El buen amigo Javier León ha editado este libro indispensable para quienes llevan la entera humanidad dentro de su corazón. En las convivencias que hacemos en torno a estos temas, animo especialmente a la lectura del volumen. El Cielo, la Jerarquía nos hace a través del Maestro Tibetano una invitación directa al compromiso. Javier ha hecho una edición de carácter altruista que merece todo el apoyo. ¡Animaros!

«Este libro contiene vitales instrucciones para aquellos que reconocen que el servicio a la humanidad es urgente y el paso inicial, necesario e inevitable, hacia la construcción de un mundo mejor. La fórmula es sencilla: meditación, estudio y servicio. En ese orden, todo es posible. «

Como indica El Tibetano: «el verdadero servicio es la emanación espontánea de un corazón amoroso y de una mente inteligente, el resultado de hallarse en el lugar correspondiente y permanecer en él; el producto de la inevitable afluencia de la fuerza espiritual y no de la intensa actividad en el plano físico, es el efecto del hombre cuando expresa lo que en realidad es, un divino Hijo de Dios, y no el efecto estudiado de sus palabras o actos».


“Gran parte de la enseñanza dada es nueva en su forma, y otra lo es de hecho. Pero hay algo que surge con claridad, y es que las antiguas reglas a las que fueron sometidos los discípulos en el trascurso de los siglos, son aún válidas, pero susceptibles de nuevas y con frecuencia, distintas interpretaciones. El entrenamiento que se dará en la próxima nueva era, estará de acuerdo con el desarrollo más avanzado de la época. Siglo tras siglo el progreso evolutivo presenta una constante madurez y un continuo desarrollo de la mente humana, sobre la cual el Maestro puede trabajar. En consecuencia, las normas del discipulado son cada vez más elevadas. Esto exige en sí, un nuevo acercamiento, una más amplia presentación de la verdad y una mayor libertad de acción del discípulo. El elemento tiempo también es distinto. Anti­guamente el Maestro hacía una insinuación al discípulo, o le seña­laba un punto sobre el cual reflexionar y meditar, o le sugería la necesidad de algún cambio en el hábito de pensar. Entonces el discípulo se retiraba -a veces durante años o una vida entera-, cavilaba y reflexionaba, procurando cambiar su actitud sin sentirse presionado. Hoy, en esta época de mayor celeridad, en que la demanda de ayuda por parte de la humanidad es tan manifiesta, la explicación es reemplazada por la insinuación, y se le confía al discípulo información que antes se mantenía en reserva. Se considera que el discípulo ha llegado a una etapa de desenvolvi­miento en que puede hacer sus propias decisiones y avanzar con más rapidez si lo decide.”

«Sirviendo a la Humanidad», de Alice A. Bailey.

544 pág. 12€

http://www.editorialdharana.com/catalogo/sirviendo-a-la-humanidad?sello=nous