Nos habla hoy Aïvanhov de crear la poesía en nuestra vida, de no dejar este asunto solo en manos de los poetas.

Nos ofrece el simil del árbol, del manantial, de las flores.

Nos anima a cultivar un estado interior de emanación y de resplandor, para que nuestra aportación al mundo sea luminosa.


Son muchos los intercambios diarios, y en cada uno de ellos podemos proyectar esa luz, alegría y poesía a las que se nos convoca.

Figuradamente, es como si llevásemos una varita mágica que convierte el blanco y negro en color…

Por eso se nos habla de vivificar.

Cada ser humano podría así ser un excelso poeta, soltando chispas de verdadera vida allá por donde pase.

Ese es el reto, y ese es el regalo.

”¿Por qué dejar la poesía a aquéllos que la escriben? Ser poeta es, en primer lugar, crear la poesía en nuestra propia vida esforzándonos por introducir en ella la pureza, la luz, el amor, el gozo… Es esta poesía la que tenemos necesidad de sentir, de respirar en las criaturas, algo que armoniza, que vovifica…

La verdadera poesía es algo inseparable de la vida. Así pues, procurad estar cada día más vivos. ¡Es tan agradable encontrar a criaturas en las que se siente que todo está vivo, cálido, luminoso! Amamos al árbol porque da frutos, amamos la fuente porque el agua brota de ella cantando, amamos las flores por sus colores y sus perfumes… De la misma manera, amamos las criaturas que se abren para dar algo claro, luminoso, perfumado, melodioso… Aprended a cultivar en vosotros eset estado de emanación, de resplandor. Acostumbraos a arrancar de vuestro corazón algunas partículas vivas para enviarlas a los demás… y sabréis lo que es vivir en la poesía.”

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-86). Pensamientos cotidianos, Editorial Prosveta Imagen de Sandra Costa