Hay que producir no importa qué, ni cuánto. Hay que aumentar la producción a costa de todo, para reducir el déficit y el paro. No importa “fabricar” tomates de plástico, objetos inútiles, tanques mortíferos o coches de lujo en un mundo en que los humanos mueren de hambre. Lo más importante es acabar con las listas del INEM… No observamos más progreso en los sindicatos que en los empresarios y el gobierno, entendiendo por progreso también el avance de valores como  solidaridad planetaria, sostenibilidad y cuidado de la Tierra.

 

No reverberan en nuestro interior las consignas de los sindicalistas. No hay eco en sus reivindicaciones cortoplazistas. Estamos hablando del mismo agro industrializado, de las mismas fábricas para el consumo desaforado y el despilfarro. Los sindicatos nos quieren en la calle, pero no cuestionan  el sistema individualista y materialista. Su batalla no es la nuestra, mientras no se ponga interrogante a los tomates cargados de química, a los tanques para la muerte, a los supercoches contaminantes… No se cuestiona una producción absurda o incluso perjudicial mientras se creen puestos de trabajo. ¿Quién hace huelga por una Madre Tierra asfixiada y expoliada, por unas aguas y aires contaminados, por unos hermanos que se mueren de hambre al otro lado del mundo…?

Quizás no se trate tanto de cuánto ganamos, de cuánto nos dan si nos despiden (reforma laboral), sino de qué fabricamos, al fin y al cabo, de qué mundo construimos. Es llegada la hora de preguntarse sobre algo más que las condiciones de trabajo, el despido o la jubilación. Nadie pone en duda los derechos de los trabajadores, pero no es sólo el precio de la mano de obra o su final (despido)  y las leyes laborales del gobierno lo que debería estar en cuestión. El 29 de Septiembre quieren nuestros brazos caídos, pero los convocantes no nos dan alas, no apuntan cielos. Quieren que  dejemos de trabajar a los 62 años, pero nosotros quisiéremos ser útiles hasta el último aliento de nuestra vida. Quieren sueldos  más altos, pero nosotros lo que quisiéramos es consumir menos.

La  huelga  es al fin y al cabo una cuestión de horizontes. Cada quien dibuja los suyos. Quieren que nos batamos por un horizonte que en realidad ya es. Quieren que salgamos a la calle por un presente maquillado y mejorado, pero es que no queremos este presente, este horizonte. En el viaje a la utopía no vamos muy lejos con los sindicatos de la mano. Cumplen su función, en muchos casos dignifican este sistema, pero nosotros suspiramos por otro sistema, por otro horizonte. El dilema se plantea cuando nos piden que nos sumemos a su pulso.

Quieren que aumente el poder adquisitivo de los trabajadores, que crezca la economía  no importa en qué dirección. Más allá de su labor asistencial y de reivindicaciones que puedan ser oportunas, no veo en los sindicatos ola de emancipación, fuerza de evolución. Su oferta es un más de lo mismo pero con plus de euros y un cojín más mullido al sentarnos en la misma y alienante cadena de producción. Más y seguramente justo dinero en las cuentas de los trabajadores de occidente no va a cambiar una urgida realidad planetaria y es llegada la hora de que nuestra mirada abarque planeta.

No somos clase obrera en un mundo fragmentado, somos, antes que nada, seres humanos atendiendo todos a los mismos y grandes desafíos globales. Necesitamos luces largas para explorar futuros, no bolsillos más  anchos para aumentar gasto. Necesitamos ahora más que nunca soñar alternativas a más largo plazo, atar compromisos con el otro mundo  posible. Los  sindicatos sirven al principio de mayor equidad, pero no visualizan otra naturaleza más pura, otro orden planetario más fraterno, otra civilización más verde y sostenible… No se aplican en su esbozo.

La crisis que la paguen los capitalistas, sí, pero también todos los que hemos contribuido a esta broma pesada de un mundo que sólo piensa en el máximo beneficio personal, en clave individualista, ya quienes están arriba, ya quienes están abajo en la pirámide de la economía. La crisis que la paguen los bancos y también nosotros que hemos puesto nuestro dinero en sus voraces productos que crecían y crecían mientras mirábamos para otro lado.

Dicen que la huelga del 29 es para ganar el futuro, pero ¿estamos hablando del mismo mañana? El cemento avanza por doquier, los hielos se derriten, el hombre muere de hambre, la vida en la tierra está amenazada… y los sindicatos llaman a la huelga general frente a la reforma laboral de Zapatero. ¿No hay otro llamado más potente? ¿No hay razón más entusiasmante para sacarnos a la calle?    

Los nuevos vientos no bailan banderas rojas, agitan algodón de arco iris. Ya no blandiremos más “sprays”. Las nuevas consignas no se rotularán en las paredes, brotarán con fuerza desde adentro. “Ni un paso atrás, a la huelga general…” Huelga a la televisión del “gol y más gol”, a la competitividad dominante y la compraventa de todo, al rencor en las pancartas, a la ira en el megáfono… Huelga, a los polvos que envenenan los campos, a las sierras que tumban nuestros bosques… Ni un paso atrás, huelga a las chimeneas que oscurecen cielos, a los hospitales sin prados, al asfalto sin vida, al alba sin pájaros, al ocio sin creación, al comer sin compartir, al sexo sin ternura, a la vida sin amor…

Koldo Aldai