Agur ta ohore!!

A fuerza de teclear, uno sólo quisiera contar relatos bellos. La muerte es también una historia bella, sobre todo cuando nos habla del vuelo a la luz de un valiente que ama a la naturaleza, que ama a sus hermanos. Ahora hace cinco años nuestro paisano, Iñaki Otxoa de Olza, agonizaba en las alturas del Annapurna a 7.000 metros de altura. Montañeros amigos de diferentes naciones, sin más bandera que el compañerismo, lo dejaron todo para ir en su búsqueda. Iñaki voló antes de que llegara el auxilio, pero ese testimonio noble de solidaridad por encima de las banderas, quedó grabado en la entrañable película «Pura vida». Los que fueron a rescatarle eran todos de diferentes países y sin embargo constituían formidable «equipo». Estaban unidos por un vínculo fraterno nacido de un profundo amor a la vida y la montaña.

Entre quienes corrieron a salvar a Iñaki arriesgando su vida estaba el ruso Alexei Bolotov. El veterano montañero de 50 años trabajaba ahora en la apertura de un vía de ascenso al techo del mundo. Escalaba el Everest por donde nadie lo había escalado. Un roca afilada fue serrando la cuerda de la que colgaba al bajar. Se precipitó finalmente al ceder ésta… Cayó hace dos días a una profundidad de 300 mts., muriendo en el acto.


Nuestro mundo tiene un déficit mucho más preocupante que el financiero. Es el déficit de «héroes» en una civilización en la que predomina el individualismo. Este mundo del «sálvese quien pueda», del «pelotazo express», de ambición hundida en esa sí, fatal montaña del lujo abusivo y el dinero, debería mirar ahora a las faldas del Himalaya… Nuestra civilización necesita el testimonio de esta suerte de valientes que, llegado el momento, se olvidan absolutamente de sí mismos y de su familia (Alexei tenía mujer y dos hijos) para entregarse por entero al otro. Nuestra civilización sólo se salvará por un aumento de héroes y heroínas por kilómetro cuadrado, jamás por un aumento desnortado del consumo y la producción…

Había obtenido dos «Piolets de oro» por hazañas montañeras, pero para entonces él ya debía saber que el verdadero y preciado metal sólo se obtiene escalando más y más sobre el olvido propio y la donación al prójimo. Este ingeniero, que era considerado uno de los mejores escaladores del mundo, decía de sí mismo a propósito del rescate a Iñaki: «No somos héroes. Es una necesidad humana el ayudarnos los unos a los otros para sobrevivir todos juntos». Por si quedara alguna duda sobre la calidad humana del montañero ruso partido, aquí sus palabras en la entrevista de «Pura vida»:

«Nosotros, los rusos, tenemos muchas tradiciones heredadas de los militares. Rusia es un país que ha participado en guerras y por eso es normal que nos haya quedado algún resquicio. Desde que nacimos nos han dado una educación colectivista por el comunismo. Lo hemos hecho siempre todo unidos; hemos ido juntos a la guardería, luego al colegio, luego al trabajo… Siempre juntos, como un colectivo. Por eso no fuimos héroes al ayudar a Iñaki, lo hicimos porque sentimos que éramos un equipo. Y lo importante, al fin y al cabo, son las personas. Las montañas por sí mismas no significan nada, son solo piedras y hielo. Quien les da vida es el ser humano al subirlas y hablar de ellas; al vivirlas les da entidad. No podría decir que el montañismo en sí es un deporte, porque aquí no hay mejores o peores. Esto no son los Juegos Olímpicos, donde uno es más rápido por tres segundos o porque ha saltado dos centímetros más. Aquí lo importante es que cada uno sea consciente de los límites de su cuerpo. Además, la fama que consigues con el deporte, para el alpinista no significa nada. Eso que llaman gloria, para el alpinista no existe. Esto no es fútbol o tenis. No da dinero. Por eso no vamos ahí arriba en busca de éxito, vamos porque es lo que nos da vida».

Koldo Aldai 16-5-13