Repentinamente nos llega una luz, un destello, que nos dilata por dentro.

Una mirada, un rostro, un paisaje, un sonido, un recuerdo: no sabemos cómo, pero ese destello nos llena.

La luz nos visita con mayor frecuencia de lo que creemos.


Es entonces momento de parar, de entrar en esa magia, de focalizar el pensamiento en esa magia.

Se nos da una fórmula: “concentraos en todo lo que recibís de bueno, puro y luminoso”.

Es una fórmula alquímica, científica, de seguro resultado.

Poco a poco, la pureza de nuestro pensamiento nos irá moldeando.

Si: la luz nos visita: dejemos que anide en nosotros.

A veces vivís momentos que son como una bendición que recibís del Cielo… Conservad preciosamente su huella, sabiendo que la verdadera felicidad se halla en una atención constante centrada en las cosas hermosas, en la sensibilidad hacia todo lo que es divino. Cuando sentís que el espíritu y la luz os visitan, no os mostréis negligentes, no dejéis que estas impresiones se borren pensando inmediatamente en otra cosa; deteneos un buen rato pensando en ellas para que penetren profundamente en vosotros. De esta manera dejarán en vuestra alma unas huellas eternas, y estas huellas os inspirarán sin cesar. Es una costumbre que debéis adquirir: en vez de recrearos siempre en los estados negativos, las decepciones y las animadversiones, alimentándolas y reforzándolas, dejadlas a un lado, concentraos en todo lo que recibís de bueno, puro y luminoso.

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-86). “Pensamientos cotidianos”, Editorial Prosveta.  Imagen: Expedición Mamostron-Kangri (India), agosto 2011 (foto de Jonás Cruces http://www.todovertical.com/)