realizar un mundo mejor, más bondadoso y justo para todos”... Así sea.


Poco sabemos del pasado de este catalán misterioso, al que ni siquiera nos atrevemos a preguntare por su vida. Apenas nada hemos podido indagar sobre este hombre que ha cortado su dependencia con el mundo, con sus títulos y honores. Sólo por los cuatro libros que tiene publicados hemos podido conocer algo de su pasado, únicamente desde que se inició en la tradición budista.

Nuestro punto de partida es 1978, cuando Lama Djimpa (Borja de Arquer) se hace discípulo de lama Yeshe. Entonces realiza su primer retiro de tres meses en Copan (Nepal) con este lama y con lama Zöpa Rinpoché. Estudia los Sutras y los Tantras budistas en varios centros e instituciones de Europa con Khenpo Tsultrim Gyamtso Rinpoché. Abad de Kagyu Scholl of Tibetan Mahayana Buddism. Entre 1984 y 1988, tras haber efectuado tres veces los preliminares espaciales, completa el retiro tradicional de tres años en el Monasterio de Vajradhara (Normandía), bajo el lama de lamas, Khyabje Kalu Rinpoché, profesando los votos de monje Getsul.

En 1998 ejerce como lama del linaje Shangpa Kagyu en Francia, bajo la autoridad de V lama Gyurme. El año siguiente entra como lama residente en el Centro Budista Sechöling de Terrasa. Colabora con el colegio monástico de Dag Shang Kagyu, primer monasterio budista en España. Ha impartido enseñanzas en diversos centros budistas, dando conferencias públicas, intervenido en programas de radio y televisión y participado en mesas redondas y seminarios. En la actualidad y desde octubre de 1998 permanece retirado por tiempo indefinido en al ermita “Samten tarchin Ling” (Jardín de la meditación hasta la liberación final) de Dag Shang Kagyu (Panillo, Huesca), retiro que sólo interrumpe semestralmente para dirigir un retiro colectivo.



Destellos para un mundo convulso

Sacralidad. Lo sagrado no es lo prohibido, es lo inviolable. Por esto pervive hasta hoy, pese a la desacralización general de la vida.

Sufrimiento. Surge, si excepción, del deseo de la propia felicidad. Los perfectos buddhas nacen de la inspiración de beneficiar a los demás. Por esto, cambiar completamente el sufrimiento de los demás por nuestra felicidad es la conducta práctica de los hijos del Victorioso”… El sufrimiento es una mina de virtud, nuestro principal aliado en el camino del despertar, pues es el encargado de liberarnos de los engaños. No hay un solo yogui que no sienta agradecimiento hacia las dificultades y obstáculos que finalmente le permitieron experimentar la liberación.

Muerte. Compañera fiel, nos libera de quedar atrapados por la ignorancia de la vida. La muerte es liberadora, es la liberadora de la vida y también su alimento. La muerte pavimenta el circuito de la vida que conocemos; podemos caer en sus socavones o despegar tomando apoyo en sus colinas…
Morir en paz es morir sin enemigos exteriores ni interiores, y si aún los hay exteriores pedirles perdón de corazón por haber sido causa directa o indirecta de sus males.

Muerte iniciática. Es la que da vida. Es la de todo aquel que transforma el odio en amor. Esta es la alquimia verdadera que han estado practicando los sabios de todos los tiempos iniciáticos.

Vida después de la muerte: Son muchos los mundos y las formas de vida que nos son accesibles a partir de las puertas de la muerte, pero sólo aquellos que desarrollan el poder de la beatitud nacen en las dimensiones más elevadas.

El yo. Todos y cada uno de nosotros vive pendiente del “yo necesito”, “yo no quiero”, “yo me rasco”. El yo tiene una sola y exclusiva actividad, la búsqueda de la felicidad, la autosatisfacción. En la mente de cualquier individuo normal resuena sin cesar el tambor del yo. No pensamos en otra cosa… El yo es el origen y la causa de todos los sufrimientos y reinos de las existencias cíclicas. Sin lugar a dudas, el yo es la expresión primera de nuestro pecado original, a causa del que volveremos a nacer y a morir sucesiva e indefinidamente hasta que nos liberemos del mismo… El yo es el alfiler que nos clava en el álbum de la vida mortal en la que en vano aleteamos buscando la felicidad libre de todo sufrimiento. Todos queremos ser felices y sin embargo, nadie lo es verdaderamente. La causa de ello es la naturaleza insaciable del yo, que es como un saco sin fondo, siempre vacío, siempre insatisfecho… La muerte del yo y la felicidad verdadera son inseparables.

Felicidad. La felicidad y la infelicidad se contienen mutuamente. Por esto la felicidad se derrama de compasión ante la presencia de la infelicidad y aun los seres nobles que han purificado todas las emociones perturbadoras no pueden dejar de sumergirse en los mundos del sufrimiento con tal de liberar a los que tanto sufren… Mientras haya seres que sufren, no habrá cielo en el que poder ocultarnos.

Compasión. La energía inteligente de la compasión universal, que erradica las causas del sufrimiento. Es la única panacea mágica que puede convertir el signo de los tiempos con el que nos precipitamos en los infiernos… Una vez más, la sabiduría de Buddha nos conecta con la técnica, yo creo que primordial, por medio de la que desarrollar indefectiblemente este recurso divino, porque divino es aquel que ama a los demás más que así mismo.

Práctica del “Tonglen”. Inspirar el humo negro del sufrimiento, espirar la luz solar de la felicidad. Gota a gota se evaporan los océanos del sufrimiento. Cuanto más advirtamos el sufrimiento más crecerá nuestra compasión. Esto se consigue practicando el dar y el tomar por medio de la respiración…. Sólo la práctica del “tonglen” nos permite respirar en este mundo viciado y darle la vuelta a la tortilla, como quien dice, al trasformar el deseo en amor, el odio en compasión y la indiferencia en solidaridad, las tres estrellas de la sabiduría triunfando de los tres venenos universales de la ignorancia, dándonos una nueva opción de amar al prójimo más que a nosotros mismos. Hemos de salir de nosotros mismos, si queremos librarnos de los mundos inferiores.

Buddha y Jesucristo. No respiraban otra cosa. Amor y perdón, cultivar la felicidad y evitar el error. Dos caminos que confluyen en el mismo cauce de la gran compasión: mostrar las puertas abiertas de la felicidad eterna a los que mueren. Esto es lo que necesita el mundo, lo que encuentran los que renuncian al mundo.

Paz mundial. No se trata tanto de combatir al mal, como de abrir nuevos caminos a la felicidad en este mundo y a tantos como seres lo habiten. Así pues no se trata de poner a los unos a un lado y a los otros enfrente, sino de cultivar masivamente la flor de loto de Ahímsa con el ondear de la bandera blanca de la paz universal… Éste es el mundo en el que nos ha tocado vivir y que nos da la oportunidad de cosechar raudales de virtud y felicidad, tanto como estos océanos del egoísmo y el sufrimiento nos ofrecen.

11 S. Los demonios de la codicia y la intolerancia se enfrentan… Ojalá sirva esto para despertarnos, y podamos así dar un sentido valioso al sacrificio de tantos seres en lugar de incitarnos al odio y la represión.

Educación. A medida que desaparece la religión de la educación de los niños se mata la revelación del alma, el descubrimiento del ser interior y se le priva así de la posibilidad de realizar la felicidad que no muere.

Televisión. Empezó siendo un florero familiar, se ha convertido en una planta venenosa de mil tentáculos que asfixia la vida interior de los individuos y de las familias.

Progreso. No es bueno ni malo. Inserto en el proceso de la vida es necesario. Se avanza o retrocede, pero siempre se transforma sin cesar. Lo importante es el sentido que toma esta transformación que, en la dimensión humana, implica un proceder.

Economía . El derecho a la plusvalía sólo se puede justificar después de haber satisfecho las necesidades elementales de todo ser humano.

Plegaria. Su poder es proporcional a la motivación. La oración es la palabra del alma que aspira a despertar de estos mundos virtuales en los que nada es verdaderamente lo que parece. La fuerza de la oración es la fuerza del corazón y su amplificación es el silencio en el que retumba la última afirmación del corazón. La oración de palabra vale poco, tanto como un rótulo de feliz cumpleaños sin pastel. La oración significa un estado de conciencia en el que se sublima lo mejor del ser, que es ser trascendente.

“¡Que todos, amigos y enemigos, puedan levantarse del lecho de la ignorancia y del amor propio!”. Si en todas las escuelas del mundo se repitiese esa plegaría veríamos levantarse una nueva primavera para la humanidad.


Extractos del libro: “Buda, materialismo y muerte” Lama Djinpa (Ediciones Librería Argentina. Madrid 2002)

Merecen paz (17-7-06)

A propósito de la escalada bélica en Oriente Medio

Vuelven los misiles a los cielos, las madres a los refugios, la sangre a las calles… Horror de otro tiempo y esfera instalado de nuevo junto a nosotros. ¿Para cuándo la lección de la tolerancia, la justicia, el no abuso…? ¿No padeció la humanidad lo suficiente para callar por siempre todos los cañones?

Grave es un ejército judío descorazonado, sin principios ni piedad, bombardeando impunemente a la población civil del Sur del Líbano y los barrios de Beirut, pero más aún lo es ese silencio ante tamaño despropósito, esos seis millones de israelíes que no se rebelan ante semejante desmán de sus fuerzas armadas. Más grave aún es ese mutismo cómplice, ese ojo por ojo que se instaló en la mayoría de los testamentos.

Tampoco hay freno a la barbarie en el extremismo palestino y libanés. No por menos medios, el fundamentalismo de Hamas o Hezbolá es menos atroz. No creemos en los buenos y malos de un conflicto en el que ambos contrincantes manifiestan olímpico desprecio a las vidas civiles. La misma paz que quisieramos para Gaza o Cisjordania la queremos para Israel todo. Lo terrible en ambos lados del conflicto es ese dolor que sigue siendo ajeno, pues el misil agujereó otro asfalto, otro tejado, otras vidas…; es la vigencia de ese término ancestral e incuestionable de enemigo, como si hubiera algún sufrimiento que no fuera nuestro o algún humano que no fuera nuestro hermano.

Paz a cambio de territorios, pero también paz por paz, porque ningún pueblo se puede apropiar a la larga de la tierra, el sol y el agua del vecino y ser próspero y ser feliz. Paz por paz y justicia y el mayor bien para todos, porque podemos vivir en cooperación y armonía, compartiendo recursos, suelo y futuro también a la vera del desierto.

Beirut descansaba ya al sol tras tres décadas de reconstrucción, cuando los señores de la guerra volvieron a lo suyo y así retornó el estruendo y saltaron sus puentes y ardieron sus depósitos y bombardearon sus aeropuertos, sus pistas a los cielos.

¿Por cuánto tiempo habrán de bajar las madres y niños despavoridos a los subsuelos huyendo de bombas inmisericordes? ¿Para cuándo la guerra sólo un rincón oscuro en el recuerdo?

¡No más aviones israelíes cargados de muerte, no más misiles de Hezbolá destrozando vidas inocentes! ¡Fuera ya esa inquina, esa fuerza embrutecida, esa ley de fuego y sangre! Merecemos ya otro planeta, la humanidad ya pagó su cuota de ignorancia y consiguiente dolor, ya conquistó para siempre su debida recompensa de armonía y paz.

La Redacción
Fundación Ananta

Naamah Kelman: “Buscamos en Dios la fuerza, la sabiduría y el coraje para cambiar el mundo” (16-6-06)

Entrevista con Antonio Briceño (14-6-06)

Vivo testimonio de “amor en acción”

Cuando le preguntamos por su trayectoria de vida, nos espeta una respuesta ya ensayada: “romántico, soñador, servidor”. Sólo al final de una larga conversación logro arrancarle su “curriculum” de presidente del Club Rotary de Caracas y promotor de la Fundación “Amor en Acción” y de la “World Future Society” (“Sociedad mundial del futuro”). En su vida ha tenido tiempo para dar clases en la Universidad, para dirigir la “Sociedad bolivariana” y para ser condecorado por órdenes místicas. De todo ello le echa la culpa a su tío, uno de los padres de la nación del Orinoco, que le inyectó ese virus por la “cosa pública”, ese empeño por hacer realidad los sueños colectivos.


En la revuelta geografía venezolana se halla a mitad de camino entre el templo de meditación, la leprosería y la trinchera política. No le obligamos a optar porque la nación se hallaba en pleno y crítico alumbramiento, porque le hubiéramos colocado en un gratuito compromiso. Insiste en aquello de ser “factor de bien para la humanidad”. “Lo demás son pendejadas” remata con fuerza este hombre de empresa que maltrata con un ritmo de vida galopante su corazón debilitado.

El tamaño de su figura, de sus palabras, de su discurso, la fuerza de su fe nos colocan ante una de esas personas claves en las que se refugian las gentes, una de esas rocas firmes donde varan las mareas humanas, rocas que se manifiestan imprescindibles cuando los mares se encabritan. Precisamente el océano de Venezuela anda especialmente revuelto, ensanchando a fuerza de algarabía y cacerolas su horizonte cercenado.

El lo debe de saber y por ello cumple con su misión. Sus dos “celulares” (“móviles” para los venezolanos) no reposan junto al magnetófono. Continuamente lo detienen en “pause”. La nación vive instantes trascendentales y él no para de atender a gente que le facilita información, que le pide orientación y ayuda.

Quizá “calentado” por el clima que nos circunda, no oculta su beligerancia contra la “espiritualidad de salón”. Antonio no es sólo verbo amable. Una vez ha revelado su “yo más cordial”, sabe poner también en sus elocuentes labios palabras más ácidas. Este hombre de paz, termina destapando su artillería a la hora de denunciar una espiritualidad ausente del mundo, en el momento de criticar unos meditadores que van marcando distancia con el sufrimiento humano… Este hombre de negocios, pero a la vez de firme compromiso humano y social, no concibe una vivencia de Dios, a la vez alejada de las llagas de los más desfavorecidos.

¿Qué papel se adjudica Antonio Briceño en su escenario?

Mi “roll” particular es levantarme todos los días y, después de darle gracias a Dios por el milagro de la vida, es hacer algo que eleve la conciencia del venezolano. Pido cada mañana ser algo positivo para el país y el mundo entero. A la noche he de acostarme tranquilo habiendo dado respuesta a esa inquietud matutina de haber sido factor de bien.

Percibo un Antonio muy optimista ante las trasformaciones planearias que están aconteciendo…

El hombre va dejando poco a poco a un lado todo aquello que no le permite mejorarse y trascenderse. Somos cada día más los que vamos abandonando los condicionamientos y medios que no nos permiten salir adelante como seres maduros. Los cambios de individuo en individuo se van concretando ya en trasformaciones colectivas.

Hombre optimista y a la vez de gran fe…

Si el ser humano no tuviera encendida la llama de su amor interno, simplemente no existiría. Esa llama es la presencia divina en cada uno de nosotros.

Su testimonio de vida representa una síntesis poco habitual de devoción y militancia…

No se puede ser impasible y devoto de Dios a la vez. No se puede ser cobarde y espiritual a un mismo tiempo. Quienes dicen que no quieren participar en cuestiones públicas pues están dedicados a la meditación, quienes viven con temor la implicación social, quienes rehuyen comprometerse en el continuo aquí y ahora, no son verdaderos espirituales.
El espiritual es el que le ha dicho no al miedo, no a la cobardía y se dedica en su acción cotidiana a ser ejemplo y testimonio de virtudes y valores eternos. La intensa vivencia espiritual conlleva una activa participación en los diferentes ámbitos de la vida: laboral, ciudadano, familiar, humano en general…


¿Encuentran eco sus llamamientos humanitarios?

Más bien poco. Cuando convocamos a sesiones de meditación tenemos una asistencia muy masiva, sin embargo llamamos a ese mismo grupo a compartir una tarde con los enfermos de lepra que están tan necesitados de cariño y compañía y la respuesta de muchos es que no tienen tiempo.
El tiempo se dilata a voluntad. Hay ratos para meditar, para orar…, pero hemos de buscar también tiempo para poder dar la mano al niño, para poder ayudar al necesitado, para generar a través de nuestras acciones una sociedad más justa, más participativa, más acorde en definitiva con los ideales espirituales que albergamos.

Su propuesta vital es cuanto menos exigente…

Los que tratamos de transitar el camino espiritual sabemos que hemos de deshacernos de todo lo que nos condiciona para hacer el Cielo en la Tierra, tal como nos lo pidió el Maestro Jesús. Nosotros somos los que hemos de generar el reino de Dios, primero en nuestro corazón y después en nuestro rededor.
Hemos de trabajar por una nueva conciencia, en la búsqueda de la mayor perfección posible, incrementar la Presencia Divina consciente en nosotros. Dios no quiere que nosotros Le sigamos como borregos. El quiere que trabajemos conscientemente para la irradiación de la Presencia Divina en todo.
No importa lo que diga la familia, la sociedad, la gente que nos rodea… , lo que importa es lo que dice nuestra conciencia, pues ella es la manifestación de Dios en cada uno de nosotros. Para oír esa voz interna es necesario practicar el silencio y la introspección. La conciencia no se va a equivocar. Puede que en algunos momentos concuerde con la razón. Sin embargo ante la disyuntiva de la conciencia y la razón, no puede haber dudas: hemos de optar por la primera.

¿Cambio personal ó cambio colectivo?

No creo en el cambio colectivo repentino. Este sólo es el resultado de las trasformaciones personales. Los 144.000 elegidos de la Biblia son aquellos seres que simplemente entran en un estado de conciencia superior. Cuando ello realmente ocurra eso generará una serie de cambios en cadena.

¿Prima por lo tanto la evolución interna?

La masa crítica que ha operado cambios en su interior es la que provoca cambios sociales Estamos en un proceso de aceleración de la historia. No hemos de olvidar que en este intenso tránsito en el que nos hallamos inmersos, gozamos de la ayuda superior.
Vivimos un momento especialmente fértil. Las verdades siempre han estado dentro de nosotros aguardando el momento de aflorar. Las verdades que escuchamos fuera simplemente hacen resonancia con la verdad que nosotros ya llevamos dentro.

¿Qués es “Amor en Acción”?

Fundación “Amor en acción” es el amor puesto a circular entre los sectores más desfavorecidos. Se trata de un lema de la Madre Teresa que tratamos de poner en práctica. “Amor en Acción” pretende ser un factor de bien para los niños abandonados y los enfermos de lepra y SIDA.
Tratamos de sacar al amor de la mera palabra y llevarlo a la acción. Entendemos que ahí radica el cambio auténtico. Si no llevamos el amor a la práctica, éste se queda en mero discurso y no cobra sentido alguno. El amor encarnado se convierte en auténtica manifestación de lo puro y lo divino. “Amor en acción” es unidad con todo, expresión de Dios; es en definitiva pauta de vida, pues hemos de tratar de poner amor en cada uno de los actos en que nos involucramos.


La Redacción

Esbozando rumbos

La preocupación social de Antonio Briceño le llevó a crear “World Future Society”. Se trata de una sociedad sin ánimo de lucro cuyo mayor cometido es explorar posibles escenarios futuros de los humanos. Se dedican a la prospectiva social y económica, “a esbozar rumbos para dirigir hacia ellos los proyectos colectivos”. Parten del principio de que el mañana depende absolutamente de lo que sembremos en el presente y animan a salir del pensamiento de inmediatez que impide una visión a más largo plazo.
W. F. S. trata de rebajar el grado de incertidumbre en el que actualmente se desenvuelve el ser humano. “No tenemos hacia dónde realmente ir, nos comparte su fundador. Ya no creemos ni en el capitalismo, ni en el comunismo, creemos en un orden justo y más acorde con los nuevos tiempos, sin embargo no sabemos cuál es ese nuevo orden. Se trata de darle un sentido estimulante a esa incertidumbre. Creemos en algo que aún no sabemos lo que qué es. Nos hallamos por lo tanto en la más grande y apasionante encrucijada de todos los tiempos.”.
En su discurso no faltan alusiones al 11 S : “Doscientos ochenta millones de americanos se sentían muy seguros en el marco de sus fronteras, gastaban miles de millones de dólares en seguridad… Ahora una gran incertidumbre gravita también sobre ellos.”

Arrache: la empresa ha de colaborar con nuestro espíritu en evolución (12-06-06)

Laura Arrache, psicoterapeuta transpersonal e investigadora de la sanación por arquetipos, detecta en sus pacientes la necesidad de encontrar su “misión de servicio” para dar sentido a su vida, y aconseja concebir la empresa como un instrumento “de lo que somos en esencia: un espíritu en evolución”.


En una entrevista con Fundación Ananta, esta empresaria dedicada a “sanadora” explica que recibe en su consulta a muchos ejecutivos y directivos cuyo único problema es falta de “sentido” en su vida, cuestión que, según ella, se debe a que “verdaderamente hay un cambio real en la conciencia de la humanidad” y cada vez necesitamos “más valores profundos y trascendentes” en nuestra vida.

Como directora de comunicación de un inmenso holding, puesto que abandonó hace ocho años, fue testigo de cómo se “quintuplicaron” en cinco años los beneficios en un conjunto de empresas cuyas trabajadoras recibieron unos cursos de autoestima basados en el conocimiento de “valores profundos, como el amor y la fe”.

Al respecto, la presidenta de la Asociación Española de Sanadores Espirituales (AESE) durante los últimos tres años explica que la palabra “autoestima” es demasiado abstracta y destaca la importancia de conectar “con la parte amorosa de ti mismo: cuando te amas a ti mismo y a los demás cambia la perspectiva de tu vida”, asegura.

Con esa actitud, es más fácil ver que “todos somos una misma cosa; que nosotros pertenecemos al todo y a la vez somos el todo; y cuando tenemos esa conciencia sabemos que lo que le hago a un compañero de trabajo o a la empresa, me lo estoy haciendo a mí mismo”. “Ése es un concepto altamente rentable”, que hace además que “el inconsciente colectivo de la humanidad se vaya modificando”.

Laura Arrache apoya la evolución de estos valores “desde lo cotidiano” y defiende, en lugar de tomar “la gran decisión de cambiar”, tener el propósito de ir modificando tu vida desde los pequeños detalles, tanto en el entorno familiar como laboral. Según indica, los pequeños logros traen consigo “logros universales”, generados por emanaciones positivas y afinidades.

Insiste sobre todo en la necesidad de concebir la empresa como colaboradora de nuestros procesos de vida, tanto por parte del empresario como de los trabajadores, y subraya la necesidad de revisar los patrones de autoridad, que en ocasiones hacen ver al “jefe como un adversario” en función de pautas familiares que no benefician al buen funcionamiento de la entidad.

Según Laura Arrache, es importante además re-gestionar el tiempo, y tomar conciencia de que “hemos entrado en un espacio-tiempo muy acelerado” que impide mantener los ritmos previstos, lo que en su opinión genera un estrés que puede retroalimentarse, en la medida en que repercute en el centro de trabajo y empeora aún más la situación.

También subraya la necesidad de “compartir y no competir”, y de fomentar el concepto de “yo gano y tú ganas”, y asegura que un gestor que se maneje en los términos de “yo gano y tú pierdes”, su empresa “nunca va a funcionar porque está transgrediendo una ley universal: la del equilibrio”.

A su juicio, una empresa es un entramado de conciencias unidas en un momento determinado para cumplir una función lo mejor que puedan. Y nuestra conciencia se está expandiendo, está avanzando hacia un estadio superior…hacia el homo amans, hacia un ser capaz de transformar cualquier realidad con el amor. Cuando uno descubre el amor incondicional, se desatan factores transcendentes en la vida, con consecuencias visibles también en lo material.

Para ilustrar esto, menciona el ejemplo de un paciente suyo, geofísico, dedicado ahora a gestionar patrimonios personales y de empresas, que ha descubierto la parte trascendente de sí mismo después de comprobar que el conocimiento científico es absolutamente limitado y que el conocimiento divino es infinito y siempre se está expandiendo. Ese descubrimiento le ha hecho tener una situación de crisis, de cambio de valores, pero una vez superado ha encontrado el lugar que se adecúa a su ser y que le hace estar mejor en todos los niveles.

En este punto, Laura Arrache alerta contra el “miedo a traspasar, a proponer ideas nuevas, ideas de una transformación profunda”, y emplaza a los empresarios a abrirse a propuestas innovadoras de los trabajadores, y a fomentar el cambio, el avance y la libertad, porque es la manera de que realmente todo fluya y avance.

En la misma medida, asegura, que cuando los trabajadores se sienten valorados en términos cualitativos y cuantitativos –no sólo en la calidad de trato y de cariño, sino también a nivel económico- “la productividad se dispara”. “Somos seres únicos” y “cada trabajador dentro de la empresa es también único, imprescindible”

Laura Arrache entiende que “todos los patrones tradicionales de estrategias comerciales y empresariales se están quedando caducos y se necesitan nuevos modelos de actuación, que han de ser acordes con la evolución, y asegura que ha “llegado a pensar que hay factores ajenos a nuestra propia conciencia que están impulsando que las personas activen la necesidad de ser conscientes de sí mismos y de su entorno”.

Para argumentar su tesis, se basa en las expresiones de sus pacientes, muchos de los cuales admiten que “lo tienen todo” pero no tienen alegría y les falta algo que no saben identificar. Según ella, muy frecuentemente lo que tienen es una necesidad de ayuda a los demás, lo que atribuye a que “se está activando un valor importantísimo que es la misión de servicio”. Ese es el motivo también, a su juicio, de que surjan tantos movimientos de ayuda altruista entre el colectivo de empresarios.

Arrache lamenta que “muchas veces pensamos en dar servicio cuando nos sobra” y recomienda ofrecer “una pequeña parte de lo que tengo para que otro esté mejor; no porque me sobra, sino porque tengo la conciencia de compartir”.

A los empresarios, en quienes ve un papel importantísimo para este proceso evolutivo, Laura Arrache les recomienda estar consigo mismos durante veinte minutos dos veces al día. “Lo conocemos como meditación –indica- , pero no es necesario tener práctica, sino hacer unas respiraciones relajantes y pedir “a voluntad” conexión con el Universo”.

Explica sobre ello que lo ideal sería “vivir conectados” porque cuando uno está en ese estado, “los impactos de emoción por toma de decisiones o por cualquier aspecto externo, se diluyen y entras en contacto con tu Ser, que tiene en esencia una parte divina profunda, donde se activan valores intuitivos trascendentes y puedes decidir mejor; siempre acertaras”. “Incluso, como dicen los tibetanos, te da empowering”.

Otro consejo que aporta Arrache a los empresarios a la hora de tomar grandes decisiones, es que tengan en cuenta cinco niveles de realidad: económico-material, físico-salud, mental, social y espiritual-conciencial. Si observan todos esos los niveles, no se pueden equivocar.

Convencida de la existencia de un Plan Divino, apunta que constantemente nos está conduciendo y dando pistas, pero subraya que existe un respeto escrupuloso hacia nuestra libertad a la hora de tomar decisiones, así que “nosotros tenemos que elegir acciones positivas de avance, de conciencia, para que juntos consigamos retomar las riendas de la evolución de este planeta”. Dentro de este Plan, “no hay elegidos. Yo me elijo a voluntad, porque yo quiero, para colaborar, con mi intención, en los procesos de este planeta”.


Con el lenguaje que mejor puede comprenderse en cada caso, Laura Arrache, que desliga la espiritualidad de la religiosidad, siempre habla en la consulta “de nuestro origen divino” y, con independencia de que el paciente se haya declarado ateo, ella le pide que se mantenga “abierto a la posibilidad de que exista algo que le permita estar mejor”, y a que ponga la intención en ese sentido.

Insiste también en la importancia de destacar en los círculos empresariales el poder de la intención. Cuando uno está conectado a la mejor intención, a la intención divina, ella trabaja a través de ti, en la dirección positiva, aunque tú no quieras y por encima de que tengas “un ego tremendo”. “Todos lo podemos conseguir, no necesitamos hacer diez mil cursos, ni meditar mil horas… no, sólo con pequeñas cosas del día a día, de cambio personal, ocurre”.

Dentro de este Plan Divino, destaca el papel de los niños, algunos muy especiales, nacidos a partir de 1995, que tienen integrados valores de una conciencia más abierta, como amor, solidaridad, fe… y que tienen un conocimiento innato de la energía… gracias a un nuevo “código genético sutil”.

A su juicio, son niños ejecutores del Plan Divino, y vienen a “mover estructuras” dentro del círculo en el que se desenvuelven; tienen una vibración que va modificando patrones de pensamiento y de actuación; vienen presionando para que nos actualicemos respecto a la conciencia, potenciando ese plan para la evolución, para no cargarnos este planeta, para que nos tratemos mejor… Son hipersensibles, tienen otra perspectiva del espacio-tiempo y son más humanitarios y más colaboradores.

Alerta en igual sentido sobre el gran desfase que se está produciendo entre las pedagogías, de las que muy pocas tienen en cuenta las pautas evolutivas, lo que se traduce en fracaso escolar, agresividad y problemas de concentración. Al respecto menciona la pedagogía de Rudolph Steiner -las escuelas Waldorf- y la del sistema Montesori.

En México, su país natal, recuerda que el holding para el que trabajó creó el colegio “Educare, Escuela para el éxito”, adaptada a los nuevos paradigmas y donde los niños aprenden a valorarse, a hacer relajación y a trabajar con colores, entre otras prácticas innovadoras. Las instalaciones, en un bosque, están distribuidas en cabañas que fueron construidas con material de reciclaje. Tienen además una fundación que se llama “Por los niños del planeta”.

Como profesional de la salud, esta “sanadora” lamenta que las medicinas ajenas a la línea oficial se consideren “alternativas” porque cree que “todo es complementario”, y está convencida de que, en la medida en que avance la conciencia, aparecerán nuevas terapias junto al resto de los procesos previstos en el Plan Divino.

De hecho, resalta, hay muchos hospitales de la red pública en Inglaterra, Francia o Alemania que están incorporando terapias complementarias como osteopatía, homeopatía, acupuntura e incluso sanación espiritual. “Creo que la resistencia –apunta- viene de esa parte de la autosuficiencia científica tan limitadora”.

Como novedad última al respecto, destaca los laboratorios que están investigando fármacos de “medicina biológica”, a los que tratan con sonidos y colores, entre otras variables para “dinamizarlos” y potenciar su efecto.


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