Fundación Ananta

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Pensamientos de agosto: colaboradores de Dios mismo...

"Sólo representamos algo grande y hermoso en proporción a lo que hacemos para la colectividad, para toda la humanidad; es ahí donde adquirimos nuestro verdadero valor, porque nos convertimos en colaboradores de Dios mismo. Aquél que trabaja para el bien de la colectividad, es un obrero en el campo del Señor. Los espíritus luminosos se aproximan a él para marcarle con su sello, y una vez ha sido marcado, es como si su nombre estuviera grabado en una lista; junto a su nombre está anotado lo que se le debe, y cada día recibe un «correo», se puede también llamar un « salario ». Este salario ado...

Pensamientos de agosto: ser parte de ese soplo divino...

"Pensáis que es imposible aportar la luz y la paz a todos los humanos de la tierra, ¡son tan numerosos! Si presentáis la cuestión de esta manera, tenéis razón, desde luego. Pero cuando se conocen ciertos métodos, esto es posible. Intentad, por ejemplo, de imaginar a la humanidad como un solo ser. Sí, imaginad al mundo entero como un ser que está ahí, cerca de vosotros, y que le tendéis la mano dándole mucho amor... Las pequeñas partículas que se escapan entonces de vuestra alma, se van en todas direcciones por el espacio y se derraman sobre todos los humanos, inspirándoles pensamientos y se...

XIV Contigo somos más Paz, Colegio Calasancio (Madrid), 22 septiembre 2019

Queridos amigos de Ananta, Nos es grato compartir la convocatoria al XIV Contigo Somos + Paz, que DM celebraremos el domingo 22 de septiembre de 2019 a partir de las 11 de la mañana en el Colegio Calasancio de Madrid (Calle Conde de Peñalver 51) con aforo para 900 personas. Este Acto, organizado por Ecocentro, Construir un Mundo Mejor y Fundación Ananta, es parte del Plan a 5 años “Restaurar la red armónica del planeta” que lidera “Un Mundo Mejor” junto on Fundación Vivo Sano y la Asociación Internacional de Sintergética. El programa de trabajo común a 5 años, al que nos hemos adscrito m...

Escritos por un mundo mejor: "El destello" Por Joaquín Tamames




La vida va poniendo por delante de todos nosotros sus pruebas, sus anhelos, sus dificultades, sus alegrías y sus regalos. Vamos caminando por el bosque, en ocasiones con cansancio y pesadumbre, y de repente vemos un destello que corretea por el suelo, que no sabemos muy bien qué es, y lo seguimos por los caminos y al final ese destello nos lleva hacia un claro donde hay un tesoro.


El tesoro no es una olla con monedas de oro, es algo más sutil, que brilla con colores distintos, pero que nos deja un halo mágico en nuestra mente y en nuestro corazón. Y ese tesoro nos acoge y nos resguarda y ahí queremos quedarnos, recibiendo también el calor del sol.

 

Escritos por un mundo mejor: “Quiero que mis libros saluden y agradezcan a los árboles que los han hecho posibles”

Sobre “El barón rampante”, la hermosa fábula de Italo Calvino


Queridos amigos de Ananta. Hace unos días enviamos a algunos amigos un ejemplar de “El barón rampante”, la poética y muy inspiradora obra de Italo Calvino, publicada en 1957. En esta hermosísima fábula, Cosimo, un noble del siglo XVIII, se sube a un árbol con motivo de una disputa con su padre, y nunca más vuelve a bajar.

Recientemente he releído el libro, pues mi hijo pequeño pasa muchas horas subido a los árboles, tal como ocurriera con Cosimo. Lo he releído para ver si puedo pasárselo a él, pues dado que lo leí en 1974 no recordaba si tenía escenas que no pudieran ser recomendables para los 11 años de mi hijo. Lo he releído después de 35 años, y la magia y poesía que me evocó entonces han vuelto a producirse. Ya he pasado el libro a mi querido hijo.

Escritos por un mundo mejor: "Vivir la vida en vez de que la vida nos viva" Por Joaquín Tamames




“Cuando la persona comienza a nutrirse de su ser interior y logra mantenerse arraigada en si misma, puede responder de una manera también más calmada y equilibrada a las contrariedades inevitables de la existencia, e incluso utilizarlas como banco de prueba para seguir el propio desarrollo, canalizando todas las energías hacia el autoconocimiento y la conquista del entendimiento correcto y la compasión.

Entonces en lugar de que la vida “le viva” a la persona, la persona comienza a vivir conscientemente la vida y se apoya confortablemente en la presencia pura de sí, que va conquistando mediante la disciplina de la meditación. Esta práctica permite mirar de frente al rostro original y tomar de él el sabor de la infinitud. Sólo le pido al destino que cuando la muerte me llegue, me tome meditando y mi naturaleza real sepa soltar las vestiduras vitales, para que el yo, libre y desvinculado, pueda esparcirse por el espacio ilimitado”.


Esta cita pertenece a un libro de Ramiro Calle que lamentablemente creo ya está descatalogado: “La aventura del espíritu”. Es un buen libro, bastante reparador. Nos recuerda la posibilidad de vivir la vida en vez de que “la vida nos viva”. La vida muchas veces “nos vive” casi sin darnos cuenta, todo es muy rápido y transitorio, en realidad fugaz. Si no somos conscientes de esta realidad, puede que de repente nos miremos al espejo con ochenta años y nos digamos: “la vida me ha vivido sin yo darme cuenta”.

Vivir la vida significa recuperar la soberanía, el control de nuestro pensamiento, la dirección de nuestra energía, nuestro rumbo, la ruta. Significa emanciparse y ser libres, darse cuenta. Vivir la vida conscientes de la dimensión espiritual pero sin negar la material se convierte así en la aventura que comenta Ramiro.

Nos habla esta cita del yo libre y desvinculado que en algún momento se esparcirá por el espacio ilimitado. Pienso que no hace falta que abandonemos esta vida para este esparcimiento o para encontrar ese yo libre o desvinculado: con nuestra mente y nuestro corazón podemos abarcar universos grandes, vastos, puros y purificadores también en esta existencia, y en medio de todas las contradicciones que vemos por doquier tanto en el exterior como en nosotros mismos: en medio de nuestras ciudades y del ruido, donde también, si estamos atentos, podemos recibir ciertos mensajes.

Vivir la vida es un regalo que nos es dado cuando intentamos vivir en coherencia y en verdad. Cuando vivimos la vida de este modo atisbamos nuestro centro, ese punto de quietud en que la vida se vive de otro modo: hay calma y armonía, y también hay gozo. Por eso hablo de que es un regalo, a pesar de seguir aprisionados “aquí dentro” (en este cuerpo y en esta mente). En ese centro encontramos con frecuencia respuestas honestas y desapasionadas, que muchas veces contradicen a las de nuestra periferia (y que sin embargo seguimos tantas veces). Por supuesto que mantener el centro es difícil, más en esta época de ruido externo en que todo tira de nosotros, pero también es una época de oportunidades para aumentar nuestra consciencia, para ver cosas que antes no veíamos, o que solo hemos visto después de una gran sacudida. El ejercicio por volver a nuestro centro, al principio fatigoso, se vuelve poco a poco una práctica natural.

Encontrar ese centro y mantenerlo requiere de una disciplina. La disciplina por antonomasia es la meditación, con el nombre y la forma que queramos ponerle.

En “Cosas del Camino” he leído estos días algunos aforismos que he subrayado y que tienen también que ver con una forma de introspección y de meditación, que también llamamos rezar: “Rezar es hablar con Dios, pero en su lenguaje, esto es, envuelto en silencio, sin la menor palabra”; y también: “Si quieres hablar con tu mente, usarás palabras; con tu Yo, usarás silencios”, “La forma verdadera de rezar es sin interlocutor, sin palabras, en silencio”.

Meditar, rezar, orar, buscar el centro, permanecer en el centro, he aquí las grandes recomendaciones que se nos vienen dando desde Patanjali, miles de años atrás. Pienso que es tan importante como alimentarnos y lavarnos, como movernos. Creo que nuestra gran asignatura y tarea es dedicar más y más tiempo cada día a buscar ese centro, si puede ser desde el yoga de la acción sirviendo a la humanidad.

Joaquín Tamames
Fundación Ananta

Escritos por un mundo mejor: "Reinventar Europa"


1-Junio-2009
Conviene colmar de ideales puros aquello por lo que apostamos. Caduca lo que no se renueva y eleva, por eso Europa atraviesa tan delicados momentos.¿Cómo hacer para que un ideal como Europa vuelva a hacer vibrar los corazones? Erraremos si echamos la culpa a los políticos. Si la ciudadanía no lanza su mirada más alto, tampoco lo hará la clase mandataria. La crisis económica ha venido a graduarnos, a cuestionar nuestra fe en la unión y nuestros principios. El temor quiere hacernos retroceder. El previsible aumento de la abstención, así como el ascenso de los partidos euroescépticos y de extrema derecha, pueden certificar ese descenso en nuestra escala común de valores.

Dicen que Europa se desinfla, que la ilusión se ha perdido. Será preciso asociar Europa a nobles ideales como los de solidaridad y de defensa de la Tierra, para evitar que progrese la apatía. El euroescepticismo no se curará hasta no superar la extendida lógica del interés particular y reinventar la magia del sueño colectivo. Faltan sueños verdaderos, no hipnotizados por el narcótico del materialismo y el consumo.
Europa no es el pastel que se reparten los partidos políticos, sino la meta de muchas generaciones, de muchos hombres y mujeres que ahítos de dolor y guerra, suspiraron por un viejo continente unido. Ninguna persona conocedora de la historia, sabedora del horror de los grandes conflictos bélicos que nos han sacudido, se permitirá menospreciar los más de cinco mil kilómetros cuadrados de paz alcanzados.

La Europa que de la nada redactó constituciones y derechos humanos, sigue siendo una apuesta que merece la pena. Es el espacio del mundo donde más han cedido las naciones en aras de la unidad, donde el sufragio universal tiene más arraigo… Europa ayer colonizó con armas, pero hoy se camina con víveres y bandera blanca por las geografías más urgidas. Ayer era un tremendo e inmisericorde campo de batalla, escenario de terribles guerras y hoy es un destino común. Entre batalla y batalla, hizo arte, cultura y civilización. No deseamos volver a las fronteras, descaminar la historia. Hay demasiada sangre vertida para que ahora, una crisis generada por un capitalismo salvaje, nos aleje del ideal de la unidad en la diversidad alcanzado.

No nos está permitido caer en frívolas tentaciones de euroescepticismo. No podemos gastar estos caros lujos. No renunciaremos a ese enorme campo de 27 naciones unidas. No es la Europa de nuestros sueños, pero es la que tenemos y a partir de ella es posible construir otro modelo. En las horas más bajas del viejo continente, es preciso apostar por él. La fuerza de la fe en esta Unión está llamada a aflorar en los momentos de crisis. Modelemos Europa a imagen de nuestros sueños, mas no nos olvidemos de ella.

El 7 de Junio no es un día de quedarse en casa, pero las formaciones que apuestan por el cierre de puertas y bolsillos, que sólo conciben la Unión en clave de lonja o de bazar, no obtendrán nuestro aspa. La cruz en su casilla la merecen quienes sostienen la mirada alta, quienes apuestan por la acogida, la protección de los más débiles, el progreso sostenible, la naturaleza respetada y reverdecida...

No nos ganará la apatía el 7 de Junio. Creer en Europa es honrar la memoria de cuantos dieron su vida en batallas sin fin, durante toda esa larga ficción en la que creímos estar separados; es responder a la expectativa de otros pueblos y otras naciones del mundo, que están gestando ámbitos de más estrecha colaboración política y económica, basándose fundamentalmente en el referente europeo.

Apostemos por Europa, pero por la Europa generosa, con latido, con ideales, con sueños…, la Europa de las gentes y los movimientos emancipadores, no la Europa de los partidos que constantemente lidian y fragmentan, no la de la primacía del mercado, no la timorata, no la de la amnesia, la de las mil y un verjas y candados.

Apostemos por una Europa que incentive agricultura ecológica, ciudades amables, servicios lógicos, energías renovables, industria no contaminante… Apostemos por una Europa que no se mira a su ombligo, que se acerca al Sur y que, en la medida que puede, abre sus puertas; que abraza al hermano de color que alcanza sin aliento sus playas, que le acoge mientras quedan víveres en la despensa…

Apostemos por una Europa partícipe y activa, en la vanguardia de la resolución de los grandes problemas planetarios, en la lucha contra la pobreza, contra la injusticia, contra el cambio climático…, siempre por el reforzamiento del papel de las Naciones Unidas en la escena internacional.

Apostemos por una Europa dispuesta a hacer valer con todos los medios a su alcance los derechos humanos allí donde estén amenazados, a apostar por la resolución pacífica de los conflictos en cualquier parte del mundo, allí donde los hombres quitan ya el seguro de sus armas.

Apostemos por una Europa no rendida ante el rugir del motor, sino ante el silencioso pedaleo de las bicicletas, una Europa que no idolatre cilindradas, donde la conciencia y la responsabilidad por la vida cobre más sentido que el consumismo desaforado. Una Europa de cielos y campos libres donde los animales no son abatidos por deporte, donde se abran las puertas de las crueles granjas de animales, donde una valiente y ejemplar ministra de Medio Ambiente no sea arrinconada cuando los cazadores toman las avenidas…

Apostemos por la vieja y la nueva Europa, la que a fuerza de dolores trazó un destino alto. Apostemos por la Europa que baja al mercado, pero no se instala en el mercado, que progresa en tecnología y ciencia limpias, pero también en conciencia y desde ese conciencia y cultura ilumina el mundo.

Apostemos por la Europa inquieta, verde, abierta, solidaria… Aún hoy puede marcar nuevos hitos en el futuro de la humanidad. Nunca es tarde para reinventar los sueños.


Koldo Aldai
Fundación Ananta


 

Entrevista a Joan Melé: “Intento crear una epidemia de ética y de entusiasmo”


Estamos en un banco y su director no menta intereses, ni dividendos…, sino desafíos del alma y responsabilidades humanas. “Hasta que me muera me gustaría luchar por esto”. Después de dos horas de apasionado discurso, nadie podría dudar de la valiente aseveración. “Por esto” son árboles, placas solares, empresas con alma, campos sin química… Nadie contestaría esa convicción absoluta del director de Triodos Bank para Cataluña y Baleares.

No es fácil encontrar un banquero feliz, menos aún feliz y comprometido, pero dimos con él. En el corazón de la gran ciudad, a pie de enorme avenida, este hombre contagia fe y alegría a raudales. No puso números, ni tantos por ciento sobre la mesa; puso valores e ideales. No blandió calculadora de números, sino paleta de sueños, todos viables, listos para hacerse realidad. No estábamos ante un idealista pasado de rosca, sino ante un ejecutivo con chaqueta y corbata, con los pies bien puestos en la tierra.

“Entrega lo que llevas dentro y no te faltará nada”, no se trataba de un profeta en las arenas sagradas del desierto, sino de un banquero en su oficina de la Diagonal. Joan Melé no nos vende fondos, ni productos de gran provecho…, le basta con contagiar un entusiasmo que lleva en sangre. Ha desecho el encono entre espiritualidad y dinero, entre rentabilidad y solidaridad, entre banca y ética. El haber reconciliado imposibles le confiere una felicidad, que no oculta.

Entrevista a Jaime Jaramillo: “El verdadero líder es el que arrastra a otros en su ascenso”


17- Mayo-2009
Murió por una caja de muñeca vacía. Caminando por las calles de Bogotá en el año 1973 Jaime Jaramillo presenció a unos metros suyo la muerte de una niña en la carretera. La criatura, hija de las alcantarillas, había corrido a tomar en sus manos la caja de una muñeca que se había caído de un “carro”. Instantes antes de ser aplastada por las ruedas de un camión, la niña le había lanzado a Jaime Jaramillo una fugaz mirada de alegría por el hallazgo. Hay instantes que cambian vidas. Aquella mirada fugaz dirigida a Jaime, bastó para girar los días del brillante ingeniero geofísico y de petróleos. En el momento en que éste se dio cuenta de que una niña podía morir por el simple envoltorio vacío de una muñeca, entendió cuál era su misión en este mundo.

Con todo el frío del alma, con todo el dolor que un hombre puede encerrar en su corazón, compró cien regalos de a peso y salió a repartirlos a los niños de la calle. Así empezó la labor de lo que hoy en día constituye la Fundación “Niños de los Andes”. Recorren la ciudad para ayudar a los niños de la calle a sanar las heridas del alma y darles una luz de esperanza. Por sus establecimientos han pasado ya 55.000 criaturas camino de una vida infinitamente más digna.

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