Muchas gracias a las personas que asistieron ayer en El Plantío a la meditación del plenilunio de Aries, Festival de Pascua, y a las que se unieron mentalmente desde distintos lugares. En mayo celebraremos el Festival de Wesak.

Al final de la meditación, en el silencio tras la Gran Invocación, la sala y sus moradores ofrecían una especial belleza, con los rayos de la caída del sol llenando la estancia de luz y contrastes.

Poco a poco, pensamos, esta meditación grupal mensual se va convirtiendo en una antena que manda a la atmósfera pensamientos de luz y de buena voluntad, regeneradores del mundo. Se une así esta pequeño vórtice de energía a tantos otros grupos que trabajan con la mente para intentar difundir, desde la materia que nos toca vivir, energías más sutiles en la tierra.

Adjuntamos a continuación («leer más») el texto leído ayer, y nos despedimos con una de las estrofas de uno de los mantrams recitados ayer: “Que el amor del Ser Divino se derrame por todas partes”.

Que así sea y que nosotros seamos instrumento para ello.

F  e  s  t  i  v  a  l      d  e      P  a  s  c  u  a

Nota clave: « Surjo y desde el plano de la mente gobierno «

Es posible realizar un trabajo de meditación grupal efectivo en cada período del plenilunio y hoy, el trabajo coincide con la luna llena de Aries y el Festival de Pascua. Actualmente, mientras que numerosos individuos de todas partes del mundo están conociendo a fondo, a través de la experiencia, el valor de la meditación, se está produciendo también un creciente reconocimiento de la potencia de la meditación grupal. Los grupos de personas que meditan juntas como un acto de servicio pueden invocar, recibir y liberar esas energías espirituales que tocan e inspiran lo mejor de la humanidad.

Las energías de luz, amor y voluntad-al-bien SIEMPRE están disponibles para quienes las contactan en la meditación; pero existen ciclos en el flujo y reflujo de las energías espirituales con los que los grupos, así como los individuos, pueden cooperar conscientemente. Uno de los principales ciclos de energía coincide con las fases de la luna, alcanzando su momento cumbre en el tiempo del plenilunio. Por lo tanto, se trata de un tiempo durante el cual la canalización de energía a través de la meditación grupal puede ser especialmente efectiva.

Actualmente, cientos de grupos de servicio de todo el mundo se reúnen con regularidad cada mes en el momento de la luna llena para trabajar en meditación. La luna en sí no ejerce ninguna influencia sobre el trabajo, pero la órbita totalmente iluminada de la luna indica un alineamiento libre y sin impedimentos entre nuestro planeta y el sol. El sol es la fuente de energía de toda la vida en la tierra; la fuente de la consciencia física, de la percepción egóica y de la vida espiritual. En tales momentos, la humanidad puede realizar un claro acercamiento a Dios, el Creador, el centro de vida e inteligencia.

Hay doce oportunidades de este tipo para la meditación grupal durante el curso del ciclo anual. Tras años de trabajo realizado por un número creciente de grupos e individuos, estas oportunidades mensuales de realizar un trabajo especial con la corriente de energía han empezado a reconocerse como «Festivales»; cada uno con su cualidad y efecto particulares, dependiendo del signo del zodíaco por el que atraviese el sol.

De estos doce Festivales, tres se consideran como Festivales principales, formando los pináculos del ciclo anual. Estos tres son: el Festival de Pascua (en la luna llena de Aries), el Festival de Wesak (en la luna llena de Tauro), y el Festival de Buena Voluntad (en la luna llena de Géminis). Están concentrados en tres meses consecutivos, y conducen a un prolongado esfuerzo espiritual anual que afecta al resto del año y a los nueve Festivales menores.

Mediante un trabajo de meditación regular y persistente a lo largo de numerosos años, estos Festivales están consiguiendo crear un anclaje Subjetivo en la consciencia humana. Encarnan un propósito básico divino que empezará a establecer sus objetivos a medida que las diferentes instituciones religiosas reconozcan y celebren simultáneamente, cada una a su manera, el singular acercamiento de la humanidad a Dios y de Dios a la humanidad.

En el futuro, todas las personas de inclinación espiritual celebrarán los mismos días de fiesta. Esto producirá la creación de un fondo común de recursos espirituales y de esfuerzo espiritual unido, más una invocación simultánea. La potencia de ésto será patente.

En esta época del año celebramos el Festival de Pascua; no como un Festival exclusivamente cristiano, sino como un evento planetario, en el que puede participar cualquier persona de cualquier creencia religiosa; porque el Cristo nos pertenece a todos y es la misma «gran identidad» en todas las religiones mundiales. El Festival de Pascua es el Festival del Cristo resucitado, vivo, el instructor de la humanidad y la cabeza de la Jerarquía espiritual del planeta —ese reino de la naturaleza que conocemos como el reino de las almas. Él es la expresión y la encarnación del amor de Dios. En este Festival de Pascua la naturaleza del amor de Dios sobresale como una fuerza viva, radian

Las llamadas «Fuerzas de Restauración» se encuentran también activas en la época del Festival de Pascua. Estas fuerzas están conectadas con el principio de inteligencia en la naturaleza divina, estimulando el intelecto humano. Este tipo de energía es especialmente creativo. Es una energía de masas, relacionada con la estimulación de la inteligencia colectiva. Hace que la gente piense, planifique y actúe, no produce resultados buenos ni malos sino, simplemente, el despertar de la mente para que pueda actuarse con inteligencia. La acción en sí depende, necesariamente, del tipo de mente y de la etapa evolutiva de quienes responden a las Fuerzas de Restauración. Otros factores condicionantes son el trasfondo racial y nacional y las tradiciones religiosas y culturales. Estas fuerzas activas producen frecuentemente un aumento de las dificultades iniciales pero, eventualmente, conducen a una reorganización definitiva de la vida nacional. Sus efectos son fundamentalmente físicos. Su objetivo es la producción de la nueva Tierra y de toda la evidencia externa de una afluyente nueva vida.

La vitalidad espiritual y eso que denominamos «vida más abundante» son las cualidades más destacadas del Festival de Pascua. La humanidad ha atravesado un largo, oscuro ciclo de muerte y destrucción. La crucifixión y la «cuestión de la sangre” han dominado el retrato cristiano del Cristo. Pero el Cristo es una presencia viva, y en la actualidad estamos emergiendo a la luz de una nueva era.

El nuevo mundo expresará la luz, el amor y el conocimiento de Dios en un crescendo de revelación, produciendo siete grandes resultados:

1. Se concederá poder para trabajar a los discípulos del mundo y a los iniciados de manera que puedan dirigir eficaz y sabiamente el proceso de reconstrucción.

2. La voluntad-de-amor estimulará a la gente de buena voluntad de todo el mundo, venciendo gradualmente al odio. La necesidad interior de vivir juntos cooperando ya existe y se encuentra sometida a estimulación.

3. La voluntad-de-acción conducirá a las personas inteligentes del mundo a inaugurar aquellas actividades que constituirán los cimientos de un mundo nuevo, mejor y más feliz.

4. La voluntad-de-cooperar aumentará crecientemente. La gente deseará y exigirá las correctas relaciones humanas como forma de vida natural.

5. La voluntad-de-conocer y de pensar correcta y creativamente será una característica destacada de las masas. El conocimiento es el primer paso hacia la sabiduría.

6. La voluntad-de-persistir se convertirá en una característica humana, una sublimación del instinto básico de supervivencia. Ello conducirá a una creencia persistente en los ideales presentados por la Jerarquía y en la demostración de inmortalidad.

7. La voluntad-de-organización avanzará un proceso constructivo que se desplegará bajo la inspiración directa de la Jerarquía. Su medio de desarrollo será la potencia de la voluntad-al-bien de los servidores mundiales y la receptividad de la buena voluntad de la humanidad.

En este Festival de Pascua, las Fuerzas que nos permitirán transformar la vida y vivir creativa y bellamente, se nos hacen ampliamente asequibles. Todo el proceso evolutivo tiende hacia la revelación de lo bueno, lo verdadero y lo bello. Estos principios se corresponden con la triple función planetaria del Cristo como «el Camino, la Verdad y la Vida». Estos valores básicos del Cristo son inherentes a toda la humanidad.

Podemos cooperar en la meditación con las metas de la nueva era de buena voluntad mundial, correctas relaciones humanas y paz. Podemos abrir nuestros corazones y nuestra consciencia al Cristo vivo y liberar las Fuerzas de Restauración a través de una energía claramente dirigida en la meditación grupal, concentrada mediante la Gran Invocación.

 

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