Fundación Ananta

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Pensamientos de junio: mi consultorio es la Tierra

"Pero no hay que esperar a ser un médico para ser un sanador. El sanador es cualquier hombre o mujer que sea capaz de convertirse en un canal inteligente del amor. Para él la oportunidad de sanar ocurre siempre, su consultorio es la Tierra. Sus pacientes, flores, pájaros, niños, santos o ladrones, todos los que necesitan la energía del amor”. Jorge Carvajal, “Por los caminos de la bioenergética. Un arte de curar” (1995) p. 145. Editorial Luciérnaga, 2006. Imagen: amanecer en Badalona, 8 febrero 2016 (cortesía de Carmen Torres)

Coincidentes vitales (Ramiro Calle)

Es en el Mahabharata donde podemos leer que los seres somos como maderos que durante un tiempo nos encontramos en el océano de la vida carnal y luego nos separamos.  Pero esa separación, con respecto a los que llamo "coincidentes vitales", no la siento como tal, porque si como declaraba Kabir, el mar y sus olas son una unidad, ¿qué diferencia hay entre él y ellas? El cegador resplandor del misterio de la vida, eclipsa la débil luz del entendimiento ordinario. ¡Qué enigma tan grande que en millones y millones de años vayamos a coincidir en esta vida  con unas determinadas personas y...

Pensamientos de enero: cada gesto es mágico

"Cada gesto es mágico. Entonces, cuando encontréis a alguien por la mañana, no le deis los buenos días con un recipiente vacío, porque sin quererlo, sin saberlo, estáis tratando de desearle el vacío, la pobreza, el fracaso para todo el día. Diréis: "Pero esto no tiene ninguna importancia, en el mundo la gente no presta atención a estas cosas." Si la gente es inconsciente, ¿es ello una razón para imitarla? Que actúen como quieran, pero nosotros, aquí, en donde aprendemos las leyes de la nueva vida, debemos acostumbrarnos a ser conscientes de todas las cosas. Por lo tanto, cuando por la mañana...

Con Europa

Leonardo Boff o el arte de “reencantar” el mundo

El teólogo brasileño de la liberación clama a favor de “la gran comunidad de vida”

El teólogo brasileño de la vida una y entrelazada, ha vinculado a movimientos de progreso inicialmente dispersos y desconectados. Su discurso sólido, visionario, amplio y generoso tumba las barreras. Boff nos ha reconciliado con un cristianismo sin cruz, ni clavos, pero ha ido mucho más allá al crear un espacio común para muchas familias de fe, para muchas gentes de buena voluntad que laboran por un nuevo “ser en
el mundo”. Ha proporcionado discurso bello, profundo y coherente para esa síntesis imprescindible.


Por dulce y a la vez apasionada que sea su voz, por hondo y profético que sea su mensaje, el verbo fue después de la mirada. Son esos ojos de abuelo feliz, dispuesto a gozar y reír por cualquier detalle, esos ojos absolutamente enamorados de la creación, los que le permiten rodar después esa palabra siempre elocuente, aplastante, esperanzada…

Leonardo Boff pregona por doquier “el nuevo encantamiento del mundo”, muy probablemente sin darse cuenta que el es parte de ese encantamiento. Allí donde va desborda todos los aforos.
De temido teólogo a líder mundial de todas las causas justas. Una y otra vez le intentaron silenciar, pero el acabó regalándoles los hábitos que no el alma de franciscano. No guarda ningún rencor ni para con el actual Papa que protagonizó su persecución. Su nuevo evangelio verde mantiene inalterable la necesidad del perdón.

Las sesenta y ocho primaveras no le han mermado idealismo. Ha escrito un extensa obra de más de cien títulos, ha peleado en todas las trincheras nobles, ha paseado todas las necesidades... Tiene ya su jubilación bien ganada, no le falta el calor de su compañera y de los suyos para disfrutar de gozoso retiro en Persépolis, sin embargo sigue cogiendo aviones para predicar, ya no desde los púlpitos, pero sí desde las numerosas tribunas que le ofrecen, la necesidad de “reencantar la humanidad con nuevos sueños”.

La teología de la liberación, de la que fue junto Gustavo Gutiérrez su máximo exponente, no se constriñe a la geografía de chabolas y favelas. Quizás muchos aún se lo imaginen anclado en la barricada de los ochenta, continuando su pugilato con el Vaticano y los poderosos… Sin embargo en todos estos años a Boff le ha dado tiempo para muchas otras cosas, como por ejemplo a enamorarse de la madre naturaleza y erigirse en portavoz de la Teología de la Tierra. Ha tenido ocasión de viajar por el universo y compartir veneración por sus misterios inescrutables. Se ha aprestado también a montarse en la ola de la ciencia cuántica, de la nueva psicología, de la nueva espiritualidad… Pero sus viajes tienen siempre punto de partida y llegada. Por encima de todo sigue ligado a su gente, a su país, a sus destinos.

Le ha fallado el fémur, pero el bastón le da un toque de consagrada maestría. Veterano peregrino en las sendas del compromiso, ahora no le detiene una pierna terca. Sigue caminando “la vida una e interconectada”, como no para de proclamar, tan sólo con un paso más detenido, con una fe y sabiduría plenamente colmadas.

Pese a su bastón de madera, su mente se mueve a la velocidad del rayo. A su paso por Madrid, dejó grabado su destello.

¿Cómo va su relación con Marx?
Marx no fue el padre, ni padrino de la teología de la liberación, fue Jesús. Juan Pablo II sospechó, mal informado por obispos latinoamericanos, que la teología de la liberación era un especie de caballo de Troya para la penetración del marxismo en América Latina. Por amor al pueblo, él no quería que ocurriera algo semejante a lo de Polonia. Pensaba que había que descabezar los teólogos que intentaran eso. Tenía su particular visión del marxismo. Para nosotros el problema nunca lo fue el marxismo, sino el capitalismo salvaje.

¿Y con la religión?
Las religiones crean guerra, las espiritualidades crean paz. La espiritualidad no es monopolio de las religiones, sino que constituye la dimensión profunda del ser humano.
Todas las religiones presuponen una experiencia espiritual fundadora que ellas tratan de traducir en mil códigos, sin jamás agotar su riqueza infinita. La espiritualidad pertenece al proceso de personalización de cada uno, confiere centralidad a la vida y proporciona las bases para la paz y la serenidad necesarias a la vida personal y social.
La vida no es un absurdo sin sentido, la espiritualidad da norte a la existencia.

¿Y con Dios?
Sé que Dios existe, creer en Dios es una cosa de europeos. Los pueblos latinoamericanos van más lejos: sienten a Dios en su piel. No pueden entender la vida sin Dios. Van en la línea de lo que decía Pascal: creer en Dios no es pensar en Dios, sino sentir a Dios.

Sigue creyendo en la Iglesia…
La iglesia no es la Jerarquía, sino la comunidad de creyentes. Todos somos pueblo de Dios. Sigo creyendo en una Iglesia preocupada por servir a la causa más grande, la causa de Dios en el mundo. Al hablar de la Iglesia no hemos de pensar necesariamente en la Iglesia institución.

Alguna esperanza en esa Iglesia institución …
Sigue manteniendo una actitud a la defensiva, más que de diálogo. Es preciso superar la arrogancia. Un obispo ha de manifestar menos autoridad eclesiática y ser más pastor de las gentes, pastor de la esperanza, no puede llenarse de tantos temores. Hoy más que nunca es preciso abrirse a lo que el otro aporta y así encontrar puntos de convergencia.

De la cabeza en la teología de progreso a líder ecologista mundial…
Si quisiéramos universalizar el tipo de desarrollo occidental necesitaríamos cuatro tierras. A nivel mundial el sistema dominante sigue con mucha voracidad. Hoy la teología de la liberación es también verde. Hemos de unir la justicia ecológica con la justicia social. Proponemos una relación más benevolente con la Tierra, una ecología profunda, una ecología integral. Queremos ambiente entero, no medio ambiente. Hemos de preservar el pacto entre el ser y la naturaleza, para después alcanzar el pacto social. No triunfó el ateísmo, sino la falta de memoria , la ruptura por la vida.
Tierra y humanidad tenemos que pensar en un futuro común. Estamos llamados a seguir esa aventura cósmica.

“La tierra y el agua también gritan… ” es una de las frases claves que Vd. ha acuñado…
Al igual que el pobre, la Tierra y el agua también gritan. El agua demanda una especial atención. Ella decide, en buena medida, el futuro de la humanidad. El problema del agua unifica al planeta, nos da conciencia global del problema de la sobrevivencia..
En lo que a la Tierra se refiere, se dice que habrá de trabajar 10 millones de años para recuperar toda su diversidad.

¿Se le ve últimamente muy ligado a la iniciativa de la Carta de la Tierra?
La Carta de la Tierra propone una nueva ética, un nuevo patrón de relaciones alternativo al dominante. Deseamos introducir más a la Tierra en nuestro imaginario colectivo. La Carta de la Tierra nos invita a nuevos cambios en la mente y en el corazón, a adquirir un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal básica. Debemos partir de esa convicción de que somos Tierra que siente, piensa, ama…

Caducó la teología de la liberación…
No por cierto… Sigue en pie su principio de sentir a Dios crucificado en los crucificados de la Tierra. Su marca registrada es la opción por los pobres contra la pobreza y en pro de la vida y la libertad. Nació escuchando el grito del oprimido que hoy ya se ha transformado en clamor.
¿Si la Iglesia no escucha a los pobres, quién les va a escuchar…? El propio Juan Pablo II escribió una carta a los obispos de Brasil en la que afirmaba que la Teología de la liberación no sólamente es útil, sino necesaria en situaciones de injusticia y opresión.

Siempre a la gresca con Roma…
No he tenido ningún problema con Roma , Roma ha tenido problemas conmigo.

¿Cómo le va con Benedicto XVI?
Conozco al nuevo papa. Como alemán es duro, pero al mismo tiempo su trato es extremadamente fino. Alberga por lo demás gran generosidad. Me consta que hace años compartía su sueldo con seminaristas más jóvenes llegados de África.
Hasta ahora abordaba los temas relacionados con las doctrinas, ahora su labor es más global. Sus primeros meses han sido de ubicación y análisis, en breve podremos formarnos una opinión sobre su mandato.

Le llamó al orden en diversas ocasiones…
En lugar de pontificar, debería dejar a los teólogos “errar”… Entonces y ahora le decimos : “Vente a rezar con nosotros…”

Vd. subraya a menudo aquello de “gran comunidad de vida”…
Detrás de la expresión “comunidad de vida” hay toda otra visión de la realidad. Desde que Watson y Crik descodificaron el código genético, sabemos que todos los seres vivos, desde la bacteria más originaria, pasando por los dinosaurios y llegando a nosotros, tenemos los mismos treinta aminoácidos y las mismas cuatro bases de fosfatos. Es decir tenemos el mismo alfabeto biológico básico. Somos todos primos y hermanos y hermanas. Por eso formamos la comunidad de vida, todos interdependientes y colaboradores de unos y otros...Toda la vida ha de subsistir. Estamos llamados a preservar esa variedad tan rica de seres y especies, a respetar y cuidar de la comunidad de vida con comprensión, compasión y amor. Hemos de proyectar una nueva mirada sobre el mundo y el universo.

¿El antropocentrismo ha caducado por lo tanto?
Así es. Nos hemos autoexiliado de la comunidad de la vida y ahora es preciso volver.
Hay que superar ese antropocentrismo que proclama que la creación sólo tienen sentido en función del ser humano y que podemos disponer de las cosas a nuestro antojo. No olvidemos que fuimos los últimos en aparecer en la escena de la historia. Somos parte de la comunidad de vida, pero con una misión única de cuidar de los demás seres, de ser guardianes del jardín del Edén.

Respeto sagrado por lo tanto con la creación…
Hemos de albergar un respeto exquisito hacia toda forma de vida, Cada ser tiene un valor intrínseco, capaz de revelar algo de Dios. Todo lo que vive, merece vivir.
Estamos para armonizarnos con todos los reinos que ya tienen una larga historia. Somos los únicos con una dimensión ética.

Le da tiempo para asomarse a la nueva ciencia…
La materia como tal no existe. Todo es energía en distintos niveles de densificación, como la materia. Todo depende de la densidad y complejidad de las energías… Pero la materia tiene también otra dimensión que es información. Cada célula de nuestra piel, aún la mas sencilla de la epidermis, contiene toda la información del misterio de la vida. Todo está entremezclado, lo que hago, en uno u otro sentido, repercute en el otro.
La ciencia tiene que ser buena para la vida y para el planeta, no para la guerra y la destrucción.

Se le ve también muy motivado por la genética…
Tal como hemos apuntado anteriormente, la descodificación del código de vida ha supuesto un descubrimiento trascendente: Nosotros somos un eslabón de esa comunidad de vida, no somos los únicos para utilizar la biosfera. Toda corriente de vida participa de ella. Somos parte y parcela de esa totalidad.

¿Cómo frenar a los profetas del apocalipsis?
La vida es eterna, pero sólo tenemos una Tierra. Ella es nuestra única casa. No tenemos otra. No estamos dentro de un drama, sino de una crisis con todo el caudal regenerador que ésta puede encarnar. La función de la crisis es acrisolar, limpiar, purificar… para un cambio.
Hegel dice que el ser humano aprende del la historia que no aprende nada de la historia, pero aprende todo del sufrimiento. A mí me gusta la frase de San Agustín: todos aprendemos o de un gran amor o de un gran dolor. Creo que hoy hay que aprender de ambos.
Vamos a sentir por la piel. Cuando el agua nos llegue por la nariz, entonces cambiaremos, porque de lo contrario desaparecemos.

¿Enfermó también la economía?
El mayor problema que amenaza la humanidad es la autonomía de la economía que ha colonizado la sociedad, la política, la ética. Vive sola, con su ritmo, su velocidad, con su lógica interna que es la competencia y no la colaboración.
mos una economía basada principalmente en la competición, no en la cooperación.

“Ergo”, esta economía tiene los días contados…
Esta economía vive de dos ilusiones: la primera es la de considerar la Tierra como un baúl de recursos ilimitados y la segunda es que podemos seguir adelante rumbo al infinito, pues el desarrollo puede ser infinito.
Ese proyecto por lo tanto no es universalizable. No es posible explotar de manera ilimitada los recursos naturales. Esa economía mercantiliza todo, hasta el propio agua y las semilla. Este sistema, que hace de la tierra un gran mercado, puede llevarnos a un gran desastre.

“Ergo”, vida sostenible…
Sólo así podremos vivir todos en armonía. Vida sostenible en su más amplio sentido. Incorporar la ética del cuidado y del respeto. Reconocer la alteridad. Interaccionar de manera continua con el universo para crear unidad y coherencias cada vez más complejas y ricas. Permitir que el otro sea y exista no sólo al lado, sino con nosotros en la misma aventura de la vida, como compañero que tiene su historia y su espacio.

¿Modelo de desarrollo…?
Desarrollo capaz de atender a nuestras necesidades, sin dañar el capital natural y abierto a las generaciones que vienen después de la nuestra que también tienen el derecho de habitar una casa común buena y limpia y gozar de un agua transparente y de un aire respirable.

¿Profeta entonces del caos positivo…?
Como antes apuntaba, vamos al encuentro de una gran crisis, pero hay que observarla como la nueva cosmología. El caos no es caótico, puede ser generativo, impulsor de cambios necesarios, de otros órdenes más altos.
No vivimos una tragedia , sino una crisis que puede ser muy positiva. El ser humano aprende aún por el sufrimiento. Vamos al cambio por la vía ecológica : calentamiento de la tierra, “tsunamis”, “katrinas” y todo eso…, o por la vía de la crisis económica.

¿Definitivamente otro mundo es posible?
Por supuesto, pero no olvidemos que el reloj corre en contra de nosotros. No es preciso que pasemos por crisis devastadoras. Es preciso acometer un proceso de alfabetización ecológica a escala planetaria, de lo contrario vamos a conocer “katrinas” todo el año.

Gusta de citar a Dante “El amor que mueve las estrellas, mueve también nuestro corazón”…
Así es. Se trata de la mística cósmica de que cuando abrazamos el mundo, abrazamos a Dios. El cosmos es templo de Dios. El amor exige incondicionalidad, amar sin límite, con pura gratuidad…
Compasión con todo los que sufre en la tierra no es caridad es cuidar con amor, pues el amor es la fuerza más grande del universo. El amor es la fuerza de estar, gozar y sufrir juntos.

Un poco de esperanza antes del punto final…
Pensemos la Tierra de otra forma. Es madre generosa. Nosotros venimos de ella, por que “homo” viene de “humus”, tierra buena y fecunda. Sobre esta Tierra está el arco-iris de la gracia y la benevolencia de Dios. Seamos todos hijos e hijas del Arcoriris. Dios nos prometió:¡Jamás la destrucción, jamás el diluvio, sino la vida y la humanidad!

Campaña “Pan y Belleza”
Su bonhomía no es extraterrestre. Toda su extensísima obra invita a la corresponsabilidad. Sus lecciones académicas, sus conferencias por todo el mundo, sus artículos semanales traducidos a multitud de idiomas, es una lucha contra el “desencantamiento”, una constante animación a construir esa democracia multiétnica, solidaria, ecológica, plural y espiritual que gusta describir.
Su mística por lo tanto no es olvidadiza, su actitud franciscana es también muy activa y pragmática. Su compromiso con los desheredados jamás ha mermado. Boff sigue al pie de todas las causas nobles que uno se pueda imaginar. Al editar la entrevista nos llega una solicitud suya de apoyo a la campaña “Pan y Belleza” (www.cddh.org.br/paoebeleza) en la ciudad de Petrópolis, cerca de Río de Janeiro, donde reside. Y es que este sabio anciano, cuál gran patriarca de su pueblo, coge todas las mañanas su bastón, cuadra su mirada bondadosa en medio de esas gafas enormes y sale con su lento pero decidido caminar al paso de pan para los desheredados, de belleza para el mundo.

A modo de resumen: La espiritualidad de Boff
• Es un amor que se lanza más allá de este mundo.
• Es generadora de una esperanza superior.
• Aspira a vincularse con un todo más grande, a percibir el sentido último del universo, a vivir corresponsables con el futuro personal y de toda la comunidad de vida.
• Contempla el planeta como templo del Espíritu y lugar de la creatividad
• Alienta una ternura cómplice con toda forma de vida, porque todos los seres vivos constituyen una red de seres interdependientes.
• Establece contrato generacional para aprender a amar lo invisible, la humanidad futura y prepararle una casa sostenible.
• Nos hace comprender la muerte como parte de la vida, como su momento alquímico de transformación rumbo a su plenitud en el Misterio.
• Su lugar de realización e irradiación es el propio universo, entendido como el conjunto de las relaciones de todos los seres entre sí y con su Fuente originaria.

Pensamientos de Boff

"Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)
(...) “Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra."
“Casamento entre o céu e a terra”. Salamandra, Río de Janeiro, 2001- pag. 9

La Redacción
Fundación Ananta





"La Carta de la Tierra invita a un camino personal"

Entrevista a María Pinar (Fundación Valores)

La carta de la Tierra es el documento más consensuado de la ONU en toda su historia. Orientado a promover el equilibrio planetario en todos los órdenes, ha sido declarado por la UNESCO como herramienta fundamental para este decenio de la educación en desarrollo sostenible (2005-2014). Pero, sobre todo, es una invitación a transformarnos para superar contradicciones y acercarnos al lugar que nos corresponde en el proceso de evolución planetaria.




María Pinar Merino, dedicada al desarrollo personal desde diversos ámbitos, trabaja en la difusión de la Carta de la Tierra (www.cartadelatierra.org), a través de Fundación Valores (www.fundacionvalores.es), y a sus 51 años se siente con mayor fuerza y convicción para intentar cambiar el mundo que cuando empezó sus estudios en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense en los años setenta. Se trata de concienciar a los maestros, un gremio que suma 60 millones de personas en todo el mundo, y atraer a los niños, que son muchísimos más, que son el futuro… inculcándoles los valores humanos universales.

El primer fin de semana de junio Fundación Valores celebrará su III Congreso de “Proyectos y Utopías para un mundo mejor”. La presencia en España de Leonardo Boff durante la semana previa al encuentro quizá sea el espaldarazo necesario para llenar esos días el Teatro de la Casa de Campo a favor de la Carta de la Tierra.

Integridad ecológica, justicia social y económica, amor y respeto hacia la comunidad de vida, y creación de una cultura de paz son los pilares que la sustentan. Quienes la defienden, aseguran que “Gente pequeña, en sitios pequeños, haciendo cosas pequeñas, está cambiando el mundo”. Algo está pasando en las conciencias. María Pinar se pregunta si será que la alarma generada con el cambio climático está despertando en la humanidad el instinto de supervivencia propio de las especies en peligro de extinción.
María Pinar sueña con que estemos viviendo una inflexión en la evolución de la humanidad, como indica la Carta de la Tierra: que este tiempo se recuerde como “el despertar de una nueva reverencia ante la vida (…) el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz…”. Parece una oración, ella lo reconoce. Y, aunque hay aspectos del ser que sólo entiende desde la dimensión espiritual, prefiere en este caso hablar de humanidad, de compromiso, de conciencia ecológica, de derechos…


Fundación Ananta: La Carta de la Tierra puede parecer uno de tantos documentos.

María Pinar Merino: Uno de sus rasgos diferenciales es el grado de consenso con el que cuenta. Desde Río en 1992, en la Cumbre de la Tierra, se fue depurando y recogiendo valores de todas las culturas, de tal manera que puede identificarse con ella cualquier raza, etnia, cultura o rama espiritual.

La agenda 21 de desarrollo local, que surgió allí representaba el cuerpo, pero faltaba el alma, la inspiración, la trascendencia… Pasaron ocho años hasta que se aprobó en Holanda, con todos los honores y después de nutrirse de todos los aspectos éticos, espirituales y filosóficos que conforman los valores humanos universales.


FA: Intentáis implicar sobre todo a los maestros.

MPM: En el mundo hay 60 millones de docentes. En la UNESCO se dieron cuenta, a la vista de las magnitud de los problemas que padecemos (pandemias, guerras, hambre, catástrofes naturales, falta de libertades, injusticias…) que cada vez eran más los focos de necesidad y mayores las dificultades para la distribución de las ayudas, por todo ello era necesaria una auténtica revolución, que pasaba por buscar una “fuerza organizada” con presencia en todo el planeta; la de los docentes parece la red ideal. El gran aldabonazo para la Carta de la Tierra ha sido su declaración como herramienta fundamental para el decenio de la educación en desarrollo sostenible (2005-2014), por parte de la UNESCO.


FA: ¿Se puede entender la Carta de la Tierra sin convicciones espirituales?

MPM: Absolutamente: se trata de tomar conciencia de que “estamos en un momento crítico de la historia en el que la humanidad debe elegir su futuro”, como empieza el texto. Albert Einstein dijo hace tiempo que el mundo es como una manta tejida, en la que si tiras de un hilo, se mueve toda la manta. Ahora que tenemos más información, es aún más evidente: si hay una sequía en el Lago Victoria, los corales del Caribe empiezan a tener problemas por un polvo en suspensión que es arrastrado por unos determinados vientos… Pase lo que pase en cualquier lugar, lo acusamos. Es verdad que todo esto coincide con el mensaje de los místicos, pero no hace falta compartir sus creencias para ver que la humanidad, tiene una única casa habitable. Ya no tiene sentido guiarnos por los sistemas de producción y explotación salvaje que solo tienen en cuenta el presente y el entorno más cercano; hoy tenemos que pensar en las generaciones futuras, en el desarrollo sostenible.


FA: Son cambios difíciles.

MPM: Integridad ecológica, justicia social y económica, amor y respeto hacia la comunidad de vida y creación de una cultura de paz son los pilares en los que pivota todo; pero tienen que “hacerse carne” en la vida cotidiana para que no sean palabras vacías. Por eso, la segunda dimensión de este documento es enfocarlo como un proceso de transformación personal.


FA: ¿Cómo se abordaría ese proceso?

MPM: El primer reto es revisar nuestros propios valores y discernir cuáles son de verdad favorables a la comunidad humana y al planeta, por encima de religiones y filosofías. Todos tenemos muchas transformaciones pendientes y muchas actitudes que adecuar a nuestros valores, en las relaciones con nuestras familias, con nuestros compañeros de trabajo. También –y especialmente si nos sobran recursos- hacia los bienes de consumo como el agua, la energía eléctrica, el uso de combustibles... tenemos que poner en práctica un consumo ético y responsable.


FA: Hay quien dice que el cambio climático está despertando conciencias…

MPM: Efectivamente, lo que se está despertando, a raíz de los informes sobre el cambio climático publicados, es una especie de conciencia de supervivencia muy instintiva que dice “somos una especie en peligro de extinción”; así de fuerte. Los datos son tan alarmantes que la gente por primera vez se para a escucharlos. Personalmente, sin embargo, me parece más grave, si cabe, la cantidad de problemas sociales y de interrelación que tenemos las personas. Hay cosas que sólo se pueden hacer en grupo y se nos olvida. El crecimiento de la persona está en la interrelación, en la gestión que hagamos de lo que somos y lo que tenemos, si esa gestión no tiene en cuenta al otro, pues hemos perdido el rumbo.


FA: ¿Qué deberíamos hacer quienes no somos maestros ni educadores?

MPM: Simplemente estar atentos durante el día, y seguro que surgen las oportunidades de vivir con coherencia, y de distinguir las necesidades reales. Lo que hagas repercutirá en el último rincón del planeta. Uno no necesita mucha ropa ni un coche muy bueno, lo que necesita es sentirse sólido, querido y apoyado por lo que es, no por lo que tiene. Pero estamos enfocados en tener más: títulos, prestigio, medios, dinero, y nos hemos dado cuenta de que eso crea un tremendo vacío, que no nos satisface. Los principios de la Carta de la Tierra van enfocados a ser más como persona, a sentirte mejor con lo que haces, con lo que tienes, y con los demás.


FA: ¿Es urgente especialmente ahora?

MPM: En los últimos años, especialmente en las ciudades, vivimos desconectados de la naturaleza, es tremendo, es imperdonable, porque es una fuente de vida y de riqueza a todos los niveles; vivimos muy desconectados también de los demás, porque cada uno está en un círculo cada vez más pequeño y nos conectamos a través de Internet, que aunque satisface nuestra necesidad de comunicación no es comparable con la que se lleva a cabo persona con persona.
La tercera gran desconexión es con nosotros mismos, con nuestro interior, con nuestra esencia; tenemos la vida tan llena de cosas que no buscamos un ratito para crear ese espacio de intimidad tan importante, tan fundamental, tan nutritivo, tan vital y equilibrante, que nos haga darnos cuenta de quiénes somos, de cómo estamos, de lo que necesitamos, de lo que queremos hacer el día de mañana… Vamos por detrás de los acontecimientos, y los gobiernos igual, por eso la situación planetaria ha llegado a donde ha llegado.


FA: ¿Cundirá alguna vez una cultura de paz?

MPM: En este sentido, yo creo que no se trata sólo de que los gobiernos firmen acuerdos de paz, de que no haya armas nucleares, eso son normas, y las normas se ponen cuando faltan los valores. Cada uno de nosotros sabe en conciencia cómo crear una cultura de paz. Nosotros no tenemos el poder de tirar bombas ni misiles, pero hay determinadas frases que son armas de destrucción total, armas que destruyen la intención, el ánimo, la ilusión, la confianza… vivimos protegiéndonos para sentirnos seguros, porque todo nos parece hostil, las relaciones son hostiles... Ahí es donde cada uno puede hacer algo.


FA: Parece imposible resolver las diferencias económicas y sociales.

MPM: El 15 por ciento de la humanidad acumulamos los recursos de los que carece el 85 por ciento, y eso indica la magnitud del cambio de que hablamos. Sin embargo vivimos una época en que cada vez se acelera todo más y más. Si echamos la vista atrás nos sorprendemos de lo que ha cambiado todo en los últimos veinte años, por ejemplo. Ahora se necesitaría mucho menos tiempo para conseguirlo, estoy segura. Lo que está claro es que Occidente, que es quien tiene los medios, tiene una responsabilidad mucho mayor. Deberíamos asumir que cuando ayudamos a un país pobre no estamos dando limosna, sino aportando equilibrio, algo que nos beneficia también a nosotros.


FA: ¿No es excesivamente optimista pensar que podemos hacer algo nosotros, a pie de calle?

MPM: Yo soy optimista porque cada día veo que hay muchas cosas que están cambiando. La revista “Time”, en su portada eligió como personaje del año 2006 una silueta anónima de un ciudadano en una pantalla de ordenador. La nueva democracia, el nuevo poder del siglo XXI reside en la gente. Ese poder de comunicación que nos dan las nuevas tecnologías a través de Internet, los mensajes sms, suprime las fronteras, son movimientos incontrolables desde las instituciones. La gente de a pie puede ponerse en marcha de forma masiva y a nivel mundial dejar oír su voz para presionar a los gobiernos, sin que nadie les organice, a espaldas de lo que representa el poder.


FA: ¿Ya hay gente concienciada con todo esto?

MPM: Si, cada vez más; hay más personas involucradas en pequeños proyectos locales y eso es tremendamente contagioso y transformador; porque se pasa de la conciencia individual a la conciencia social. Cuando un elemento aumenta su nivel de conciencia, el conjunto sube: cuando en el caos se introduce un elemento ordenado, los demás tienden al orden… las ondas de un lago se propagan hasta la orilla de un modo visible, pero si pudiéramos ver los micro-movimientos, veríamos que llegan hasta el infinito.


FA: ¿Nos reflejamos unos a otros permanentemente?

MPM: Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia social” habla de experimentos en los que se ha demostrado que si una persona en estado normal empieza a ver fotografías de gente enfadada, con actitudes violentas y negativas… automáticamente empieza a generar en su cuerpo esos estados de ánimo. Tenemos unas neuronas llamadas “espejo” que se especializan en reflejar lo que vemos; y estamos todo el día viendo imágenes negativas, los medios de comunicación nos muestran una y otra vez la cara más espantosa del horror… por eso para despertar hay que alejarse un poco, tratar de ver las cosas de un modo más global. Casi siempre, con perspectiva se ve la salida y solución. Y casi siempre esa solución pasa por la implicación personal allá donde cada uno alcance.


FA: Aconsejas también potenciar lo positivo?

MPM: Cualquier persona en un momento de suma tensión cambia en cuestión de segundos si cierra los ojos y piensa en algo agradable de su infancia…cualquier detalle: el roce de una toalla, el olor del bizcocho que hacía su abuela…puede determinar un cambio súbito. Estamos llenos de tóxicos. No se trata de ignorar la realidad, sino de que, una vez que se tiene la conciencia clara de lo que ocurre, llenarse de energía y actuar. Tenemos que ser parte de la solución, no del problema. Por eso conviene cada día prepararse, revestirse de esos valores, de los estados de ánimo que quieres para tu vida; no importa si es meditando, respirando aire puro en el parque o escuchando música. Si fuéramos medianamente conscientes, y actuáramos en consecuencia, provocaríamos el cambio de los medios de comunicación, la publicidad, la información, todo.


FA: Parece que el organismo lo agradece también.

MPM: Claro que si, uno mismo es el primer beneficiado o perjudicado por sus pensamientos y actitudes. Cuando uno está deprimido o angustiado, se cierra el plexo solar, nuestra principal entrada de energía vital y se bloquea la glándula timo, que es la responsable, entre otras cosas, de generar los linfocitos T, las células anticancerígenas. El sistema inmunológico se deprime y bajan inmediatamente nuestras defensas. Y –al contrario- cuando mantenemos una actitud abierta, positiva y con confianza ante la vida, somos capaces de revertir un proceso degenerativo, o de enfermedad trabajando las emociones y los estímulos anímicos.


FA: ¿Puede trasladarse al “organismo planetario”?

MPM: Evidentemente. Si tienes un determinado espíritu de servicio, disponible para defender tu filosofía de vida, vas a sintonizar con lo que favorece ese propósito, vas a encontrarte con las personas adecuadas. Confiar en algo, apoyarlo y empezar a actuar, eso va a generar acción… Ahora imaginemos un docente ordenado, alineado, teniendo claro cuál es su papel, qué es lo que quiere enseñar, qué tipo de semilla quiere sembrar en esos niños, dispuesto a poner su granito de arena para que un mundo mejor sea posible. Por mucha situación caótica que se encuentre, los niños se “contagian” directamente, como nos explica la ley de coherencia en física… y, si eso se extiende, funciona luego como las cadenas de favores…


FA: La gente se suma porque en el fondo consiste en ser un poco más felices…

MPM: Consiste en vivir de una manera más sana y más coherente y eso es muy gratificante… las modas, las tendencias, las organizaciones, las instituciones… se irán adaptando.


FA: En la práctica, ¿En qué consiste la difusión de la Carta de la Tierra?

MPM: Estamos en una fase de sensibilización. En nuestra primera etapa estamos dando cursos de formación a los maestros de infantil y primaria. No son herramientas pedagógicas al uso, que tienen muchas, sino talleres de motivación personal, de transformación, que van dirigidos a ellos como personas, para que puedan sacar después el mejor maestro que llevan dentro. En las aulas se necesitan nuevas maneras de enfocar la labor docente, nuevas estrategias; se trata de recuperar los valores de la persona para que los puedan transmitir en clase. Y darles recursos como meditación, juegos, visualizaciones creativas, música, danzas… que sólo se utilizaban con los niños más pequeños porque son más emocionales, y que hay que trasladar a todos para abrir canales de aprendizaje que no deberían cerrarse nunca. La diferencia con lo hecho hasta ahora es que apostamos por la maduración personal, para que el docente sea el primero en experimentar el cambio que desea para sus alumnos. Y también hay talleres para niños, en los que se introducen juegos, teatro, títeres gymkhanas, todo lo que represente una manera alternativa y creativa de aprender las reglas básicas de la solidaridad, el respeto, la paz, la cooperación, la justicia, la igualdad...


FA: ¿No ha incorporado ya muchas novedades la enseñanza reglada?

MPM: Sí, pero en muchos casos vuelven a ser libros y fichas. Hay que moverse, accionar; se aprende en la medida en que algo te emociona. Tener una ficha con más “colorines” no emociona, el amor por la lectura no se adquiere cuando el libro que te mandan leer es materia de examen, porque entonces es una asignatura más; hay que descubrirle la magia de la imaginación, el poder del pensamiento, la capacidad creativa, la fantasía.... No se trata en este caso de incorporar otra asignatura, sino un elemento transversal, que condiciona todo el programa educativo. Los valores deben estar presentes en todas y cada una de las asignaturas y actividades que se dan en la escuela. Nuestras propuestas son actividades lúdicas que funcionan como atajos, porque no siguen la trayectoria lineal del pensamiento racional. Algo tan sencillo como, por ejemplo, dar la bienvenida a un compañero nuevo con una danza en corro que todos tengan que aprender.

FA: ¿Podría entrar en conflicto con la educación familiar?


MPM: Queremos crear una escuela de familias. Ahora, muchos niños enseñan a sus padres a reciclar la basura, o a respetar las plantas. En algún colegio les hemos enseñado a sembrar berros y a experimentar la diferencia en su crecimiento entre los que son cuidados y tratados con amor o solo con agua. Y ellos lo transmiten luego en casa.


FA: Parece una verdadera revolución de la figura del maestro.

MPM: Un maestro, como un terapeuta, es un acompañante del proceso de crecimiento de la persona y tiene que ser capaz de activar la motivación por aprender de esa personita, acompañar el proceso de desarrollo hacia la felicidad y la plenitud, hacia la libertad y la participación, no hacer médicos o arquitectos; eso va después, cuando lo importante esté ya asentado.
Hasta ahora ha imperado el sistema reproductor, repetitivo, técnica, conocimiento, instrucción y mucha mente; muy poco corazón y muy pocas emociones. El mundo emocional es el noventa por ciento de la persona, la creatividad está relacionada con esas potencialidades, y debe ser la mente racional la que te dice después cuándo, cómo, dónde y de qué manera aplicar lo intuido. Eso es lo que nos aporta el método científico. Pero el impulso primero parte de nuestro hemisferio cerebral derecho, del corazón, de la emoción (e-movere indica “movimiento hacia”). Tenemos que ver la educación desde ahí. No se trata de “meter” conocimiento sino de que el niño aprenda a “concebir” el conocimiento dentro de él, sostenido por una escala de valores que le dé seguridad y confianza, que le ayude a ser parte de un mundo mejor, poner más normas, poner más “rigideces”, poner más controles, es como querer sujetar el agua entre las manos.


FA: Se necesita una convicción fuerte para esta apuesta…

MPM:La apuesta es que cuando los niños pequeñitos de ahora lleguen a secundaria, a la universidad, a sus puestos de trabajo, tengan esa cultura de paz, de justicia social, de amor por todo lo que es vida. Para mi este proyecto está siendo una experiencia apasionante… Y sí, es como si tuviera otra vez veinte años. Cuando empecé a estudiar Psicología en 1976, quería cambiar el mundo; ahora, me siento con más fuerza y más convicción, con más seguridad y encauzo esos mismos ideales de joven en la Fundación Valores. Tengo mucha confianza en los niños y me estoy llevando muchas sorpresas con los maestros. Están más abiertos a aprender y dispuestos a participar en esta revolución que empieza con su transformación personal. Han entendido la estrecha relación que existe entre el despertar de la conciencia individual y el despertar de la conciencia colectiva.


FA: ¿Un cuento de niños, para entender bien todo esto?

MPM: Había una vez un rey feliz en el paraíso, cuya alegría aumentaba al atardecer, oyendo cantar a los ruiseñores. Un día llegó el rey del progreso aparente y le hizo ver lo molesto que era el croar de las ranas (algo en lo que el rey del paraíso nunca había reparado), y cómo distorsionaba la música de los pájaros. Obsesionado con pesadillas de ranas espantosas, el monarca del Edén no podía dormir, hasta que pidió a su colega una solución. El rey del progreso aparente le pasó un veneno que funcionó inmediatamente. Pero aquel polvito blanco enturbió los estanques cristalinos, y poco después todo se llenó de cadáveres de las ranas muertas, una carroña pestilente; las moscas y los mosquitos se reprodujeron imparablemente… Y todo fue un reclamo para que se trasladaran allí a vivir los murciélagos, un animal que aterroriza a los ruiseñores. Y desde entonces jamás nadie volvió a oír cantar, ni a ver siquiera, a ningún ruiseñor. Y colorín colorado…”.



La Redacción





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