Nos invita hoy Aïvanhov a concentrarnos en lo esencial.

La fuerza verdadera, nos dice, se encuentra en la luz, el amor desinteresado, la humildad, el sacrificio.

Esos valores van poco a poco formando una estructura, una arquitectura, una forma de estar.


Son los cimientos de una construcción elevada que termina en el Cuerpo de Gloria.

En las sociedades modernas, obsesionadas con lo mediático y lo inmediato, hay poco espacio para esos cimientos.

Pero son los únicos cimientos que cuentan, a pesar de todas las apariencias.

Lo superfluo debe dar paso a lo esencial.

«Nada de lo que poseemos, ni ningún ser allegado, nos pertenece verdadera y definitivamente. En cualquier momento corremos el riesgo de perderlos, y en el momento en que los perdemos, nos vemos obligados a invocar a todas las fuerzas de nuestro interior para que nos ayuden a superar esta pérdida. Estas fuerzas se hallan en la luz, el amor desinteresado, la humildad, el sacrificio. Entonces, ¿por qué no las buscamos enseguida y conscientemente?

Es difícil, cuando todo va bien, convencer a los humanos que deberían concentrarse en lo esencial con el fin de estar preparados para el día en que surjan las pruebas. Porque vendrán, es seguro, nadie se salva de ello. Entonces, no esperéis a encontraros en la miseria, enfermos o hundidos en la desgracia para buscar una dirección espiritual. Si os habéis armado convenientemente, no sólo las superaréis, sino que vosotros saldréis de ellas reforzados.»

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-86). Pensamientos cotidianos, Editorial Prosveta. Imagen: El Canal de Castilla entre Boadilla del Camino y Frómista (Palencia, Camino de Santiago), en invierno