Aïvanhov nos habla hoy de algo muy cotidiano.

El saludo es una ocasión de transmitir vida.

Pero con frecuencia hacemos del saludo algo mecánico, rutinario, ausente de vida.

Más que eso, a veces el saludo transmite oscuridad y confusión.


Pero el saludo, nos recuerda, puede ser un trabajo elevado y transmisor de vida.

En realidad es una poderosa herramienta para saludar desde la vida, transmitiendo amor.

El amor puede estar en los ojos, en las manos, en la mirada que abarca al mundo entero.

Cuando ese saludo es el nuestro, poderosos cambios empiezan a trabajar en nuestro interior. Somos los primeros beneficiarios.

Tenemos muchas oportunidades de trabajar por la luz.
 
“Saludaos unos a otros con consciencia, con mucho amor en vuestros ojos y vuestra mano, y proyectad ese amor en beneficio de todo el mundo”.

Omraam Mikhäel Aïvanhov (1900-86). Imagen: amanecer en Foncebadón (León), 3 noviembre de 2014 (El Trasgu de Foncebadón)