Hoy se nos da una pauta para convertir la utopía en realidad.

En el “amor” de los humanos domina la posesión y el interés.

Ese amor queda restringido a nuestro pequeño círculo (“mi familia, mis amigos”).

Esa concepción es limitadora y falsa y no merece el nombre de amor.


Cada uno de nosotros puede analizar cuál es su principal moneda de intercambio con los demás.

Con humildad, con determinación, podemos mirar a las regiones más puras.

Podemos ampliar nuestro ámbito de pensamiento al mundo entero.

Cuando yo menguo, Yo crezco.

«Los Occidentales creen que son civilizados porque viven en una sociedad en la que sus relaciones se rigen por leyes que diferentes instituciones tienen la misión de hacer respetar. Pues bien, es insuficiente, porque a pesar de esas leyes, esta sociedad se parece todavía a una jungla. No podrá hablarse de verdadera civilización hasta el día en el que la moneda de cambio entre los humanos sea al amor.

El dinero es un medio de intercambio cómodo, y sería de gran ingenuidad creer que puede ser suprimido. Pero es necesario que, cada vez más, sea el amor el que se convierta en la verdadera moneda, no el amor en lugar del dinero, sino el amor por encima del dinero. Muchos llamarán a esto «utopía». Pues bien, que la llamen como quieran, los verdaderos progresos han sido siempre obra de utópicos. Para su propia salvación, es hacia este ideal que la humanidad debe dirigirse.»

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-86). Pensamientos cotidianos, Editorial Prosveta. Imagen: hilandera en Darjeeling, Sikkim, India, 2 mayo 2005{jcomments on}