«Los humanos son como semillas lanzadas en el mundo por el Creador. Cada semilla lleva inscrita en ella la imagen de la perfección divina, y su predestinación es germinar, crecer hasta convertirse en un árbol. Ya es magnífico ser una semilla, pero es aún más deseable convertirse en un árbol con raíces, un tronco, ramas, hojas, flores y frutos que darán semillas a su vez.
Esforzándonos en mejorar poco a poco cada una de nuestras manifestaciones, nos acercamos a esa perfección que nuestro Padre celestial ha previsto para nosotros. Esta perfección la llevamos desde la eternidad, la huella grabada en nuestra alma, y si aprendemos a concentrarnos en ella, un día nos convertiremos, nosotros también, en árboles de vida.»

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-86), Pensamientos cotidianos, Editorial Prosveta. Imagen: Chintamani, 1936, pintura de Nicholas Roerich