«Alguien dice: «Yo, soy libre de hacer lo que quiera y mejor que los demás me acepten como soy» Pues bien, adelante: atropellarás a la gente, pondrás los pies sobre la mesa, eliminarás a los que te molestan, cometerás todo tipo de excesos, y estarás muy orgulloso de ti mismo. Pero un día te verás acorralado, porque ningún acto queda sin consecuencia. «¿Cómo acorralado? ¿Por qué me encontraré acorralado?» Porque, consciente o inconscientemente, con el pretexto de afirmar tu libertad, transgredes sin cesar las leyes, las leyes humanas pero también, lo que es mucho más grave, las leyes divinas. Preparas por tanto muy malas condiciones en tu cabeza, en tu corazón y en tu organismo. Y por eso un día, en lugar de ser libre, te verás acorralado.

Para convencerse de que son fuertes, independientes y libres, los humanos se comprometen por caminos peligrosos. Ignoran que las transgresiones que no cesan de cometer, representan otras tantas deudas a pagar; y poco a poco, a causa de la enormidad de la carga, sucumben.»

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-86), Pensamientos cotidianos, Editorial Prosveta.  Imagen: atardecer en Autilla de Campos, Palencia, 28 julio 2017 (cortesía de Marga Lamoca)