Hace unos minutos Lucía me ha enviado un sms en el que dice “Rubén se ha ido al cielo”.

Somos muchos los que hemos pedido por Rubén y su familia, y que hoy, al saber que se ha ido al cielo, estamos muy tristes.

Es cierto que hoy la tierra luce hermosa, con este sol que calienta pero que no quema, y con los árboles en pleno esplendor, ya casi al inicio del verano.

Que Rubén se haya ido tan pronto duele profundamente. Su lucha nos parece injusta, fuera de tiempo. Su madre y su padre, sus tías y tios, han luchado con él. Y le han dado todo su amor.

Hace unos días volví a ver “Más allá de la vida”, de Clint Eastwood. Es hermoso rescatar una y otra vez los mensajes que nos llegan de las experiencias más allá de la muerte: de felicidad, de calma, de paz, de visión de 360 grados, de ingravidez.

Ahora Rubén está en ese otro plano. Por alguna razón ha vuelto pronto a ese plano, siendo un niño aquí en la tierra.  En este plano terrenal, todo es más difícil. Pero es muy importante saber que tras la prueba sufrida y pasada, Rubén está ahora en el mejor mundo posible.

Los suyos han dado todo su amor, y ahora sufren. Y es ahora cuando Rubén puede entender ese amor en toda su intensidad, en toda su pureza. En su inmensidad.

Estoy seguro que su amor por los suyos permanecerá siempre vivo en el gran libro de la vida.

Y el amor de los padres, de los familiares, de los amigos, es un perfume para el mundo.

Gracias por ese amor.  Y, como dijo Jesús, no tengáis temor.

¿Qué mejor compañía que la de Jesús?

JT