Fundación Ananta

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Pensamientos de agosto: colaboradores de Dios mismo...

"Sólo representamos algo grande y hermoso en proporción a lo que hacemos para la colectividad, para toda la humanidad; es ahí donde adquirimos nuestro verdadero valor, porque nos convertimos en colaboradores de Dios mismo. Aquél que trabaja para el bien de la colectividad, es un obrero en el campo del Señor. Los espíritus luminosos se aproximan a él para marcarle con su sello, y una vez ha sido marcado, es como si su nombre estuviera grabado en una lista; junto a su nombre está anotado lo que se le debe, y cada día recibe un «correo», se puede también llamar un « salario ». Este salario ado...

Pensamientos de agosto: ser parte de ese soplo divino...

"Pensáis que es imposible aportar la luz y la paz a todos los humanos de la tierra, ¡son tan numerosos! Si presentáis la cuestión de esta manera, tenéis razón, desde luego. Pero cuando se conocen ciertos métodos, esto es posible. Intentad, por ejemplo, de imaginar a la humanidad como un solo ser. Sí, imaginad al mundo entero como un ser que está ahí, cerca de vosotros, y que le tendéis la mano dándole mucho amor... Las pequeñas partículas que se escapan entonces de vuestra alma, se van en todas direcciones por el espacio y se derraman sobre todos los humanos, inspirándoles pensamientos y se...

Escritos por un mundo mejor: "Esa sonrisa"


Hace unas semanas estuve en la India. Una mañana de domingo me doy un paseo por un pueblito de la montaña y enseguida me veo rodeado de niños que van a la fuente a llenar sus cubos de agua para los quehaceres domésticos. Los hay muy pequeños, desde dos años, y también mayores, ya adolescentes. Unos van descalzos, otros no, las niñas llenas de colores, caminando con esa elegancia tan especial con la que se mueven las mujeres en la India y que choca tanto la primera vez.


Algunos de esos niños y niñas, muchachos y muchachas, son muy bonitos. Yo les sonrío y enseguida me sonríen. Hacemos fotos y todos quieren posar para luego verse en la foto, entre risas. Hay elecciones dentro de unos días y una niñita lleva una bandera naranja (simboliza el hindusimo), blanca (simboliza el cristianismo) y verde (simboliza el islamismo), es la bandera de la India. Les hago un guiño. Me regalan sonrisas, risas y sobre todo sus preciosas poses para que la cámara recoja todos los colores y toda su belleza. Escucho sus risas, la algarabía. Me viene a la mente la frase de Saint Exúpery cuando, antes de la despedida del Principito, dice: “Hombrecito, hombrecito, …quiero oírte reír otra vez…”.

Entrevista a Nieves Crespo, hermana salesiana en Etiopía: “Los documentales no valen, hay que sentir los huesos del niño hambriento entre los brazos”


8-Junio-2009
Ella sabe que los logaritmos pueden esperar, que a la vuelta de África, siempre habrá una pizarra donde revelar complicada matemática a alumnos de estómago satisfecho. Mientras tanto, la suerte de Nieves Crespo (Madrid 1969) está echada al borde del desierto, junto a los últimos de la tierra. En el abrazo a los más desprotegidos, Jesús se le ha manifestado con una fuerza desconocida.


Nieves es feliz en Zway (http://zwayetiopia.wordpress.com), la misión que las salesianas tienen a dos horas al sur de Addis Abeba. Tras seis años de docencia en España, partió para allí. Cuando aterrizó en 2002, más de 10.000 adultos y niños llamaban a las puertas de su hogar salesiano huyendo de una hambruna atroz. La falta de lluvias traía muerte. El milagro obró y la fe de Nieves pasó su prueba de fuego. Ya no quiere dejar aquel mundo, aquel milagro que se consuma cada día, de una vida siempre renacida, de una acción de gracias siempre inacabada.

Escritos por un mundo mejor: "El destello" Por Joaquín Tamames




La vida va poniendo por delante de todos nosotros sus pruebas, sus anhelos, sus dificultades, sus alegrías y sus regalos. Vamos caminando por el bosque, en ocasiones con cansancio y pesadumbre, y de repente vemos un destello que corretea por el suelo, que no sabemos muy bien qué es, y lo seguimos por los caminos y al final ese destello nos lleva hacia un claro donde hay un tesoro.


El tesoro no es una olla con monedas de oro, es algo más sutil, que brilla con colores distintos, pero que nos deja un halo mágico en nuestra mente y en nuestro corazón. Y ese tesoro nos acoge y nos resguarda y ahí queremos quedarnos, recibiendo también el calor del sol.

 

Escritos por un mundo mejor: “Quiero que mis libros saluden y agradezcan a los árboles que los han hecho posibles”

Sobre “El barón rampante”, la hermosa fábula de Italo Calvino


Queridos amigos de Ananta. Hace unos días enviamos a algunos amigos un ejemplar de “El barón rampante”, la poética y muy inspiradora obra de Italo Calvino, publicada en 1957. En esta hermosísima fábula, Cosimo, un noble del siglo XVIII, se sube a un árbol con motivo de una disputa con su padre, y nunca más vuelve a bajar.

Recientemente he releído el libro, pues mi hijo pequeño pasa muchas horas subido a los árboles, tal como ocurriera con Cosimo. Lo he releído para ver si puedo pasárselo a él, pues dado que lo leí en 1974 no recordaba si tenía escenas que no pudieran ser recomendables para los 11 años de mi hijo. Lo he releído después de 35 años, y la magia y poesía que me evocó entonces han vuelto a producirse. Ya he pasado el libro a mi querido hijo.

Escritos por un mundo mejor: "Vivir la vida en vez de que la vida nos viva" Por Joaquín Tamames




“Cuando la persona comienza a nutrirse de su ser interior y logra mantenerse arraigada en si misma, puede responder de una manera también más calmada y equilibrada a las contrariedades inevitables de la existencia, e incluso utilizarlas como banco de prueba para seguir el propio desarrollo, canalizando todas las energías hacia el autoconocimiento y la conquista del entendimiento correcto y la compasión.

Entonces en lugar de que la vida “le viva” a la persona, la persona comienza a vivir conscientemente la vida y se apoya confortablemente en la presencia pura de sí, que va conquistando mediante la disciplina de la meditación. Esta práctica permite mirar de frente al rostro original y tomar de él el sabor de la infinitud. Sólo le pido al destino que cuando la muerte me llegue, me tome meditando y mi naturaleza real sepa soltar las vestiduras vitales, para que el yo, libre y desvinculado, pueda esparcirse por el espacio ilimitado”.


Esta cita pertenece a un libro de Ramiro Calle que lamentablemente creo ya está descatalogado: “La aventura del espíritu”. Es un buen libro, bastante reparador. Nos recuerda la posibilidad de vivir la vida en vez de que “la vida nos viva”. La vida muchas veces “nos vive” casi sin darnos cuenta, todo es muy rápido y transitorio, en realidad fugaz. Si no somos conscientes de esta realidad, puede que de repente nos miremos al espejo con ochenta años y nos digamos: “la vida me ha vivido sin yo darme cuenta”.

Vivir la vida significa recuperar la soberanía, el control de nuestro pensamiento, la dirección de nuestra energía, nuestro rumbo, la ruta. Significa emanciparse y ser libres, darse cuenta. Vivir la vida conscientes de la dimensión espiritual pero sin negar la material se convierte así en la aventura que comenta Ramiro.

Nos habla esta cita del yo libre y desvinculado que en algún momento se esparcirá por el espacio ilimitado. Pienso que no hace falta que abandonemos esta vida para este esparcimiento o para encontrar ese yo libre o desvinculado: con nuestra mente y nuestro corazón podemos abarcar universos grandes, vastos, puros y purificadores también en esta existencia, y en medio de todas las contradicciones que vemos por doquier tanto en el exterior como en nosotros mismos: en medio de nuestras ciudades y del ruido, donde también, si estamos atentos, podemos recibir ciertos mensajes.

Vivir la vida es un regalo que nos es dado cuando intentamos vivir en coherencia y en verdad. Cuando vivimos la vida de este modo atisbamos nuestro centro, ese punto de quietud en que la vida se vive de otro modo: hay calma y armonía, y también hay gozo. Por eso hablo de que es un regalo, a pesar de seguir aprisionados “aquí dentro” (en este cuerpo y en esta mente). En ese centro encontramos con frecuencia respuestas honestas y desapasionadas, que muchas veces contradicen a las de nuestra periferia (y que sin embargo seguimos tantas veces). Por supuesto que mantener el centro es difícil, más en esta época de ruido externo en que todo tira de nosotros, pero también es una época de oportunidades para aumentar nuestra consciencia, para ver cosas que antes no veíamos, o que solo hemos visto después de una gran sacudida. El ejercicio por volver a nuestro centro, al principio fatigoso, se vuelve poco a poco una práctica natural.

Encontrar ese centro y mantenerlo requiere de una disciplina. La disciplina por antonomasia es la meditación, con el nombre y la forma que queramos ponerle.

En “Cosas del Camino” he leído estos días algunos aforismos que he subrayado y que tienen también que ver con una forma de introspección y de meditación, que también llamamos rezar: “Rezar es hablar con Dios, pero en su lenguaje, esto es, envuelto en silencio, sin la menor palabra”; y también: “Si quieres hablar con tu mente, usarás palabras; con tu Yo, usarás silencios”, “La forma verdadera de rezar es sin interlocutor, sin palabras, en silencio”.

Meditar, rezar, orar, buscar el centro, permanecer en el centro, he aquí las grandes recomendaciones que se nos vienen dando desde Patanjali, miles de años atrás. Pienso que es tan importante como alimentarnos y lavarnos, como movernos. Creo que nuestra gran asignatura y tarea es dedicar más y más tiempo cada día a buscar ese centro, si puede ser desde el yoga de la acción sirviendo a la humanidad.

Joaquín Tamames
Fundación Ananta

Escritos por un mundo mejor: "Reinventar Europa"


1-Junio-2009
Conviene colmar de ideales puros aquello por lo que apostamos. Caduca lo que no se renueva y eleva, por eso Europa atraviesa tan delicados momentos.¿Cómo hacer para que un ideal como Europa vuelva a hacer vibrar los corazones? Erraremos si echamos la culpa a los políticos. Si la ciudadanía no lanza su mirada más alto, tampoco lo hará la clase mandataria. La crisis económica ha venido a graduarnos, a cuestionar nuestra fe en la unión y nuestros principios. El temor quiere hacernos retroceder. El previsible aumento de la abstención, así como el ascenso de los partidos euroescépticos y de extrema derecha, pueden certificar ese descenso en nuestra escala común de valores.

Dicen que Europa se desinfla, que la ilusión se ha perdido. Será preciso asociar Europa a nobles ideales como los de solidaridad y de defensa de la Tierra, para evitar que progrese la apatía. El euroescepticismo no se curará hasta no superar la extendida lógica del interés particular y reinventar la magia del sueño colectivo. Faltan sueños verdaderos, no hipnotizados por el narcótico del materialismo y el consumo.
Europa no es el pastel que se reparten los partidos políticos, sino la meta de muchas generaciones, de muchos hombres y mujeres que ahítos de dolor y guerra, suspiraron por un viejo continente unido. Ninguna persona conocedora de la historia, sabedora del horror de los grandes conflictos bélicos que nos han sacudido, se permitirá menospreciar los más de cinco mil kilómetros cuadrados de paz alcanzados.

La Europa que de la nada redactó constituciones y derechos humanos, sigue siendo una apuesta que merece la pena. Es el espacio del mundo donde más han cedido las naciones en aras de la unidad, donde el sufragio universal tiene más arraigo… Europa ayer colonizó con armas, pero hoy se camina con víveres y bandera blanca por las geografías más urgidas. Ayer era un tremendo e inmisericorde campo de batalla, escenario de terribles guerras y hoy es un destino común. Entre batalla y batalla, hizo arte, cultura y civilización. No deseamos volver a las fronteras, descaminar la historia. Hay demasiada sangre vertida para que ahora, una crisis generada por un capitalismo salvaje, nos aleje del ideal de la unidad en la diversidad alcanzado.

No nos está permitido caer en frívolas tentaciones de euroescepticismo. No podemos gastar estos caros lujos. No renunciaremos a ese enorme campo de 27 naciones unidas. No es la Europa de nuestros sueños, pero es la que tenemos y a partir de ella es posible construir otro modelo. En las horas más bajas del viejo continente, es preciso apostar por él. La fuerza de la fe en esta Unión está llamada a aflorar en los momentos de crisis. Modelemos Europa a imagen de nuestros sueños, mas no nos olvidemos de ella.

El 7 de Junio no es un día de quedarse en casa, pero las formaciones que apuestan por el cierre de puertas y bolsillos, que sólo conciben la Unión en clave de lonja o de bazar, no obtendrán nuestro aspa. La cruz en su casilla la merecen quienes sostienen la mirada alta, quienes apuestan por la acogida, la protección de los más débiles, el progreso sostenible, la naturaleza respetada y reverdecida...

No nos ganará la apatía el 7 de Junio. Creer en Europa es honrar la memoria de cuantos dieron su vida en batallas sin fin, durante toda esa larga ficción en la que creímos estar separados; es responder a la expectativa de otros pueblos y otras naciones del mundo, que están gestando ámbitos de más estrecha colaboración política y económica, basándose fundamentalmente en el referente europeo.

Apostemos por Europa, pero por la Europa generosa, con latido, con ideales, con sueños…, la Europa de las gentes y los movimientos emancipadores, no la Europa de los partidos que constantemente lidian y fragmentan, no la de la primacía del mercado, no la timorata, no la de la amnesia, la de las mil y un verjas y candados.

Apostemos por una Europa que incentive agricultura ecológica, ciudades amables, servicios lógicos, energías renovables, industria no contaminante… Apostemos por una Europa que no se mira a su ombligo, que se acerca al Sur y que, en la medida que puede, abre sus puertas; que abraza al hermano de color que alcanza sin aliento sus playas, que le acoge mientras quedan víveres en la despensa…

Apostemos por una Europa partícipe y activa, en la vanguardia de la resolución de los grandes problemas planetarios, en la lucha contra la pobreza, contra la injusticia, contra el cambio climático…, siempre por el reforzamiento del papel de las Naciones Unidas en la escena internacional.

Apostemos por una Europa dispuesta a hacer valer con todos los medios a su alcance los derechos humanos allí donde estén amenazados, a apostar por la resolución pacífica de los conflictos en cualquier parte del mundo, allí donde los hombres quitan ya el seguro de sus armas.

Apostemos por una Europa no rendida ante el rugir del motor, sino ante el silencioso pedaleo de las bicicletas, una Europa que no idolatre cilindradas, donde la conciencia y la responsabilidad por la vida cobre más sentido que el consumismo desaforado. Una Europa de cielos y campos libres donde los animales no son abatidos por deporte, donde se abran las puertas de las crueles granjas de animales, donde una valiente y ejemplar ministra de Medio Ambiente no sea arrinconada cuando los cazadores toman las avenidas…

Apostemos por la vieja y la nueva Europa, la que a fuerza de dolores trazó un destino alto. Apostemos por la Europa que baja al mercado, pero no se instala en el mercado, que progresa en tecnología y ciencia limpias, pero también en conciencia y desde ese conciencia y cultura ilumina el mundo.

Apostemos por la Europa inquieta, verde, abierta, solidaria… Aún hoy puede marcar nuevos hitos en el futuro de la humanidad. Nunca es tarde para reinventar los sueños.


Koldo Aldai
Fundación Ananta


 



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