Se nos sugiere hoy la posibilidad de trabajar como los iniciados.

En nuestro interior podemos construir una morada de luz o una de oscuridad.

Cada uno de los intercambios del día contribuye a que esa construcción sea luminosa u oscura.

Quizás la tierra nunca ha tenido tantas personas a la vez intentando construir la morada de luz, que es el cuerpo de gloria.

La construcción puede hacerse en medio de la vida cotidiana, en cada pequeño acto consciente. Entonces los descubrimientos van apareciendo aquí y allá como pequeños tesoros en el camino: son como regalos que nos dejan. Por eso las “gracias” de ayer.

Los humanos perdemos mucho tiempo y energía en lo estéril, en la querella por esto o aquello. Nuestra batería se va agotando poco a poco cuando permanecemos en los patrones habituales de pensamiento y acción.

Es tiempo de trascender la actividad vana para buscar, desde el silencio del alma, la conexión con lo divino.

El Iniciado trabaja durante mucho tiempo en hacer de su cuerpo la morada de la luz. Y entonces, como el sol que proyecta sus rayos al espacio, mediante sus vibraciones, sus emanaciones, sus miradas, sus palabras y sus gestos, proyecta luz a su alrededor. Aunque no lo quiera ni sea consciente de ello, este resplandor natural, espontáneo, que es el de su ser profundo, abraza todas las criaturas: buenas o malas, éstas reciben tanto como son capaces.

En sus cuadros, algunos pintores representaron a Cristo rodeado de rayos, lo que significa que con su conciencia, está presente y actúa en todas las regiones del universo. Cristo, principio cósmico, proyecta su luz por todas partes y totalmente. No deja ningún lugar en la oscuridad.

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-86). Pensamientos cotidianos. Su obra está publicada en España por la Asociación Prosveta Española- www.prosveta.es. Foto: familia en la residencia de Anand Bhavan, Howrah, West Bengal, 24 abril 2010