Es bastante inteligente, al menos para nuestra salud emocional, la actitud de aceptar aquello que no podemos cambiar, pero no lo es menos, hacer todo lo que podamos, cuando ello sea posible. Y, a veces, lo verdaderamente difícil es tener clara la diferencia.

Algo parecido, desde mi punto de vista, puede estar ocurriendo con la situación de crisis que estamos viviendo en estos tiempos. El quid de la cuestión está en sí se trata de algo que nos ocurre y no podemos hacer nada al respecto, de ahí la expresión de soportar esta crisis; o si estamos ante un cambio, una de las acepciones de esta palabra, económico, social y de valores, que, como todo cambio, conlleva  oportunidades de crecimiento y evolución.

Si atendemos a lo que perciben nuestros sentidos, lo que vemos y oímos, por todas partes y constantemente, es gente afectada por un cambio impuesto de situación laboral, económica, de vivienda, de sanidad, del que se sienten completamente víctimas indefensas, al arbitrio de decisiones políticas, empresariales o bancarias que les perjudica gravemente, en lo laboral, económico, personal y familiar. Indudablemente una trágica situación.


Sin embargo, tras combatir esta realidad indignados y con constantes quejas, protestas, gritos e insultos, nos quedamos a la espera de que la situación cambie, por arte de magia, un milagro del cielo o, más difícil todavía, que la solucionen los mismos poderes, con la misma mentalidad y actitud que nos han traído hasta aquí.

No es mi intención el análisis socio-político de mi país, ya que contamos con no pocos entendidos en la materia, reales o pretendidos. Mi propuesta es que salgamos de la inútil, perjudicial e inmovilizadora queja y protesta y nos centremos en buscar cada uno soluciones al problema.

Estoy convencida de que en lo que nos enfocamos y prestamos atención, crece y se expande y nos aporta más de lo mismo: nuevos motivos por los que indignarnos y quejarnos más. ¿No es cierto, que cada día nos levantamos con una medida más drástica y limitadora? Así nunca encontraremos oportunidades, ideas y soluciones que nos saquen de este agujero negro de impotencia y desesperación.

Sin embargo, el que busca, encuentra, siempre que busque con el convencimiento de encontrar. Lo contrario no es posible.

Dice un proverbio chino que “el hombre que espera que el pato asado vuele a su boca, debe esperar mucho, mucho, mucho tiempo”. Y de eso también sabe mucho la población china.

Es el mayor peligro: quedarnos en el sofá, viendo televisión, con la boca abierta… ¡esperando!

Recordemos que no somos víctimas indefensas, porque siempre podemos elegir la respuesta a las circunstancias. Es más, lo vemos en la historia, cuanto mas desfavorables son, más destaca la grandeza humana. Sólo hay que expresarla.

El ser humano tiene dentro de sí múltiples dones, talentos y recursos, mentales y emocionales, con los que afrontar con valentía, optimismo y coraje las adversidades de la vida y que están a la espera de su decisión y voluntad. También hay, y en buen numero, ejemplos y modelos de personas que han usado las circunstancias actuales como trampolín para su mejora personal y profesional, además de contribuir a un mundo mejor. Haberlas haylas, pero no encajan entre tanta noticia negativa y alarmante, que es la que vende.

Si hemos probado a esperar soluciones y no llegan, cambiemos la táctica y probemos a buscar cada uno, solo o con ayuda, nuestro pato o pollo o gallina para asar. Seguro que comeremos, y bien.

Ana Novo, La Comadrona Espiritual ®, 5 diciembre 2012

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